16 marzo 2008

Palabras...


Las historias cambian dependiendo como se cuenten y como se interpreten...


La modorra se apropió de ella. Estaba para el arrastre ulteriormente de haberle escoltado durante parte del día.
Escamaba de él desde hacía determinadas semanas cuando empezó a ingeniar disculpas disparatadas para evidenciar sus aplazamientos, y se asemejaba desasosegado cada vez que ella le interpelaba cómo le había transcurrido el día, pero lo que más le alarmaba era el alejamiento que se había fabricado entre ambos.
“El arrebato sólo dura cuatro años”, le parloteó una amiga.
Su arrebato se ocultó desde mucho antes de deslizarse ese lapso, para perforarse entre los dos la congoja.
Dominaba que la encandilaba, que su postura se debía a que deploraba tenerle que enmascarar que ya no la reverenciaba y que otra fémina encendía su duración, pero requería cotejar que era así, para desperdiciar definitivamente la perspectiva de que residiera a su borde.
Le aguardó a la evasión de su ocupación y prontamente trotó detrás de él con reserva, hasta que se suspendió delante de un portal.
Cuando el hubo ingresado, ella se avecinó postrada. El colofón había aterrizado. No se lo colocaría intricado. Sólo los revelaría yuxtapuestos y él asimilaría que todo había finiquitado. Ni siquiera se lo afearía.
Delante del portal un affiche imploraba: “Propagación de arte cisoria para primerizos”
El órgano se le soliviantó y tirando la puerta, le vislumbró detrás de una vidriera con un faldar blanco, mientras revolvía pizca en una ponchera.
Sus ojeadas se atravesaron. Él se ausentó galopando a su localización manifestando qué había acontecido en el intelecto de ella para que se ubicara allende de extremidad.
-Ambicionaba disponer migaja exclusiva para nuestra conmemoración… Encomiéndate a mí.
La estrujó ladeando el vistazo hacia la preceptora de fogones. Plantar la vacilación, desampararla agrandarse y una vez que se delatara contra él, estimularle la conmiseración de infracción para que nunca más retomara maliciar de él.
Su confabulación había sido una culminación.


* * * *

Un profundo sopor se adueñó de ella. Estaba muy cansada después de haberle seguido duran parte del día.
Desconfiaba de él desde hacía varias semanas, cuando empezó a inventar excusas absurdas para justificar sus retrasos y se ponía nervioso cada vez que le preguntaba cómo le había ido el día, pero lo que más la afligía, era el distanciamiento que se había producido entre ambos.

“La pasión solo dura cuatro años”, le dijo una amiga.
Su pasión había desaparecido desde mucho antes de transcurrir ese tiempo, para abrirse paso entre ambos, la zozobra.

Sabía que la engañaba, que su conducta se debía a que lamentaba tenerle que ocultar que ya no la amaba, y que otra mujer iluminaba su vida, pero necesitaba comprobar que era así, para perder definitivamente la esperanza de que permaneciera a su lado.

Le esperó a la salida de su trabajo y luego caminó detrás de él cautelosamente, hasta que se detuvo delante de un portal. Cuando él hubo entrado, ella se acercó desalentada.
El final había llegado. No se lo podría difícil. Sólo los descubriría juntos y él entendería que todo había acabado. Ni siquiera le reprocharía nada.

Delante del portal, un rótulo rezaba: “Curso de cocina para principiantes”
El corazón se le alborotó y empujando la puerta le vio detrás d de una vidriera con un delantal blanco mientras batía algo en un bol.

Sus miradas se cruzaron. Él salió corriendo a su encuentro detectando qué había sucedido en la mente de ella para que estuviera allí de pie.
-Quería preparar algo especial para nuestro aniversario… Confía en mí.

La abrazó desviando la mirada hacia la profesora de cocina. Sembrar la duda, dejarla crecer y una vez que se revelara contra él, inducirla al sentimiento de culpabilidad para que nunca más volviera a desconfiar de él.
Su plan había sido un éxito.


09 marzo 2008

Por una vez, sí

Me había propuesto no hacerlo más, al menos por un periodo largo de tiempo, decepcionada y desengañada en tantas otras ocasiones… pero caí en la tentación, la carne es débil y la mía es como la de los demás… Acabé poniendo Aniquilemos Eurovisión y lo que es peor, vi el programa hasta el final.
El alto contenido filosófico de las letras era palpable y es que en las palabras simples se encuentran realidades ocultas, perceptibles sólo por aquellos que abusan de los documentales de la 2.
Lo visto:
1º Bizarri: trio de chica con la mirada perdida en alguna parte y chicos (“a su bola”), desentonado “Si pudieras”… era lo único que se les entendía al vocalizar.
2º Innata: Incauta, más bien, por atreverse a cantar “Me encanta bailar”, y estar tan descoordinada en sus movimientos. Si al menos tuviera voz…
3º Arkaitz: el jovencito norteño, ganas le puso, garbo también y su “Olé, olé”, no era de lo peor que sonó durante la noche, pero era muy tipicona y para eurovisión, mientras menos seamos nosotros mismos, mucho mejor.
4º Ell*as: Pili y Mili más sosas que nunca. “100x100”, era su tema, y aún no sé muy bien de que iba… Claro que eso me ocurrió con varias actuaciones más.
5º Lorena C: La mayor tontería que pasó por el escenario. “Piensa en gay”, simplemente piensa algo.
6º D-vine: tres híbridos intercalando el inglés con el castellano. No se les entendía nada ni en uno ni en otro idioma, pero cantando su “I do you”, al menos nos gratificaron con unos momentos de sosiego, ocultándose tras una jaula en el escenario.
7º Rodolfo Chikiliquatre: Sin duda, lo mejor. Buena voz, buena coreografía, buen vestuario, excelente acompañamiento… “Baila el chiki chiki”
8º Marzok mangui: definieron su tema “Caramelo”, como una “mezcla de étnicas”… ya será etnias, aunque lo que ofrecieron más bien estos dos “raperos” con la del bikini, fue un revuelto de estómago.
9º La casa azul: la hormiga atómica con gafas de los 70, fue una horterada galáctica, de muy buen gusto, con su “Revolución sexual”, que no llegó a revolucionar tanto…
10º Coral: con dos botellas de ron en su cuerpo para cantar ronca, la mujer de rojo, me hizo entender lo visto “Todo está en tu mente”… ¡Nada era real!
Europa se rendirá a nuestros pies, y un solo hombre lo conseguirá… ¡Rodolfo Chikiliquatre
!

02 marzo 2008

Diferencias

Delante de mí, en la cola de un banco a primera hora de la mañana, un trajeado le dice con tono macarra al que le acompaña:
-… es que las tías montan cada pollo…
“Serán las “tías” tontas que tú conoces”.

Presto más atención a la conversación, a la vez que voy hilvanando las palabras sueltas que recuerdo haber oído antes (ya que es menester nuestro poder hacer más de dos cosas al mismo tiempo sin causar catástrofe alguna), para tener una base sólida sobre la que emitir juicios.
Llego al meollo de la cuestión en pocos segundos (será que no necesito tanto tiempo como “otros” precisan para poner la lavadora). Un vestido suscitó tan desafortunado comentario, impropio de la inteligencia humana. La “tía” del pollo le preguntó al macarra recalcitrante del maletín, qué vestido le gustaba más para salir a cenar esa noche, el negro o el azul eléctrico. Él optó por el discreto sin titubeos. Entonces es cuando la mejor amiga de las aves, se convierte en la madrastra de Blancanieves (no habrá para tanto), reprochándole que el día que compraron el vestido azul, no le dijera que lo detestaba, ya que siempre que le consultaba qué ponerse, se decidía por cualquier otro vestido menos por ese, a lo que el repeinado para atrás con fijador respondió:
-Por que a ti te gustaba.
-¡Me gustaba porqué pensé que era el que más te gustaba a ti de todos los que me probé! ¡ME LO COMPRÉ POR TI!

