08 junio 2008

Naturaleza humana

Me detengo en el semáforo del cruce (sí un semáforo más en mi vida, ¿qué pasa?), y una vocecilla desde su cochecito me dice con una claridad asombrosa:
-Señora no cruce, que está en rojo.
¿¡Señora!? La educación de la rubita de ojos claros es colosal, pero su percepción sobre la realidad exagerada… “Señora” no era la palabra adecuada (aunque para enanitos de tres años, los que son más altos que ellos lo sean) y la criaturita en cuestión, debería haber incluido en su vocabulario asociativo (ya que inteligencia le sobra), términos más acertados como el de “jovencita”.
-Jovencita no cruces, que está en rojo.

La miro intercambiando risas con su madre, que poco después me confirma la edad de la angelita, algo repipi y parlanchina, pero lindísima.
Desvarío… un niño de la misma edad hubiera guardado silencio y tenido pensamientos catastrofistas: “el coche se rompe y boom ¡cataplás!”

Durante la espera roja, me fijo en el monigotito del semáforo, cansada de ver las caras de los de la acera de enfrente, y reparo en el alto grado de sexismo contenido en el mismo… ¿por qué no una monigotita con falda? El feminismo es desplazado por mi alma igualitaria… ¿por qué no los dos?

La sabijonda abuclada (y sin rastro de encrespamiento en su cabello) sigue enajenando acerca de las personas que no respetan a los monigotes y cuando el hombre maduro es sustituido (¿habré aprendido ya el funcionamiento de los semáforos? Es que los de éste pueblo son rarísimos) por el hombre torero, en mis oídos la vocecilla inicial vuelve a sonar:
-Ya puede pasar, señora.
¡Grrrrrrrrr!
-Ya puedes pasar, jovencita.
Me despido de ella con la absoluta convicción de haber conocido al futuro de mi pensión (¡para la que aún falta varias décadas!), sólo que entonces, no estará sentada en un cochecito remolcado, sino en un sillón de piel azul.

01 junio 2008

Shivá

-Si te quedas el libro, te leo la mano.
-Si me compras una pantalla de plasma, me quedo el libro y me lees la mano.
-Hecho.
El vendedor hindú deja un libro con imágenes de la India encima del mostrador.
Son casi la dos de la tarde, estoy sola en la tienda y a esta hora, las probabilidades de que entre alguien más (un nipón vendiendo refrescos de cola), son escasas.
Me hace un gesto con la cabeza para que le de la mano. La derecha. La toma entre las suyas y la estudia concentrado antes de pronunciarse.
-Eres fuerte, tan fuerte como vulnerable.-Me lanza una mirada tan negra como la noche más oscura ignorando que me está descubriendo las Américas con tan aguda visión… -En tu pasado hay mucho sufrimiento que hoy son recuerdos que te atormentan.-Después del sufrimiento son lo que quedan, malos recuerdos en la mente de quienes alguna vez se han quemado planchando.
-Lee algo que no sepa, está página la conozco.
Le reto impasible imaginándole con un turbante blanco en la cabeza... Sólo con el turbante.
Me desafía con el negro de sus ojos mientras sus dedos morenos siguen las líneas de mi mano.
-Eres inteligente, sabes abrirte camino en la adversidad, los demás pueden verlo…-Y sin la necesidad de cogerme la mano- Y eso es lo que hace que te quieran a su lado, en su equipo. Tendrás éxito en el trabajo.-La evidencia me asombra, tendré éxito mientras siga habiendo trabajo.
Calibra la expresión de mi rostro, buscando un resquicio desvelador que le abra otros caminos que explorar, pero me mantengo escéptica, infranqueable.
-En tu vida existe un hombre…
-¿Un hombre o amor?
-El amor de un hombre muy próximo a ti…
-¡Un momento! –Finjo interés -¿No puede tratarse de una mujer?
-¿Una mujer?-Su mirada es dubitativa, me inquiere con el azabache de sus soles una respuesta esclarecedora.
-Podría haberse operado…-Creo más confusión en su mente. Es uno de los mejores ratos que he pasado en mucho tiempo.
-¿Operado? Sí, sí, hombre-mujer-amor… -Hace una pausa frunciendo el ceño -¿Es mujer?
-Deberías prestar más atención a lo que les cuelga a la personas y dónde.
Se ruboriza levemente. Ahogo una carcajada con la mano.
-Continúa por favor, ¿quién es ese hombre…? ¿Mí marido?
-No, no, otro hombre… alguien que te ama en la distancia desde tiempos inmemorables.
Su acento hace que todo se torne solemne. Tiene un castellano muy bueno salpicado con seseos y vocales neutras.
-Bien, porque no estoy casada… ¿Y ese hombre –amor se delatará algún día?
-Está esperando el momento adecuado. Tú le asustas, le ahuyentas sin saberlo… -Soy un repulsivo- pero juntos recorreréis el resto de vuestros días.-No sé si eso es muy halagüeño…
-¿Ves algo más?
Guarda silencio. Sus palabras tienen un precio y ya ha sido demasiado generoso regalándome los oídos. Suelta mi mano.
-Ni tu vas a comprarme el plasma ni yo voy a quedarme el libro… Lo de la mano ha sido un error.
La seriedad mostrada hasta ahora se rompe con una sonrisa blanca.
-Que Shivá te proteja.
-Que tus ojos lo vean.
Al salir a la calle, tras apagar todas las luces, para cerrar la tienda, el hindú está esperando en la puerta.
-¿Ya no te asusto?
Niega con la cabeza, dejando entre ver la perfección de sus dientes.
-Partamos entonces a recorrer nuestros días juntos...

25 mayo 2008

Musa

Aquel verano aún me huele a mar; me sabe a sal; lo oigo gaviota; al tacto es suave; lo veo en una memoria cuyos recuerdos me he negado olvidar, como si de mí dependiera el proceso mental de almacenamiento y destrucción de vivencias.

La conocía desde mucho antes de haberla visto nunca. Ella era a quien esperaba sin saber que esperaba a alguien, por ello, cuando la vi caminando por la arena con los pies descalzos, asistiendo ambos al alumbramiento de un nuevo día, supe que había encontrado lo que ignoraba que necesitaba tanto. Dejé el café que me estaba tomando sobre la mesa de la terraza y bajé a la playa a reunirme con ella.


Se había detenido delante del mar. La ligera brisa de un junio en ciernes acariciaba suavemente sus cabellos rubios. Se volvió en mi dirección al notar la presencia de un extraño. Su tersa piel era dorada y desprendía un suave aroma a jazmín que aún ahora, puedo aspirar.

Me sonrió brevemente.

Bastaron dos segundos para saber que la amaría hasta el infinito.

Le faltó una vida para saber si me amaría.

Inspiración.

18 mayo 2008

Persuasión


Palabras. Son sólo palabras que dejo ir para que te encuentren y si te hallan y el rencor no es tan fuerte como lo son ellas, lograrán hacerse oír y bailaran en tu mente.

Pensarás que alguna vez no fue tan malo, que lo que quedó lo construimos al desistir de oírnos y querrás que lo que hubo vuelva a habitar en tus recuerdos. El corazón se te ablandará descubriendo que no me odias tanto como presumías hacer porque el dolor padecido es insignificante enemigo del amor poderoso. Por él oyes mi voz y eres anfitrión de mis palabras…

Palabras, sólo son palabras necesarias para que sepas todo cuanto quiero decirte, todo lo que en mi se contiene después de guarecerme de tu tempestad. Rayos y granizo cayeron, pues tu ira contra mí era inmensa pero amainaste al verme firme ante ti, como viejo roble que no se deja vencer por fuertes vientos.

