30 marzo 2008

La otra

El dolor no desaparece tan pronto como aparece.
Basta sólo un instante para sentirlo muy hondo; cortante como sumergirse en una bañera de cubitos de hielo en invierno, antes de notar cómo se propaga por el cuerpo, apropiándose de los pensamientos. La pérdida es su causante. La distancia entre elementos.

Me gustó en cuanto atrajo mi atención -y que no lo hiciera por su evidente atractivo era muy difícil-, aunque entonces deseché la idea del enamoramiento, algo me estaba pasando, y ese algo se produjo en pocos segundos, en varios más, el deseo de tenerlo a mi lado el mayor tiempo posible, creció hasta convertirse en una meta que alcanzar, abundando en mi interior la mejor predisposición para cuidarle, guarecerle, mimarle... Para ofrecerle todo cuanto necesitase sólo por conservarlo conmigo.

Todos los días recorría las mismas calles varias veces para verle, y cuando por fin llegaba el ansiado encuentro, la cima estaba justo bajo mis dedos. Pensaba en él sonriendo, esperando descubrirle entre los demás, destacando una vez más por su elegancia, su porte, su tono oscuro, por lo distinto que me parecía y lo distinta que me hacía del resto de las mujeres sólo por estar dispuesta a darlo todo por su presencia.

Quería tocarle, acariciarle, sentirle sobre mi piel y nos imaginaba en fiestas entre amigos; en teatros; en cenas románticas; encima de la cama mientras me despojaba del resto de la ropa… Era mi ilusión, mi alegría, mis ganas de vivir, el responsable de mis sonrisas… pero tardé más de lo que él podía aguardarme, en intentar mantenerlo cerca de mí.

Me paré frente el escaparate y la primera punzada de dolor me cortó la respiración. Vi mi rostro desencajado en el cristal… Ya no estaba. Una brizna de esperanza me hizo entrar en la tienda poseída por la impulsividad de la tragedia, y preguntarle a la dependienta por su paradero, tal vez sólo se tratara de un traslado de lugar y finalmente me perteneciera ese mismo día -no estando dispuesta a dejar pasar un minuto más-, pero la negativa de la cabeza fue acompañada por la voz.
-… pero tenemos el mismo modelo en verde…

“En verde”… Acababa de perder el jersey más bonito que había visto nunca, y la dependienta pretendía sustituirlo por otro que jamás tendría la esencia del que ya nunca sería mío.

Salí de la tienda arrastrando los pies, sin apenas poder mantener el peso de mi cuerpo. Destrozada; abatida; herida... El dolor fue intenso, rápido. Había dejado escapar el jersey de mi vida, ese que me acompañaría en tantos momentos ideados en mi mente.

Desde entonces, ya no soy la misma. Soy yo sin él. Es ella, su fortuna y mi suerte perdida. La otra.

23 marzo 2008

Primavera


Llego al semáforo de todas las mañanas con el peor de los humores. Si pudiera abofetearme la cara con la suficiente fuerza como para hacerme mucho daño, lo haría en este momento. En la acera hay cuatro personas más esperando a que los coches se detengan. Un yupi trajeado me examina deliberadamente en un recorrido que va desde mis tobillos hasta mi rostro, deteniéndose en la parte intermedia que comprende la zona delimitada entre la clavícula y el estómago. Nos separan dos personas pendientes del cambio de color, tan concentrados en dicho viraje, como los atletas al pistoletazo de salida en una competición.

Miro al auscultador con altivez, casi sintiéndome ofendida por la satisfactoria evaluación a cuya conclusión ha llegado a juzgar por la sonrisa que esboza. De la altivez paso al desprecio cuando nuestras miradas se cruzan, pero el muy insolente no se da por aludido y paso directamente a una mirada impregnada de odio. Justamente en ese instante el semáforo se torna ámbar y luego verde en acciones consecutivas.