-… es que la tías montan cada pollo…
No, discípulo aventajado de Aristóteles, las MUJERES analizamos las circunstancias y si nos parecen injustas, ofrecemos, en un acto de generosidad extrema, nuestro punto de vista. Puede que para ello el tono de voz aumente y parezcamos ofuscadas, pero no es sino fruto del apasionamiento con que defendemos aquello en lo que creemos, con el hervor necesario para iniciar un debate de impresiones bien elaboradas, en lugar de quedarnos escuchando impasibles como muebles.

¡LAS MUJERES NO MONTAMOS POLLOS!

24 febrero 2008

Tercera persona del plural


Ellos, tarde o temprano acaban diciendo:
-Eres especial, hay algo en ti que… no sé… no eres como las demás… eres diferente…
Ellas escuchan con expresión comprensiva al mismo tiempo que cavilan: “¿Especial? ¿Qué significa ser especial exactamente y que me hace tan diferente? ¿Acaso has conocido a todas las mujeres del mundo para saber que no son como yo?”
En tales circunstancias ellas intervienen con sonrisa halagadora (pero algo falsa, pues viborillas son) y fingiendo rubor:
-No, no soy especial, soy muy normal.
Entretanto algunos de ellos van pensando: “No, no… Eres maravillosa, extraordinaria, sensacional… Una diosa”
Algunos otros de ellos adoptan gestos seductores en sus rostros con fines muy concretos: “Sí, sí, normal, pero con tanta galantería vas a caer en mis redes”.
Y el resto de ellos saben lo que quieren: “Vayamos a un descampado”.
Entonces es cuando su voz vuelve a retumbar en los oídos de ellas, como el eco en una cueva.
-No cambies nunca… Sigue así siempre…
Mil demonios se apoderan de ellas y sus pensamientos se alborotan sobremanera: “¿Pero cómo quieres que no cambie nunca? Las personas maduran, evolucionan; su inteligencia crece hasta alcanzar la sabiduría”
Ellas, menos una, se pronuncian al respecto:
-Todos cambiamos con el tiempo…
Algunos de ellos meditan con el ceño fruncido: “Sí, pero no cambies demasiado. No te vuelvas una bruja”.
Los ellos convencidos, permanecen fieles a sus ideales: “Vamos a un descampado. AHORA.”
La ella que no se había manifestado, cuya identidad se aleja de ser averiguada por alguien nunca, guarda silencio y observa nauseabunda.
-Nunca pensé que podría conocer a nadie como tú.
Algunas de ellas no pueden simular su alegría y a punto está de hacerse sonoro su pensamiento: “Ay, que majo que es…”
Otras se limitan a miran a su interlocutor con ojos piadosos y actitud condescendiente: “Qué cursileria”
Y la ella independiente refunfuña sin quererlo evitar: “Otras, otras, otras”
Los ellos más románticos se deshacen con su mirada inocente (al menos eso es lo que creen que es): “¡Pero como me gusta!”
Los hay que se congratulan a sí mismos en un brote de narcisismo agudo con indicios de convertirse en crónico: “La tengo en el bote”.
Y el porcentaje resultante no varía: “A la bi, la ba, a la bin, bon, ban, descampado, descampado y nada más”
Ellas deciden (como ocurre siempre):
-Es hora de volver a casa.
La ella solitaria (bueno, quizás existan un par de ellas más), conoce la felicidad en ese instante y sabe que la quiere conservar a su lado: “¡ACABEMOS CON ESTO DE UNA VEZ!”.
Las demás se sienten más víboras que nunca: ”Lo bueno en dosis pequeñas, querido”.
Ellos asienten complacientes algo confusos: “No, aún no, por favor”.
Otros de ellos: “¿¡Ya!?
Y los de siempre boquiabiertos se quedan al instante: “¿Y el descampado qué, eh?
Por caminos distintos, las unas y los unos hacen balance de su cita.
“Ha sido una buena noche”
“Puede que se repita”
“Uff… Menos mal que se acabado ya”

Ellos, con las manos en los bolsillos de la cazadora y la mirada fija en el asfalto, por si la fortuna les toca y encuentran una moneda en el suelo:
“La amo, la amo, la amo”
“¡Ya es mía!”
“Pues vaya chasco”

EllAs y ellOs, dos universos paralelos que se atraen y repelen como dos polos opuestos siendo su única diferencia una vOcAl sin la que ellas serian tan ellas y ellos tan poco ellos.
Pd:... cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia... Ya.

17 febrero 2008

El semáforo

Mientras conduzco volviendo del trabajo a casa, le veo caminando por la calle. Le adelanto hasta que un semáforo me detiene. Miro hacia atrás, le busco con insistencia, y pronto aparece en mi campo visual. Le sigo con la mirada convenciéndome con esfuerzo alguno de que me gusta.

La esfera verde se torna roja en pocos segundos.
Arranco el coche, pero no circulo con demasiada velocidad. Voy a su ritmo. Algunos bocinazos me recriminan la lentitud. A la hora de la comida nadie atiende a razones porque están hambrientos, pero es mi oportunidad. El corazón me dice que es él quien acompañará mis noches egocéntricas y mis días sinsabores. Debo hacerle caso e intentar un acercamiento entre ambos.

Giro bruscamente hacia la izquierda y me subo a la acera estampándome contra una horrorosa jardinera que se parte en dos. Casi le atropello, pero con mi gesto logro acaparar su atención.
-¿Estás loca?
-Por completo.

Bajo del coche y me acerco a él, esquivando la tierra vertida de la acera. Hay gente mirándonos, imaginando, tal vez, que es una pelea de enamorados, y la idea de que sea así me encanta.
-Si te cruzaras con la mujer de tu vida ¿dejarías escapar la oportunidad de decirle lo que sientes?

Aún me cree más loca, pero empieza a entender mis acciones.
Guarda silencio mientras me mira de una forma rara, y es que cuando se trata de amor, la irracionalidad se abre paso. Es algo que ha aprendido muy bien, porque no rechaza que le invite a tomar un café, eso sí, me pide que aparque bien el coche antes.

Está receptivo. En dos horas nos explicamos nuestras respectivas vidas. A las dos horas y media decidimos faltar a nuestras funciones laborales para satisfacer nuestras necesidades fisiológicas y cuando cae la noche, echamos a suertes quien se muda a casa de quien para pasar el resto de los días que nos queden juntos.

Seis meses duró nuestra historia. Me dejó cuando conoció a la mujer de su vida tras confesarle que la amaba, y un lustro más tarde, ésta le abandonó al enamorarse de otro. C’est la vie.

El semáforo se vuelve rojo.
Me despido de él… Sería una locura hacer caso al corazón. La razón impone su sensatez y yo le agradezco que no me haga pasar apuros.
Acelero sin quererle ver por última vez.

A mis espaldas un hombre le cuenta a otro que su novia le ha dejado y más que triste se siente liberado. Puedo entenderlo. Sonrío imaginando como sería su vida. Le hago una señal al camarero para que me traiga la cuenta. En los últimos cinco años acostumbro a comer en un restaurante cercano al trabajo para no perder demasiado tiempo en idas y venidas.