Vuelves a oírme, vuelvo a ti humilde para que no desconfíes de quien fui. Veo tu sonrisa asomarse con incertidumbre a tus labios, tal vez te alegres de verme o no pensabas que tenerme enfrente pudieras desearlo tanto.
En tu rostro noto como tu interior va cambiando mientras mis palabras siguen sonando. Me invitas a entrar a nuestro antiguo hogar… Dudo, pero debe hacerlo si quiero recuperar lo que es mío, y tu lo estás siendo ya un poco. Te abandonas a mi conquista, entregándome tu alma; entregando tu cuerpo estimulado por miradas bien orientadas.
Casi eres mío. Estoy en tu casa, estás en mi terreno, sabes lo que quieres, sé lo que quiero. Rendido delante de mí, es el momento de pedirte lo que anhelo; de que mis palabras se detengan en tus oídos… Palabras, son solo palabras….

11 mayo 2008

El cuadro

Me empeño en pintar una ilustración del libro “Introducción a la pintura”, que he comprado por fascículos. Con la primera entrega, me regalaron las tapas duras y el pincel maldito.

Divido el lienzo en cuatro partes imaginarias que a la vez subdivido en cuatro partes más “para fijar el punto de inicio”, de la realidad distorsionada.

Mojo el pincel en agua ablandando las cedras y eliminando
cualquier resto de pintura que haya quedado adherido a ellas. Lo escurro bien contra la pared del recipiente y después introduzco la punta en el cian para restregarlo contra la paleta y evitar excesos de color.

Apenas las cedras toman contacto con el lienzo, deslizo el pincel suavemente trazando una forma ovalada. Esta vez he podido pintar más que las veces anteriores. Me confío mientras continuo tiñendo de color la blancura.

Trato de captar en la ilustración las siluetas, la luz, el grosor de la pincelada, todo cuanto debería haber aprendido a percibir… Sin embargo permanecen en mi ignorancia. Sólo veo un jarrón con flores y dos manzanas encima de una tabla. Las siluetas son obvias; la luz escasa por los casi inexistentes brillos del óleo y el grosor de la pincelada ni lo aprecio, pues pinto sobre pintado.

En mi condescendencia vuelve a ocurrir. El pincel empieza a ir arriba y abajo solo por la superficie y mi mano lo acompaña. No puedo soltarlo, cada vez que el endiablado actúa por su cuenta, poseído por un ente extraño, nos fundimos en una misma cosa. Consigo apartarlo del lienzo con malas ideas rondándome… ¿A ver qué haces con el amarillo? Lo lavo en varias ocasiones, eligiendo colores primarios, en esencia pura, pero el muy resabido los combina para crear su paisaje particular… Siempre paisajes, lo más complicado; lo que jamás seré capaz de pintar aún practicando cien años, por eso prefiero los bodegones, las imágenes sencillas, definidas, a los arbolitos, montañitas y derivados…

Siento el agotamiento en todo el brazo. Cada vez se mueve más deprisa y tengo los dedos entumidos. La ansiedad por acabar su obra es tan grande, que no me concede un minuto de asueto.

Le intento separar de su amado otra vez, negándose a obedecerme, me ayudo de la otra mano para detenerlo y cuando lo arranco, pinta en el espacio con movimientos descontrolados.

Me enfado, le grito, me desquicio y en un gesto de autodefensa, cojo el recipiente del agua y lo tiro contra el caballete… Los colores se entremezclan al instante dejando el rastro de un arcoíris llorón. Ni paisajes, ni bodegones, ¡Abstracto!.

Se detiene pesaroso. Le acerco al lienzo regocijándome en su dolor, donde con pinceladas desesperadas pretende salvar su arte, del que no queda más que mi maldad emergente. Suelto una carcajada. Descansa sobre la tragedia consternado… Mi risa suena más fuerte. Rio y rio hasta que me deja tuerto, cuan dardo envenenado haciendo diana, acabando así su vida en dos mitades.

He llevado el cuadro a una galería de arte, quedándose la galerista muy impresionada por “la fuerte carga emocional implícita” que ha vislumbrado, “dos mareas que se unen hasta convertirse en una sola”… No entiendo muy bien el significado de sus palabras, pero la intervención del agua es indudable.

Exponen “Lo asombroso”, despertando éste, el interés de entendidos, por ese nuevo talento fugaz, que triturado en algún vertedero de basura debe descansar en paz.

Mientras lo contemplo reflexiono sobre que debo elegir mejor mis aficiones.
Estoy aprendiendo a tocar la guitarra... cuando se deja… Intento hacer sonar acordes, pero es poner mis dedos sobre las cuerdas y sucederse las notas solas…

04 mayo 2008

Al otro lado de ti

Querido mío:

No sé si es la forma más correcta de dirigirme a ti, pero después de cuarenta años separados, te has convertido en mi añorado y cada vez más querido amor.

Solía encabezar mis cartas, recordarás si la memoria aún te alcanza, con un ísimo en el que todo tu ser se sintetizaba ya que adjetivar hubiera sido un error y sólo con superlativos hacía justicia al alto concepto en que te tenía, cobrando sentido todo lo que para mí significabas… Un genio, aunque a menudo decías que mi percepción era desmesurada porque el amor me cegaba. Nunca dudé que fuera así, pero la genialidad te salía a borbotones desde mucho antes de que el amor nos atrapara.

Apenas he sabido de ti en todo este tiempo y a pesar de que fui yo quien puso tierra de por medio, albergué la esperanza de volver para saber que era de ti sin mí, y en el fondo, para congratularme si descubría que eras tan infeliz como yo.

Esta es la carta que me hubiera gustado escribirte entonces si el orgullo o la cobardía me lo hubieran permitido, pero desde que he empezado a dirigirte estas palabras, he comprendido que éste es el momento adecuado para que te llegue, y también para que percibir mi esencia a través de una letra temblorosa, no te resulte doloroso… No ahora que el olvido habrá borrado algunos recuerdos.

Mi rostro es un mapamundi en relieve de mi alma, en perfecta armonía con un cabello decolorado por la vida, pero aún tengo cierta agilidad de movimientos, aunque también dolores que desaparecen con el sueño, y que a veces lo ahuyentan. En una de esas ausencias te escribo. Me he acostumbrado a pensar en ti, a recordarnos antes de que me desencantaras cuando tus ilusiones se independizaron de las mías y nuestras vidas prefirieron separarse. Sé que me culpas por ello, pero si no hubiera visto en tus ojos incertidumbre, nunca hubiera abandonado nuestro pequeño gran mundo. Compartamos esa responsabilidad como único nexo de unión si eres capaz de perdonar la indiferencia a la que te he condenado todos estos años.

Me equivoqué. Este no era mi sitio, lejos de ti. Cuando llegué hallé la paz que necesitaba y mi corazón ya no sufría, ahora lo hace por todo lo que dejé atrás.

En el convento hay demasiado silencio y no estás tú, sin embargo sigues en todas las cosas que hago; en mi mente, como recuerdo de lo que fui y de lo que sentía a tu lado.

No debería albergar estos sentimientos a los que renuncié en el pasado y he ocultado debajo de un hábito, pero dentro de mí, sigues tú… Mi reflejo en el espejo.

27 abril 2008

A ti

Mis noches no son tan solitarias como lo son mis días, porque en ellas me acompañan los sueños y la soledad no existe.

De día me sobra la gente, los lugares donde estuvimos juntos; sobras tú en mi mente, acaparando cada pensamiento sin darme más opción que la dispersión de la concentración en el trabajo; sobra lo que eras en la vida y lo que eres ahora, un pedazo de mí ausente, perdida en la nada.
Dueles más en la distancia que cuando me hacías sufrir cercana y aún así, te quiero lejos, en el mundo particular dónde te encaprichaste habitar.

Vivir contigo se parecía demasiado a vivir sólo, pero entonces sabía que estabás ahí, y que en tu silencio calmado podrías rebelarte contra mí, que siempre estuve contigo, desatando tu desenfrenada ira cuando te aburrieras bajo mi cobijo. Ahora sé que no habrá más tú y que la paz de la que aún guardo recuerdo me amparará, cuando el tiempo cure este imperioso vacio; la herida que me legaste como gran tesoro; el hueco que has dejado para rellenar otro en el espacio con destino incierto.
Tú, singular y plural, irritada, hinchada por tu vehemencia; húmeda; resbaladiza; ardiente; manifestándote como la gran señora de los últimos tiempos, en tu gran palacio que era yo.
No vuelvas nunca. Quédate allí donde decidiste retirarte. No te echo de menos. Ya no me haces falta porque sé que podré vivir sin ti cuando el dolor se haya ido... Mi querida Adgmídalas.

