28 junio 2009

Experimentando...


Me inicio en las redes sociales (sólo en una, más de una sería demasié para una principiante tan poco entusiasta como yo), de las que tanto he oído hablar y las que nada me atraen… Pero en un momento blanco, de esos en los que todo lo previsto se trunca o simplemente lo que se trunca es la voluntad a favor de la escasa inquietud por saber de qué va eso sobre lo que todos tienen algo que decir, me registro en la más conocida por mis oídos.

Allí me encuentro (sorpresivamente) con casi todos mis contactos de mensajería instantánea, cuyo gusto por la variación social en internet desconocía, y oculto mi presencia, o más bien no la vocifero (pues oírme no podrían), con el fin de observar y aprender, antes de hacerme ver.

Descubierta soy por uno de ellos (ignoro cómo, dados mis nulos avances en tales lindes), y abordada al poco con una invitación de amistad (vamos a oficializar que somos amigos practicantes en la red, aunque en consideración mantengo, que la amistad es otra cosa, distinta a los vínculos que se establecen en la red, así estos celebren años).

El primer amigo virtual en este terreno, era el único que conocía mis aproximaciones hacia la sociabilidad en banda ancha, pues le había confesado mi acción registral, y en una semana, tengo dos amigos. Ya formo parte de la red, aunque no estoy muy segura de si me gusta la idea, incrédula de mí.

En exhaustiva investigación (curioseando), localizo a varios compañeros del instituto, y mientras van apareciendo nombres que me resultan familiares y cuya identidad de algunos de ellos voy confirmando al ver las fotos que los acompañan (el tiempo a veces es injusto), pienso en las personas a las que no me gustaría volver a encontrar. El pasado, pasado está, indagar en él, puede llegar a ser peligroso en el presente.

Me reconocen, o recuerdan y los mismos mensajes con breves variantes, me llegan cuando contactan conmigo compañeros (a los me unió una amistad pasajera o mal alimentada, en algún caso), más de doce años después: “No sé si eres tú, pero estudiamos en… “,“Creo que nos conocemos, fuimos juntos al instituto…”, “¿Me recuerdas? Soy … y si eres quien creo, íbamos a la misma clase…” Y yo pretendiendo pasar desapercibida… Debería haber dado un nombre falso.

Resuelvo sus dudas y su inquietud por saber si aún les recuerdo, si fueron lo suficientemente importantes en esa época como para que hayan permanecido en mi memoria, intuyo que intentando recuperar una parte de sí mismos perdida, y lo cierto, es que no he pensado en ellos hasta ahora (como ellos no lo habrán hecho hasta que me vieron), pero no me disgusta haberme reencontrado con ellos. A un paso ha estado de ser grato.

Poco a poco, voy haciendo uso de la virtualidad social, aún así, estos intercambios en red, siguen sin causarme mayor efecto que el ácido acetilsalicílico en dolores dentales.

Mi vida, ésta, no va a cambiar porque aparezcan en ella personas de mi otra vida, aquélla. Echar la vista atrás, te convierte en estatua de sal; mirar hacia delante, te permite ver los caminos que aún quedan por recorrer.


21 junio 2009

Declarante

Nueve y cuarto de la mañana. Llego puntual.
Nueve y diecisiete minutos de la mañana, casi son puntuales.
Me acerco a la mesa número cinco, como me indica el monitor colgado de una de las paredes de la delegación de Hacienda y la voz robótica de la señora con Peta Zeta en la boca. Tomo asiento cuando el rostro delgado de Jeremy Irons a lo cañí, me lo indica con un movimiento de cabeza, pues ocupada tenía la voz en conversación telefónica de interés escaso para mi persona (resto de la humanidad y mundo animal).
-¿Cuál es el motivo de su consulta?
“Declarar”

Le expliqué –sin pelos ni señales, pues el tiempo apremiaba y yo temía no llegar a tiempo al trabajo-, que el borrador de la declaración de la Renta que solicité un mes y medio atrás por internet, había sido enviado a mi antigua dirección de Barcelona (donde, desde hace cinco años, habitan otras personas que probablemente ni saben quién soy, y en cuyo poder, o en poder transferido, se encontrará todo mi historial fiscal 2008).
Nombre completo…
Fecha de nacimiento…
Estado civil…
Y llegó la pregunta… ¿Su asignación tributaria es a favor de la Iglesia Católica u Otros Fines Sociales?
No tardo ni medio segundo en contestar, pero soy consciente en ese imperceptible intervalo de tiempo, de que acaparo toda la atención de Jeremy. And the answer is... (un poco de suspense Hollywodense al estilo de And the Oscar goes to… Suenan tambores africanos):
-Otros Fines Sociales.

Irons fija la vista en el monitor, del que no la retira en adelante. Me aseguro de que el ratón marca la opción seleccionada, entendiendo que tras la crueldad de mis palabras, el cerebro de mi interlocutor asimile con menos rapidez las acciones a desarrollar: click.
Desde ese momento, el hacendoso, adopta una actitud despectiva que no me sorprende en tierras de arraigadas creencias religiosas, y mucho menos después de haber osado profanar su mundo fantástico, en el que por seguro doy que tiene una amplia colección de capirotes.
-¿Quiere añadir algo?
Le muestro el “algo” a añadir. Una pequeña variación en el borrador, que con tanta atención observa el cañí sudoestero.
Más austeridad (rostro de Jeremy compungido). Mi existencia en la silla es nula. Soy aire… me gustaría ser esa clase de aire que sale a presión y abundar en sus fosas nasales.

