29 mayo 2011

Amén




“Secretario es la persona que guarda secretos. Ves, oyes y callas”.
Esto me lo dijo la Madre Superiora y directora del hospital geriátrico donde estaría un mes haciendo prácticas administrativas (… coger el teléfono, atender a los familiares de los “clientes”, realizar gestiones bancarias…), miles de tormentas atrás.

“Lo que veas u oigas no lo comentes con nadie más que conmigo. Los secretarios son discretos y tu función aquí es guardar secretos”.
Se me pasaron por la cabeza varias cosas, entre ellas que el hospital era la tapadera perfecta para acoger a los miembros de una comuna “secreta” con actividades arriesgadas (fuera de la ley) y que me secuestrarían para el resto de los días que pasara con vida… El escenario era inductor directo para hacerse peliculitas mentales (decoración de de postguerra), perfumado de añejo.

Empecé con mal pie, entré en el despacho preguntando por “Sor jefa” y una monjita (con la misma cara de Arévalo) se giró y me miró con desaprobación.
“Madre… hija”
Había degradado de rango a la superiora y no se lo tomé muy bien… o quizás es que se había clavado cien agujas en el trasero por pisar las heces de un camello y a consecuencia de ello la acritud de su rostro arevalesco… El caso es que estando en un lugar donde suponía los buenos sentimientos fluían así como el perdón y la bondad, emparentados todos como hermanos y hermanas, pues al mismo padre tenemos (ya… si acaso seremos hermanastros) me costaba creer que mi falta (de tarjeta roja y expulsión) pudiera resultarle una ofensa.

“Bienvenida a la casa del Señor”
Después definió “secretario” y cuando se convenció que me había quedado claro, me presentó a Keanu Reeves (o a su doble, pero a lo “hispalis brutote total”), médico de planta, más ”salao” que el agua del mar contenida en un vaso, que haría mi estancia allí, visualmente más atractiva. Le salvaba el porte.

La Madre Superiora Jefe era una “ejecutiva agresiva” a lo “Armas de mujer”, vestida con una bata azul hasta las rodillas y toga que suavizaba ligeramente su papel de “mandamásquenadie” dirigiéndose a sus hijos con “Dios te guarde” o “Dios esté contigo”, y que en aquel primer intercambio de impresiones (la Superiora relataba, yo otorgaba) me suscitó dudas acerca del funcionamiento de aquel sitio. En todas las empresas cuecen habas, y ésta era una empresa como cualquier otra donde ocurrían cosas.

Oí la “llamada” en varias ocasiones, cuando alguna de las monjitas (todas agradables menos Sor Gruñona, que ladraba como los perros cuando les intentan quitar un hueso de la boca) me encomendaba alguna misión, pero no para contraer matrimonio y dedicarme a la vida contemplativa.

En eso días confirmé lo que sospechaba, la bondad y comprensión reside en algún lugar de nuestro interior… pongamos que en el corazón, y que pertenecer a un gremio determinado (como el religioso) no humaniza, solo hace que ganes el dinero de otra manera y que finjas que la naturaleza te dio el don de entregarte a los demás, porque forma parte del trabajo.


22 mayo 2011

Recuerdos olvidados



Recordamos lo que queremos (memoria selectiva) o lo que nos ha marcado tanto que no podemos olvidar, pero hay recuerdos que no sabemos que aún deambulan por nuestra mente, hasta que no nos lo recuerdan.

Una tarde de esta semana en la radio pusieron una canción, independientemente de la calidad y de la interpretación de la misma, es un tema que me encantó durante algún tiempo, motivos racionales o irracionales a parte, y al escucharlo otra vez, me acordé de una persona en concreto, sin transcendencia para mí, que nada tenía que ver con esos momentos sonoros provocados a menudo, pero si con parte de la letra de la canción.

Me he acordado también (por asociación), del viaje en autobús a la pista del patinaje del Camp Nou que hicimos en el instituto, en el que mirara donde mirase, ahí estaba él (a quien me ha recordado la canción), anticipándose a mis ojos, uniéndose a ellos para crear un nuevo color juntos, mientras nuestros amigos observaban que aquel día estaba siendo especial, porque algunas personas lo vivían distinto, y no precisamente con los que habitualmente monopolizaban nuestros pensamientos.

Ese día lo iluminó aquel chico, no quien viajaba unos asientos más atrás y habitaba en algún rincón de mí, y cuando el conductor del autobús estuvo a punto de estamparnos contra un árbol (tenía controlada la situación, no nos hubiera pasado nada serio), fue a él a quien miré primero, y con él respiré aliviada, al resultar ilesa.

No fue nada importante ni se perpetuó en el tiempo, pero si es un recuerdo que evocado, me gusta saber que aún conservo, aunque solo sea por ese día “extraño”, que vivimos.


15 mayo 2011

Ondas



Me asaltaron, pero no de la forma en que un ladrón se apropia de las pertenencias de otra persona, o un seductor se queda con el corazón que no se le ha entregado voluntariamente, no, me asaltaron en la calle con un micrófono, volviendo a casa un mediodía del instituto.

Mi relación con la radio empezó siendo muy niña con Elena Francis y después continuó cuando mi antecesor de sangre participaba en los concursos de la radio local de mi pueblo, un día sí y al otro ¿cómo no?, y me ponía al teléfono cuando excedía el cupo de llamadas semanales, para que fuera la portavoz de sus conocimientos... o al menos así lo recuerdo.

Gracias a la radio y a la sabiduría fraternal, comimos muchos domingos en los jardines de un antiguo y enorme caserón hecho restaurante, entre árboles frondosos y aroma a pino, al que la persistencia de nuestros aciertos (como representante vocal ocasional, eran míos a medias...), hacía que nos trataran con cierta familiaridad.
La radio también me regaló un anillo de metal precioso, que perdí a las pocas semanas en el colegio, al quitármelo para lavarme las manos. No volví a saber nunca más nada de él.

La época “responda otra vez” terminó, pero la radio continuó a mi lado.
Antes de abandonar definitivamente la infancia, un programa me enseñó la radio por dentro.
Todas las tardes, después del colegio iba a la emisora local, donde acudían niños de otros colegios con las mismas inquietudes radiofónicas que yo (retrasar la hora de hacer los deberes).
Me pasó desapercibido un locutor de los Principales 40, cuya etapa televisiva le llevó a Marte a explicar marcianas crónicas y a ponerse unas gafas negras conjuntadas con el traje, al estilo del chico Martini, en aquella época... al menos al principio. Ya se sabe que a fuerza de hacerse visible, hasta lo pequeño se hace grande, y ahora lo es y mucho, porque hace lo que quiere.
Ni todos los que perseguimos nuestros sueños, los alcazamos, ni todos somos perseguidores de sueños.

