11 mayo 2008

El cuadro

Me empeño en pintar una ilustración del libro “Introducción a la pintura”, que he comprado por fascículos. Con la primera entrega, me regalaron las tapas duras y el pincel maldito.

Divido el lienzo en cuatro partes imaginarias que a la vez subdivido en cuatro partes más “para fijar el punto de inicio”, de la realidad distorsionada.

Mojo el pincel en agua ablandando las cedras y eliminando
cualquier resto de pintura que haya quedado adherido a ellas. Lo escurro bien contra la pared del recipiente y después introduzco la punta en el cian para restregarlo contra la paleta y evitar excesos de color.

Apenas las cedras toman contacto con el lienzo, deslizo el pincel suavemente trazando una forma ovalada. Esta vez he podido pintar más que las veces anteriores. Me confío mientras continuo tiñendo de color la blancura.

Trato de captar en la ilustración las siluetas, la luz, el grosor de la pincelada, todo cuanto debería haber aprendido a percibir… Sin embargo permanecen en mi ignorancia. Sólo veo un jarrón con flores y dos manzanas encima de una tabla. Las siluetas son obvias; la luz escasa por los casi inexistentes brillos del óleo y el grosor de la pincelada ni lo aprecio, pues pinto sobre pintado.

En mi condescendencia vuelve a ocurrir. El pincel empieza a ir arriba y abajo solo por la superficie y mi mano lo acompaña. No puedo soltarlo, cada vez que el endiablado actúa por su cuenta, poseído por un ente extraño, nos fundimos en una misma cosa. Consigo apartarlo del lienzo con malas ideas rondándome… ¿A ver qué haces con el amarillo? Lo lavo en varias ocasiones, eligiendo colores primarios, en esencia pura, pero el muy resabido los combina para crear su paisaje particular… Siempre paisajes, lo más complicado; lo que jamás seré capaz de pintar aún practicando cien años, por eso prefiero los bodegones, las imágenes sencillas, definidas, a los arbolitos, montañitas y derivados…

Siento el agotamiento en todo el brazo. Cada vez se mueve más deprisa y tengo los dedos entumidos. La ansiedad por acabar su obra es tan grande, que no me concede un minuto de asueto.

Le intento separar de su amado otra vez, negándose a obedecerme, me ayudo de la otra mano para detenerlo y cuando lo arranco, pinta en el espacio con movimientos descontrolados.

Me enfado, le grito, me desquicio y en un gesto de autodefensa, cojo el recipiente del agua y lo tiro contra el caballete… Los colores se entremezclan al instante dejando el rastro de un arcoíris llorón. Ni paisajes, ni bodegones, ¡Abstracto!.

Se detiene pesaroso. Le acerco al lienzo regocijándome en su dolor, donde con pinceladas desesperadas pretende salvar su arte, del que no queda más que mi maldad emergente. Suelto una carcajada. Descansa sobre la tragedia consternado… Mi risa suena más fuerte. Rio y rio hasta que me deja tuerto, cuan dardo envenenado haciendo diana, acabando así su vida en dos mitades.

He llevado el cuadro a una galería de arte, quedándose la galerista muy impresionada por “la fuerte carga emocional implícita” que ha vislumbrado, “dos mareas que se unen hasta convertirse en una sola”… No entiendo muy bien el significado de sus palabras, pero la intervención del agua es indudable.

Exponen “Lo asombroso”, despertando éste, el interés de entendidos, por ese nuevo talento fugaz, que triturado en algún vertedero de basura debe descansar en paz.

Mientras lo contemplo reflexiono sobre que debo elegir mejor mis aficiones.
Estoy aprendiendo a tocar la guitarra... cuando se deja… Intento hacer sonar acordes, pero es poner mis dedos sobre las cuerdas y sucederse las notas solas…

6 comentarios:

Sofía Saavedra dijo...

Casi mejor que deje de tener aficciones... Pero que bestia es el chiquito... Pobre pincel.

Besos.

Uno dijo...

Si es que los pinceles los carga el diablo.

Es una pena que no hayas visto la primera temporada de Heroes :-)

Esté relato mucho mejor que los anteriores, donde va a parar, por fín algo diferente y más fresco.

Saludos

Carlosideal dijo...

Acabará manco... lo veo venir...
No hay que ser tan testarudo.

Un beso, pintorilla.

La frufrú dijo...

A mi me pasa lo mismo,pincel que cojo, pincel que rompo, por eso siempre parece que me haya caído por una ventana... aich...

Besos.

Pd: muy divertido.

Zimbagüe dijo...

¡Buenísimo!

Da pena el pobre pincel... Si es que hay que tener cuidado de por quien te dejas coger... :)

Un beso.

Daniela Haydée dijo...

SOFÍA SAAVEDRA: si es que el muchacho lo intenta, pero al final siempre acaba vencido y venciendo.

Besos.

UNO: No,no es una pena... :)
Vemos a ver, que los anteriores no eran malos, sólo tenían un tema común ¡¡¡pardiez!!! Pero sí, un poco de aire fresco, para respirar profundamente antes de volver a los mismo de siempre... ¡Y es una amenaza!

Pd: para frescos los de la Capilla Sixtina... ;)

Saludos.

CARLOSIDEAL: quizás ya lo sea, jejeje.

Un beso.

LA FRUFRÚ: cuidadito con los intrumentos que siempre se acaban rebelando por incomprendido...

Un beso.

ZIMBAGÜE: ¿Pobre? Malo, malo y más que malo.

Besos.