12 abril 2009

El viaje


Todo empezó un domingo.
Un hombre viaja a Oriente Medio y es recibido por el comité de bienvenida con vítores, a la par que ramas de olivos y palmas son agitadas en señal de alegría.

El recién llegado visita al día siguiente un templo, pero un mercado se encuentra lleno de comerciantes en lugar sagrado, a los que reprende escandalizado por sus actividades y echa de allí, considerándolos irrespetuosos y precursores de negocios en vez de rendir culto.

A las pocas horas, en casa de un amigo una mujer le lava los pies, y el viajero ve en aquel gesto el desenlace de su vida y así se lo comunica a sus acompañantes, que le escuchan horrorizados.

Unas monedas de oro cuesta la vida de un hombre, cuyo carisma encandila a cientos de personas, que los que carecen de él, se encolerizan temerosos de que el poder se acumule en un solo hombre, el único con la sensatez suficiente como para remover conciencias anticuadas.

Fue después de una cena cuando el viajero se despide de su familia, antes de pasar unos momentos bajo las estrellas de la noche con los amigos que le acompañaban y ser arrestado sin motivo alguno.

El resto de la noche es interrogado y torturado para que confiese ser algo que no es, y así proporcionarles una razón a los mandamases para condenarlo rigiéndose por leyes establecidas, pero un hombre transparente, no oculta, es lo que muestra.

Al quinto día de su llegada, injurias y calumnias acaban con la vida del viajero, sin que éste entienda porque la incomprensión se extiende entre aquellos cuyas mentes se estrechan cuando cambios les acechan, y su vida entrega a favor del libre pensamiento.

Dos días transcurren. Dos días es llorado.
Al tercero, empieza a vivir de otra manera, permaneciendo en el recuerdo de sus allegados; trasmitidas sus vivencias de generación en generación; perdiéndose algunos detalles, añadiéndose otros que lo hagan más grande.

Sólo era un hombre; un hombre con historia, que en función de quien la cuente y como la cuente encanta a serpientes o repele a insectos.
El origen de la santa semana tuvo lugar un domingo y se prolongó siete días. Para algunos –la mayoría- son días vacacionales; para otros conmemorativos de un suceso y para mí, son días sorpresivos, en los que aquellos que le cierran la puerta (de un buen portazo) a un mendigo que sólo pide un poco de comida, se visten de nazarenos y caminan descalzos en procesiones, arrastrando cadenas, penitentes.

No tiene más fe el que se da golpes de pecho en determinadas épocas del año, que el que da de comer al mendigo aunque no practique religión alguna, ya que fe manifiesta por la persona a la que ayuda, en lugar de profesarla hacia un hombre que no es lo que algunos nos cuentan, sino lo que no interesa que se sepaSolo era un hombre.

09 abril 2009

Hoy


Ya no dispongo de cincuenta años para vivir. He consumido unos cuantos, y aunque mi vida se alargue hasta que toda yo sea una pasita, el centenar quedará aún muy lejos.

En días como éste, las reflexiones se suceden. Pasado y presente se entremezclan y el futuro no es pensable, porque no existe. Sólo existe éste momento y me gusta.

La caída de la tarde trae nostalgias que se prolongarán a lo largo de la noche. Esta noche también será distinta, como lo son los minutos que pasan.

Yo soy distinta porque cada segundo vivido no vuelve, y me enfrento a la providencia, que es señora caprichosa de gran sabiduría. Juntas, aún podemos hacer muchas cosas. Las que me dejen.

05 abril 2009

El visitante


Entró con sigilo, cuan fantasma sin cadenas estorbadoras del silencio, ni penitencia arrastrada.
Al oírle me giré sobre la silla en perpendicular en su dirección y le descubrí de pie delante de la mesa.

¡¡Daniel!! Le invité a que tomara asiento y le ofrecí mi ayuda después de escucharle, confeccionando mentalmente su perfil a través de las respuestas que iba dando a mis preguntas -introducidas éstas con suma discreción-, más que por motivos laborales, por motivos exclusivamente disipadores de una curiosidad inquieta, con la sensación de que ya sabía demasiado acerca de su vida y tenía información privilegiada sobre su futuro que no le desvelaría.