20 abril 2008

Poema XV

Me hubiera gustado escribirlo a mí, pero me faltó una época, unas circunstancias, un sentimiento o varios de ellos… me faltó inspiración, “muso” capaz de extraer lo mejor y peor en unos versos.


Me gustas cuando callas porque estás como ausente,
y me oyes desde lejos, y mi voz no te toca.
Parece que los ojos se te hubieran volado
y parece que un beso te cerrara la boca.

Como todas las cosas están llenas de mi alma.
Emerges de la cosas, llena del alma mía.
Mariposa de sueño, te pareces a mi alma,
y te pareces a la palabra melancolía.

Me gustas cuando callas y estás como distante.
Y estás como quejándote, mariposa en arrullo.
Y me oyes desde lejos, y mi voz no te alcanza:
déjame que me calle con el silencio tuyo.

Déjame que te hable también con tu silencio .
Claro como una lámpara, simple como un anillo.
Eres como la noche, callada y constelada.
Tu silencio es de estrella, tan lejano y sencillo.


Me gustas cuando callas porque estás como ausente.
Distante y dolorosa como si hubieras muerto.
Una palabra entonces, una sonrisa basta.
Y estoy alegre, alegre de que no sea cierto.

Pablo Neruda “Veinte poemas de amor y una canción de amor desesperada.

13 abril 2008

Libre albedrío

Razones (excusas) para no asistir a un evento social:

1.- Preparar el informe mensual de departamento para la reunión de empresa fijada para la semana próxima. Ya, es raro, pero una buena cara de circunstancia y mostrarse abatido/a por no poder ir puede hacerlo creíble. Utilizar expresiones como: “Me cachis en la mar”, “Con lo que me apetecía ir…”, “Siempre que tengo pensado hacer algo, al final me sale mal…”, para dar más realismo al alegato.

2.-Ese fin de semana tienes programado un viaje desde hace dos meses… Y tienes los billetes comprados y todo… Tanta coincidencia puede levantar sospechas, pero hay que ser resolutivo: “Veré si puedo cambiar los billetes por otros… (no, no puedes, ¡Qué lástima!). De vuelta del viaje, explicar detalladamente como transcurrió.
3.-Confirmar la asistencia con entusiasmo y un día antes llamar con voz apagada y moribunda para decir que tienes gastroenteritis desde la noche anterior con vómitos y diarrea. Es muy frecuente que el estómago se afloje, pero para que no quepa duda alguna de ello, los días posteriores es aconsejable adoptar una actitud pasiva. Caminar despacio con la mirada perdida y el rostro desencajado e interesarse por lo acontecido añadiendo de vez en cuando: “Lo mucho que me hubiera gustado estar allí”.
4.-Una amistad te necesita por algo que no puedes explicar, y te sientes en el deber de estar con esa persona por todo lo que ha hecho por ti. Conviene hacer saber esta circunstancia con dos o tres días de antelación… “No puedo dejarle/a solo/a en un momento como este”.
5.-Has recibido una extraña carta de Hacienda en la que te citan para tratar contigo un asunto sin especificar delicado y estás preocupado/a… “Desde que recibí la notificación ni como, ni duermo”. Trataran de convencerte de que yendo te distraerás, pero es compresible que una preocupación disipe el ánimo.
6.- ¡Visita sorpresa! Alguien a quien no veías desde hacía mucho tiempo se ha presentado en tu casa para pasar unos días y sería descortés por tu parte no atenderla. En el pasado erais inseparables…
La verdad, toda la verdad y nada más que la verdad.
Confesión: No me gusta ese tipo de eventos e ir a uno de ellos sería atentar contra mis principios y faltar a los valores con los que he sido educado/a. No exagerar demasiado.
Honestidad: Sólo te he visto dos veces en mi vida, no tengo trato contigo… ¿seguro que quieres que vaya? Es absurdo.
Radicalismo: Tírate escaleras abajo y magúllate un poco. Es dolorosos, pero muy eficaz.
Interés: Sólo quieres que vaya para sacarme dinero, pero el resto de los días también lo tengo y no me lo pides… A buen entendedor pocas palabras.
Previsión: Ir supondría un gasto extra con el que no había contado este mes y no me conviene.
Hagas lo que se hagas, que sea porque quieres y no porque te lo impongan.

06 abril 2008

Toca para mí

Orfeo y Eurídice en la partitura de Christophe Willibald Gluck es interpretada cuando uno de los violinistas abre los ojos y me mira con la cabeza ligeramente ladeada sobre el hombre, justo cuando todos los músicos tocan al mismo tiempo la tan particular versión del director, y la música inunda los sentidos, provocando que los asistentes alcancemos el cénit con la serenidad de que es el principio del camino hacia el placer... Degustándolo despacio para que se dehaga lo más tarde posible su exquisitez.

Agrede mi vulnerabilidad con su mirada fija mientras las notas van saliendo para bailar en mis oídos, agarradas las unas a las otras para no alejarse demasiado.

Desliza el arco por la barra armónica con suavidad, descendiendo, cada vez que lo hace, sus dedos desde el homoplato hasta la palma de mi mano, con movimientos lentos que me estremecen y erizan mi piel. Me remuevo en la butaca culpable por un segundo, volviendo al teatro en el que me encuentro; sentada al lado del hombre con el que me caso en dos meses; traicionándole cómplice de su ignorancia; ajeno a lo que me ocurre con el violinista; excluido del lazo que nos envuelve a la vez que Orfeo busca a Eurídice en Hades para devolverla al mundo de los mortales y allí amarla.

En las relaciones no se puede contar todo.
Hay cosas que no debe saber; cosas que no quiero saber. Sólo en el desconocimiento se haya el equilibrio y alguna parcelas son de coto privado.

No deja de asediarme con los ojos, recorriéndome aún con el arco.No puedo apartar la vista de él. Cada colisión de las cuerdas casi duele, pero es un dolor gratificante.

Me incomoda la gente; el espacio que nos separa… Me violenta que hayan tantas personas en este trocito de intimidad nuestro, pero me dejo llevar, trasladándome a otro lugar, dónde él sólo toca para mí como hace ahora… En el mundo no existen más manos que las suyas y mis oídos.

Nos fugaremos. Sé que hay un tiempo para ambos que durará lo que sus sonidos tarden en desaparecer de mi mente. Instantes que nos pertenecen y que haremos nuestros.

Gran parte del público se levanta para aplaudir durante varios minutos seguidos, en los que comparto su atención con el resto de los allí presentes con recelo.
El hombre al que creía amar hasta entonces me susurra algo al oído:
-Voy al baño. Nos encontramos a la salida.

Orfeo nunca se habría separado de Eurídice. Le hubiera dado la mano después de pedirle que lo acompañse. El lugar es lo de menos, la intención lo importante... Pero prefiero que me devuelva esta libertad que necesito para marcharme, a tenerle que mentir y dejarle esperando.

Salgo por la puerta que hay en uno de los laterales cerca del escenario, con acceso al pasillo que conduce a los camerinos. Conozco bien el teatro. Aquí conocí al hombre al que renuncio, en un concierto muy distinto a éste. Nos tropezamos en las escaleras y nuestro amor por la música nos unió… El mismo que ahora nos desune.

En el pasillo hay mucha gente felicitando a los miembros de la orquesta. En una esquina le encuentro aguardando mi llegada, rodeado de personas que le sonríen y atosigan con palabras repetitivas. Me abro paso como puedo. Aún no me ha visto, por eso no acude a mi encuentro para irnos de allí juntos. Huir.

Mi prometido llega desde otro pasillo. Le estrecha la mano con decisión, mirándole con una complicidad que me pertenece. Me paro en picado entendiendo; espectadora de una escena cuyos protagonistas han variado. Aprieta ligeramente la mano sobre el hombro en el que minutos antes descansaba el violín, y en ese instante es cuando mi mundo de fantasía desaparece dejando una verdad cruel.