Me puse delante del micrófono con unos cascos demasiado grandes para mi cabeza de bombilla (mi cabeza sigue siendo pequeña, pero ya no parece una bombilla), en los que el productor tuvo a bien ponerme sardanas durante gran parte de mi intervención, y durante diez minutos, en el espacio del mismo programa “Pequeños locutores”, me convertí en una locutora nerviosa, de voz temblorosa (las sardanas influyeron sobremanera), a la que los oyentes hicieron ganadora (hermano, hermano otra vez imitando a Heidi, amigos y vecinos).

Prosiguiendo con el asalto a horas poco adecuadas para hacer concursos en la calle, al reportero le conocía del instituto, de hecho, en mi fuero interno le llama “el chico de la bici”, porque era su medio de transporte habitual, y hacía algunos meses habíamos compartido un baile en un “guateque noventero” que organizó una compañera de clase en el sótano de su casa, y al que me invitó, además de por tener cierta amistad, para “unirme” al chico que me gustaba a través de juegos inofensivos, a los que no sucumbimos ninguno de los dos... aunque sucumbimos con otras personas.
Fue la segunda y última fiesta a la que he asistido. Las fiestas no son mi lugar.
En la primera, celebrada por una cumpleañera, descubrí que algunos niños-hombres se comportan como rumiantes hocicudos, y en la segunda, hasta que punto podía ser así.

El chico de la bici me vio, y me hizo su presa. No había nadie en la calle a esa hora (todos comían en sus casas) y con la mirada me suplicó que no hundiera su siguiente conexión en directo... “por los viejos tiempos” (breves, pero haberlos, los hubieron).
-Te hago una pregunta y respondes cuando te de paso... Es fácil.
En antena: ¿qué película española de época, ha ganado recientemente un Oscar?
Conocía la respuesta, pero me distrajo el chico de la bici vocalizando exageradamente el nombre de la película.
-Belle Époque.

No recogí las dos invitaciones a una consumición gratis en un nuevo Pub que habían abierto en el pueblo, ni siquiera lo hice para volver a ese pasillo estrecho que había en la emisora por el que siempre había alguien con quien chocarse, ni para oler el vinilo de los discos ni las fundas de cartón que los guardaban.

Me gusta oír voces (por la radio, claro, si las oigo sola en casa, no salgo del baño), no tener la imagen de sus propietarios, solo dejarme envolver por sus sonidos. Eso es la radio.



08 mayo 2011

Anillos de oro



Cuando escribo tengo la costumbre de tararear, sin darme cuenta, la melodía de una serie de televisión que emitieron hace varias décadas (más de dos).

“Anillos de oro” era el reflejo de una sociedad que empezaba a adaptarse a lo que entonces se consideró un paso importante (grande y muy necesario) en España y que hoy sin duda lo es: la ley del divorcio.

Con siete u ocho años, pensaba que hombres y mujeres estaban en el mundo para casarse y tener hijos (ley de vida); que cuando alguien contraía matrimonio, era imposible que uno de los dos cónyuges se enamorase de otra persona, porque vincularse a alguien con un anillo, suponía la aniquilación de cualquier tipo de sentimiento amoroso hacia un tercero; que separarse (el divorcio era un término empleado en círculos reducidos, preferentemente con poder adquisitivo medio – alto) era una modernidad que pasaría de moda, como ocurre con las tendencias de todas las temporadas; y que dedicarse tiempo a uno mismo era un brote de egoísmo insultante por la exclusión de otras personas en esos ratos de ocio.

A esa edad me hubiera encadenado a la misma persona hasta la eternidad, porque esa era mi función en la vida, además de la de cuidar de los hijos que tuviera y dedicarme enteramente a la familia, sin momentos para mi propio regocijo, porque mi satisfacción debía ser la de hacer bien mi papel de esposa y madre.

Mujer que ha cuidado de sus hijos, renunciado a su profesión, cuando estos ya se valen por si mismos, abre un bufete con el mejor amigo de su marido, en la casa de dos hermanas mayores, devotas de todos los santos habidos y por haber, que no transigen con el divorcio. Entre la mujer casada y el mejor amigo de su marido, nace una complicidad (que a veces se confunde con cierto sentimiento prohíbo entre dos que no están casados), poco habitual en los inicios de los años 80.

Esa serie varió mi corta visión de la vida, y me amplió las miras.
Lo establecido no siempre es lo más conveniente, solo lo que se suele hacer.

Esta es la música que acompaña mis palabras. La que me insta a pensar que las cosas pueden ser distintas y que puedo elegir como quiero que sean.


01 mayo 2011

¿Por qué lo llamaran "amistad", cuando quieren decir "a ver que pasa"?

Novios se van a casar. Novia deja a novio por nuevo incentivo. (1) Novio queda triste y desolado.

Madre de novio se encuentra con amiga de juventud a la que no veía desde hacía años.
Amiga de juventud tiene hija sin compromiso fijo.(2)
Madre de novio propone a madre de chica, descreída del amor eterno, que sus hijos se frecuenten: “Solo como amigos... que se vean, que se llamen, que se hablen...”
Le explica que solo tiene ese hijo, y que todas sus propiedades, que desglosa seguidamente, (3) serán para él.

Madre de chica piensa que no es una idea descabellada (4), aunque desproporcionado le parece a la hija, cuando se lo cuenta.

Madre de novio, busca un placebo para su hijo. Devolverle la ilusión y apaciguar la pena que arrastra desde lo acontecido, o no acontecido, según se mire. Quiere verle feliz y sospecha que otra fémina podría ser determinante para su restablecimiento emocional… Que tal vez su historia podría ser otra y mejor.

Novio, no sabe lo que quiere. Le hace falta algo. Siente un enorme vacío en su interior. Le asusta ilusionarse otra vez, por si las cosas no salen como quisiera, pero no le importaría conocer a alguien y que le conozcan, aunque esta vez vaya precavido.

A madre de la chica le gustaría que su hija sentara la cabeza. Que tuviera alguien que la protegiera y que nunca estuviera sola. Que compartiera lo bueno y lo malo que la vida trae. Cualquier principio es bueno si tiene continuación.

Chica no es nada romántica, pero le parece que las situaciones no se pueden forzar. Que la naturalidad es esencial para el desarrollo de las circunstancias. En un resquicio de su corazón, siente que las cosas pueden ser distintas, si las maneja el azar. No quiere ser pañuelo de nadie.

Estoy de acuerdo con “chica”, las situaciones que se fuerzan resultan violentas, pero si el fin de las “madres” es encontrar la felicidad para sus hijos (la felicidad es un estado de ánimo no perpetuo, se es feliz a ratos, en caso de que esos ratos existan), me decanto por lo causal en detrimento de planes milimétricos.
Por otra parte, si las cosas no llegan por si solas y son provocadas para que sucedan, tal vez es porque ha llegado el momento de que se den y hasta esas inducciones son susceptibles de que ha llegado la hora.



---- OOOOO ----



(1) Se enamora de otro chico y antes de cometer un gran error, libera a su novio de su lazo y se libera así misma. Será duró para él, pero mucho peor sería engañarle y acabar haciendo lo que le ha roto el corazón.



(2) Los compromisos largos son para los que creen que el amor permanece intacto a lo largo de los años y no se deteriora, así lo atropellen cuatrocientas apisonadoras. No renuncia al “amor”, solo le pone fecha de caducidad.