Varios pensamientos por segundos en mi cabeza. Las personas que estamos de cara al público, no podemos permitirnos variar nuestro comportamiento, aunque lo que oigamos no nos guste, o sea totalmente contrario a lo que pensamos, pues todos tenemos el derecho a elegir qué doctrinas regirán nuestras vidas y debemos respetar las decisiones tomadas por los demás… Mi pensamiento no es tan profundo a esa hora de la mañana, lo es ahora, en la distancia, pero al salir de la delegación, después del gruñido con que Irons me despide ("hasta otra ocasión y que sea bien larga", leí en su mente), de camino al trabajo, resolví que estaba atacando justamente lo que defendía.

Si libres somos en nuestras elecciones y manifestaciones de las mismas, aceptar debería que alguien muestre su disconformidad respecto a mis “creencias – descreencias”, a través de la indiferencia y la austeridad.
Jeremy Irons cañí, únicamente estaba expresando su desacuerdo a través de sus gestos o falta de ellos, y si censuro su actitud, estaré apropiándome (indebidamente) de una línea de pensamiento que no me pertenece y que enterita se la entrego, para evitar en un despropósito, confundirme y hacerla mía.

14 junio 2009

La explicación


Aún siendo la autora “material” del post, ésta vez la idea no fue mía, sino de uno de los Grandes Maestros de las Ciencias Escondidas, que puso en mi conocimiento fotografías que habían salido publicadas en El País, y en las que Berlusconi aparecía acompañado en Villa Certosa, por jóvenes tan acaloradas por las temperaturas de la Cerdeña en pleno mes de abril, que obligadas se vieron a quitarse la ropa y refrescarse en la piscina, evitando perecer antes de cumplir la mayoría de edad, así como hicieron el resto de los invitados.

Modositas entraron en la propiedad del presidente italiano, con sus abrigos y botas hasta las rodillas, pues el anfitrión no tolera que se muestre más piel de la estrictamente necesaria para que ningún compatriota se ofenda y salvaguardando así el pudor de los mismos, mandó a cubrir el seno de la rolliza del cuadro “La verdad desvelada por el tiempo”, que pende en la sala de prensa del Gobierno italiano. (Veáse más información en http://cachosdevida.blogspot.com/2008/08/la-teta-de-belusconi.html ). Cuentan, que el autor del mismo, Tiepolo, despertó del sueño eterno para defecarse varias veces sobre Silvio, y volvió a dormirse a regañadientes.

Sólo Dios sabe, en conversación privada con el presidente, lo que éste le rogó, para que sus invitados no se convirtieran en cadáveres bajo el sol de la isla mediterránea, y consintió en que pusieran a salvo sus vidas con el despojo de sus ropas, pues si escandaloso resulta la interpretación de unas imágenes, que no son lo que parecen si no lo que se ve, (jóvenes a punto de dejar de respirar) por parte de mentes malintencionadas; los fiambres repartidos por la casa, le hubieran hecho tener que inventar algo rápido, que no perjudicará su reputación, y la cabeza no piensa cuando el calor apremia, pues las neuronas apegostradas están.

Irritada la consorte del primer ministro -que de insolación no sufrió, pues anunciados no le fueron los días primaverales y ausente permaneció, no peligrando su integridad- tras mal creer lo que muchos dimos por hecho (las criaturas tuvieron que tumbarse a que les diera un poquito el sol, después del susto. Todos los días no se está a punto de cambiar de barrio), pide el divorcio al presidente, tachándole de inmoral y frecuentador de menores, sin lugar a dudas, con fines instructivos, en caso de que dichas acusaciones sean ciertas.

Pluralidad. No ataquemos al que no limita libertades (exceptuando la elección de una muerte digna), y sigamos su ejemplo; pongámonos el mundo por montera y vivamos sin complejos aunque sea de forma equivocada.


07 junio 2009

Visiones


Los vi.
Los vi detenerse el uno frente al otro, ajenos a mí.
Sus miradas evidenciaron a mi entendimiento, que el amor que no se confiesa por temor a no ser correspondido, fluye cuando la memoria lo ha alimentado ausente, en el reencuentro.

Los contemplé, espectadora de una historia que no es la mía. Una parte de él, le pertenecía a ella; la parte que yo quería; la que no tenía; la que no le entregó a nadie, por si el instante único en que los secretos se revelan, volvía.

Apenas cruzaron unas palabras que sin oír, quise que me pertenecieran. Una sonrisa cómplice antes de separarse de nuevo, quizás esta vez para siempre… y él buscándome entre la gente para volver a casa juntos, ignorando que supe todo cuanto me ocultaba esa tarde.

