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01 enero 2008

Intercultural

Estoy confusa.
Había asumido que nacer bajo el signo de Aries me convertía en una cabra montesa -con cabeza muy ornamentada- fogosa, pues purito fuego me revelo, pero he averiguado, sin casualidad alguna, que en el horóscopo Chino me les antojo un conejillo de largas orejas -no sé si demasiado útiles, pues el tamaño no importa, y unas orejas pequeñas son eficaces si cumplen bien su cometido, detener el aire para que los oídos no se resienta-, ojos desconfiados y nariz titubeante; para los Mayas, zorro nací -en masculino mucho mejor que en femenino para evitar interpretaciones deliberadas-, ó como ellos lo llamarían Fex -que es más pijo-, con pelo en todo el cuerpo, he crecido en tamaño -aunque sea lo de menos-, y soy muy astuta -aquí sí cambio de género-. En la India, levanto el vuelo para adueñarme del cielo en forma de halcón, toda llenita de plumas -como una vedette del Moulin Rouge- y pico.

Investigando un poco más para definirme en algo concreto, me adentro en el mundo vegetal como Sérbal para los Celtas, y Aliso en el horóscopo Druida. Tan frondosa soy, que doy cobijo a animalitos como yo -en otras culturas- y los pajarillos se posan en mis ramas para defecar sobre mis hojas caídas, prestando de esta forma un servicio social desinteresado a mis “conseres”.

Verde es el color de mi aura y platino mi signo alquímico. Brillo con luz propia cuando hace sol… Claro que cuando está nublado, mejor ni salgo de casa… Casa… Los Aztecas me consideran un hogar con chimenea y todo -ajenos a la especulación inmobiliaria-, donde el fuego -si ya decía yo que soy muy calurosa- del horóscopo Árabe, mesha angaraka, calienta al Dios que me protege, un egipcio llamado Toth y a mi ángel velador Elémiah, para que no pasen frío en los largos invierno.

Concluyendo: somos uno y varios a la vez, dependiendo de la situación y las circunstancias… y en la pluralidad se encuentra la clave para conocer nuestra verdadera identidad… Pero yo sigo confusa.