(3) El dinero todo lo puede. Es un aliciente para convencer a los pocos convencidos, pero hay personas a las que las propiedades no les interesan. Ven a la personas, no lo que las adornan.


(4) El amor puede surgir en cualquier momento y de cualquier forma. El medio es secundario, si llega.

24 abril 2011

Cosas que pasan (por mi mente)

Me caí de un guindo, seamos honestos, y tan fuerte fue el golpe que recibí en la cabeza, que perdí el juicio inevitablemente.
No sé lo que me entró en el cuerpo, por lo pronto, un calor ascendente que culminó en mi rostro, retratándose en las mejillas.
Precisar que me puse colorada, definiría sutilmente el rojo pimiento adoptado en pocos segundos, los que tardé en enamorarme locamente de él.

He borrado los recuerdos irrelevantes de aquel encuentro, nada era ni tan ni más importante que él. Solo puedo afirmar que fue mirarnos y toda yo me encendí. No exagero un ápice si confieso que hasta lugares estratégicos, comprendí con la práctica después, empezaron a palpitarme.
Me enamoré, me enamoré y me enamoré. Fue al instante, sin elección, y a él le gustó tanto mi evidencia, que se sirvió de ella para substraerme el jugo, y bebérselo hasta la última gota.

Las locuras que hacemos abanderadas por el amor, se reconocen como tales cuando el amor ya no existe, entretanto son muestras de “cuanto te quiero”, y le quise tanto, pero tanto, tanto, que me dejó seca.

Cuando acabó conmigo continuaba siendo un memo, ni siquiera nuestro romance planeado, le procuró un poco de desparpajo intelectual, acostumbrado a solucionarlo todo con su encanto. Ese año me eligió a mí y gracias a su acierto, aprobó la secundaria y ahora es ingeniero, igual que yo, aunque sé, que para asegurarse resultados en la facultad y no depender exclusivamente de mis excelentes conexiones neuronales, ocupó camas ajenas a las que improvisábamos, cuando estábamos solos.

Me arrastró a una relación inexistente, a una profesión que cada día me gusta más, y me dejó sin salvavidas ni analgésicos para el dolor.

El que alterna el blanco y el rojo es él ahora.
Se encontró conmigo sabiendo que lugar iba a ocupar en su vida y trató de ponerme de su parte, utilizando las mismas armas seductoras del ayer, pero ya no me caigo de guindos. Aprendí a sujetarme a las ramas la primera vez, aunque no fuera exactamente lo que hiciera.

Soy su jefa, es mi subordinado y creo con la honradez que cabe en mi cuerpo, que “todo” mereció la pena, por verle a mis pies.







17 abril 2011

Moon river

Mi escena cinematográfica legendaria. Quiero asomarme a la ventana mientras escribo sobre mi vecino de abajo, cuando oíga la voz melancólica de un hombre entonando un fado y descubrir que sentado en el aféizar, está él con su bandolina. Él, que descompone mis noches de sueño y que desde que le conozco me tiene desconcertada su bohemia vida. Él, que no sabe que yo soy lo que quiere y que conmigo dejará de ser ambulante porque en mí hallará su lugar. Despertará mi ternura y sonreiré y cuando él mire hacia arriba distraido, se encontrará con mi mirada Hepburniana (la más bonita del mundo). Ninguno de los dos los sabemos aún (nos tienen que pasar muchas cosas por separado), pero la lluvia nos unirá para los restos.

10 abril 2011

Altos vuelos

Estoy tan protestona como los eurodiputados que durante esta semana, les he oído decir de todo menos coherencias, respecto a la propuesta de que para rebajar costes (estamos en época de cambios), en lugar de viajar en “Clase Business”, lo hagan en “Clase Turista”, como la plebe (orgullosa de serlo). Los de derechas expresan su malestar manifestando que, por su trabajo, hacen tantos viajes a lo largo del año, que las condiciones en la que tienen que hacerlo han de ser óptimas (lujosas), para poder desempeñar bien su tarea (sentarse en la eurocámara a dormir la siesta, en caso de no haber decidido ese día hacer turismo por la ciudad). Si ellos no valoran el trabajo de los demás, el suyo deja mucho que desear. Quienes levantan paises son los de a pie, no los que se pasan media vida en aviones. Los de izquierdas (y alguna de derechas) argumentan que no tendrían incoveniente en viajar en “Clase Turista” en vuelos cortos (de media hora), pero que para viajes largos (de una hora en adelante) la “Clase Busisness”, es la más adeucada. Adecuado sería que todo aquel al que le guste viajar, entre los que no me encuentro, pudiera hacerlo subvencionados por el resto del pais, aunque los fines no fueran los mismos. Igualdad social. Opino yo (que para eso tengo este espacio), si el problema es que la “Clase Turista” no es tan cómoda, ¿por qué no solucionamos “eso”, beneficiándonos a todos y empezamos a viajar como señores y señoras, aunque algunos los seamos más que los que se lo consideran? Estoy a punto de ponerme malvada. Propongo que los eurodiputados, diputados y políticos en general, que quieran complacerse de cava y caviar en sus desplazamientos, paguen la diferencia entre “Turista” y “Business”. El objetivo de nuestro trabajo no es que unos trajeados disfruten en sus viajes, sino vivir, y si los plebeyos nos adaptamos a las circunstancias, los amigos de las nubes deberían hacer lo mismo. Solidalidad.

03 abril 2011

Solo pienso en ti


Si el enamoramiento es un proceso bioquímico (por …isima vez insisto en que no se trata de otra cosa) en el que intervienen neuroconectores, hormonas y segregaciones, precursores de que nuestro cuerpo reaccione al estímulo, entendiendo por estímulo, la persona que nos ha flechado, el olvido es un proceso mental que va desactivando (deshaciendo) todo lo que la bioquímica ha provocado en nuestro organismo, hasta que éste vuelve a la normalidad y retoma el estado en que se encontraba antes del enamoramiento.


Difícil es olvidar o atenuar lo que se siente hacia alguien cuando el proceso bioquímico se ha completado, porque somos vulnerables al dolor, y porque tenemos que hacer algo que no queremos: sacar de nuestra vida al “elemento”. Acordándome de una película “Olvídate de mí”, en la que los protagonistas ponen en práctica un sistema de borrado revolucionario, para olvidarse el uno del otro (su relación sentimental), se me ocurren “ejercicios prácticos” a tener en cuenta, para que el olvido se produzca, y sin percatarnos, no recordemos con tanta insistencia a quien tanta importancia tiene para nosotros:


1.- Si no podemos dejar de pensar en alguien, sustituir este pensamiento perpetuo en otro que verse sobre algo que nos entusiasme o nos pueda entusiasmar (como organizar un viaje; una excursión o redecorar la casa cambiando los muebles de sitio).


2.- Evitar pasar por calles por las que sabemos que nos podríamos encontrar al “sujeto objeto de nuestras intenciones” (su casa, su trabajo, sus lugares de ocio, su barrio...) o nos puedan traer el recuerdo que no necesitamos en nuestra vida.