Mío como no quiero; suyo como deseo; con la ventaja del desconocimiento y expectativas sobre lo incierto. Mi lugar querría; su lugar anhelo; habiéndole vivido, lo único que echo de menos, es no estar en sus pensamientos, y tener sólo su cuerpo.



31 mayo 2009

Barcelona

Soportando cada vez más a Woody Allen, detractora acérrima de sus películas en mis inicios Woodyenses, cuando la edad no me alcanzaba a comprender algunas cosas (Bananas me pareció horrenda), me aventuro con Vicky, Cristina y Barcelona, habiendo quedado prendada especialmente de La Rosa Púrpura del Cairo, Poderosa Afrodita y Scoop; conocedora y por lo mismo temerosa del boom sensacionalista que rodeó la película antes y durante: rodada en España; dos actores oscarizados españoles; la participación de una hollywoodense rubísima; el homenaje de Allen a una ciudad española… Mucho ruido y pocas nueces.

Veo un reportaje, digno de cualquier agencia de viajes, para promocionar el turismo en el Mediterráneo (testigo de mi nacimiento) a su paso por Barcelona y una historia simplona, con actores (de estatuilla dorada) anunciando frases en lugar de interpretando a personajes. Si Bardem (por su persistente inexpresividad) y Pe (por su voz floja y temblorosa) no me gustaban, doblados al castellano, resultan guiñoles gesticulando a la italiana, mientras Allen tocaba distraído el saxofón en algún garito de la ciudad, oculto detrás de una gafas negras.

Un poquito de Parque Güell; de La Pedredrera; de las Ramblas; del Barrio Gótico; de La Sagrada Familia; de Pedralbes (barrio pudiente barcelonés), de mar y de genuina botiga (tienda) barcelonesa de comestibles, amenizado con guitarra española (una sardana no hubiera estado de más, para terminar de hacer tierra), como guitarra española se toca en Oviedo, dónde van a parar los personajes, para dar a conocer un poquito más de España al mundo, y dónde también se muestran típicos lugares visitados por turistas y por alumnos en excursiones escolares.
Típicos tópicos, por una vez, sin toros ni tortilla de patatas, ni cerveza… eso sí, con rosado de buena bodega para las cenas.

Los pueblos, las ciudades, no son lo que cualquiera puede descubrir de un vistazo, sino lo que se oculta en sus calles; la historia que no se cuenta; la esencia no captada por el director que una vez se dejó seducir por un lugar para el que creó una pantomima comercial.

Lo que podrá llegar a hacer cuando su amor por un kiwi sea tan grande que sienta la necesidad de expresarlo en una película… En el papel de besugo que acompaña al Kiwi, se me ocurre que repita con cierto producto español con aires celestiales.





24 mayo 2009

Oscuridad

No tengo móvil. No me gustan, pero me veo obligada a utilizarlos en el trabajo, sí, en plural, “utilizarlos”, pues a falta de entender el manejo de uno, tengo que “vérmelas” con dos: el azul por las mañanas y el negro por las tardes. Tarifas especiales para aumentar el ahorro empresarial.

Desde hace varias semanas, además, el negro me acompaña a todas partes. Al jefe se le ocurrió que sería buena idea que estuviera siempre localizable, por si algún día se le olvidaban las llaves y tenía que llevárselas a casa. “Utilízalo como quieras, los fines de semana las llamadas son gratis”, me dijo, incentivándome a que diera botes te alegría y en uno de esos botes una triple voltereta mortal.

Era de noche, casi la media. Leía un libro, de esos que no son recomendables leer antes de ir a dormir porque luego la mente los reproduce con detalle en sueños (“La chica que soñaba con una cerilla y un bidón de gasolina”, de Stieg Larsson, el segundo de la trilogía que a algunos nos ha enganchado).

Sola en casa. Sin vecinos. Se va la luz… Y yo leyendo esas cosas… Vuelve a los pocos segundos. Respiro aliviada. Sólo ha sido un mini apagón puntual. Sigo leyendo. El libro reclama mi atención. Tengo que acabar el capítulo, aunque el corazón siga disparado (tensión literaria). Ya se calmará.

Pasan cinco minutos. Apagón. Volverá otra vez, sólo es otro mini apagón… No creo en mis pensamientos, porque un presagio, uno muy malo, me dice esta vez no volverá hasta que el cielo no se encienda por la mañana. Cierro el libro. Palpo la cama no sé con que fin, mirando el horizonte con ojos de gata. Pero por más que miro y miro no veo nada. Oscuridad.

Sola en una casa con historia. Historia que agudiza mis sentidos. En la noche, los muebles se comunican entre sí. Ignoro sobre que versa su conversación, pero crujen en el silencio; y los fantasmas del pasado aparecen. Los que crea mi mente para mantenerme alerta. Instinto de supervivencia.

Me levanto de la cama y saco el móvil del bolso. Bendito móvil. Se ilumina cuando toco una tecla. Bendita idea. Abro la puerta. No me apetece adivinar los espacios que conozco, pero a lo Audrey Hepburn en “Sola en la oscuridad”, me envalentono y salgo de la habitación.