Le he perdido.
Que el violinista no tocara para mí, es más hiriente que descubrir que mi futuro marido no escuchaba sólo el sonido de mi voz.

Me doy la vuelta y me dirijo al vestíbulo para esperar que llegue mi realidad.
Otras músicas sonaran, y esta vez, lo harán sólo para mí.

30 marzo 2008

La otra

El dolor no desaparece tan pronto como aparece.
Basta sólo un instante para sentirlo muy hondo; cortante como sumergirse en una bañera de cubitos de hielo en invierno, antes de notar cómo se propaga por el cuerpo, apropiándose de los pensamientos. La pérdida es su causante. La distancia entre elementos.

Me gustó en cuanto atrajo mi atención -y que no lo hiciera por su evidente atractivo era muy difícil-, aunque entonces deseché la idea del enamoramiento, algo me estaba pasando, y ese algo se produjo en pocos segundos, en varios más, el deseo de tenerlo a mi lado el mayor tiempo posible, creció hasta convertirse en una meta que alcanzar, abundando en mi interior la mejor predisposición para cuidarle, guarecerle, mimarle... Para ofrecerle todo cuanto necesitase sólo por conservarlo conmigo.

Todos los días recorría las mismas calles varias veces para verle, y cuando por fin llegaba el ansiado encuentro, la cima estaba justo bajo mis dedos. Pensaba en él sonriendo, esperando descubrirle entre los demás, destacando una vez más por su elegancia, su porte, su tono oscuro, por lo distinto que me parecía y lo distinta que me hacía del resto de las mujeres sólo por estar dispuesta a darlo todo por su presencia.

Quería tocarle, acariciarle, sentirle sobre mi piel y nos imaginaba en fiestas entre amigos; en teatros; en cenas románticas; encima de la cama mientras me despojaba del resto de la ropa… Era mi ilusión, mi alegría, mis ganas de vivir, el responsable de mis sonrisas… pero tardé más de lo que él podía aguardarme, en intentar mantenerlo cerca de mí.

Me paré frente el escaparate y la primera punzada de dolor me cortó la respiración. Vi mi rostro desencajado en el cristal… Ya no estaba. Una brizna de esperanza me hizo entrar en la tienda poseída por la impulsividad de la tragedia, y preguntarle a la dependienta por su paradero, tal vez sólo se tratara de un traslado de lugar y finalmente me perteneciera ese mismo día -no estando dispuesta a dejar pasar un minuto más-, pero la negativa de la cabeza fue acompañada por la voz.
-… pero tenemos el mismo modelo en verde…

“En verde”… Acababa de perder el jersey más bonito que había visto nunca, y la dependienta pretendía sustituirlo por otro que jamás tendría la esencia del que ya nunca sería mío.

Salí de la tienda arrastrando los pies, sin apenas poder mantener el peso de mi cuerpo. Destrozada; abatida; herida... El dolor fue intenso, rápido. Había dejado escapar el jersey de mi vida, ese que me acompañaría en tantos momentos ideados en mi mente.

Desde entonces, ya no soy la misma. Soy yo sin él. Es ella, su fortuna y mi suerte perdida. La otra.

23 marzo 2008

Primavera


Llego al semáforo de todas las mañanas con el peor de los humores. Si pudiera abofetearme la cara con la suficiente fuerza como para hacerme mucho daño, lo haría en este momento. En la acera hay cuatro personas más esperando a que los coches se detengan. Un yupi trajeado me examina deliberadamente en un recorrido que va desde mis tobillos hasta mi rostro, deteniéndose en la parte intermedia que comprende la zona delimitada entre la clavícula y el estómago. Nos separan dos personas pendientes del cambio de color, tan concentrados en dicho viraje, como los atletas al pistoletazo de salida en una competición.

Miro al auscultador con altivez, casi sintiéndome ofendida por la satisfactoria evaluación a cuya conclusión ha llegado a juzgar por la sonrisa que esboza. De la altivez paso al desprecio cuando nuestras miradas se cruzan, pero el muy insolente no se da por aludido y paso directamente a una mirada impregnada de odio. Justamente en ese instante el semáforo se torna ámbar y luego verde en acciones consecutivas.

El trajeado empieza a caminar adelantándome con la ventaja que le proporcionan dos piernas de zancadas gigantescas. Le sigo por la alfombra a rayas blancas que los vehículos respetan a nuestro paso y le doy alcance como un león sediento de hambre a su presa.
-Oye, tú –le digo con un deje verdulero. Si le había causado buena impresión estoy convencida de que he perdido todo el atractivo que ha visto en mí tras haber abierto la boca-. ¿Crees que puedes mirar a las mujeres de la forma obscena en que lo haces sólo porque la naturaleza las ha favorecido dotándolas de sugerentes virtudes? ¿Acaso te has planteado alguna vez cómo nos sentimos nosotras cada vez que alguien tan patético como tú nos mira de esa forma? ¡Objetos! Así es como nos sentimos. Como si todo lo que hemos conseguido hasta el momento no tuviera sentido porque una mirada indecorosa hace que se desvanezca hasta convertirse en nada. ¡En nada! Y gracias a gestos tan poco afortunados como el tuyo, las consultas psiquiátricas están abarrotadas de mujeres que han decidido darse una oportunidad antes de practicar el vuelo libre desde el tejado de su casa. ¿Te das cuenta hasta qué punto puede hacernos daño un comportamiento primitivo como el tuyo? Te sugiero que la próxima vez que sientas la necesidad de ver cuerpos, lo hagas desde tu casa en la madrugada, estoy segura de que si además las llamas, sabrán agradecértelo.

Le miró por última vez con exasperación antes de retomar de nuevo el camino. En todo mi discurso no ha osado pronunciarse. Me miraba con interés, como si de verdad le importara lo que estaba diciendo, aunque creo que en realidad no era más que una pose improvisada para no descubrirse delante de mí y que yo supiera que le estaba haciendo sentir mal por su aptitud. No es cierto que las mujeres no sintamos objetos cada vez que nos miran, todo depende de la persona que lo haga y de cómo lo haga. A veces podemos incluso llegar a sentir placer al sabernos contempladas, y sin lugar a dudas, la mayoría de las veces arregla nuestros peores días, pero hoy es el primer día de primavera, la gente parece más feliz de lo normal y sus sonrisas me rebasan. Estoy enfadada, muy enfadada y a cualquiera que se atreva a retar mi estado emocional, aunque sea con una mirada, le pongo en su lugar.

-Espera…-Oigo una voz detrás de mí. Quizás piense en disculparse después de todo. Me giro y le miro manteniendo la dureza en mi rostro. No me voy a asolanar porque haga algo que no esperaba y que le hace mejor de lo que pensaba -. ¿Tú también ves los anuncios líneas eróticas en la madrugada?

Aprieto los dientes instintivamente, y si no me abalanzo sobre él es para no darle el gusto de restregarse contra mi cuerpo, pero en milésimas de segundos pienso en mil y una formas de hacerle desaparecer de la faz de la Tierra. Mi cabeza es como una olla express echando humo por las orejas. Le arrancaría la piel lentamente para que sufriera hasta que el dolor le hiciera desmayarse y entonces le afeitaría la cabeza para tatuarle en ella “Soy imbécil”. Cuando empiezo a disfrutar de este pensamiento, me doy cuenta de que me encuentro sola en medio de la calle, con cara de circunstancia y el yupi ha desaparecido. Debería maquinar más deprisa...

16 marzo 2008

Palabras...


Las historias cambian dependiendo como se cuenten y como se interpreten...