Los hombres que están detrás de mí, se levantan haciendo sonar sus sillas. El camarero llega con la cuenta sobre una bandejita y le pago.
-Te vi –me dice uno de los hombre al pasar por delante de la mesa para salir del local. Le miro algo perpleja.
-¿Cuando? –Inquiero para asegurarme de que mi mente no se está precipitando y mi memoria permanece intacta.
-Aquel día, en el semáforo.
Esbozo una sonrisa evitando la carcajada.
-Si te cruzaras con el hombre de tu vida ¿dejarías escapar la oportunidad de decirle lo que sientes?

La vida a veces te pone delante lo que tanto anhelas, aunque tarde tiempo en hacerlo. Sé que tomé la decisión acertada entonces y sé que ahora no voy a equivocarme, porque lo que estoy teniendo en este momento ya es suficiente para lo que deseo.
¿Razón o corazón?

10 febrero 2008

Atmósfera


La puerta está entre abierta, la cierro tras de mí para que sepa que he llegado. Me encanta la luz de las velas aromáticas situadas en lugares estratégicos, rompiendo con la ocuscuridad de la casa. Me despojo del abrigo y del bolso y los dejo caer sobre una silla. Por el sonido, creo que han caído al suelo. Los recogeré luego, con el resto de las cosas. Recorro la corta distancia existente entre el vestíbulo y la sala de estar, dónde un perchero con una máscara dorada franquea la entrada.

Sonrió. Luz tenue, misterio… Me gustan los juegos… Estoy a punto de empezar la partida. Mi contricantre me espera al otro lado de la habitación. El clima es casi perfecto.
Con la máscara sobre mi rostro, empujo la puerta y le busco con la mirada. Miro a través de los dos orificios de los ojos con insistencia, pero no le hallo. Sé que está cerca, lo noto, lo siento… Pero aún no quiere que le descubra. Hay velas de colores en el suelo, no son muchas, sólo las suficientes para no ver demasiado, y también las hay sobre una mesa con dos platos… Me acerco a ella.

Tengo sed. Estoy inquieta. Quiero que no alargue más el momento del encuentro. Que lea en mi mente que le espero mientras desespero, que las ganas me pueden, pero esto forma parte de la atmósfera que ha creado para mi, de la que me ha hecho cómplice. Vuelvo a mirar en todas direcciones, pero no aparece… No pienso en nada más que en él y no dejo de hacerlo desde que le conocí, pero esta vez no es igual que las otras. Esta vez él sabe lo que discurre por mi imaginación.

Aparece su mano con una copa antes que él. Está a mis espaldas, invitándome a beber. Respiro su perfume, suave, delicado, como sus manos sobre mis hombros cuando me dan la vuelta para que le mire y yo le admiro. Admiro sus faciones, su piel bronceada, sus ojos de cristal marino, su sonrisa. La misma que esboza para mí en este instante.

Coge mi mano y me conduce a la mesa, dónde cenamos langosta. No tengo hambre, pero sin embargo estoy hambrienta y saboreo cada pedacito de carne blanca que entra en mi boca. No puedo dejar de mirarle. No puede apartar la vista de mí. Este es mi momento. Es el momento que ha escogido para mí, éste y otros que sé que llegaran y que anhelo con exaltación. Jamás conocerá la magnitud del significado que tendrá para mis días, pero este va a ser mi recuerdo, el único que conserve de él cuando me vaya.

No sospecha que no soy la misma que se despertó esta mañana a su lado, sólo trata de hacer feliz a quien cree que conoce muy bien, de impresionarla para que permanezca a su vera, y ella nunca se iría si estuviera en mi pellejo, pero yo sí partiré con mi nuevo cuerpo.

El tiempo transcurre. Cada minuto que se aleja es uno más que no me queda.
Tengo prisa, pero no quiero que se acabe. Al mirarmos comprendo que el resto no es necesario, aunque yo lo desee y él quiera complacerme. Me pierdo mientras me va encontrando y si sigue descubriéndome conocerá mi verdad y mi engaño.

Es un juego, estoy jugando. Apago la llama de las velas una por una, con un soplido ligero.
Ahora sí es posible. Es una noche distinta.
Nunca lo sabrá.
Ya.

Enciendo la luz. Aún no es la hora de levantarme, pero no tengo sueño. Mi marido todavía duerme. Pienso en la noche de ayer y en lo diferente que podría ser todo, pero aunque se lo intentara explicar, nunca lo entendería.
Esta mañana no voy ducharme. Siento sobre mi piel la esencia que quiero que permanezca conmigo un día más… Me visto y desayuno tranquilamente. Tengo tiempo de sobras.

Nos encontramos en el ascensor. Nos saludamos como todas las mañanas que coincidimos en el rellano y me cede el paso cuando las puertas se abren. Está serio, ausente, desconcertado, confundido… Preocupado. Nunca sabrá que fui yo.
Fue un golpe de suerte que apagara el móvil y descolgara el teléfono… Creando ambiente… Ella me llamó cuando no pudo contactar con él y me pidió que fuera a su casa a decirle que no llegaría antes de las doce porque su vuelo se había retrasado dos horas… Benditas compañías aéras… Cuando fui a transmitirle el mensaje de vuelta del trabajo, la puerta estaba entre abierta y el resto, el resto es mío.

El ascensor llega a la planta baja. Nos despedimos. Sonrío. Intenta sonreír pero no puede y mientras observo como se encamina hacia la salida del edificio, pienso en lo afortunada que soy por vivir a su lado, a pesar de que un tabique y miles de sentimientos nos separen.

Dulce y amarga antítesis.

03 febrero 2008

Percepciones

¿Cómo se le dice a alguien que nos confiesa que le gustamos, que no nos interesa del mismo modo?

Normalmente tendemos a ensalzar a esa persona mientras hacemos tiempo para pensar en cómo salir del entuerto a la velocidad de un rayo: “Eres estupendo/a… " "Lo pasamos muy bien juntos…" "Una de las mejores personas que he conocido nunca…”

Luego justificamos nuestra negativa con factores externos haciendo uso de la diplomacia: “Tal vez si las circunstancias fueran otras las cosas serían distintas…”

Nos volvemos medio brujos de golpe con engaños que le regalen los oídos: “Sé que pronto encontrarás a esa persona que te está esperando en algún lugar y que te merece más que yo…”

Y para terminar, el premio de consolación.. Y es que lo importante es participar, no ganar... Ya: “...pero podemos ser amigos…" "Los amores vienen y van, pero los amigos permanecen siempre…”

Pues bien:
1º Si tan maravilloso/a es esta persona, ¿por qué no darle una oportunidad e intentar pasar el resto de nuestra vida con ella? Dos hipótesis: o bien no es tan genial, o bien somos tontos/as por dejar pasar una ocasión como esa.
2º ¿Qué circunstancias deben darse para iniciar una relación sentimental? Cuando se conoce a alguien y se siente que algo ocurre dentro, lo de menos es la situación, y lo de “más”, “eso” que está sucediendo… Un poco más de realismo, claro, que todo depende de nuestra escala de valores.
3º No tienes la menor idea de si encontrará a alguien, y si es así, quizás no se merezca a nadie más que no seas tú, porque tú eres lo que quiere. Mentir está muy feo, deliberadamente mucho peor.
4º Un poco de sensatez, ¿amistad? ¿De verdad quieres ser amigo/a de quién te ha embrollado en una situación incómoda? ¿Crees que querrá ser tu amigo/a, después de rechazarlo/a y fingir que no ha pasado nada?
Con una sola palabra y una sutil mirada bastaría: NO.
Y es que a veces, las cosas pueden ser sencillas, aunque no lo parezcan.