Me dirijo directamente a los contadores y los alumbro. Todo está bien. Voy a la cocina. La oscuridad dibuja formas, caras alargadas. Busco en los armarios velas. Alguien las ha cambiado de sitio sin avisarme donde encontrarlas en caso de emergencia. Esto es una emergencia. Quiero ver lo que ocurre a mí alrededor, aunque lo que ocurra no sea nada.

Vuelvo a la habitación. Antes paso por el baño, pero la parte de lo que ocurre allí me la salto, para evitar abundar en lo escatológico.

En mi deambular por el pasillo y resto de las estancias (para asegurarme de que continuo sola, y que ninguna “banda organizada” de “apropiadores de lo ajeno”, me acompaña, y que en los últimos tiempos está actuando en el pueblo, imitando lo que sucede en otros puntos de la geografía), voy tocando insistentemente las teclas del móvil para que no se apague…

Devuelta a la cama, con los muebles mandándose mensajes codificados que se escapan a mi entendimiento y el móvil bien cerquita de mí, bendito sea siempre, pienso seriamente (pues sueño no tengo) en lo vaga que es la mente a veces, pues confunde formas y sonidos con realidades inexistente, por no emplearse más a fondo y se queda con lo sencillo y lo sencillo siempre es lo que asusta porque resulta desconocido. TODO, tiene una explicación científica, y para lo que no lo hay, es que aún no se ha encontrado.

Siguen sin gustarme los móviles, pero desde esa noche, al menos ahora sé que pueden llegar a ser muy útiles como linternas.

17 mayo 2009

Nosostras, esas grandes desconocidas

Claves para entender el funcionamiento de una mente femenina “Standard”


1º Observamos todo lo que ocurre a nuestro alrededor. Perderse algo equivale a no tener esa información… aún.

2º Escuchamos cuanto oímos. A veces con tanta discreción, que se nos cree en Los mundos de Yupi.

3º Analizamos minuciosamente aquello que nos llega, en un proceso que dura menos de tres segundos.

4º Barajamos varias alternativas, utilizando el descarte de opciones hipotéticas, como herramienta eficaz.

5º Ganamos tiempo mientras el punto 4º se está ejecutando, distrayendo al contrario con banalidades bien construidas que lo ahuyentan.

6º Actuamos. La pasividad (ausencia de actividad regular), es una forma de actuar inteligente. Activarse con rapidez, puede confundirse con reacción desproporcionada.

7º NUNCA mentimos. Interpretamos la verdad con criterio exhaustivo y la divulgamos intencionadamente a nuestro favor.

8º Entre nosotras no existe competitividad. Puntos de vistas distintos, únicamente.

9º JAMÁS no enfadamos. Adoptamos una actitud enojosa para minar la paciencia del contrario, satisfaciendo así nuestro ego.

10º En la vida desvelaríamos nuestras armas. Teniéndolas en nuestro conocimiento es suficiente. Al enemigo, agua de lluvia caida en tormenta arenosa.

Pd: no todas somos iguales, aunque algunos piensen que lo parezcamos; ni somos ininteligibles, ya serán otros los torpes. Sólo somos nosotras.

10 mayo 2009

Lo que sé de mí

Pienso, luego existo. Y si existo es porque vivo; y si vivo es porque quiero; y si quiero vivir, existir y pensar, es porque aunque a veces las adversidades nos acechan, hundiéndonos en lo peor que la mente puede llegar a crear para darle forma a una película de terror de las que asustan con consecuencias escatológicas, éstas no son insuperables. Sólo obstáculos que sortear. El exceso de sal de la vida. Poder es querer. Querer es conseguir. Conseguir es YA.

Sin Descartes, el ensombrecimiento de profundos abismos y el azar al devolverme un recuerdo sonoro, éste instante no habría sido pensado, luego tampoco existiría.



03 mayo 2009

Monsieur et Madame


El líder de los diestros en tierras napoleónicas, de revoluciones, manifestaciones y libertades, con brío suficiente para plantarse al otro lado del Atlántico, al más genuino estilo norteamericano en película de exaltación egocentrista anglosajona, para enfrentarse a los raptores de los montes; y su esposa, carita de ángel, de pequeños ojos vivarachos, zurda declarada, amante de hombres, del arte y del postín, mezcla del país de la bota y del vecino, atravesando los pirineos, nos han visitado.

Monsieur, con alzas en los zapatos para estar a la altura, y Madame, se vieron, se interesaron el uno en el otro y firmaron un contrato de colaboración que pasean por el mundo bajo la universalidad del amor.

Se miran, se sonríen se tocan con fingida complicidad, en la nueva versión de La belle et la bête (La bella y la bestia), donde él, es el poder, la posición, el dinero; y ella, además de la que susurra a las ovejas, belleza, porte, glamour europeo… Juntos, creadores de intereses comunes; lo que un presidente necesita para llegar a las lectoras de revistas del corazón, y la consorte, para codearse con primeras damas.

Han trascendido supuestas rivalidades entre la anfitriona y la nuera de la anfitriona; almuerzos; visitas culturales; modelitos lucidos; cenas de gala en palacios… Mientras la pareja de moda se fotografía unas ochocientos setenta y cuatro veces, posan otras tantas y se hacen guiños, un poco de terrorismo, de G-20 y empalagosidades dialectales en discursos interminables, como marca el protocolo del politiquismo global.