El trajeado empieza a caminar adelantándome con la ventaja que le proporcionan dos piernas de zancadas gigantescas. Le sigo por la alfombra a rayas blancas que los vehículos respetan a nuestro paso y le doy alcance como un león sediento de hambre a su presa.
-Oye, tú –le digo con un deje verdulero. Si le había causado buena impresión estoy convencida de que he perdido todo el atractivo que ha visto en mí tras haber abierto la boca-. ¿Crees que puedes mirar a las mujeres de la forma obscena en que lo haces sólo porque la naturaleza las ha favorecido dotándolas de sugerentes virtudes? ¿Acaso te has planteado alguna vez cómo nos sentimos nosotras cada vez que alguien tan patético como tú nos mira de esa forma? ¡Objetos! Así es como nos sentimos. Como si todo lo que hemos conseguido hasta el momento no tuviera sentido porque una mirada indecorosa hace que se desvanezca hasta convertirse en nada. ¡En nada! Y gracias a gestos tan poco afortunados como el tuyo, las consultas psiquiátricas están abarrotadas de mujeres que han decidido darse una oportunidad antes de practicar el vuelo libre desde el tejado de su casa. ¿Te das cuenta hasta qué punto puede hacernos daño un comportamiento primitivo como el tuyo? Te sugiero que la próxima vez que sientas la necesidad de ver cuerpos, lo hagas desde tu casa en la madrugada, estoy segura de que si además las llamas, sabrán agradecértelo.

Le miró por última vez con exasperación antes de retomar de nuevo el camino. En todo mi discurso no ha osado pronunciarse. Me miraba con interés, como si de verdad le importara lo que estaba diciendo, aunque creo que en realidad no era más que una pose improvisada para no descubrirse delante de mí y que yo supiera que le estaba haciendo sentir mal por su aptitud. No es cierto que las mujeres no sintamos objetos cada vez que nos miran, todo depende de la persona que lo haga y de cómo lo haga. A veces podemos incluso llegar a sentir placer al sabernos contempladas, y sin lugar a dudas, la mayoría de las veces arregla nuestros peores días, pero hoy es el primer día de primavera, la gente parece más feliz de lo normal y sus sonrisas me rebasan. Estoy enfadada, muy enfadada y a cualquiera que se atreva a retar mi estado emocional, aunque sea con una mirada, le pongo en su lugar.

-Espera…-Oigo una voz detrás de mí. Quizás piense en disculparse después de todo. Me giro y le miro manteniendo la dureza en mi rostro. No me voy a asolanar porque haga algo que no esperaba y que le hace mejor de lo que pensaba -. ¿Tú también ves los anuncios líneas eróticas en la madrugada?

Aprieto los dientes instintivamente, y si no me abalanzo sobre él es para no darle el gusto de restregarse contra mi cuerpo, pero en milésimas de segundos pienso en mil y una formas de hacerle desaparecer de la faz de la Tierra. Mi cabeza es como una olla express echando humo por las orejas. Le arrancaría la piel lentamente para que sufriera hasta que el dolor le hiciera desmayarse y entonces le afeitaría la cabeza para tatuarle en ella “Soy imbécil”. Cuando empiezo a disfrutar de este pensamiento, me doy cuenta de que me encuentro sola en medio de la calle, con cara de circunstancia y el yupi ha desaparecido. Debería maquinar más deprisa...

16 marzo 2008

Palabras...


Las historias cambian dependiendo como se cuenten y como se interpreten...