27 enero 2008

Bandas Sonaras

Mis primeros recuerdos musicales están relacionados con largos viajes en coche del nordeste al suroeste –y viceversa… Tu piel morena sobre la arena…- de la península, en los que siempre oía las mismas voces: Raffaela Carrá, Camilo Sesto, Juan Pardo, José Luís Perales…

Otros tiempos anteriores a los míos, me alcanzarón de la mano de La década prodigiosa y sus troceteos de canciones. Con ellos memoricé las legendarias, “un rayo de sol uoh uoh uoh…”, “Eva María se fue buscando el sol en playa, na, na, na, ná, na, na, ná…”, “si yo tuviera una escoba… cuantas cosas barrería…” entre otras ñoñerías que cantaba con alevosía y premeditación.

Abusé de un Miguel Bosé embutido en mayas y del que se ponía faldas con torerillas, sólo que entonces reconocer cierta predisposición por este muchacho (hoy hombre), era etiquetarse enterita de hortera y como consecuencia de ello hundirte socialmente, y más aún si además admitías que los hermanos llorones (Los Pecos) no te disgustaban del demasiado… Todos tenemos un pasado.

El crecimiento llega si te mantienes con vida, y otras influencias fueron sucediéndose en una adolescencia musical que no me pertenecía… Es lo que tienen los antecesores de sangre, que al final acabas oyendo horrorizada su música y lo peor de todo es que te puede incluso gustar y es cuando oyes otras cosas que te gustan más aún. Experimenté con Duncan Dhu (en todas sus composiciones encontraba algo), Olé Olé (sin comentarios) ¡Hombres G! (… cualquier tiempo pasado nos parece mejooor…), Mecano, Alaska, Loquillo y los trogloditas, Modern talking (si, también ellos), Police, George Michael, Madonna… hasta que me entró la vena sensiblilona y un Alejandro Sanz cañí, hablaba de mis circunstancias y de mí (… quien te ha visto y quién te ve…) en sus canciones, así como también lo hacían Luís Miguel (sí, sí también), Sergio Dalma (por paisano), Presuntos implicados, La Unión (lo más de lo más), Cómplices… Fue la época en la que más afiné el oído, sólo la música ya me transmitía buenas sensaciones, aunque no entendiera exactamente lo que Cèline Dion (eterna), Michael Bolton (ronco, ronco, ronco), Mariah Carey (antes de que un ovni le absorbiera los sesos), o Barbra (para los amigos) Streisand, relataban, si no lo veía escrito.

Esas viejas canciones me acompañan todavía, aunque no signifiquen lo mismo, otras han llegado recientemente y algunas aún no las conozco, pero todas ella componen la banda sonora de mi vida…

Y es que para cada momento existe una sonorización armoniosa, que no son más que un resumen musical de nosotros mismos.

20 enero 2008

Trilogias

Me seduce el trailer de La burbuja dorada, y es que en el cine, hasta lo malo parece bueno, y cuando busco un poco más de información sobre la película en cuestión, descubro que se trata de otra de esas dosificaciones anuales.Me niego a volver a esperar años para conocer el final de una película.

El señor de los anillos me horrorizó sobremanera (las veces que no dormía) no siendo yo demasiado consumidora del género fantástico –reconocerlo he- creado por otros, y eso que La comunidad del anillo, tenía su encanto, pero en cuanto me lo mataron, la peli perdió todo mi interés (y su belleza), por la carencia de hombres de verdad (Boromires), en lugar de mojigatos blandengues con los pelos sucios y un huesudo exhibicionista de guión escaso “mi tesoooooro…”

Shrek no me disgustó demasiado, pero bien dicen por ahí que segungas partes nunca fueron buenas, y la transformación de la bella princesa en un moco verde que lucha para defender su amor, acabó con mi tolerancia. Desde entonces mantengo bien limpias mis fosas nasales para evitar la proliferación de moquillos tan repelentes como los Shrekcitos, cansinos hasta la extenuación con tanta bobería desmesurada… Si es que la huelga de guionistas nos afecta a todos, pero lo lamentable es lo que hacen con algunas mentes.Mi tercer y último tropiezo hasta el momento, Piratas del Caribe… Algo tontilla es –¿para qué negar lo evidente?-, pero con momentos divertidos que me reconciliaron mínimamente con las trilogías hasta el punto de plantearme seriamente ver otras (menos The matrix, la lentitud me mata), pero mi gozo cayó al pozo de mi testarudez cuando el Capitán Sparrow es engullido por un besugo gigantesco, feo como ninguno y todo baboso él, en El cofre del hombre muerto. La tercera parte me supera, y ni siquiera el hecho de saber que con su final mi agonia termina, es incentivo suficiente para que la vea entera (sí, estoy haciendo trampas).

Las películas de una vez y no por fascículos.

13 enero 2008

Evolución

Mirando la propaganda de un supermercado, me detengo en la imagen de un yogurt griego y fijándome en el Partenón que aparece en el lácteo, me pregunto (porque no tengo nada mejor que hacer a esta hora), qué fue de todos aquellos pensadores a los que la filosofía debe su origen… Sí, ya sé que desde hace varios siglos pertenecen a otro mundo y que por la misma razón ya no piensan, pero ¿dónde están quienes les siguen, en su corto peregrinaje alrededor de la ágora, mientras les abordaban miles de inquietudes, por tener demasiado tiempo libre…? ¿Es que en Grecia ya no hay plazas por las que pasear apaciblemente durante varias horas seguidas, intentando resolver preguntas retóricas?

¡Pues claro que siguen habiendo plazas! Y también hay muchas piedras viejas y mohosas, así como la esencia de otros tiempos en el aire, pero tengo una teoría respecto a porqué Grecia ya no parece aquel país de hombres sabios, y es como consecuencia de un proceso a través del cual, denominarse a sí mismo ha ido adquiriendo una importancia creciente, y para ello era y es contraproducente distraer la mente con vicisitudes sobre lo desconocido. Todo pensamiento se centró en la composición del nombre más raro y largo, algo que fuera realmente impronunciable, disipándose de esta forma en cada sílaba creada, una reflexión acerca del más allá, para entender el más acá.

De esas plazas tan paseadas toman origen las multitudes en numerosas calles de nuestra geografía… Siempre hay demasiada gente por algunas vías concretas con pésima formación cívica, entorpeciendo el caminar de servidora, con la diferencia de que cuando miro sus caras, no veo pensamiento alguno y caigo en la cuenta de que quizás haya empezado el proceso para nosotros y en unos pocos siglos más tendremos nombres como Juanlocorematus, Carmenvivarachatus…
Y es que la evolución continua.

07 enero 2008

Con otro aire

¿Por qué cada vez que veo una película asiática o leo un libro cuyo autor tiene los ojos rasgados (como si entrecerrándolos mejorara su visión) tengo la sensación de que cada frase oída o leída, es una sentencia proverbial, que incita a la reflexión y te sumerge en un mar sereno de movimientos imperceptibles (bálsamo para almas alborotadas), y días después la sensación de bienestar persiste y estás tan obnubilado que eres capaz de superar cualquier obstáculo tan sólo repitiendo mentalmente la frase en cuestión?