Monsieur et Madame, bon voyage.

26 abril 2009

Rosas, libros y leyendas


Cuenta la leyenda, que en época de princesas y caballeros; de espadas y armaduras; y de hechizos y magos, en la falda de la montaña más alta que jamás cientos de ojos vieron, un malvado dragón, más verde que una frondosa lechuga, tenía aterrorizados a los habitantes de una aldea tan pequeña, que su localización en un mapa era una manchita de tinta.

Caprichosa voluntad la de la endemoniada criatura de colmillos puntiagudos, era comerse el ganado que tranquilamente pastaba en prados más verdes que el dragón y la frondosa lechuga. No contentado con su crueldad, divertiase quemando los cultivos con llamaradas y destrozando con la torpeza de su tamaño todo cuanto a su paso le salía, cada vez que visitaba la aldea con el fin de ver el miedo reflejado en las caritas de los aldeanos.

Preocupado por el empobrecimiento de sus dominios y el sufrimiento de sus gentes, el Rey, con sus bombachos de terciopelo azul marino, convocó a sus consejeros y entre todos resolvieron entregarle todos los días al dragón, uno de sus habitantes, elegido en sorteo celebrado ante notario real, y así calmar las ansias destructivas del escamado.

Todas las mañanas, padres, hermanos, esposas, hijos, lloraban la partida de un familiar que desolados les dejaba, cuando éste acudía al encuentro del dragón y así satisfacer su zafiedad con estoicismo, hasta que le llegó el turno a la princesa (que siempre vestía de rosa chicle), y el Rey y sus bombachos, compungido resignose a perder a su única hija y un reino sin herederos. Fue uno de sus consejeros quien le habló de un valiente caballero, capaz de enfrentarse al más tirano de los malhechores, y al mensajero más veloz enviaron en su búsqueda, para que éste salvara a la princesa de tan triste final.

Transcurrida la noche, la princesa de bucles cobrizos y piel de leche pasteurizada, se encaminó hacia la cueva donde el dragón habitaba, para cumplir su destino.

Éste, al verla llegar, pensó que con tan poca carne, poco se iba a alimentar, consolándose a la par, con la idea de que al menos sabrosa sería, pues los mejores manjares habría probado, por provenir de alto linaje.

Abriendo la boca se encontraba, cuando una lanza notó en su costado. Girose y vio a caballero con pluma roja en el yelmo. La princesa desmayose por la impresión. El dragón un sonido indescriptible profirió, y los aldeanos salieron corriendo hacia la montaña para ver que ocurría, encontrándose a un caballero luchando con agallas menos vistas por ojos que montaña alta, contra el dragón malo.

Herido de muerte, el dragón cayó al suelo, vertiose su sangre sobre la tierra, de la que surgió un rosal. El caballero de la armadura y la pluma roja, cortó una de las rosas por el tallo y se la entregó a la princesa, mucho más restablecida del susto cuando el joven se descubrió el rostro.

El Rey en agradecimiento, le concedió la mano de su hija, que el caballero rechazó amablemente (para fastidio de la princesa de rosa que en noches saladas pensaba) pues la de santo, (chapado a la antigua) era vocación del caballero llamado Jordi, y al que todos conocerían como San Jordi.

19 abril 2009

Divagaciones

Suponiendo que, NADA, es muy poco; TODO, demasiado; SIEMPRE, mucho tiempo y NUNCA, un intervalo muy corto...

NADA es más gratificante, que hacer TODO aquello que SIEMPRE se ha querido, y NUNCA se ha imaginado...
puesto que
es MUY POCO gratificante, hacer DEMASIADO aquello que MUCHO TIEMPO se ha querido, y un INTERVALO MUY CORTO se ha imaginado...


A buen entendedor, pocas palabras.
A entendedor bueno, palabras escasas.

12 abril 2009

El viaje


Todo empezó un domingo.
Un hombre viaja a Oriente Medio y es recibido por el comité de bienvenida con vítores, a la par que ramas de olivos y palmas son agitadas en señal de alegría.

El recién llegado visita al día siguiente un templo, pero un mercado se encuentra lleno de comerciantes en lugar sagrado, a los que reprende escandalizado por sus actividades y echa de allí, considerándolos irrespetuosos y precursores de negocios en vez de rendir culto.

A las pocas horas, en casa de un amigo una mujer le lava los pies, y el viajero ve en aquel gesto el desenlace de su vida y así se lo comunica a sus acompañantes, que le escuchan horrorizados.

Unas monedas de oro cuesta la vida de un hombre, cuyo carisma encandila a cientos de personas, que los que carecen de él, se encolerizan temerosos de que el poder se acumule en un solo hombre, el único con la sensatez suficiente como para remover conciencias anticuadas.

Fue después de una cena cuando el viajero se despide de su familia, antes de pasar unos momentos bajo las estrellas de la noche con los amigos que le acompañaban y ser arrestado sin motivo alguno.

El resto de la noche es interrogado y torturado para que confiese ser algo que no es, y así proporcionarles una razón a los mandamases para condenarlo rigiéndose por leyes establecidas, pero un hombre transparente, no oculta, es lo que muestra.