La modorra se apropió de ella. Estaba para el arrastre ulteriormente de haberle escoltado durante parte del día.
Escamaba de él desde hacía determinadas semanas cuando empezó a ingeniar disculpas disparatadas para evidenciar sus aplazamientos, y se asemejaba desasosegado cada vez que ella le interpelaba cómo le había transcurrido el día, pero lo que más le alarmaba era el alejamiento que se había fabricado entre ambos.
“El arrebato sólo dura cuatro años”, le parloteó una amiga.
Su arrebato se ocultó desde mucho antes de deslizarse ese lapso, para perforarse entre los dos la congoja.
Dominaba que la encandilaba, que su postura se debía a que deploraba tenerle que enmascarar que ya no la reverenciaba y que otra fémina encendía su duración, pero requería cotejar que era así, para desperdiciar definitivamente la perspectiva de que residiera a su borde.
Le aguardó a la evasión de su ocupación y prontamente trotó detrás de él con reserva, hasta que se suspendió delante de un portal.
Cuando el hubo ingresado, ella se avecinó postrada. El colofón había aterrizado. No se lo colocaría intricado. Sólo los revelaría yuxtapuestos y él asimilaría que todo había finiquitado. Ni siquiera se lo afearía.
Delante del portal un affiche imploraba: “Propagación de arte cisoria para primerizos”
El órgano se le soliviantó y tirando la puerta, le vislumbró detrás de una vidriera con un faldar blanco, mientras revolvía pizca en una ponchera.
Sus ojeadas se atravesaron. Él se ausentó galopando a su localización manifestando qué había acontecido en el intelecto de ella para que se ubicara allende de extremidad.
-Ambicionaba disponer migaja exclusiva para nuestra conmemoración… Encomiéndate a mí.
La estrujó ladeando el vistazo hacia la preceptora de fogones. Plantar la vacilación, desampararla agrandarse y una vez que se delatara contra él, estimularle la conmiseración de infracción para que nunca más retomara maliciar de él.
Su confabulación había sido una culminación.


* * * *

Un profundo sopor se adueñó de ella. Estaba muy cansada después de haberle seguido duran parte del día.
Desconfiaba de él desde hacía varias semanas, cuando empezó a inventar excusas absurdas para justificar sus retrasos y se ponía nervioso cada vez que le preguntaba cómo le había ido el día, pero lo que más la afligía, era el distanciamiento que se había producido entre ambos.

“La pasión solo dura cuatro años”, le dijo una amiga.
Su pasión había desaparecido desde mucho antes de transcurrir ese tiempo, para abrirse paso entre ambos, la zozobra.

Sabía que la engañaba, que su conducta se debía a que lamentaba tenerle que ocultar que ya no la amaba, y que otra mujer iluminaba su vida, pero necesitaba comprobar que era así, para perder definitivamente la esperanza de que permaneciera a su lado.

Le esperó a la salida de su trabajo y luego caminó detrás de él cautelosamente, hasta que se detuvo delante de un portal. Cuando él hubo entrado, ella se acercó desalentada.
El final había llegado. No se lo podría difícil. Sólo los descubriría juntos y él entendería que todo había acabado. Ni siquiera le reprocharía nada.

Delante del portal, un rótulo rezaba: “Curso de cocina para principiantes”
El corazón se le alborotó y empujando la puerta le vio detrás d de una vidriera con un delantal blanco mientras batía algo en un bol.

Sus miradas se cruzaron. Él salió corriendo a su encuentro detectando qué había sucedido en la mente de ella para que estuviera allí de pie.
-Quería preparar algo especial para nuestro aniversario… Confía en mí.

La abrazó desviando la mirada hacia la profesora de cocina. Sembrar la duda, dejarla crecer y una vez que se revelara contra él, inducirla al sentimiento de culpabilidad para que nunca más volviera a desconfiar de él.
Su plan había sido un éxito.


09 marzo 2008

Por una vez, sí

Me había propuesto no hacerlo más, al menos por un periodo largo de tiempo, decepcionada y desengañada en tantas otras ocasiones… pero caí en la tentación, la carne es débil y la mía es como la de los demás… Acabé poniendo Aniquilemos Eurovisión y lo que es peor, vi el programa hasta el final.
El alto contenido filosófico de las letras era palpable y es que en las palabras simples se encuentran realidades ocultas, perceptibles sólo por aquellos que abusan de los documentales de la 2.
Lo visto:
Bizarri: trio de chica con la mirada perdida en alguna parte y chicos (“a su bola”), desentonado “Si pudieras”… era lo único que se les entendía al vocalizar.
Innata: Incauta, más bien, por atreverse a cantar “Me encanta bailar”, y estar tan descoordinada en sus movimientos. Si al menos tuviera voz…
Arkaitz: el jovencito norteño, ganas le puso, garbo también y su “Olé, olé”, no era de lo peor que sonó durante la noche, pero era muy tipicona y para eurovisión, mientras menos seamos nosotros mismos, mucho mejor.
Ell*as: Pili y Mili más sosas que nunca. “100x100”, era su tema, y aún no sé muy bien de que iba… Claro que eso me ocurrió con varias actuaciones más.
Lorena C: La mayor tontería que pasó por el escenario. “Piensa en gay”, simplemente piensa algo.
D-vine: tres híbridos intercalando el inglés con el castellano. No se les entendía nada ni en uno ni en otro idioma, pero cantando su “I do you”, al menos nos gratificaron con unos momentos de sosiego, ocultándose tras una jaula en el escenario.
Rodolfo Chikiliquatre: Sin duda, lo mejor. Buena voz, buena coreografía, buen vestuario, excelente acompañamiento… “Baila el chiki chiki”
Marzok mangui: definieron su tema “Caramelo”, como una “mezcla de étnicas”… ya será etnias, aunque lo que ofrecieron más bien estos dos “raperos” con la del bikini, fue un revuelto de estómago.
La casa azul: la hormiga atómica con gafas de los 70, fue una horterada galáctica, de muy buen gusto, con su “Revolución sexual”, que no llegó a revolucionar tanto…
10º Coral: con dos botellas de ron en su cuerpo para cantar ronca, la mujer de rojo, me hizo entender lo visto “Todo está en tu mente”… ¡Nada era real!
Europa se rendirá a nuestros pies, y un solo hombre lo conseguirá… ¡Rodolfo Chikiliquatre
!

02 marzo 2008

Diferencias

Delante de mí, en la cola de un banco a primera hora de la mañana, un trajeado le dice con tono macarra al que le acompaña:
-… es que las tías montan cada pollo…
“Serán las “tías” tontas que tú conoces”.

Presto más atención a la conversación, a la vez que voy hilvanando las palabras sueltas que recuerdo haber oído antes (ya que es menester nuestro poder hacer más de dos cosas al mismo tiempo sin causar catástrofe alguna), para tener una base sólida sobre la que emitir juicios.
Llego al meollo de la cuestión en pocos segundos (será que no necesito tanto tiempo como “otros” precisan para poner la lavadora). Un vestido suscitó tan desafortunado comentario, impropio de la inteligencia humana. La “tía” del pollo le preguntó al macarra recalcitrante del maletín, qué vestido le gustaba más para salir a cenar esa noche, el negro o el azul eléctrico. Él optó por el discreto sin titubeos. Entonces es cuando la mejor amiga de las aves, se convierte en la madrastra de Blancanieves (no habrá para tanto), reprochándole que el día que compraron el vestido azul, no le dijera que lo detestaba, ya que siempre que le consultaba qué ponerse, se decidía por cualquier otro vestido menos por ese, a lo que el repeinado para atrás con fijador respondió:
-Por que a ti te gustaba.
-¡Me gustaba porqué pensé que era el que más te gustaba a ti de todos los que me probé! ¡ME LO COMPRÉ POR TI!

-… es que la tías montan cada pollo…
No, discípulo aventajado de Aristóteles, las MUJERES analizamos las circunstancias y si nos parecen injustas, ofrecemos, en un acto de generosidad extrema, nuestro punto de vista. Puede que para ello el tono de voz aumente y parezcamos ofuscadas, pero no es sino fruto del apasionamiento con que defendemos aquello en lo que creemos, con el hervor necesario para iniciar un debate de impresiones bien elaboradas, en lugar de quedarnos escuchando impasibles como muebles.

¡LAS MUJERES NO MONTAMOS POLLOS!