Era tal y como lo había pensado cuando leía sobre él. Cuarentón, de constitución fuerte (corpulento al estilo de uno de los monjes aceitunado de “El nombre de la Rosa”); no más alto de 1.70 metros (tomándome a mi misma como referencia); manos llenas de dedos regordetes; barriga pronunciada (a lo cervecera); pelo retraído en algunas partes de la cabeza y el más osado rizado; gafas de pasta negras y semblante serio -cara de tener más enemigos que amigos-, distando solamente de la imagen formada en mi cabeza, en que el clon de ojos pequeños que mi miraba, llevaba dos botones desabrochados de la camisa, dejando entrever varias cadenas de distintos metales y grosor apreciable, alrededor del cuello, con medallitas y crucifijos pendidos.

En la conversación, mientras reproducía sin querer algunas escenas del libro del que se había escapado (aquellas en las que la imaginación se había recreado especialmente), supe que era empresario, nada que ver con el doctor Daniel Ortiz, que de emprendedor tenía poco; y que aunque probablemente no en Second life (vida virtual que aparece en el libro “Instrucciones para salvar el mundo” de Rosa Montero), pero sin duda sí en un chat, había conocido a su novia, razón por la que quería arrendar un piso: “para ver qué pasa”.
Daniel se conformó con efectuar algunas llamadas al avatar que despertó su interés y lo que sucedió después, no se cuenta, se lee.

En resumidas cuentas, aquello que imaginamos –ya sea siguiendo las pautas de un escritor o por voluntad propia-cualquier día, el menos pensando, puede tropezarse con nosotros, haciéndonos tomar noción de que lo que crea nuestra mente, puede que no esté tan lejos de la realidad que conocemos.

29 marzo 2009

El problema


Lo había preparado concienzudamente en ratos libres apurados, pero he perdido el trocito de papel donde había escrito el post de esta semana, o quizás sólo he olvidado dónde lo he guardado. En conversación privada conmigo misma, de la que ahora os hago partícipes, resuelvo que para una vez que llego al viernes con algo escrito, lo extravío por no ser lo suficientemente cuidadosa con el “trabajo” realizado, e inmediatamente después me introduzco una vez más en la vorágine que me supone no tener NADA, a pocas horas de la publicación (establecidas únicamente por mí y con el objeto de restaurar y prolongar la perseverancia en mi humilde paso por la vida).

Con el firme convencimiento de que nada ocurre por casualidad sino por causalidad, la pérdida en sí (el descuido de la que arrebuja demasiado, en poco tiempo) ha dado lugar a una sustitución (un acto desesperado por cumplir con mis auto-obligaciones bloggeras) derivada de una rápida asociación de conceptos (que no detallaré por el surrealismo imperante de una mente descoordinada en situación límite) y cuyo resultado es la letra de esta canción que la providencia ha tenido a bien mostraros.

El problema, no es que haya perdido el dichoso (él, por no hallarse en mi poder) papelito, sino que le creyera mi salvavidas de esta semana. El problema no son los demás o las circunstacias, es mi actitud ante ello.



El problema no fue hallarte,
el problema es olvidarte.
E
l problema no es tu ausencia,
el problema es que te espero.
El problema no es problema,
el problema es que me duele.
El problema no es que mientas,
el problema es que te creo.

El problema no es que juegues,
el problema es que es conmigo,
Si me gustaste por ser libre,
quien soy yo para cambiarte.
Si me quedé queriendo solo,
cómo hacer para obligarte.
El problema no es quererte,
es que tu no sientas lo mismo.

Y cómo deshacerme de ti, si no te tengo,
cómo alejarme de ti si estas tan lejos.
Cómo encontrarle una pestaña,
a lo que nunca tuvo ojos.
Cómo encontrarle plataformas,
a lo que siempre fue un barranco.
Cómo encontrar en la alacena
los besos que no me diste.

Y cómo deshacerme de ti, si no te tengo.
Cómo alejarme de ti si estas tan lejos.