Al quinto día de su llegada, injurias y calumnias acaban con la vida del viajero, sin que éste entienda porque la incomprensión se extiende entre aquellos cuyas mentes se estrechan cuando cambios les acechan, y su vida entrega a favor del libre pensamiento.

Dos días transcurren. Dos días es llorado.
Al tercero, empieza a vivir de otra manera, permaneciendo en el recuerdo de sus allegados; trasmitidas sus vivencias de generación en generación; perdiéndose algunos detalles, añadiéndose otros que lo hagan más grande.

Sólo era un hombre; un hombre con historia, que en función de quien la cuente y como la cuente encanta a serpientes o repele a insectos.
El origen de la santa semana tuvo lugar un domingo y se prolongó siete días. Para algunos –la mayoría- son días vacacionales; para otros conmemorativos de un suceso y para mí, son días sorpresivos, en los que aquellos que le cierran la puerta (de un buen portazo) a un mendigo que sólo pide un poco de comida, se visten de nazarenos y caminan descalzos en procesiones, arrastrando cadenas, penitentes.

No tiene más fe el que se da golpes de pecho en determinadas épocas del año, que el que da de comer al mendigo aunque no practique religión alguna, ya que fe manifiesta por la persona a la que ayuda, en lugar de profesarla hacia un hombre que no es lo que algunos nos cuentan, sino lo que no interesa que se sepaSolo era un hombre.

09 abril 2009

Hoy


Ya no dispongo de cincuenta años para vivir. He consumido unos cuantos, y aunque mi vida se alargue hasta que toda yo sea una pasita, el centenar quedará aún muy lejos.

En días como éste, las reflexiones se suceden. Pasado y presente se entremezclan y el futuro no es pensable, porque no existe. Sólo existe éste momento y me gusta.

La caída de la tarde trae nostalgias que se prolongarán a lo largo de la noche. Esta noche también será distinta, como lo son los minutos que pasan.

Yo soy distinta porque cada segundo vivido no vuelve, y me enfrento a la providencia, que es señora caprichosa de gran sabiduría. Juntas, aún podemos hacer muchas cosas. Las que me dejen.

05 abril 2009

El visitante


Entró con sigilo, cuan fantasma sin cadenas estorbadoras del silencio, ni penitencia arrastrada.
Al oírle me giré sobre la silla en perpendicular en su dirección y le descubrí de pie delante de la mesa.

¡¡Daniel!! Le invité a que tomara asiento y le ofrecí mi ayuda después de escucharle, confeccionando mentalmente su perfil a través de las respuestas que iba dando a mis preguntas -introducidas éstas con suma discreción-, más que por motivos laborales, por motivos exclusivamente disipadores de una curiosidad inquieta, con la sensación de que ya sabía demasiado acerca de su vida y tenía información privilegiada sobre su futuro que no le desvelaría.

Era tal y como lo había pensado cuando leía sobre él. Cuarentón, de constitución fuerte (corpulento al estilo de uno de los monjes aceitunado de “El nombre de la Rosa”); no más alto de 1.70 metros (tomándome a mi misma como referencia); manos llenas de dedos regordetes; barriga pronunciada (a lo cervecera); pelo retraído en algunas partes de la cabeza y el más osado rizado; gafas de pasta negras y semblante serio -cara de tener más enemigos que amigos-, distando solamente de la imagen formada en mi cabeza, en que el clon de ojos pequeños que mi miraba, llevaba dos botones desabrochados de la camisa, dejando entrever varias cadenas de distintos metales y grosor apreciable, alrededor del cuello, con medallitas y crucifijos pendidos.

En la conversación, mientras reproducía sin querer algunas escenas del libro del que se había escapado (aquellas en las que la imaginación se había recreado especialmente), supe que era empresario, nada que ver con el doctor Daniel Ortiz, que de emprendedor tenía poco; y que aunque probablemente no en Second life (vida virtual que aparece en el libro “Instrucciones para salvar el mundo” de Rosa Montero), pero sin duda sí en un chat, había conocido a su novia, razón por la que quería arrendar un piso: “para ver qué pasa”.
Daniel se conformó con efectuar algunas llamadas al avatar que despertó su interés y lo que sucedió después, no se cuenta, se lee.

En resumidas cuentas, aquello que imaginamos –ya sea siguiendo las pautas de un escritor o por voluntad propia-cualquier día, el menos pensando, puede tropezarse con nosotros, haciéndonos tomar noción de que lo que crea nuestra mente, puede que no esté tan lejos de la realidad que conocemos.

29 marzo 2009

El problema


Lo había preparado concienzudamente en ratos libres apurados, pero he perdido el trocito de papel donde había escrito el post de esta semana, o quizás sólo he olvidado dónde lo he guardado. En conversación privada conmigo misma, de la que ahora os hago partícipes, resuelvo que para una vez que llego al viernes con algo escrito, lo extravío por no ser lo suficientemente cuidadosa con el “trabajo” realizado, e inmediatamente después me introduzco una vez más en la vorágine que me supone no tener NADA, a pocas horas de la publicación (establecidas únicamente por mí y con el objeto de restaurar y prolongar la perseverancia en mi humilde paso por la vida).