3.- Mantenernos ocupados con actividades que requieran de nuestra atención (restaurar muebles, trabajar la arcilla; hacer crucigramas; cuidar de una planta; tirarse en parapente...).


4.- Si vamos en coche, elegir programas donde no haya música y en ningún caso, poner emisoras musicales en las que pueda sonar la canción que cuente nuestra vida.


5.- Caminar con la cabeza en alto, mirando al frente. Contemplar escaparates o la arquitectura de la ciudad, fijándonos en pequeños detalles sin importancia (como el tejado de una casa, una farola rota...)


6.- No auto-comparecernos ni sentirnos desgraciados porque nuestra suerte no es la que queremos. Esto es lo que nos ha tocado vivir en este momento y es lo que tenemos que asimilar ahora. Llegaran otros momentos a su debido tiempo.


7.- Desplazar la tristeza con nuevos proyectos. La vida no termina cuando tenemos que olvidar, se renueva sin cargas ni pesos innecesarios.


Me habré dejado en el camino unos cuantos “ejercicios prácticos” y sugerencias, pero doy fe de que las expuestas funcionan si se utilizan con disciplina y constancia. Al final, dejamos de pensar en quien no debemos si queremos estar bien emocionalmente, casi sin percibirlo.

Cuando los pensamientos no nos conducen a ningún sitio, ¿para qué tenerlos?

27 marzo 2011

Desvelo

En mi última noche de desvelo, esto es lo que ocupó mis pensamientos.

He heredado

el verdor de la hierba

cuando anochece,

en los ojos.

El cobrizo del amanecer

y las olas del mar,

en el pelo.


La arena clara de la orilla,

en la piel.


El acento habanero neutro,

en la voz.


He heredado

los colores y sonidos de la tierra.

Mi tierra soy yo.

20 marzo 2011

Nombres

“¿Por qué todos llevaran su nombre?”
Una historia más.
Chica conoce a chico en la secundaria.
A chica le gusta chico inmediatamente (flechazo). Alma de chica enamoradiza, se hubiera podido enamorar de casi cualquiera, porque en su interior se había iniciado el proceso de olvido de un amor colegial, que duró toda la primaria y estaba receptiva a nuevos sentimientos.

Chico piensa en la chica con la que ha pasado el verano. Intenta reconquistarla, pero chica segunda no está interesada en prorrogar, solo en rescindir historia de flirteo sin importancia y entonces a chico le empieza a gustar seriamente chica primera. La venda se le ha caído de los ojos y puede volver a sentir por alguien más que por quien no le hace ni caso.
Chico se mantiene cauto. No quiere volver a cometer los mismos errores de su corto pasado.
Chica se desespera porque chico le da una de cal y arena. Cuando cree que ya es suyo, chico retrocede por temor a salir malherido.
Chica se pregunta porque todos los chicos con los que tropieza, se llamaran igual que él único que le interesa. Y eso no favorece demasiado las cosas, no solo piensa en él a cada instante, también aumenta su impotencia.

Al final chica y chico… y sus caminos se separan, aunque aún, de vez en cuando, se sigan preguntando qué hubiera sido de ellos si hubieran caminado juntos veinte años.

Como a chica, me parece que hay demasiadas personas que llevan el mismo nombre. El nombre de una persona que se detesta o no se detesta nada; que se atraganta por representar lo que se quiere desechar de la vida o se quiere que esté en ella, o se anhela.
Convencida de que “todo ocurre por alguna razón”, no hay consuelo cuando afecta, aunque se crea y si los nombres se repiten en trozos de nuestra existencia, es porque no deben ser olvidados.

13 marzo 2011

Conversaciones

Conversación con amiga en tarde fría de invierno. De la religión pasamos a las uniones en general, y de las uniones, al matrimonio (no necesariamente eclesiástico).
Afirmo contundente que “nunca me casaría...”. Amiga piensa que “no puedo decir eso porque no lo sé”. Razón no le falta, no sé lo que va a pasar dentro de dos segundos, pero sé lo que no va a ocurrirme en la vida, mientas esté bajo mi control. De ahí el uso del condicional en la conjugación del verbo “casar-se”.

Para ella el acto de “enmatrimoniarse” significa “el compromiso adquirido por la pareja y el reconocimiento social de la relación. Un proyecto conjunto”. Para mí es “atar y atarse a alguien, arrebatándole (voluntaria o involuntariamente, dependiendo de las intenciones) lo mejor que tenemos y podemos ofrecer: libertad. Un trámite burocrático innecesario si se cree que es la consagración del amor”.

Amiga (con tintes románticos) apostilla que “es bonito y hace ilusión”. Matizo, “bonitas son las cortinas que me he comprado con tanta ilusión (y esfuerzo). Casarse es como renovar el carné de identidad; puedes vestirte como quieras; hay mucha gente que te ve y “legalizas” una situación”.
Amiga me da por imposible. Doy por imposible a amiga.

Conversación con conocido. Rato distendido en la oficina, donde el volumen de trabajo es nulo. Tarde anodina. El cine (“El amor en tiempos de cólera”, una monstruosa adaptación de una genialidad literaria), nos conduce al matrimonio. La película le gustó “después de cincuenta años, el amor permanece intacto”. Me sorprende que utilice un tono entusiasta en tamaño despropósito. “No te ha gustado la película, te ha gustado la historia”. Sentencio. Reflexiona. Le ha gustado la película y la historia. Insólito.

Para él lo “normal” es casarse, no porque “sea bonito y haga ilusión”, ni siquiera porque le gustaría hacerlo, sino porque “es lo que hay que hacer cuando se encuentra a la persona adecuada”.
Le pregunto quién es esa persona, “la que sientes que tiene que estar contigo”.
Tengo la sensación de que el amor no pinta mucho en esta concepción del matrimonio y que hay quienes se casan únicamente “para hacer bien las cosas"; para no estar solos o por comodidad.

“Atar y sentirse atados” da a ciertas personas seguridad (estabilidad emocional pasajera).
Me pronuncio irremediablemente “no creo en el matrimonio, solo en el compromiso entre personas, sin escenografías ni registros”. Sabe que vengo de otra parte, que he respirado otros aires, que soy incorregible en mis concepciones. Mi procedencia ha sido en numerosas ocasiones nuestro tema de debate.
Intenta hacerme entender que “tendré a alguien y querré casarme y tener niños...”. El orden de los factores no altera el producto: ley de vida… ¿Por qué no empezar la casa por el tejado?

Me mantengo expectante. Después de diez minutos desmenuzando “amor, tiempos y cólera”, “tendré a alguien”, no me enamoraré, solo tendré a alguien al que considere “adecuado” en mi vida. Es como encontrar unos cojines para el salón que hagan juego con el resto del mobiliario. Eso es el matrimonio.