24 febrero 2008

Tercera persona del plural


Ellos, tarde o temprano acaban diciendo:
-Eres especial, hay algo en ti que… no sé… no eres como las demás… eres diferente…
Ellas escuchan con expresión comprensiva al mismo tiempo que cavilan: “¿Especial? ¿Qué significa ser especial exactamente y que me hace tan diferente? ¿Acaso has conocido a todas las mujeres del mundo para saber que no son como yo?”
En tales circunstancias ellas intervienen con sonrisa halagadora (pero algo falsa, pues viborillas son) y fingiendo rubor:
-No, no soy especial, soy muy normal.
Entretanto algunos de ellos van pensando: “No, no… Eres maravillosa, extraordinaria, sensacional… Una diosa”
Algunos otros de ellos adoptan gestos seductores en sus rostros con fines muy concretos: “Sí, sí, normal, pero con tanta galantería vas a caer en mis redes”.
Y el resto de ellos saben lo que quieren: “Vayamos a un descampado”.
Entonces es cuando su voz vuelve a retumbar en los oídos de ellas, como el eco en una cueva.
-No cambies nunca… Sigue así siempre…
Mil demonios se apoderan de ellas y sus pensamientos se alborotan sobremanera: “¿Pero cómo quieres que no cambie nunca? Las personas maduran, evolucionan; su inteligencia crece hasta alcanzar la sabiduría”
Ellas, menos una, se pronuncian al respecto:
-Todos cambiamos con el tiempo…
Algunos de ellos meditan con el ceño fruncido: “Sí, pero no cambies demasiado. No te vuelvas una bruja”.
Los ellos convencidos, permanecen fieles a sus ideales: “Vamos a un descampado. AHORA.”
La ella que no se había manifestado, cuya identidad se aleja de ser averiguada por alguien nunca, guarda silencio y observa nauseabunda.
-Nunca pensé que podría conocer a nadie como tú.
Algunas de ellas no pueden simular su alegría y a punto está de hacerse sonoro su pensamiento: “Ay, que majo que es…”
Otras se limitan a miran a su interlocutor con ojos piadosos y actitud condescendiente: “Qué cursileria”
Y la ella independiente refunfuña sin quererlo evitar: “Otras, otras, otras”
Los ellos más románticos se deshacen con su mirada inocente (al menos eso es lo que creen que es): “¡Pero como me gusta!”
Los hay que se congratulan a sí mismos en un brote de narcisismo agudo con indicios de convertirse en crónico: “La tengo en el bote”.
Y el porcentaje resultante no varía: “A la bi, la ba, a la bin, bon, ban, descampado, descampado y nada más”
Ellas deciden (como ocurre siempre):
-Es hora de volver a casa.
La ella solitaria (bueno, quizás existan un par de ellas más), conoce la felicidad en ese instante y sabe que la quiere conservar a su lado: “¡ACABEMOS CON ESTO DE UNA VEZ!”.
Las demás se sienten más víboras que nunca: ”Lo bueno en dosis pequeñas, querido”.
Ellos asienten complacientes algo confusos: “No, aún no, por favor”.
Otros de ellos: “¿¡Ya!?
Y los de siempre boquiabiertos se quedan al instante: “¿Y el descampado qué, eh?
Por caminos distintos, las unas y los unos hacen balance de su cita.
“Ha sido una buena noche”
“Puede que se repita”
“Uff… Menos mal que se acabado ya”

Ellos, con las manos en los bolsillos de la cazadora y la mirada fija en el asfalto, por si la fortuna les toca y encuentran una moneda en el suelo:
“La amo, la amo, la amo”
“¡Ya es mía!”
“Pues vaya chasco”

EllAs y ellOs, dos universos paralelos que se atraen y repelen como dos polos opuestos siendo su única diferencia una vOcAl sin la que ellas serian tan ellas y ellos tan poco ellos.
Pd:... cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia... Ya.

17 febrero 2008

El semáforo

Mientras conduzco volviendo del trabajo a casa, le veo caminando por la calle. Le adelanto hasta que un semáforo me detiene. Miro hacia atrás, le busco con insistencia, y pronto aparece en mi campo visual. Le sigo con la mirada convenciéndome con esfuerzo alguno de que me gusta.

La esfera verde se torna roja en pocos segundos.
Arranco el coche, pero no circulo con demasiada velocidad. Voy a su ritmo. Algunos bocinazos me recriminan la lentitud. A la hora de la comida nadie atiende a razones porque están hambrientos, pero es mi oportunidad. El corazón me dice que es él quien acompañará mis noches egocéntricas y mis días sinsabores. Debo hacerle caso e intentar un acercamiento entre ambos.

Giro bruscamente hacia la izquierda y me subo a la acera estampándome contra una horrorosa jardinera que se parte en dos. Casi le atropello, pero con mi gesto logro acaparar su atención.
-¿Estás loca?
-Por completo.

Bajo del coche y me acerco a él, esquivando la tierra vertida de la acera. Hay gente mirándonos, imaginando, tal vez, que es una pelea de enamorados, y la idea de que sea así me encanta.
-Si te cruzaras con la mujer de tu vida ¿dejarías escapar la oportunidad de decirle lo que sientes?

Aún me cree más loca, pero empieza a entender mis acciones.
Guarda silencio mientras me mira de una forma rara, y es que cuando se trata de amor, la irracionalidad se abre paso. Es algo que ha aprendido muy bien, porque no rechaza que le invite a tomar un café, eso sí, me pide que aparque bien el coche antes.

Está receptivo. En dos horas nos explicamos nuestras respectivas vidas. A las dos horas y media decidimos faltar a nuestras funciones laborales para satisfacer nuestras necesidades fisiológicas y cuando cae la noche, echamos a suertes quien se muda a casa de quien para pasar el resto de los días que nos queden juntos.

Seis meses duró nuestra historia. Me dejó cuando conoció a la mujer de su vida tras confesarle que la amaba, y un lustro más tarde, ésta le abandonó al enamorarse de otro. C’est la vie.

El semáforo se vuelve rojo.
Me despido de él… Sería una locura hacer caso al corazón. La razón impone su sensatez y yo le agradezco que no me haga pasar apuros.
Acelero sin quererle ver por última vez.

A mis espaldas un hombre le cuenta a otro que su novia le ha dejado y más que triste se siente liberado. Puedo entenderlo. Sonrío imaginando como sería su vida. Le hago una señal al camarero para que me traiga la cuenta. En los últimos cinco años acostumbro a comer en un restaurante cercano al trabajo para no perder demasiado tiempo en idas y venidas.

Los hombres que están detrás de mí, se levantan haciendo sonar sus sillas. El camarero llega con la cuenta sobre una bandejita y le pago.
-Te vi –me dice uno de los hombre al pasar por delante de la mesa para salir del local. Le miro algo perpleja.
-¿Cuando? –Inquiero para asegurarme de que mi mente no se está precipitando y mi memoria permanece intacta.
-Aquel día, en el semáforo.
Esbozo una sonrisa evitando la carcajada.
-Si te cruzaras con el hombre de tu vida ¿dejarías escapar la oportunidad de decirle lo que sientes?

La vida a veces te pone delante lo que tanto anhelas, aunque tarde tiempo en hacerlo. Sé que tomé la decisión acertada entonces y sé que ahora no voy a equivocarme, porque lo que estoy teniendo en este momento ya es suficiente para lo que deseo.
¿Razón o corazón?

10 febrero 2008

Atmósfera


La puerta está entre abierta, la cierro tras de mí para que sepa que he llegado. Me encanta la luz de las velas aromáticas situadas en lugares estratégicos, rompiendo con la ocuscuridad de la casa. Me despojo del abrigo y del bolso y los dejo caer sobre una silla. Por el sonido, creo que han caído al suelo. Los recogeré luego, con el resto de las cosas. Recorro la corta distancia existente entre el vestíbulo y la sala de estar, dónde un perchero con una máscara dorada franquea la entrada.

Sonrió. Luz tenue, misterio… Me gustan los juegos… Estoy a punto de empezar la partida. Mi contricantre me espera al otro lado de la habitación. El clima es casi perfecto.
Con la máscara sobre mi rostro, empujo la puerta y le busco con la mirada. Miro a través de los dos orificios de los ojos con insistencia, pero no le hallo. Sé que está cerca, lo noto, lo siento… Pero aún no quiere que le descubra. Hay velas de colores en el suelo, no son muchas, sólo las suficientes para no ver demasiado, y también las hay sobre una mesa con dos platos… Me acerco a ella.