Con el firme convencimiento de que nada ocurre por casualidad sino por causalidad, la pérdida en sí (el descuido de la que arrebuja demasiado, en poco tiempo) ha dado lugar a una sustitución (un acto desesperado por cumplir con mis auto-obligaciones bloggeras) derivada de una rápida asociación de conceptos (que no detallaré por el surrealismo imperante de una mente descoordinada en situación límite) y cuyo resultado es la letra de esta canción que la providencia ha tenido a bien mostraros.

El problema, no es que haya perdido el dichoso (él, por no hallarse en mi poder) papelito, sino que le creyera mi salvavidas de esta semana. El problema no son los demás o las circunstacias, es mi actitud ante ello.



El problema no fue hallarte,
el problema es olvidarte.
E
l problema no es tu ausencia,
el problema es que te espero.
El problema no es problema,
el problema es que me duele.
El problema no es que mientas,
el problema es que te creo.

El problema no es que juegues,
el problema es que es conmigo,
Si me gustaste por ser libre,
quien soy yo para cambiarte.
Si me quedé queriendo solo,
cómo hacer para obligarte.
El problema no es quererte,
es que tu no sientas lo mismo.

Y cómo deshacerme de ti, si no te tengo,
cómo alejarme de ti si estas tan lejos.
Cómo encontrarle una pestaña,
a lo que nunca tuvo ojos.
Cómo encontrarle plataformas,
a lo que siempre fue un barranco.
Cómo encontrar en la alacena
los besos que no me diste.

Y cómo deshacerme de ti, si no te tengo.
Cómo alejarme de ti si estas tan lejos.

El problema no es cambiarte.
el problema es que no quiero.
El problema no es que duela,
el problema es que gusta.
El problema no es el daño,
el problema son las huellas.
El problema no es lo que haces,
el problema es que lo olvido.
El problema no es que digas,
el problema es lo que callas.


22 marzo 2009

Nacimiento

Eligió un viernes para nacer, o un viernes la eligió a ella para que naciera, poco antes de que los aperitiveros, en algunas regiones de sol ardiente, salieran a tomarse la de rigor del último día labora de la semana (los que los sábados tienen por costumbre descansar), con otros compañeros de trabajo o amigos; los solitarios en la búsqueda del momento único de su existencia, acompañados por unas aceitunas, unos cacahuetes o unas patatas chips y la mirada perdida en la nada; entretanto que las columnas vertebrales de cualquier familia (ya sean formadas por frutas de gran diversidad exótica, o por frutas iguales), empezaran a preparar el sustento de estómagos vacíos.


A las doce y cuarenta y cuatro minutos llegó al mundo la niña (no la apadrinada por líder político, cuyo cariño por la misma le hace hablar de ella sin perder ocasión, ni la niña de los ojos de ningún director de cine creador de una bella época) más bonita jamás subjetivizada. Rolliza, de rubia pelusilla, ojos claros y rostro sonrosado, rie la criaturita a carcajadas, feliz de haber abandonado el anonimato de nueve meses en la penumbra.


Insatisfecha por su suerte afortunada, se agitará, llorará, berreará hasta que las amígdalas le enrojezcan, como bebé inconformista acostumbrándose a la vida, descubriéndonos cada día algo más que la hará distinta, bajo cielos ocultos por nubes desteñidas.


Cada vez que sonría desdentada, todo habrá merecido sacrifico inmenso: un llanto, un berrinche; noches agitadas… por verla brillar con el esplendor de una primavera más.


15 marzo 2009

En un lugar de Asia...


En un lugar de Asia, de cuyo nombre no quiero acordarme… tres años de cárcel cuesta tirarle dos zapatos del 43 al hombre que ha invadido el lugar, desencadenando atentados diarios (muertes, dolor, sufrimiento), creyéndose el “elegido” por la divinidad para salvar a parte del mundo (la otra parte no nos dejamos) a lo Robin Hood de los bosques de Sherwood y Barnsdale, en posesión de un desinterés profundo y con el único objeto de hacer el bien, y si en tan altruista acción, los esfuerzos realizados son recompensados con un poquito de líquido negro, de ese que les sobra a los que padecen la transcendencia de sus decisiones salvadoras, que nadie dude que Dios existe.


Afortunada ha sido la condena teniendo en cuenta que don arBUSto, tuvo el tino de esquivar los dos misiles envenenados de incomprensión y cólera y que a su eterno agradecido (actual presidente del territorio) por haberle quitado de encima a su antecesor (eliminado del mundo), podrían haberle parecido poco 1.095 días de encierro y haberlos aumentado o incluso arrebatarle la posibilidad al osado idealista, de volver a lanzar objetos a nadie con la efectividad de una muerte obligada.


Lanzar un zapato en tierras de cultura ancestrales, se contempla como una afrenta aun mayor que golpear a un semejante. Puestos a elegir, le hubiera salido más a cuenta al impetuoso periodista colorear los mofletes del sujeto en cuestión, a arriesgarse y no dar en el blanco. Al menos el sentenciado se consuela convenciéndose a si mismo de que esos tres años no serán en balde porque hizo lo que creía o creía lo que hacía.