Amiga es soñadora y se casará en ceremonia sencilla (reflejo de su persona), cuando quien tiene al lado se lo proponga formalmente. Ella nunca se lo pedirá, aunque le apetezca hacerlo, “son cosas que tienen que hacer los hombres”. Esto da para otra entrada.

Conocido es “pasota” (entiéndase el término como que le da igual lo que ocurra en su vida porque tiene capacidad suficiente para adaptarse a las circunstancias) y se casará cuando los años le apuren o encuentre a la "adecuada", salvo que se enamore y abra los ojos. “Hacer bien las cosas”, no es seguir el rebaño, es desviarse del camino libremente.

Como diría mi buena amiga Cintia Aurora María Van Heley de Haut, antes de cumplir su sueño: “la única razón por la que me casaría, sería para divorciarme”.
No tengo nada en contra del matrimonio, pero tampoco a favor de él.

06 marzo 2011

Reciclaje

Me estoy actualizando (modernizando) en los últimos tiempos, entendiendo por estos, los veinte años anteriores al que nos ocupa, (día arriba, día abajo). Quién me ha visto y quién me ve (los que me han visto, ya no pueden verme porque están lejos y los que me ven ahora, no me vieron antes, porque aún no vivía aquí).

Los avances tecnológicos no me gustaban, convencida de que “donde llega la mano, no llega el aparato” y entre ellos aún se encuentran el lavavajillas (la forma más eficaz de conservar la comida…); la secadora (imitar el Delphos de Fortuny en toda la colada no me seduce); el móvil (perturbador de la tranquilidad) y libros electrónicos (deshinibidor de emociones. No abandono mis lecturas tradicionales por ningún simulador. Los libros hay que tocarlos, olerlos; hay que pasar las páginas preguntándote que pasará esta vez, hay que sentirlos).

Llegó la era internet, un invento raro que probé y me descubrió que el mundo viaja por cables conectados entre sí, que facilitan la vida. Caí.

Cronología de mi reciclaje

1º Diez años ha: Dejé de escribir cartas… manuscritas. Empecé a escribir correos electrónicos. La extensión no ha variado y puedo corregir sobre la marcha sin tachones. No gasto en papel, sobres ni sellos.

2º Nueve años ha: Dejé de consultar libros en la biblioteca. Todo cuanto quiero saber, puedo encontrarlo en internet y además en varios idiomas. Mención especial para la “Encyclopedia Britannica”, tan consultada en mis inicios, antes de conocer a Wikipedia. Esta época coincide con la creación de una web que en el olvidó quedó (los blogs llegaron luego).

3º Ocho años ha: Propagué entre amistades ancladas en el clasicismo y tan descreídas como yo, las ventajas de tener internet en casa. Convencí a algunas.

4º Cuatro años ha: Desvestí el alma, no del todo solo una parte, y entré en la blogesfera como una “exhibicionista” más. Ya no solo escribo para mí, sino que lo público aún arriesgo de que los demás lo lean. He perdido ciertos pudores.

5º Tres años ha: Uso del microondas. Un minuto y listo. No hay que fregar recipientes ni tontear con el fuego (gran detractora del electrodoméstico tres años y un día ha).

6º Un año ha: Utilizo los cajeros automáticos en las entidades bancarias para evitar colas y horas perdidas, por motivos laborales.

7º Nueve meses ha: Empiezo a pedir citas por internet… Que a nadie se le cruce un pensamiento frívolo, la renovación del D.N.I. está exento de connotaciones lúdico-amorosas.

8º Unos meses ha: Me atrevo con operaciones bancarias pequeñas, sin moverme de casa, si acaso dentro de casa, para picotear en la cocina. En cualquier momento a cualquier hora.

El proceso de reciclaje sigue su curso. Si ya estoy tan avanzada (para mí, probar, ya es un avance), en veinte años más, mis inodoros tendrán un pequeño dispositivo informático, que estudien mi cuerpo y me indiquen cuando debo utilizarlos… ¡Cómo me gusta ser moderna!

27 febrero 2011

La historia terminable

El vecino basurero deambula por la calle. Ha sido un día duro. Los ojos le escuecen y algún pollo ha cambiado por polla y viceversa.
Errores humanos. Todos los cometemos.

Piensa en la mala mujer. La atleta improvisada se la ha recordado. Debería llamarla y decirle que los corazones son propiedad privada y no se pueden robar. Será lo primero que haga al llegar a casa. Oír su voz.
-¿La revancha?
Pregunta Yara poniendo la misma cara que en las últimas 70 revanchas.
-Porfa Nenuco.
-Tú ganas. Me tienes aburrido. Ni una más. ¿Qué quieres?
-Quiero...

Mira a su alrededor, se acerca al propósito y le susurra algo al oído...
Maldita sea, a penas se ha girado ha relampagueado, mala señal. Ya se lo estaba indicando su pata mala. Inevitablemente el abrumador sonido del trueno avasalla el silencio de la noche. Maldita sea. El viejo acelera su andar, no son más de veinte pasos pero pinta mal.
¿Que fue eso?
¿... y eso otros?
Maldita sea, ya caen enormes goterones, seguro que eran cómplices de algún diluvio. Seguro que llega a casa empapado.... y la tipa esa, la corredora, ya puede empezar a echar una de sus carreras, ya puede porque con la que va a caer se la va a mojar hasta el alma.
La mala mujer contesta al teléfono.
-Mala, ladrona de corazones.
-¡Trajano! ¡Qué sorpresa, lindo! Oye no me tengas en cuenta aquello, hombre, que ya ha pasado mucho tiempo y últimamente los días parecen que van más deprisa.
-Te llevaste mi corazón, mala mujer usurpadora.
-No, no, no. Lo cogí prestado, pero pensaba devolvértelo cuando estuviera listo. Ya sabes que mi hermano es brujo o algo así, bueno, pues se lo llevé al diablo para que lo hiciera más grande y cupiera todo el amor que tengo para darte. Lo hice por nosotros, lindo mío.
-¿Y los otros hombres?
-Ninguno de importancia, pasatiempos para olvidarte, pero eso es imposible, mi lindo.
-Ah bueno, si es así... si eso volvemos, pero me tienes que devolver el corazón.
-Trato hecho.
No hay mujeres malas, solo percepciones disparatadas.

Todo ocurre en un instante.
El propósito la mira con cara rara antes de irse "para esto tanta persecución, bah"
Se marcha con las primeras gotas.
-¡Eh, tú! ¡Me lo debes! -Grita Yara.
-¡Concedido!¡Déjame en paz! ¡Con la lluvia encojo!

Yara empieza a saltar de alegría.
Todo ha cambiado. Ya tiene lo que tanto quería.

Lo que Yara susurró al oído del propósito antes de que éste se fuera, aún resonaba en su cabeza:”QUIERO volver a SER YO. Quiero no querer parecer joven. Yo amé a Matusalén. Le vi nacer y esperé a que creciera, sabiendo que iba a ser para mí. Vivimos más de novecientos años felices, pero se acabó yendo con otra… Quiero ser la vieja que soy y encontrar mi alma en el huerto que heredé de mis abuelos. QUIERO SER YO.