La modorra se apropió de ella. Estaba para el arrastre ulteriormente de haberle escoltado durante parte del día.
Escamaba de él desde hacía determinadas semanas cuando empezó a ingeniar disculpas disparatadas para evidenciar sus aplazamientos, y se asemejaba desasosegado cada vez que ella le interpelaba cómo le había transcurrido el día, pero lo que más le alarmaba era el alejamiento que se había fabricado entre ambos.
“El arrebato sólo dura cuatro años”, le parloteó una amiga.
Su arrebato se ocultó desde mucho antes de deslizarse ese lapso, para perforarse entre los dos la congoja.
Dominaba que la encandilaba, que su postura se debía a que deploraba tenerle que enmascarar que ya no la reverenciaba y que otra fémina encendía su duración, pero requería cotejar que era así, para desperdiciar definitivamente la perspectiva de que residiera a su borde.
Le aguardó a la evasión de su ocupación y prontamente trotó detrás de él con reserva, hasta que se suspendió delante de un portal.
Cuando el hubo ingresado, ella se avecinó postrada. El colofón había aterrizado. No se lo colocaría intricado. Sólo los revelaría yuxtapuestos y él asimilaría que todo había finiquitado. Ni siquiera se lo afearía.
Delante del portal un affiche imploraba: “Propagación de arte cisoria para primerizos”
El órgano se le soliviantó y tirando la puerta, le vislumbró detrás de una vidriera con un faldar blanco, mientras revolvía pizca en una ponchera.
Sus ojeadas se atravesaron. Él se ausentó galopando a su localización manifestando qué había acontecido en el intelecto de ella para que se ubicara allende de extremidad.
-Ambicionaba disponer migaja exclusiva para nuestra conmemoración… Encomiéndate a mí.
La estrujó ladeando el vistazo hacia la preceptora de fogones. Plantar la vacilación, desampararla agrandarse y una vez que se delatara contra él, estimularle la conmiseración de infracción para que nunca más retomara maliciar de él.
Su confabulación había sido una culminación.


* * * *

Un profundo sopor se adueñó de ella. Estaba muy cansada después de haberle seguido duran parte del día.
Desconfiaba de él desde hacía varias semanas, cuando empezó a inventar excusas absurdas para justificar sus retrasos y se ponía nervioso cada vez que le preguntaba cómo le había ido el día, pero lo que más la afligía, era el distanciamiento que se había producido entre ambos.

“La pasión solo dura cuatro años”, le dijo una amiga.
Su pasión había desaparecido desde mucho antes de transcurrir ese tiempo, para abrirse paso entre ambos, la zozobra.

Sabía que la engañaba, que su conducta se debía a que lamentaba tenerle que ocultar que ya no la amaba, y que otra mujer iluminaba su vida, pero necesitaba comprobar que era así, para perder definitivamente la esperanza de que permaneciera a su lado.

Le esperó a la salida de su trabajo y luego caminó detrás de él cautelosamente, hasta que se detuvo delante de un portal. Cuando él hubo entrado, ella se acercó desalentada.
El final había llegado. No se lo podría difícil. Sólo los descubriría juntos y él entendería que todo había acabado. Ni siquiera le reprocharía nada.

Delante del portal, un rótulo rezaba: “Curso de cocina para principiantes”
El corazón se le alborotó y empujando la puerta le vio detrás d de una vidriera con un delantal blanco mientras batía algo en un bol.

Sus miradas se cruzaron. Él salió corriendo a su encuentro detectando qué había sucedido en la mente de ella para que estuviera allí de pie.
-Quería preparar algo especial para nuestro aniversario… Confía en mí.

La abrazó desviando la mirada hacia la profesora de cocina. Sembrar la duda, dejarla crecer y una vez que se revelara contra él, inducirla al sentimiento de culpabilidad para que nunca más volviera a desconfiar de él.
Su plan había sido un éxito.