Tengo sed. Estoy inquieta. Quiero que no alargue más el momento del encuentro. Que lea en mi mente que le espero mientras desespero, que las ganas me pueden, pero esto forma parte de la atmósfera que ha creado para mi, de la que me ha hecho cómplice. Vuelvo a mirar en todas direcciones, pero no aparece… No pienso en nada más que en él y no dejo de hacerlo desde que le conocí, pero esta vez no es igual que las otras. Esta vez él sabe lo que discurre por mi imaginación.

Aparece su mano con una copa antes que él. Está a mis espaldas, invitándome a beber. Respiro su perfume, suave, delicado, como sus manos sobre mis hombros cuando me dan la vuelta para que le mire y yo le admiro. Admiro sus faciones, su piel bronceada, sus ojos de cristal marino, su sonrisa. La misma que esboza para mí en este instante.

Coge mi mano y me conduce a la mesa, dónde cenamos langosta. No tengo hambre, pero sin embargo estoy hambrienta y saboreo cada pedacito de carne blanca que entra en mi boca. No puedo dejar de mirarle. No puede apartar la vista de mí. Este es mi momento. Es el momento que ha escogido para mí, éste y otros que sé que llegaran y que anhelo con exaltación. Jamás conocerá la magnitud del significado que tendrá para mis días, pero este va a ser mi recuerdo, el único que conserve de él cuando me vaya.

No sospecha que no soy la misma que se despertó esta mañana a su lado, sólo trata de hacer feliz a quien cree que conoce muy bien, de impresionarla para que permanezca a su vera, y ella nunca se iría si estuviera en mi pellejo, pero yo sí partiré con mi nuevo cuerpo.

El tiempo transcurre. Cada minuto que se aleja es uno más que no me queda.
Tengo prisa, pero no quiero que se acabe. Al mirarmos comprendo que el resto no es necesario, aunque yo lo desee y él quiera complacerme. Me pierdo mientras me va encontrando y si sigue descubriéndome conocerá mi verdad y mi engaño.

Es un juego, estoy jugando. Apago la llama de las velas una por una, con un soplido ligero.
Ahora sí es posible. Es una noche distinta.
Nunca lo sabrá.
Ya.

Enciendo la luz. Aún no es la hora de levantarme, pero no tengo sueño. Mi marido todavía duerme. Pienso en la noche de ayer y en lo diferente que podría ser todo, pero aunque se lo intentara explicar, nunca lo entendería.
Esta mañana no voy ducharme. Siento sobre mi piel la esencia que quiero que permanezca conmigo un día más… Me visto y desayuno tranquilamente. Tengo tiempo de sobras.

Nos encontramos en el ascensor. Nos saludamos como todas las mañanas que coincidimos en el rellano y me cede el paso cuando las puertas se abren. Está serio, ausente, desconcertado, confundido… Preocupado. Nunca sabrá que fui yo.
Fue un golpe de suerte que apagara el móvil y descolgara el teléfono… Creando ambiente… Ella me llamó cuando no pudo contactar con él y me pidió que fuera a su casa a decirle que no llegaría antes de las doce porque su vuelo se había retrasado dos horas… Benditas compañías aéras… Cuando fui a transmitirle el mensaje de vuelta del trabajo, la puerta estaba entre abierta y el resto, el resto es mío.

El ascensor llega a la planta baja. Nos despedimos. Sonrío. Intenta sonreír pero no puede y mientras observo como se encamina hacia la salida del edificio, pienso en lo afortunada que soy por vivir a su lado, a pesar de que un tabique y miles de sentimientos nos separen.

Dulce y amarga antítesis.

03 febrero 2008

Percepciones

¿Cómo se le dice a alguien que nos confiesa que le gustamos, que no nos interesa del mismo modo?

Normalmente tendemos a ensalzar a esa persona mientras hacemos tiempo para pensar en cómo salir del entuerto a la velocidad de un rayo: “Eres estupendo/a… " "Lo pasamos muy bien juntos…" "Una de las mejores personas que he conocido nunca…”

Luego justificamos nuestra negativa con factores externos haciendo uso de la diplomacia: “Tal vez si las circunstancias fueran otras las cosas serían distintas…”

Nos volvemos medio brujos de golpe con engaños que le regalen los oídos: “Sé que pronto encontrarás a esa persona que te está esperando en algún lugar y que te merece más que yo…”

Y para terminar, el premio de consolación.. Y es que lo importante es participar, no ganar... Ya: “...pero podemos ser amigos…" "Los amores vienen y van, pero los amigos permanecen siempre…”

Pues bien:
1º Si tan maravilloso/a es esta persona, ¿por qué no darle una oportunidad e intentar pasar el resto de nuestra vida con ella? Dos hipótesis: o bien no es tan genial, o bien somos tontos/as por dejar pasar una ocasión como esa.
2º ¿Qué circunstancias deben darse para iniciar una relación sentimental? Cuando se conoce a alguien y se siente que algo ocurre dentro, lo de menos es la situación, y lo de “más”, “eso” que está sucediendo… Un poco más de realismo, claro, que todo depende de nuestra escala de valores.
3º No tienes la menor idea de si encontrará a alguien, y si es así, quizás no se merezca a nadie más que no seas tú, porque tú eres lo que quiere. Mentir está muy feo, deliberadamente mucho peor.
4º Un poco de sensatez, ¿amistad? ¿De verdad quieres ser amigo/a de quién te ha embrollado en una situación incómoda? ¿Crees que querrá ser tu amigo/a, después de rechazarlo/a y fingir que no ha pasado nada?
Con una sola palabra y una sutil mirada bastaría: NO.
Y es que a veces, las cosas pueden ser sencillas, aunque no lo parezcan.

27 enero 2008

Bandas Sonaras

Mis primeros recuerdos musicales están relacionados con largos viajes en coche del nordeste al suroeste –y viceversa… Tu piel morena sobre la arena…- de la península, en los que siempre oía las mismas voces: Raffaela Carrá, Camilo Sesto, Juan Pardo, José Luís Perales…

Otros tiempos anteriores a los míos, me alcanzarón de la mano de La década prodigiosa y sus troceteos de canciones. Con ellos memoricé las legendarias, “un rayo de sol uoh uoh uoh…”, “Eva María se fue buscando el sol en playa, na, na, na, ná, na, na, ná…”, “si yo tuviera una escoba… cuantas cosas barrería…” entre otras ñoñerías que cantaba con alevosía y premeditación.

Abusé de un Miguel Bosé embutido en mayas y del que se ponía faldas con torerillas, sólo que entonces reconocer cierta predisposición por este muchacho (hoy hombre), era etiquetarse enterita de hortera y como consecuencia de ello hundirte socialmente, y más aún si además admitías que los hermanos llorones (Los Pecos) no te disgustaban del demasiado… Todos tenemos un pasado.

El crecimiento llega si te mantienes con vida, y otras influencias fueron sucediéndose en una adolescencia musical que no me pertenecía… Es lo que tienen los antecesores de sangre, que al final acabas oyendo horrorizada su música y lo peor de todo es que te puede incluso gustar y es cuando oyes otras cosas que te gustan más aún. Experimenté con Duncan Dhu (en todas sus composiciones encontraba algo), Olé Olé (sin comentarios) ¡Hombres G! (… cualquier tiempo pasado nos parece mejooor…), Mecano, Alaska, Loquillo y los trogloditas, Modern talking (si, también ellos), Police, George Michael, Madonna… hasta que me entró la vena sensiblilona y un Alejandro Sanz cañí, hablaba de mis circunstancias y de mí (… quien te ha visto y quién te ve…) en sus canciones, así como también lo hacían Luís Miguel (sí, sí también), Sergio Dalma (por paisano), Presuntos implicados, La Unión (lo más de lo más), Cómplices… Fue la época en la que más afiné el oído, sólo la música ya me transmitía buenas sensaciones, aunque no entendiera exactamente lo que Cèline Dion (eterna), Michael Bolton (ronco, ronco, ronco), Mariah Carey (antes de que un ovni le absorbiera los sesos), o Barbra (para los amigos) Streisand, relataban, si no lo veía escrito.