-----O-----


Las historias empiezan y acaban. Esta podría continuar durante tiempo indefinido y acabaríamos dejando de ser "sus autores", para convertirnos en mensajeros de una voz que nos dictara las palabras sin darnos cuenta (que nadie piense en transtornos mentales, más bien esa voz obedecería a la implicación que se establecería con los personajes). La historia se escribiría sola. Lo del experimento sociológico era el cebo... o no.
Sea como fuere en cada trocito escrito, hay una parte de nosotros, la que nos gusta o disgusta; la que se permite licencias o se cohibe; la que mostramos habitualmente o la que ocultamos y solo dejamos salir mezclada con el surrealismo más imperante. Dejar ir la mente deliberadamente mitiga malhumores y los peores días.

Gracias a todos por el esfuerzo y por seguirme en esa corriente que a veces no sé muy bien hacia donde va. Esta es la historia de vuestra historia, de nuestra historia y de una historia terminable.

20 febrero 2011

Nuestra historia


El vecino miró la luz, miro las coristas, abrió grandemente la boca y se refregó los ojos.
Yara, avanzó y se unió a la línea de coristas. Cuánto echaba de menos sus zapatos de plataformas, no eran cómodas para andar, pero sin duda mucho más seguras que la frágil dermis de la planta de los pies.

Su propósito, se llamaba Mixo, la miraba algo desconcertado. Poco a poco se fue acercando hasta ella. Cuando estaba a un metro maulló dos veces, luego comenzó a cruzarse entre las largas piernas de Yara, mientras ésta poco a poco iba cesando su baile.

Se detuvo, se agachó y cogió a Mixo en su regazo. Las coristas rompieron filas y se fueron hablando de sus cosas de coristas, la luz permaneció y permitió que atónito vecino pudiese observar bajo la minifalda los atributos sexuales de Yara.
"Gato malo, gato malo, ¿por qué has dejado sola a mami en medio de la noche?".

El vecino, recuperado gritó con un aspaviento "Marica de mierda, iros a celebrar lo del orgullo gay de los cojones a otra parte, que ya no son horas y aquí todos somos decentes".
Yara, miró al vecino, le sonrió y le mandó un beso. Torció el rostro el vecino y refunfuñando se volvió hacia su casa. Yara le imitó con Mixo arrebujado contra su pecho.

Tan sólo quedo allí la luz solitaria esperando que alguien le diese fin a su existencia, ahora, sin sentido.

Eso es lo que le hubiera gustado hacer al vecino, plantarle cara a la mala mujer que se cruzó en su camino, y que solo fuera ya olvido. Lo que no se recuerda, no hiere, desaparece.
Soñar despierto no sirve de mucho, pero al menos hace que las cosas puedan ser distintas, aunque la realidad sea otra y no le guste.

La mujer que corría, no era su mala mujer, pero podría ser la mala mujer de otro. Coge un pollo, encuentra lo que busca en él, y lo deja en una caja azul.

El propósito deja de correr. Hace un buen rato que corre solo.
Mira a su alrededor, a lo mejor la loca está escondida esperando a que se relaje para atraparle otra vez y llamarle "nenuco". Todo menos eso.

Debería haber corrido menos, para que la chica pensase que podía atraparle, y darle falsas esperanzas.
Nota que le falta algo. Le gusta sentirse en peligro. Le gusta el riesgo y sentir que está a punto de ser capturado. Buscará la chica para que vuelva a perseguirle, quién necesita más a quién.

Ygriega entra en un bar y se toma unas cañas. La carrera le ha dejado sedienta. Antes o después cazará al propósito de las narices.
Se come tres pinchos de tortilla y eructa sin parar. Eructar le satisface, siempre lo hace después de comer. Le gustaría fumarse un puro, otra de sus satisfacciones, pero salió tan deprisa de casa, que se los olvido cogerlos.

El hombre de al lado enciende una pipa. Ygriega le mira eructando otra vez.
-Te conozco. Eres el tipo del interruptor. Por tu culpa no sé cuantos días llevo fuera de casa.
-Ah, claro, la descerebrada que corre por las noches. ¿Te hace?
Le ofrece la pipa.
-Pssst.
Aspira profundamente. El mundo es distinto cuando los pulmones se llenan de aire.
-Almuerzo todos los días aquí. Si quieres más, búscame. Puedo hacerte un buen precio.
Ygriega se echa a reír como una descosida. Es feliz.

Yara y el propósito se encuentran al girar una esquina.
-Dame lo que quiero, nenuco.
El aliento le huele a una plantación de María Luisa.
-Juégatelo.
El propósito le mira desafiante.
-Vale.
Saca una baraja de cartas y se la muestra a Yara.
-Aquí no, allí.
El propósito señala el parque al otro lado de la calle.
Yara cada vez está más cerca de conseguir lo quiere.

Juegan al poker sentados en un banco. El propósito antes de ser propósito, era jugador profesional, pero una mala mujer, seguro que la misma que la del vecino basurero, le arruinó la vida.
Apostó todo por ella y todo perdió el insensato. Menos el "as" que se guardaba en la manga. Sin ese "as", él no se hubiera hecho propósito.
A lo mejor tenía más que agradecerle a esa mujer mala, que reprocharle.

13 febrero 2011

Vuestra historia

El vecino que iba a tirar la basura deja la bolsa en el suelo, coge carrerilla y le pega una patada para estrellarla contra el muro de coristas que bailotean y canturrean sin parar, con tan mala suerte que la bolsa asciende unos metros y por un agujero una lluvia de peladuras de frutas, restos de comida, cáscaras de huevos, latas de cerveza, cae sobre el asfalto antes de que aterrice la bolsa en el suelo.
Las coristas ni se inmutan.

Yara se aproxima cojeando al propósito, que no le da por huir confiando en que su perseguidora lesionada es inofensiva. Ja. Cara a cara, Yara agarra al propósito con las dos manos a traición y le dice: "o me das lo que quiero, o te lo quito, nenuco".

Mientras tanto el vecino de la basura descubre un interruptor en la pared. Lo presiona y los gallos empiezan a cacarear, se ha hecho de día y las coristas se han esfumado. Le da otra vez al interruptor, se hace de noche. Las coristas aparecen. Interruptor, día. Interruptor noche. Interruptor una y otra vez. Los gallos cacarean y callan.

El propósito empieza a oler como una mofeta. La prota lo suelta para taparse la nariz con las dos manos. El olor es nauseabundo, huele a bomba fétida requemada.
El propósito se escapa...

Han pasado varios días, pero Yara ni está cansada ni tiene hambre. Le parece que sigue siendo la misma noche que salió corriendo. El tiempo pasa tan deprisa que los días y las noches se intercalan a un golpe de dedo.
Las coristas se han ido a dormir y el vecino basurero entra en casa refunfuñando porque tiene que volver al trabajo. No hace ni tres horas que acabó su jornada y tiene que volver otra vez. No se puede enredar con el tiempo, porque luego se pagan las consecuencias. Pero prefiere trabajar a escuchar a las del coro, que le recuerdan a una mala mujer.
El propósito ni se sabe por dónde anda.