¡Autosugestión!, sin duda alguna, debida a mis devaneos con tiendas de propietarios de aquel continente… No las frecuento habitualmente, pero cuando quiero encontrar algo concreto al más bajo precio, sé dónde acudir, sin necesidad de preocuparme por la hora que es. Ellos siempre están abiertos, y siempre sonríen, aunque no entiendan muy bien lo que les digas. Cuando me dispongo a pagar (después de haber olido todas las velas aromáticas, las barritas de incienso frutales, las piedras decorativas, el pegamento, las alfombras y de haber abierto todo lo que se puede abrir), miro a la persona que me atiende y pienso: “Tu sí que sabes”, pues no en balde la sabiduría de miles de años acompaña a aquellos que nacieron en tierras orientales, donde las dagas y los dragones voladores tienen su significado, y los almendros de flores rosas perfuman las leyendas…
Y es que:
El dolor hace pensar al hombre. El pensamiento hace al hombre sabio. La sabiduría nos conduce a la verdad

01 enero 2008

Intercultural

Estoy confusa.
Había asumido que nacer bajo el signo de Aries me convertía en una cabra montesa -con cabeza muy ornamentada- fogosa, pues purito fuego me revelo, pero he averiguado, sin casualidad alguna, que en el horóscopo Chino me les antojo un conejillo de largas orejas -no sé si demasiado útiles, pues el tamaño no importa, y unas orejas pequeñas son eficaces si cumplen bien su cometido, detener el aire para que los oídos no se resienta-, ojos desconfiados y nariz titubeante; para los Mayas, zorro nací -en masculino mucho mejor que en femenino para evitar interpretaciones deliberadas-, ó como ellos lo llamarían Fex -que es más pijo-, con pelo en todo el cuerpo, he crecido en tamaño -aunque sea lo de menos-, y soy muy astuta -aquí sí cambio de género-. En la India, levanto el vuelo para adueñarme del cielo en forma de halcón, toda llenita de plumas -como una vedette del Moulin Rouge- y pico.

Investigando un poco más para definirme en algo concreto, me adentro en el mundo vegetal como Sérbal para los Celtas, y Aliso en el horóscopo Druida. Tan frondosa soy, que doy cobijo a animalitos como yo -en otras culturas- y los pajarillos se posan en mis ramas para defecar sobre mis hojas caídas, prestando de esta forma un servicio social desinteresado a mis “conseres”.

Verde es el color de mi aura y platino mi signo alquímico. Brillo con luz propia cuando hace sol… Claro que cuando está nublado, mejor ni salgo de casa… Casa… Los Aztecas me consideran un hogar con chimenea y todo -ajenos a la especulación inmobiliaria-, donde el fuego -si ya decía yo que soy muy calurosa- del horóscopo Árabe, mesha angaraka, calienta al Dios que me protege, un egipcio llamado Toth y a mi ángel velador Elémiah, para que no pasen frío en los largos invierno.

Concluyendo: somos uno y varios a la vez, dependiendo de la situación y las circunstancias… y en la pluralidad se encuentra la clave para conocer nuestra verdadera identidad… Pero yo sigo confusa.

22 diciembre 2007

Decálogo bloggero


Después de un exhaustivo estudio de cinco minutos (más tiempo era innecesario), he encontrado las diez claves que harán que tú blog triunfe:

1º.- IMPRESCINDIBLE. Créalo.

2º.-DARSE A CONOCER. Para ello es importante dejar comentarios en otros blogs. Sus responsables, por cortesía, visitaran el tuyo y si tienes un poco de suerte, incluso te escribirán algo.

3º.-NO ESCRIBIR NOVELAS. Intenta no extenderte demasiado o aburrirás al personal y no te acabaran de leer, o te leerán a medias. Sólo los que tienen lectores fijos, pueden permitirse esa licencia.

4º.-IMAGEN. Acompaña tus artículos con fotos… Cuanto más “impactantes” sean estas, tanto mejor, provocarás comentarios de todo tipo, y eso conviene mucho a tus pretensiones.

5º.-EDUCACIÓN. Se atento con las personas que te dejen comentarios y respóndeles con cariñitos y simpatías (aunque lo que te escriban te parezca abominable, sígueles la corriente).

6º.-INFORMACIÓN. Espía otros blogs para averiguar qué temas interesan y cuáles no gozan de reclamo social.

7º.-NO TE CONFUNDAS. Un blog no es un diario. No abuses de los momentos tristes o melancólicos o los mismos se volverán un repulsivo para nuevos y viejos seguidores.

8º.-CUANTOS MÁS, MEJOR . Crea “camaradería” si quieres mantener tu blog con vida. Al menos ellos te leerán y te dirán cosas bonitas aunque les aburras a más no poder, y por muy poco que te guste que te las digan.

9º.- CONSTANCIA. Escribe con cierta frecuencia, al menos una vez por semana, para que no se olviden de ti. Y si no dispones de tanto tiempo, con una vez al mes será suficiente, pero eso sí, no olvides de visitar otros blogs.

10º.- ¿REALMENTE QUIERES QUE TU BLOG TRIUNFE? Escribe porque te apetezca hacerlo sobre lo que quieras y no para que los demás crean que tu blog es fantástico. ¿Es que aún no lo sabes?

Nos reencontramos en el próximo año.

01 diciembre 2007

Causa-Efecto

Deben de haber cientos de formas casuales (tal vez también causales, por lo de asociación de ideas que se conducen entre sí produciéndose el efecto de Hume), de conocer a alguien, pero ¿cuántas hay de desconocimiento de alguien cuya existencia presumías nula?
Hace unos meses alguien hizo llegar a mi dirección de correo electrónico: “Encara sóc amb tu” (Aún estoy contigo”). Lo primero que pensé es que se trataba de un error y que la persona que lo enviaba, había escrito mal la dirección de e-mail del destinatario… Luego pensé que tal vez el pasado estaba volviendo al presente para recordarme que la ausencia no condena el olvido, ya que la fracesita en cuestión, podría bien formar parte de la retahíla de muchas otras típicas de alguien que se ocultaba tras un correo falso para que no supiera de quien se trataba y que al mismo tiempo estaba utilizando mi segunda lengua (la de algunos mediterráneos) para que cavilara sobre la posibilidad de que podía ser él…
Causa-efecto.
Es descabellado, pero el funcionamiento de su mente es similar al funcionamiento de la mía cuando mis neuronas no tienen sabañones, y no dejaba de ser una probabilidad… Por último, después de leer varias veces aquellas cuatro palabras, como si repetirlas tantas veces resolviera algo, fui alimentando “malas ideas” con cierta actitud defensiva… “nadie está conmigo a menos que YO considere que así debe ser, ¿he sido CLARA?”, y decidí ser también escueta en el correo que envié: “Jo també sóc amb mi mateixa” (Yo también estoy conmigo misma)… En condiciones normales (y aquellas no lo eran porque estaba algo desconcertada), hubiera sido MÁS educada y le hubiera devuelto el e-mail con holas y adioses, pero no era mi intención ni siquiera parecerlo…
Causa-efecto.

A los pocos días recibí otra frase de la misma persona: “Se le llama… luz? Esperar la luz?” (no, se le llama... y .... y también...), pero esta vez firmaba el correo con nombre masculino. Si antes no iba conmigo, ahora tenía las seguridad de que sí, y durante varias semanas debatimos en correos que no alcanzaban las tres líneas sobre la “ luz” (sobre dónde se encontraba ésta; sobre lo que llenaba y rodeaba con su resplandor...) hasta el agotamiento de sandeces vertidas entre los dos,
para luego pasar a otros grandes temas de filósofos “la espera” "la actracción", "la diversidad"...
Causa-efecto.
No dejan de ser “conversaciones” surrealistas en las que cada vez tengo mayor desconocimiento sobre un desconocido (¿conocido?) que por azar o con intención encontró respuestas (¿qué buscaba?) a sus meditaciones e-mailística, pero lo importante no es el suceso en sí, sino que a raiz del mismo, la reflexión tomó su lugar y tras ella la pregunta metafórica del momento:
¿Y si todos escribiéramos una frase sin sentido aparente a un desconocido…?
“Ahora te toca a ti”

08 septiembre 2007

Fue sin querer...