El problema no es cambiarte.
el problema es que no quiero.
El problema no es que duela,
el problema es que gusta.
El problema no es el daño,
el problema son las huellas.
El problema no es lo que haces,
el problema es que lo olvido.
El problema no es que digas,
el problema es lo que callas.


22 marzo 2009

Nacimiento

Eligió un viernes para nacer, o un viernes la eligió a ella para que naciera, poco antes de que los aperitiveros, en algunas regiones de sol ardiente, salieran a tomarse la de rigor del último día labora de la semana (los que los sábados tienen por costumbre descansar), con otros compañeros de trabajo o amigos; los solitarios en la búsqueda del momento único de su existencia, acompañados por unas aceitunas, unos cacahuetes o unas patatas chips y la mirada perdida en la nada; entretanto que las columnas vertebrales de cualquier familia (ya sean formadas por frutas de gran diversidad exótica, o por frutas iguales), empezaran a preparar el sustento de estómagos vacíos.


A las doce y cuarenta y cuatro minutos llegó al mundo la niña (no la apadrinada por líder político, cuyo cariño por la misma le hace hablar de ella sin perder ocasión, ni la niña de los ojos de ningún director de cine creador de una bella época) más bonita jamás subjetivizada. Rolliza, de rubia pelusilla, ojos claros y rostro sonrosado, rie la criaturita a carcajadas, feliz de haber abandonado el anonimato de nueve meses en la penumbra.


Insatisfecha por su suerte afortunada, se agitará, llorará, berreará hasta que las amígdalas le enrojezcan, como bebé inconformista acostumbrándose a la vida, descubriéndonos cada día algo más que la hará distinta, bajo cielos ocultos por nubes desteñidas.


Cada vez que sonría desdentada, todo habrá merecido sacrifico inmenso: un llanto, un berrinche; noches agitadas… por verla brillar con el esplendor de una primavera más.


15 marzo 2009

En un lugar de Asia...


En un lugar de Asia, de cuyo nombre no quiero acordarme… tres años de cárcel cuesta tirarle dos zapatos del 43 al hombre que ha invadido el lugar, desencadenando atentados diarios (muertes, dolor, sufrimiento), creyéndose el “elegido” por la divinidad para salvar a parte del mundo (la otra parte no nos dejamos) a lo Robin Hood de los bosques de Sherwood y Barnsdale, en posesión de un desinterés profundo y con el único objeto de hacer el bien, y si en tan altruista acción, los esfuerzos realizados son recompensados con un poquito de líquido negro, de ese que les sobra a los que padecen la transcendencia de sus decisiones salvadoras, que nadie dude que Dios existe.


Afortunada ha sido la condena teniendo en cuenta que don arBUSto, tuvo el tino de esquivar los dos misiles envenenados de incomprensión y cólera y que a su eterno agradecido (actual presidente del territorio) por haberle quitado de encima a su antecesor (eliminado del mundo), podrían haberle parecido poco 1.095 días de encierro y haberlos aumentado o incluso arrebatarle la posibilidad al osado idealista, de volver a lanzar objetos a nadie con la efectividad de una muerte obligada.


Lanzar un zapato en tierras de cultura ancestrales, se contempla como una afrenta aun mayor que golpear a un semejante. Puestos a elegir, le hubiera salido más a cuenta al impetuoso periodista colorear los mofletes del sujeto en cuestión, a arriesgarse y no dar en el blanco. Al menos el sentenciado se consuela convenciéndose a si mismo de que esos tres años no serán en balde porque hizo lo que creía o creía lo que hacía.


Un halo de romanticismo ronda por mi mente (ese viejo pensamiento mío que de vez en cuando reaparece entre las tinieblas de la noche más oscura) y echo de menos que los compañeros del periodista inconformista con la realidad que cubrían la rueda de prensa, no emularan la mítica escena de la emblematiquísima película (obsérvese la importancia de la misma en la existencia de la escribiente, en la ligera exageración descriptiva) “El club de los poetas muertos”, y cada uno de ellos se hubiera subido sobre sus sillas dejando caer sus zapatos al suelo, en un acto solemne y en señal de solidaridad para con el valiente que expresó con un gesto, lo que muchos callaran siempre.