Ygriega es más vieja que Matusalén y si no se le nota es porque pactó con el diablo su agilidad y juventud a cambio de entregarle su alma. Como no tiene salió ganando en el intercambio y el diablo, que cada vez sabe menos porque más olvidos tiene, no se ha dado cuenta de que lo que guarda en un frasco es aire evolucionado de un gato.

Ygriega no sabe a que huelen las nubes, nunca ha llegado tan alto pero tiene el olfato muy desarrollado y cuando un olor se introduce en las fosas nasales, las aletas se le abren y automáticamente se pone en marcha. Ha perdido de vista al propósito, pero lo encontrará.

Mientras el de la basura se sienta delante de su mesa de trabajo. Es sexador de pollos. Mirarle el culo a aves dos segundos para definir si es pollo o polla no le apasiona más que sacarse cera del oído con el dedo, pero no todo el mundo lo podría hacer y eso le hace sentirse útil...

El diablo se hizo brujo porque no quería hacerse cargo del negocio familiar, una herrería con 157 años de tradición, en la que habían trabajado todos los hombres de su familia, menos él, que le dio por las adivinanzas, y su hermano, que se hizo mujer para evitar darle al martillo.

Al diablo le asustaba el fuego, enemigo de colegas del pasado, por eso cuando ganó suficiente dinero se puso la vitrocerámica en la cocina, un sito donde pasaba mucho tiempo preparando las recetas que le pasaba su hermana nacida hermano. Fue ella quien le presentó a la del nombre raro.

Todo empezó el día que decidió visitar al diablo.
En aquella casa empapelada de flores, que olía a judías podridas recalentadas con vinagre, el diablo le preguntó:
-Estás segura de que puedes pagarme?
No solo tenía en conocimiento que no podía entregarle su alma, sino que además era imposible. La había perdido en el huerto de sus abuelos, vendedores ambulantes de rábanos, muy preciados en época de sabañones.
Necesitaba parecer joven y recuperar la flexibilidad de la que gozaba cuando trabajaba en el circo. Estaba cansada de ver en su cara un mapamundi en relieve.
-Ocúpate de lo mío. Yo me ocuparé de lo tuyo.

El diablo mezcló varias hierbas que arrancó de sus macetas, las sazonó y pimentó y luego las metió un minuto en el microondas con leche de soja.
El mejunje sabía muy raro. Yara se lo tomó despacio, notando con cada sorbo como la piel se tersaba, hasta no dejar una sola gota.
-Ahora quiero tu alma.
-Dame un frasco.

Con el frasco de vidrio se dirigió al baño. Improvisaría algo.
Buscó en cajones y armarios, pero solo había cremas faciales y tintes, que poco se parecían a su alma. El olor a judía podrida se intensificó. Era un olor que permanecía unos segundos en el espacio y después se suavizaba. Siguió el rastro con el olfato hasta descubrir detrás del inodoro una bola de pelo respirante. Era el gato enroscado… Otro vez ese olor. Se acercó al animal olfateando. El gato se estremeció brevemente. Yara se percató de que el angelito tenía una pedorrera de mil demonios. La cara se le iluminó. Cogió el frasco y lo llenó de los gases que el lindo gatito dejaba ir. Había recuperado su alma.

06 febrero 2011

La historia

Propongo, para éste mes de febrero en el que la creatividad aflora a saber por qué razón, a quienes les apetezca seguirme la corriente (estoy en mi particular fase experimental, esa en la que puede ocurrir de todo o nada), crear una historia durante estas cuatro semanas, en la que la vida de uno o varios personajes dependerá de lo que decidáis, quienes queráis decidir sobre ellas.

Algunos mal pensados (os tengo en mente, conoceros desde hace tanto tiempo me da licencia para bucear entre vuestros pensamientos) creerá que estoy faltando a mi compromiso para conmigo misma desde hace más de tres años (voluntad de prolongar mi intención en el tiempo), y que “esto” es solo una excusa para escabullirme durante unas semanas o que le estoy echando mucho rostro al asunto dejándoos a cargo del cortijo… Puede ser.

Es un “experimento sociológico” sobre el que sabréis más cuando llegue el momento, si es que tiene a bien venir.

Solo diré que se llama Yara, que aún no sé donde vive, ni su edad pero una noche, a esa hora a la que dicen que las brujas aparecen, perseguía descalza un propósito, tampoco sé qué tipo de propósito, si iba vestido o era peludo. Solo que necesitaba alcanzarlo porque de ello dependía la parte de su existencia que aún no había vivido.
Yara corría y corría bajo la luz de las farolas y la mirada desconcertada de algún que otro viandante que volvía a casa y de un vecino que tiraba la basura, desconocemos si por la visión del propósito o por la persecución del mismo.
Se detuvo al clavarse una piedra en el puente del pie. El propósito, percatándose del incidente paró en seco, y retrocedió unos pasos con cautela. Sus intenciones se cruzaron mientras un halo de luz procedente, supongamos que, de la luna, alumbraba a las coristas de Barry White (a lo Ally McBeal) contorneándose al ritmo de "You are the first, my last, my everything", interpuestas entre ambos…

Cedo el testigo, la continuación está en manos de quien no las tenga demasiado ocupadas, y la continuación de la continuación del que siga…




30 enero 2011

El muelle (2ª parte)


Camino por el muelle, pero esta vez es distinto, sé a dónde voy y hasta donde quiero llegar.
No he dejado de pensar durante todo el día en el encuentro casual de esta mañana.


Sabía que vendría al muelle, aunque no estoy muy segura de que él hago lo mismo.
Aquella víspera de mi boda, no solo me proporcionó un recuerdo que se extinguirá con mi existencia, también me dio parte de si.
Desde que supe que estaba encinta, sospeché que mi hija podía ser el resultado de nuestra conciencia distraída, pero hasta que no nació y vi en su rostro los ojos de su padre, no confirmé mis reservas.

Él está apoyado en la barandilla. Vuelve la cabeza en mi dirección y no deja de mirarme hasta que me detengo a unos centímetros de él.
-Te estaba esperando.
Tiende su mano hacia mí. La cojo sin titubear. Es el padre de mi hija y el hombre que amo. Tira de mí hasta la barandilla, a su lado, invitándome a contemplar todo cuando sus ojos ven.

No ha perdido el atractivo ni la armonía ha desaparecido de su tez.
Miro el alzacuello.
Esta mañana no lo llevaba puesto. No era necesario delimitar espacios susceptibles de ser invadidos. Ahora es prudente hacerlo.
-Ya sabes lo que hice al día siguiente.
Sonríe resignado, su temor se ha cumplido; descubrir que es demasiado tarde para rectificar algo que ya ha hecho, y el mío también.
Levanto el dorso de la mano y le enseño la alianza de mi dedo.
-Tú también.