Hasta hace unos pocos años, cuando alguien mencionaba a los "muerciélagos", no pensaba en los que habitan en nuestras tierras, sino en los de Transilvania... No es que tenga la certeza de que allí abunden más, pero los de mi generación crecimos con historietas ficticias sobre seres siniestros con los que era mejor no tropezarse en noches nubladas, y todos aquellos relatos transcurrían en la provincia rumana.
Lo que ayer me ocurrió me recuerda una emblemática canción de Serrat (al menos lo es para mí, aunque en éste momento me reserve las razones), que dice así:


Fue sin querer. Es caprichoso el azar.
No te busqué ni me viniste a buscar.
Tu estabas donde no tenias que estar;
y yo pasé, pasé sin querer pasar.
Y me viste y te vi...


Después de cenar, salí a la terraza y me senté en las escaleras (sitio estratégico alcanzado por el aire, en un día demasiado caluroso para alguien que siempre vivió en regadío). Los murciélagos, a los que ya me he acostumbrado a ver todas las noches, volaban como de costumbre a velocidades vertiginosas, tan osados ellos, que con su vuelo casi me rozaban. Cada aproximación era un desafío: "o dejas de invadir nuestro espacio o te haremos creer que vamos a chocarnos contra ti y saldrás corriendo". No les hice caso durante un buen rato. Al fin y al cabo nadie puede prohibirme que me siente dónde quiera en mi casa, y mucho menos orejudos voladores, pero realmente pensé que no sólo se trataba de una amenaza, cuando vi el peligro acercarse a gran velocidad... En un autoreflejo, supongo, crucé los brazos sobre mi cabeza, cubriéndome bien la cara y a los pocos segundos, noté el impacto. Algo humedo o quizás frío, no sabría definirlo, me golpeó la muñeca y a continuación cayó al suelo. Allí fue dónde encontré al desvalido animalito cuando me atreví a mirar de nuevo.Lo primero que pensé es que había cometido un murcielagocidio por la torpeza de aquel serecillo que no se movía, debido a que había calculado mal la distancia a la que se podía acercar a mí, pero después, tras varios minutos observándole sin saber exactamente que podía hacer por él (en caso de que pudiera hacer algo), mis ojos no me engañaron cuando lo vieron moverse un poquito. ¡Bien, está vivo! Había caído con una de sus alas (de una textura realmente nausebunda, con todas esas ramificines tan frágiles separadoras de una membrana que al tacto es como el tercierpelo) desplegada y panza arriba. Tenía que socorrorle, no en balde, el peludín aquel estaba medio esparramado en el suelo, porque yo estaba dónde no debía de haber estado jamás... Me atreví a tocarle ligeramente, con cuidado y despacio para no asustarle. En realidad lo que temía era que cuando se recuperase, esa misma noche volviera a casa, entrara por la ventana y convertido en vampiro me mordiese con alevosía y premeditación, lo que sin duda iba a suponerme un gasto extra en dentista... Los colmillos me parecen antiestéticos y limarlos hubiera sido lo más sensato.
Volvió a moverse con sus dos grandes orejas apuntando hacia el sur. El murcielaguito estaba recobrando la consciencia. No parecía herido, sólo conmocionado. Acaricié su diminuta carita, fría y suavecita... En medio de su grisacia cara, una boquita redonda se abrió, fue como un bostezo. Lo cogí entre mis manos y lo puse en un sitio más seguro sobre una cama improvisada de papel higiénico, con la inteción de que estuviera más cómodo. No sé si todos los quiropteros son tan feos, o éste lo era especialmente, pero después de mirarlo detenidamente, me inspiró ternura y pude ver en él una belleza distinta. Me miró con sus dos pequeñitos ojos negro antes de iniciar el vuelo.
Fue una de esas miradas que nunca se olvidan porque recordarlas supone una historia que contar en el futuro. En ese instante, supe que entre ambos había surgido una complicidad que se mantedría viva a través de los años y que para ninguno de los dos, lo sucedido se perdería en la memoría (al menos en la mía, dudo que él posea algo similar).
Si lo vuelvo a ver, nunca sabré si es él u otro que se le parece mucho - seamos sinceros, todos los muerciélagos me parecen iguales, y cuando vuelan lo único que se aprecia en el cielo son paraguas abiertos en noches oscuras- pero a partir de este momento, en cada bichejo peludo que vea, veré su mirada, esa con la que se despidió para perderse y volver a ser uno más en mi vida.

01 septiembre 2007

La antara

A veces es difícil encontrar historias que contar, pero esta vez, la historia me encontró a mí para ser explicada… Y así lo haré.

Aquella melodía, siempre la misma, procedía de algún lugar no muy lejano. Desde hacía un tiempo atrás se oía todas las noches, sin que nadie pudiera precisar, en qué momento sonara por primera vez.
Cuando la luna se asomaba en lo alto, la serena y dulce musiquita aparecía en los oídos de los aldeanos. Algunos de ellos salían de sus casas para escucharla mejor, y otros, esperaban que empezara a sonar para dormirse con aquella cautivadora melodía.

Asier salió una noche a caminar. Tomó el sendero que lo alejaba de la aldea hasta el bosque y dejándose llevar por aquella agradable música, se detuvo en un claro, donde a menudo acababa al atardecer, leyendo algunos de sus libros.
Desde allí, la melodía sonaba más próxima, como si estuviera muy cerca de él. El muchacho siguió la intensidad de las, ya muy conocidas notas, y se sorprendió al percatarse que aquello parecía surgir de la tierra. Era una idea absurda, pero aún así, alumbrándose del satélite blanco, golpeó con una piedra el suelo, hasta conseguir una hendidura.
Cuanto más excavaba, la música más clara sonaba, lo que hacía que golpeara con más ahínco aún. Después de un rato, extraía la tierra del agujero con las manos, cuando topó con algo que al tacto era suave y vibraba levemente. Se apresuró a sacar el trozo de tela, y una vez lo tuvo en sus manos, desenvolvió lo que había dentro. Nunca había visto aquel instrumento hecho con varias cañas de longitudes distintas y unidas entre si por unas cuerdas finísimas, pero en la escuela le habían hablado de él, aunque tardó unos segundos en recordar su nombre.

La tela también contenía un montoncito de papeles agrietados y doblados por varias mitades, en los que a contra luz se adivinaban letras. Resolvió llevarse el hallazgo a casa para mirarlo con mayor detenimiento.
Sólo de regreso a la aldea, se dio cuenta de que la música había dejado de ser oída, el silencio ocupaba su lugar.

En su habitación sostuvo la antara entres sus dedos. No se le ocurría cómo podía y haber llegado hasta allí, ni cómo podía emitir aquella melodía sin que nadie la tocase, pero las explicaciones a sus preguntas, tal vez las encontrara en los papeles que trajo consigo. Al principio los leyó con curiosidad, luego con creciente interés por conocer las historias manuscritas.
La antara, no sólo había pasado por diversas manos desde hacía mucho tiempo, sino también a través de distintos lugares.
Quien la hiciera sonar, grabaría en el instrumento de caña su propio sentimiento y éste se transformaría en la melodía que sonaría, una vez la antara fuera cubierta de nuevo por la tela oscura.

Asier no era demasiado ducho tocando instrumentos, pero estaba dispuesto a intentarlo esta vez, para que otros como él, tuvieran la fortuna de formar parte de algo que devolvía al presente el pasado.
Empezó a escribir su propia historia, y una vez la releyó varias veces, pensó en el lugar dónde permanecería oculta hasta que alguien la encontrara, determinando que sería cerca del mar.