Esas viejas canciones me acompañan todavía, aunque no signifiquen lo mismo, otras han llegado recientemente y algunas aún no las conozco, pero todas ella componen la banda sonora de mi vida…

Y es que para cada momento existe una sonorización armoniosa, que no son más que un resumen musical de nosotros mismos.

20 enero 2008

Trilogias

Me seduce el trailer de La burbuja dorada, y es que en el cine, hasta lo malo parece bueno, y cuando busco un poco más de información sobre la película en cuestión, descubro que se trata de otra de esas dosificaciones anuales.Me niego a volver a esperar años para conocer el final de una película.

El señor de los anillos me horrorizó sobremanera (las veces que no dormía) no siendo yo demasiado consumidora del género fantástico –reconocerlo he- creado por otros, y eso que La comunidad del anillo, tenía su encanto, pero en cuanto me lo mataron, la peli perdió todo mi interés (y su belleza), por la carencia de hombres de verdad (Boromires), en lugar de mojigatos blandengues con los pelos sucios y un huesudo exhibicionista de guión escaso “mi tesoooooro…”

Shrek no me disgustó demasiado, pero bien dicen por ahí que segungas partes nunca fueron buenas, y la transformación de la bella princesa en un moco verde que lucha para defender su amor, acabó con mi tolerancia. Desde entonces mantengo bien limpias mis fosas nasales para evitar la proliferación de moquillos tan repelentes como los Shrekcitos, cansinos hasta la extenuación con tanta bobería desmesurada… Si es que la huelga de guionistas nos afecta a todos, pero lo lamentable es lo que hacen con algunas mentes.Mi tercer y último tropiezo hasta el momento, Piratas del Caribe… Algo tontilla es –¿para qué negar lo evidente?-, pero con momentos divertidos que me reconciliaron mínimamente con las trilogías hasta el punto de plantearme seriamente ver otras (menos The matrix, la lentitud me mata), pero mi gozo cayó al pozo de mi testarudez cuando el Capitán Sparrow es engullido por un besugo gigantesco, feo como ninguno y todo baboso él, en El cofre del hombre muerto. La tercera parte me supera, y ni siquiera el hecho de saber que con su final mi agonia termina, es incentivo suficiente para que la vea entera (sí, estoy haciendo trampas).

Las películas de una vez y no por fascículos.

13 enero 2008

Evolución

Mirando la propaganda de un supermercado, me detengo en la imagen de un yogurt griego y fijándome en el Partenón que aparece en el lácteo, me pregunto (porque no tengo nada mejor que hacer a esta hora), qué fue de todos aquellos pensadores a los que la filosofía debe su origen… Sí, ya sé que desde hace varios siglos pertenecen a otro mundo y que por la misma razón ya no piensan, pero ¿dónde están quienes les siguen, en su corto peregrinaje alrededor de la ágora, mientras les abordaban miles de inquietudes, por tener demasiado tiempo libre…? ¿Es que en Grecia ya no hay plazas por las que pasear apaciblemente durante varias horas seguidas, intentando resolver preguntas retóricas?

¡Pues claro que siguen habiendo plazas! Y también hay muchas piedras viejas y mohosas, así como la esencia de otros tiempos en el aire, pero tengo una teoría respecto a porqué Grecia ya no parece aquel país de hombres sabios, y es como consecuencia de un proceso a través del cual, denominarse a sí mismo ha ido adquiriendo una importancia creciente, y para ello era y es contraproducente distraer la mente con vicisitudes sobre lo desconocido. Todo pensamiento se centró en la composición del nombre más raro y largo, algo que fuera realmente impronunciable, disipándose de esta forma en cada sílaba creada, una reflexión acerca del más allá, para entender el más acá.

De esas plazas tan paseadas toman origen las multitudes en numerosas calles de nuestra geografía… Siempre hay demasiada gente por algunas vías concretas con pésima formación cívica, entorpeciendo el caminar de servidora, con la diferencia de que cuando miro sus caras, no veo pensamiento alguno y caigo en la cuenta de que quizás haya empezado el proceso para nosotros y en unos pocos siglos más tendremos nombres como Juanlocorematus, Carmenvivarachatus…
Y es que la evolución continua.

07 enero 2008

Con otro aire

¿Por qué cada vez que veo una película asiática o leo un libro cuyo autor tiene los ojos rasgados (como si entrecerrándolos mejorara su visión) tengo la sensación de que cada frase oída o leída, es una sentencia proverbial, que incita a la reflexión y te sumerge en un mar sereno de movimientos imperceptibles (bálsamo para almas alborotadas), y días después la sensación de bienestar persiste y estás tan obnubilado que eres capaz de superar cualquier obstáculo tan sólo repitiendo mentalmente la frase en cuestión?

¡Autosugestión!, sin duda alguna, debida a mis devaneos con tiendas de propietarios de aquel continente… No las frecuento habitualmente, pero cuando quiero encontrar algo concreto al más bajo precio, sé dónde acudir, sin necesidad de preocuparme por la hora que es. Ellos siempre están abiertos, y siempre sonríen, aunque no entiendan muy bien lo que les digas. Cuando me dispongo a pagar (después de haber olido todas las velas aromáticas, las barritas de incienso frutales, las piedras decorativas, el pegamento, las alfombras y de haber abierto todo lo que se puede abrir), miro a la persona que me atiende y pienso: “Tu sí que sabes”, pues no en balde la sabiduría de miles de años acompaña a aquellos que nacieron en tierras orientales, donde las dagas y los dragones voladores tienen su significado, y los almendros de flores rosas perfuman las leyendas…
Y es que:
El dolor hace pensar al hombre. El pensamiento hace al hombre sabio. La sabiduría nos conduce a la verdad

01 enero 2008

Intercultural

Estoy confusa.
Había asumido que nacer bajo el signo de Aries me convertía en una cabra montesa -con cabeza muy ornamentada- fogosa, pues purito fuego me revelo, pero he averiguado, sin casualidad alguna, que en el horóscopo Chino me les antojo un conejillo de largas orejas -no sé si demasiado útiles, pues el tamaño no importa, y unas orejas pequeñas son eficaces si cumplen bien su cometido, detener el aire para que los oídos no se resienta-, ojos desconfiados y nariz titubeante; para los Mayas, zorro nací -en masculino mucho mejor que en femenino para evitar interpretaciones deliberadas-, ó como ellos lo llamarían Fex -que es más pijo-, con pelo en todo el cuerpo, he crecido en tamaño -aunque sea lo de menos-, y soy muy astuta -aquí sí cambio de género-. En la India, levanto el vuelo para adueñarme del cielo en forma de halcón, toda llenita de plumas -como una vedette del Moulin Rouge- y pico.

Investigando un poco más para definirme en algo concreto, me adentro en el mundo vegetal como Sérbal para los Celtas, y Aliso en el horóscopo Druida. Tan frondosa soy, que doy cobijo a animalitos como yo -en otras culturas- y los pajarillos se posan en mis ramas para defecar sobre mis hojas caídas, prestando de esta forma un servicio social desinteresado a mis “conseres”.

Verde es el color de mi aura y platino mi signo alquímico. Brillo con luz propia cuando hace sol… Claro que cuando está nublado, mejor ni salgo de casa… Casa… Los Aztecas me consideran un hogar con chimenea y todo -ajenos a la especulación inmobiliaria-, donde el fuego -si ya decía yo que soy muy calurosa- del horóscopo Árabe, mesha angaraka, calienta al Dios que me protege, un egipcio llamado Toth y a mi ángel velador Elémiah, para que no pasen frío en los largos invierno.

Concluyendo: somos uno y varios a la vez, dependiendo de la situación y las circunstancias… y en la pluralidad se encuentra la clave para conocer nuestra verdadera identidad… Pero yo sigo confusa.