09 marzo 2008

Por una vez, sí

Me había propuesto no hacerlo más, al menos por un periodo largo de tiempo, decepcionada y desengañada en tantas otras ocasiones… pero caí en la tentación, la carne es débil y la mía es como la de los demás… Acabé poniendo Aniquilemos Eurovisión y lo que es peor, vi el programa hasta el final.
El alto contenido filosófico de las letras era palpable y es que en las palabras simples se encuentran realidades ocultas, perceptibles sólo por aquellos que abusan de los documentales de la 2.
Lo visto:
Bizarri: trio de chica con la mirada perdida en alguna parte y chicos (“a su bola”), desentonado “Si pudieras”… era lo único que se les entendía al vocalizar.
Innata: Incauta, más bien, por atreverse a cantar “Me encanta bailar”, y estar tan descoordinada en sus movimientos. Si al menos tuviera voz…
Arkaitz: el jovencito norteño, ganas le puso, garbo también y su “Olé, olé”, no era de lo peor que sonó durante la noche, pero era muy tipicona y para eurovisión, mientras menos seamos nosotros mismos, mucho mejor.
Ell*as: Pili y Mili más sosas que nunca. “100x100”, era su tema, y aún no sé muy bien de que iba… Claro que eso me ocurrió con varias actuaciones más.
Lorena C: La mayor tontería que pasó por el escenario. “Piensa en gay”, simplemente piensa algo.
D-vine: tres híbridos intercalando el inglés con el castellano. No se les entendía nada ni en uno ni en otro idioma, pero cantando su “I do you”, al menos nos gratificaron con unos momentos de sosiego, ocultándose tras una jaula en el escenario.
Rodolfo Chikiliquatre: Sin duda, lo mejor. Buena voz, buena coreografía, buen vestuario, excelente acompañamiento… “Baila el chiki chiki”
Marzok mangui: definieron su tema “Caramelo”, como una “mezcla de étnicas”… ya será etnias, aunque lo que ofrecieron más bien estos dos “raperos” con la del bikini, fue un revuelto de estómago.
La casa azul: la hormiga atómica con gafas de los 70, fue una horterada galáctica, de muy buen gusto, con su “Revolución sexual”, que no llegó a revolucionar tanto…
10º Coral: con dos botellas de ron en su cuerpo para cantar ronca, la mujer de rojo, me hizo entender lo visto “Todo está en tu mente”… ¡Nada era real!
Europa se rendirá a nuestros pies, y un solo hombre lo conseguirá… ¡Rodolfo Chikiliquatre
!

02 marzo 2008

Diferencias

Delante de mí, en la cola de un banco a primera hora de la mañana, un trajeado le dice con tono macarra al que le acompaña:
-… es que las tías montan cada pollo…
“Serán las “tías” tontas que tú conoces”.

Presto más atención a la conversación, a la vez que voy hilvanando las palabras sueltas que recuerdo haber oído antes (ya que es menester nuestro poder hacer más de dos cosas al mismo tiempo sin causar catástrofe alguna), para tener una base sólida sobre la que emitir juicios.
Llego al meollo de la cuestión en pocos segundos (será que no necesito tanto tiempo como “otros” precisan para poner la lavadora). Un vestido suscitó tan desafortunado comentario, impropio de la inteligencia humana. La “tía” del pollo le preguntó al macarra recalcitrante del maletín, qué vestido le gustaba más para salir a cenar esa noche, el negro o el azul eléctrico. Él optó por el discreto sin titubeos. Entonces es cuando la mejor amiga de las aves, se convierte en la madrastra de Blancanieves (no habrá para tanto), reprochándole que el día que compraron el vestido azul, no le dijera que lo detestaba, ya que siempre que le consultaba qué ponerse, se decidía por cualquier otro vestido menos por ese, a lo que el repeinado para atrás con fijador respondió:
-Por que a ti te gustaba.
-¡Me gustaba porqué pensé que era el que más te gustaba a ti de todos los que me probé! ¡ME LO COMPRÉ POR TI!

-… es que la tías montan cada pollo…
No, discípulo aventajado de Aristóteles, las MUJERES analizamos las circunstancias y si nos parecen injustas, ofrecemos, en un acto de generosidad extrema, nuestro punto de vista. Puede que para ello el tono de voz aumente y parezcamos ofuscadas, pero no es sino fruto del apasionamiento con que defendemos aquello en lo que creemos, con el hervor necesario para iniciar un debate de impresiones bien elaboradas, en lugar de quedarnos escuchando impasibles como muebles.

¡LAS MUJERES NO MONTAMOS POLLOS!