Con la excusa de visitar a unos familiares suyos, salió de la aldea una mañana muy temprano con una mochila a sus espaldas y varios días de camino por delante. Al llegar al mar, eligió la noche para entonar las notas que fuera capaz de sacarle a la antara, y bajo la luz de la luna, como la vez en que descubrió el trozo de tela, sopló por los orificios, y casi sin quererlo, la melodía surgió sola…

Siempre he pensado que sólo se trataba de una leyenda que mi abuelo me explicaba de pequeña, sobre el suyo, pero ha llegado el momento de que la antara regrese a la tierra que he elegido, y así sean otras personas quienes me tomen el relevo.

04 julio 2007

Hymne de l'amour


Le ciel bleu sur nous peut s'effondrer
Et la terre peut bien s'écrouler
Peu m'importe si tu m'aimes
Je me fous du monde entier


Tant que l'amour inondra mes matins
Tant que mon corps frémira sous tes mains
Peu m'importe les problèmes
Mon amour puisque tu m'aimes...


J'irais jusqu'au bout du monde
Je me ferais teindre en blond
Si tu me le demandais...


J'irais décrocher la lune
J'irais voler la fortune
Si tu me le demandais...


Je renierais ma patrie
Je renierais mes amis
Si tu me le demandais...

On peut bien rire de moi
Je ferais n'importe quoi
Si tu me le demandais...


Si un jour la vie t'arrache à moi
Si tu meurs, que tu sois loin de moi
Peu m'importe, si tu m'aimes


Car moi je mourrai aussi...
Nous aurons pour nous l'éternité
Dans le bleu de toute l'immensité


Dans le ciel plus de problèmes
Mon amour crois-tu qu'on s'aime?...
Dieu réunit ceux qui s'aiment!
El cielo azul sobre nosotros puede hundirse
Y la tierra puede derrumbarse.
Poco me importa si me amas.
Yo loco por el mundo entero
Mientras el amor inunda mis mañanas
Mientras mi cuerpo se estremezca bajo tus manos
Poco me importan los problemas
Mi amor ya que me quieres...

Iría hasta el fin del mundo,
me haría teñir en rubio
Si me lo pidieras...
Iría a descolgar la luna
iría a robar la fortuna
Si me lo pidieras...
Renegaría mi patria
renegaría a mis amigos
Si me lo pidieras...
Podemos reírnos de mí
haría cualquier cosa
Si me lo pidieras...

Si un día la vida te arranca de mí.
Si mueres, si estás lejos de mí
Poco me importa, si me quieres
Porque yo moriré también.
Tendremos para nosotros la eternidad
En el azul de toda la inmensidad
En el cielo más problemas
Mi amor ¿crees que se ama?
Diós reúne a los que se aman.

17 junio 2007

Ayer


Ayer volveré a pasear por cálidas aguas,

mis pies se hundirán en la arena,

emprenderé el camino de regreso al mañana.

Hoy retrocederé sobre mis pasos,

el salitre salará mi piel

y el sol teñirá de dorado los ropajes de mi ser.

Ayer uniré mi mano a la del viento,

sentiré la suavidad de sus dedos,

bajo los que me estremeceré.

Hoy pensaré que nunca me he ido

que aún mi lugar es mío

y que el ayer es mi hoy perdido.

16 junio 2007

Desvelos


Me desvela el sueño,

en ti hay luz y oscuridad,

hay caos y paz.

Filigrana frágil

que rompe con seda

mi vulnerabilidad.

Me desvela el pensamiento,

sin ti la noche es eterna,

las ansias infinitas.

Sin ti dejo de ser

para ser lo que no soy.

Seré lo que hagas de mí.

Me desvela el recuerdo,

visiones de ayer

anhelos del mañana.

Vas y vuelves,

voy y vengo contigo.

Mi esperanza, mi ilusión, tú.

08 junio 2007

La importancia de las cosas sencillas

Me perdí.
De pronto no sabía dónde estaba ni cómo había llegado allí. Tampoco sabía por qué había querido llegar tan lejos ni por qué me volví pretenciosa al intentarlo. Y esa maldita canción que está sonando no deja de recordarme que habrá algo que no podré olvidar nunca. Esa letra que alguien entregó al mundo con melodía agresiva para almas desiertas, relata una verdad que desearía que no fuera cierta.

“No hay nada más bello, que lo que nunca he tenido, nada más amado que lo que perdí”

No conoceré mayor belleza que la que sé que existe. Tampoco amaré tanto nada como lo que ya no tengo, pero aquí sigo. Soy la misma de ayer para todos, aunque mi interior sea un extraño al que odio por haberme perpetrado tan cruelmente.

Hace dos semanas estaba muy lejos de imaginarme sentada en un bar sola, a las doce menos cuarto de la noche bebiendo cerveza hasta eructar, pero si pudiera controlar el porvenir, también tendría el poder de ligar a mi vida, con una cuerda invisible, a quienes quiero y sin embargo, lo que más he querido en mucho tiempo, se ha ido.Y esa canción que alguna vez me pareció hermosa, ahora amartilla mis oídos con poca delicadeza, agujereando con premeditación ese algo que arde dentro de mí.

“Tus recuerdos son, cada día más dulces, el olvido sólo se llevó la mitad, y tu sombra aún, se acuesta en mi cama, con la oscuridad, entre la almohada y mi soledad”

Le amo, pero ese amor tan inmenso que siento hacia él no hará que las montañas dejen de ser inamovibles. Por más amor que le haya entregado y le profese, no puedo cambiar ni hacer que nazca lo que no existe dónde quiera que él sienta el amor. Después de dos años compartiendo nuestras vidas, descubro que nunca me ha querido y que en realidad lo que sentía hacia mí era una admiración de tamaño monumental tallado en mármol. Le impresioné tanto aquella tarde de abril en que nos conocimos, que en poco tiempo en su precario vocabulario sólo existía una palabra para definirme: maravillosa. Yo era esa octava maravilla inexistente y tras encontrarme decidió conservarme a su lado. Entonces no pensó que hasta las grandes obras maestras, cuando se las desgasta mucho, dejan de interesar y pierden su valor. Demasiado me adoró; demasiado tarde se dio cuenta que abusaba del placer que le producía que formara parte de su vida. Tan orgulloso se sentía de esta desvalida adquisición, que me engañó por completo y creí que en verdad era amor. Y si amor no sabía lo que era hasta ese momento, me abrió un abanico lleno de tonalidades rosadas que colorearon mi vida de pastel.


Consignamos nuestras vidas esperando que si no era para siempre, al menos sí para los próximos cien años. Y era feliz creyendo que los dos estábamos seguros en nuestra precipitación y por entera me entregué, quedándome tan poco, que ni mío consideraba que fueran los restos.
Cuando no ha podido disimular más lo que no había sentido nunca, la verdad apareció en sus ojos helándome la sangre con un frío glacial. Ni siquiera podía sospechar que esos sentimientos no existieran en él, aceptar que esa era la única realidad desde nuestro inicio en común me mató despacito haciéndome mucho daño y la desesperación se abrió paso y con ella el absurdo. Prolongar el desamor no tenía sentido. Para él hubiera sido injusto negarle la posibilidad de sentir todo lo que yo había sentido a su lado, y para mí demoledor sufrir porque no me hubiera querido nunca y luego mirarle y saber con certeza que por más que forzara las posibilidades, no sería un fénix resurgiendo de sus cenizas.
Aquella tarde de abril llovía a cántaros. Nos encontramos en el aparcamiento de unos grandes almacenes mientras yo inútilmente intentaba arrancar el coche. Su vehículo estaba estacionado al lado del mío y los dos habíamos llenado el maletero de bolsas tan deprisa como nos había sido posible para no seguirnos mojando bajo aquellas frías gotas de agua que caían mal intencionadas. Cuando se dio cuenta de que el motor no se ponía en marcha salió de su coche y se ofreció a echarme una mano, pero sus conocimientos de mecánica eran tan escasos como los míos. Me miró deteniéndose en mis ojos un buen rato y luego miró hacia las puertas de los grandes almacenes.