Contemplamos el horizonte, o simulamos que lo hacemos para no tenernos que mirar.
No sabrá que tenemos una hija, ni cuánto le amo; lo que estaría dispuesta a hacer si me lo pidiera.
Está aquí en este momento, respondiendo a mis preguntas con su presencia. Ha pensado en mí en este tiempo de ausencia. No me dejé llevar yo sola; él se dejó ir conmigo.
-¿Sigues perdida?
-Acabo de encontrarme en ti.
-¿Y tú?
-Me encontré contigo hace veinte años.
Cinco segundos de profunda tristeza teñida de añoranza y un abrazo deseado en el que nuestros miedos alcanzan la libertad. Nos separamos despacio. Desciendo la mano por su pecho hasta alcanzar su mano a la altura de la cadera.

La besa.
Una última mirada y después... después nada.

Se queda en el muelle mientras me encamino a casa, dónde mi marido y mis hijos duermen.
Quiero girarme, pero no lo haré, porque sé que mi fuerza flaquearía y le haría flaquear.
He venido dispuesta a que ocurriera, pero he comprendido que no debe ocurrir; que nuestras vidas han de permanecer ajenas la una a la otra y que esta noche, nuestra historia termina donde empezó.
El vacio casi ha desaparecido.
Casi puedo sentir paz.




El muelle, no solo es una construcción que se alza sobre el mar en algunos casos, en el que las embarcaciones moran cuando no son de utilidad a sus propietarios, también es una espiral elástica que vuelve a su longitud habitual cuando no se la acciona intencionadamente, como un bumeran regresa al punto de partida.

Esta historia no tendría sentido sin esa doble acepción.
Hay relaciones "muelle", en las que cada uno de los integrantes de la misma, acaban volviendo al lugar del que partieron. Las circunstancias, los compromisos adquiridos, no les permiten desviarse de su estructura usual.

Por otra parte, "Stealing Home" además de una de mis películas emblemáticas más preciadas (MCNamaras a parte), describe perfectamente el vacio que deja la pérdida (del tipo que sea y por los motivos que sean) de alguien que nunca oirá lo que el tiempo no quiso que supiera.

23 enero 2011

El muelle (1ª parte)


Fui hasta el muelle caminando.
Por la tarde decidí que no iba a dormir esa noche, y esperé a que todos se acostaran para salir de casa. Al día siguiente me casaba y quería recordar aquellas horas previas, pasados unos años, como las últimas que pasaría a solas conmigo misma frente a donde mis pies me condujeran.
La noche era larga y me pertenecía.

Acercándome al embarcadero divisé una figura apoyada en la barandilla que contemplaba en actitud reflexiva las aguas calmas, en las que se reflejaban las luces del cielo.
Seguí caminando ignorando hacia donde quería ir, a pesar de la presencia del intruso, de momentos que había rescatado para mí.

A pocos metros de distancia, él volvió la cabeza en mi dirección y no dejó de mirarme hasta que me detuve a pocos centímetros de aquella silueta en la lejanía, con identidad en la cercania.
-¿Tú también estás perdida?

Asentí con la cabeza lentamente, sin saber por qué lo hacia.
No estaba perdida, al menos no era consciente de que lo estuviera hasta que el extraño me lo prenguntó.

Tendió su mano hacia mí.
Dudé antes de cogerla. Si hubiera sido espectadora de una escena similar, esperaría que ella saliera corriendo. Pero no fue eso lo que hice. Por alguna razón que no he tratado de explicarme, confiaba en él, notando que cada vez menos, era dueña de mí. Dejándome llevar. Reconociéndome poco o conociéndome más.

Tiró de mí suavemente hasta la barandilla, a su lado, invitándome a contemplar todo cuanto sus ojos veían, anfitrión en casa de nadie.
Solo entonces pude ver bien unos ojos claros, enmarcados en un armonioso rostro, bajo un cabello oscuro, no mucho mayor que yo.
Un hombre que no querido olvidar, aunque recodarle, en ocasiones, me haga sentirme culpable por el lugar que le he dado en mi vida, arrebatándoselo a quien pretendia que lo ocupara.

Mirar el horizonte y a mi acompañante de reojo de vez en cuando, no era suficiente; quería saber por qué había acabado en el mismo lugar que yo, en una noche como aquella. Las dudas que había sembrado en mi interior, ajeno a ello, crecían. Las suyas solo las intuía.
-¿Estás a punto de hacer algo que no estás seguro si deberías hacer?

Esta vez, quien asintió con la cabeza fue él.
La expresión de su rostro era seria y en sus ojos vi el mismo temor que los míos destellaban. Nos asustaba darnos cuenta en algún momento, que podía ser demasiado tarde para rectificar lo que aún no habíamos hecho.

Ocurrió.
Me besó sin que pudiera preverlo, cobijándose en mí en busca de respuestas o esperando encontrar una vía por la que escaparse.
No habrá nada que iguale ese instante en que le sentí tan cerca y dentro de mí; instigador de insospechadas vacilaciones.
-¿Estás dispuesta a perderte conmigo esta noche?
-Aún a riesgo de no encontrarme nunca.
Y nos perdimos juntos.
Cada segundo que transcurrió a continuación, fue el último que viviamos envueltos por ese extraño lazo que nos unió entre renuncias y anhelos, y que cortamos al amanecer.

Veinte años después he vuelto al muelle para pederme otra vez, aunque no he dejado de estarlo desde esa noche.
Él desapareció y yo desaparecí, llevándonos cada uno de nosotros una parte que le pertenecía al otro...
Salí ganando.


16 enero 2011

Quiero saber


Se me ocurre ir a la rebajas. ¡Una locura!
Las tiendas punteras (no las mencionaré, pero en esta parte del mundo TODO está franquiciado), abarrotadas; las menos punteras, solitarias (los habitantes de aquí se comuncan a través de telepatia, que consume menos y es más barato, y se quedan todos en los mismos sitios, a las mismas horas).

Llego a los vestuarios (entre la multitud avasalladora, mesas repletas de ropa desodenada, paredes llenas de perchas, y muy poco civismo), ¿cómo? solo tiene una respuesta, con astucia.

Las dudas me asaltan...

- ¿Por qué las cortinas nunca cierran del todo?
- ¿Por qué el espejo está justamente en la pared que hay enfrente de la cortina que no cierra y quien pasa por delante no solo ve la parte de detrás, sino también reflejada la de delante del sujeto (suele ser femenino)?
- ¿Por qué siempre hay alguien que pasa y mira?
- ¿Por qué ese alguien, suele ser chico-hombre, y casualmente está esperando que su chica-mujer salga del vestuario que se encuentra a dos metros del que dónde él espera?
- ¿Por qué los percheros son pocos y la ropa siempre se cae al suelo?
- ¿Por qué en algunas tiendas no ponen un taburete en los vestuarios para poner las cosas que no puedes colgar?
- ¿Por qué cuando le enseñas a alguien lo que te has probado, siempre hay un dependiente que te dice lo bien que te queda aunque no te favorezca nada lo que llevas puesto, ni le hayas pedido opinión?

La experiencia, mala; la compra, casi satisfactoria.