Un halo de romanticismo ronda por mi mente (ese viejo pensamiento mío que de vez en cuando reaparece entre las tinieblas de la noche más oscura) y echo de menos que los compañeros del periodista inconformista con la realidad que cubrían la rueda de prensa, no emularan la mítica escena de la emblematiquísima película (obsérvese la importancia de la misma en la existencia de la escribiente, en la ligera exageración descriptiva) “El club de los poetas muertos”, y cada uno de ellos se hubiera subido sobre sus sillas dejando caer sus zapatos al suelo, en un acto solemne y en señal de solidaridad para con el valiente que expresó con un gesto, lo que muchos callaran siempre.


“Oh, capitán, mi capitán”

08 marzo 2009

Silencio

Callé por miedo a no gustar, asumiendo que la situación se me había escapado de las manos y sintiéndome manipulada por quienes conocían mi condescendencia. La desazón me quema el esófago como el vómito lo irrita cuando es frecuente.

Desolada me siento, responsable de mi falta de autonomía “Debería hacer más”, me decía mientras ocurría y mi cobardía me gobernaba. “Ahora podría decir algo, aunque no les guste, aunque me los ponga en contra”, pero no lo hice. Callé.

Desde la distancia de lo acontecido, aún se apodera de mí una profunda tristeza cada vez que pienso en ello. Aplomada por ocultar mis pensamientos, y que otra persona en mi lugar fuera señalada por el dedo inquisidor, injustamente.

“Si, a veces tengo la necesidad de liberarme y el modo en que lo hago me satisface, pese a que los demás no lo compartan conmigo”. No me atreví a decir. Callé.

Cuando aplauden mi aparente saber hacer, dirigen mis pasos hacia caminos que no quiero recorrer y que desembocan en la perfección. Soy imperfecta. Lo demuestro todos los días. Humana.

“Ved en mí, aquello que no imaginaríais, y que en otras personas resultaría obvio”.
Desalentada viví los siguientes segundos después de producirse el hecho. Impotente porque todas las miradas de reojo recaían sobre una chica con la cara llena de piercings y ropa rasgadas con intención, convirtiéndola en la autora de la circunstancia que nos envolvía, siendo yo la única culpable. Un profundo olor a alubias condimentadas con mucho ajo y unas gotitas de limón agrio planeaba en el interior de nuestras fosas nasales. Silencio.

A mi izquierda, mi jefe y un cliente de la empresa; detrás de nosotros una señora con su hija, y a mi derecha, la chica del reproductor MP3, ajena al estruendo seco que había invadido el ambiente.

El ascensor se detuvo en nuestra planta. Respiré aliviada, no porque el olor de mis flatulencias me moleste, pues fiel consumidora soy de ellas, si no por estar más cerca de zambullirme de cabeza en el olvido de mi nula solidaridad.

No sabrán que he sido yo, ni mucho menos que me encanta dejar correr el aire que almaceno, aunque a veces no pueda controlarlo y se me dispare el muy traicionero.

01 marzo 2009

Sueño

Mientras duermo el mundo sigue su curso sin mí.
Me adentro en los sueños y vivo la vida de otra manera, condensándose todo a lo que me he expuesto a lo largo del día, en historias surrealistas inconexas entre ellas. A veces, las que más, soy espectadora de secuencias en blanco y negro de todos los géneros; otras, la protagonista involuntaria de las majaderías de mi cerebro.

Imágenes sordas; personas que hablan sin mover la boca. Oigo sus voces, las recuerdo, en caso de que las conozca; o las imagino, si se tratan de personajes creados por mi mente que tal vez existan en algún lugar o que olvidé.

Cataratas de emociones confluyen y la vida inconsciente empieza y acaba en varios segundos, intensa; sembrando la simiente de la que surgirán interpretaciones, acertadas o desacertadas. La teoría infundada de lo soñado; la explicación de la incoherencia; su significado.

Al despertar, todo permanece igual aparentemente. He perdido varias horas vividas del modo convencional; he vivido varias horas en la tierra donde las tinieblas cubren el espacio y la luz se abre paso, en tanto que mi cuerpo va notando la influencia de los sueños.

22 febrero 2009

Dos (2ª parte)

“Vas y vienes caprichosa como el viento que un pañuelo arrastra, ajeno a su libre albedrío.
Estás conmigo pero sin mí, tan altanera como vulnerable me haces bajo tu influjo maldito.

Te pienso sin pensar que pensándote estoy, y en mi mente permaneces, aunque ausente te encuentres.

Mi delirio te debo, mi lucidez eres en tu bondad; mi amargura, mi felicidad plena…Tu.

Sin ti todo acaba y empieza. Nada soy cuando te ocultas para que tras de ti vaya siguiendo la estela brillante que dejas. Contigo sigo siendo nada.

Lejos o cerca te necesito en la forma que elijas que te tenga. Saber que estas, que existes, me libera.
Fiel siervo de mi dueña; amante de lo que representas… Todo”.


Le dijo el genio a la musa.