-Tenemos dos alternativas –me dijo mirándome de nuevo a los ojos con los brazos en jarra-. Podemos volver y esperar a que escampe mientras nos tomamos un café e intentar entonces poner el coche en marcha.
-¿Cuál es la segunda alternativa? –pregunté cuando guardó silencio.
-La segunda alternativa no te va a gustar y te la desaconsejo.
-Me gustaría saber cuál es de todas formas y si es posible antes de que el agua comience a calarme.
-Hacer un sitio en mi maletero para guarda tus compras y llevarte a casa en mi coche.
-Te agradezco de veras tu ayuda y estudiando tus alternativas la primera me parece la más acertada, pero no es necesario que te quedes conmigo. Podré esperar sola a que deje de llover.
Le eché la llave al coche y me ceñí la chaqueta al cuerpo para protegerme de la lluvia.
-No voy a dejarte sola después de haberte conocido, me crearía cargos de conciencia y prefiero dormir bien a no hacerlo por no dejar de pensar en por qué no hice todo lo que estaba en mis manos para ayudarte.
-En ese caso, vete tranquilo, te libero de tus cargos de conciencia.
Pasé por delante de él para dirigirme a la entrada de los grandes almacenes pero su voz me detuvo.
-Lo mínimo que podías hacer por mí es invitarme a un café –me gritó-. Por intentar ayudarte me estoy empapando y si no tomo algo caliente cogeré un resfriado y entonces serás tú quien tenga cargos de conciencia.
-Haz lo que te parezca, yo me voy dentro.Me siguió a unos pocos centímetros hasta llegar a la primera cafetería que encontré en el camino y cuando fui a entrar me extendió la mano abortando mi paso.
-Roberto.
Le estreché la mano. No le conocía demasiado, pero era simpático, y era cierto que estaba muy cerca de coger un resfriado. En su nariz vi una gotita brillante y transparente salir apurada de uno de los orificios.
-Claudia.


Aquella tarde, otra era la canción que bailó en mis oídos en la cafetería que fue testigo del inicio de un romance desahuciado.

“Esta vez quiero que estés cerca, olvidar la tristeza que dejó el ayer, déjame creer que esto no es un sueño, ni otro intento contra la pared”

Durante dos meses fuimos pegamento, y transcurrido ese tiempo nos volvimos tan inseparables que era inconcebible la vida de uno sin el otro. Ambos nos llenamos de pretensiones y fiándonos únicamente de lo que sentíamos en los momentos que pasábamos juntos, concluimos en lo absurdo que resultaba convertirnos en esos legendarios amantes de novela rosa, que se separaban al amanecer después de haber pasado toda la noche juntos y remediamos las circunstancias con la precipitación que provocaron nuestras ansias.
Me perdí, pero él se perdió antes que yo. En algún momento se desorientó por completo y no supo encontrar el norte. Guardó silencio para no bajarme de las nubes que habíamos amueblado entre los dos, y me dio lo mejor de sí, para seguir construyendo mi felicidad con piedras de baja calidad que un soplo de aire hubiera destruido en un solo instante.
Esta es la última cerveza que me tomo. Estos son los últimos momentos que pienso en él. Me concedo dos minutos más de recuerdos, pero después de esta noche, la tristeza se volatilizará cuando vomite en el baño.
Esta mañana, cuando ha alzado la vista para mirarme en la cocina mientras preparaba café, he visto la verdad reflejada en sus ojos y sentido una profunda tristeza.

-Roberto... –he susurrado caminando hacia él.
-Qué –ha dicho con aire distraído apartando la cafetera del fuego.
-Tus ojos... No hay luz en ellos. No son los ojos que conocí en el aparcamiento de unos grandes almacenes.
Roberto agachó la cabeza apesadumbrado. No me hacía falta volverle a mirar a los ojos para saber que la luz que no veía en ellos hacía mucho tiempo que se había extinguido, pero aun así le levanté la barbilla con suavidad.
-¿Desde cuándo no me quieres?
-De la forma en que mereces y debería haberlo hecho... –bajó la mirada-. Nunca. -¿Nunca me has querido? –pregunté lentamente, más sintiendo pena por él que por mi misma.
-No te amo.
-¿Y pensabas seguir viviendo conmigo sabiendo eso? –mí desconcierto era evidente.
-Lo último que te haría en este mundo es daño.
Le abracé con fuerza, pero lo que me impulsó a hacerlo, no fue el amor, sino la ternura que suscitaba en mí la calidez de su voz. Cuando me separé de él le cogí de las manos.
-Este es el final.
-No quiero que nos separemos. Dame tiempo, enamorarse de ti es muy sencillo... -Pero no lo es para ti. Mientras te abrazaba, me he aferrado a una esperanza, pero esa esperanza no existe. Daría todo porque permaneciéramos juntos, pero no quiero vivir con alguien que se tiene que esforzar en quererme.
Le besé en la mejilla muy suavemente, sabiendo lo que ese amistoso gesto significaba para nuestras vidas venideras.

Apuro la última gota del vaso. Lo exprimiría como a una naranja para extraerle todo el zumo sino fuera de vidrio. Tengo ganas de emplear todas mis fuerzas en apretar, un trapo, una bota, lo que sea, pero algo que pueda retorcer hasta que mis manos se vuelvan rojas.
Son las doce y media. Acordamos que esta tarde recogería sus cosas y se instalaría en casa de un amigo hasta encontrar un lugar dónde vivir a partir de ahora. Para mí hubiera sido más fácil desprenderme de sus recuerdos marchándome yo, pero ha insistido tanto en que me quedara en el piso, que no he podido negarme a colaborar en su redención. Él se quedará más tranquilo y a mí me servirá de terapia para vencer los dos maravillosos años que me estuvo engañando. Ha transcurrido el tiempo suficiente para que su perfume haya desaparecido en el aire de nuestro hogar. Cambiaré la ropa de la cama y desinfectaré toda la casa con lejía. No quiero que nada huela a Roberto. Voy a olvidarme de que algún día existió, y si le recuerdo, que sea muy levemente; de soslayito; como el murmullo de una cascada lejana. De ahora en adelante desconfiaré de los hombres que me ofrezcan su ayuda en un abril torrencial en los aparcamientos de unos grandes almacenes porque no consiga hacer arrancar el coche. Encontraré el modo de arreglármelas sola.

“Otro amor vendrá, si hoy estoy muriendo, otro amor vendrá, otro amor mejor...”

Empieza a gustarme la música que ponen en este sitio. Y es que algo tan sencillo como una canción puede hundirte en la miseria más profunda o lograr que salgas de ella para elevarte a un cielo tan alto que nos es desconocido por su lejanía. Y si esa sencillez es capaz de atribuirse tantos triunfos, debe ser importante... Sonrío con ganas de hacerlo por un rato más…Si algo esta claro, es lo que a alguien se le ocurrió decir con música…

“... Otro amor vendrá, porque voy a dedicarme a vivir sin ti, para ser feliz, otro amor vendrá”