“Oh, capitán, mi capitán”

08 marzo 2009

Silencio

Callé por miedo a no gustar, asumiendo que la situación se me había escapado de las manos y sintiéndome manipulada por quienes conocían mi condescendencia. La desazón me quema el esófago como el vómito lo irrita cuando es frecuente.

Desolada me siento, responsable de mi falta de autonomía “Debería hacer más”, me decía mientras ocurría y mi cobardía me gobernaba. “Ahora podría decir algo, aunque no les guste, aunque me los ponga en contra”, pero no lo hice. Callé.

Desde la distancia de lo acontecido, aún se apodera de mí una profunda tristeza cada vez que pienso en ello. Aplomada por ocultar mis pensamientos, y que otra persona en mi lugar fuera señalada por el dedo inquisidor, injustamente.

“Si, a veces tengo la necesidad de liberarme y el modo en que lo hago me satisface, pese a que los demás no lo compartan conmigo”. No me atreví a decir. Callé.

Cuando aplauden mi aparente saber hacer, dirigen mis pasos hacia caminos que no quiero recorrer y que desembocan en la perfección. Soy imperfecta. Lo demuestro todos los días. Humana.

“Ved en mí, aquello que no imaginaríais, y que en otras personas resultaría obvio”.
Desalentada viví los siguientes segundos después de producirse el hecho. Impotente porque todas las miradas de reojo recaían sobre una chica con la cara llena de piercings y ropa rasgadas con intención, convirtiéndola en la autora de la circunstancia que nos envolvía, siendo yo la única culpable. Un profundo olor a alubias condimentadas con mucho ajo y unas gotitas de limón agrio planeaba en el interior de nuestras fosas nasales. Silencio.

A mi izquierda, mi jefe y un cliente de la empresa; detrás de nosotros una señora con su hija, y a mi derecha, la chica del reproductor MP3, ajena al estruendo seco que había invadido el ambiente.

El ascensor se detuvo en nuestra planta. Respiré aliviada, no porque el olor de mis flatulencias me moleste, pues fiel consumidora soy de ellas, si no por estar más cerca de zambullirme de cabeza en el olvido de mi nula solidaridad.

No sabrán que he sido yo, ni mucho menos que me encanta dejar correr el aire que almaceno, aunque a veces no pueda controlarlo y se me dispare el muy traicionero.

01 marzo 2009

Sueño

Mientras duermo el mundo sigue su curso sin mí.
Me adentro en los sueños y vivo la vida de otra manera, condensándose todo a lo que me he expuesto a lo largo del día, en historias surrealistas inconexas entre ellas. A veces, las que más, soy espectadora de secuencias en blanco y negro de todos los géneros; otras, la protagonista involuntaria de las majaderías de mi cerebro.

Imágenes sordas; personas que hablan sin mover la boca. Oigo sus voces, las recuerdo, en caso de que las conozca; o las imagino, si se tratan de personajes creados por mi mente que tal vez existan en algún lugar o que olvidé.

Cataratas de emociones confluyen y la vida inconsciente empieza y acaba en varios segundos, intensa; sembrando la simiente de la que surgirán interpretaciones, acertadas o desacertadas. La teoría infundada de lo soñado; la explicación de la incoherencia; su significado.

Al despertar, todo permanece igual aparentemente. He perdido varias horas vividas del modo convencional; he vivido varias horas en la tierra donde las tinieblas cubren el espacio y la luz se abre paso, en tanto que mi cuerpo va notando la influencia de los sueños.

22 febrero 2009

Dos (2ª parte)

“Vas y vienes caprichosa como el viento que un pañuelo arrastra, ajeno a su libre albedrío.
Estás conmigo pero sin mí, tan altanera como vulnerable me haces bajo tu influjo maldito.

Te pienso sin pensar que pensándote estoy, y en mi mente permaneces, aunque ausente te encuentres.

Mi delirio te debo, mi lucidez eres en tu bondad; mi amargura, mi felicidad plena…Tu.

Sin ti todo acaba y empieza. Nada soy cuando te ocultas para que tras de ti vaya siguiendo la estela brillante que dejas. Contigo sigo siendo nada.

Lejos o cerca te necesito en la forma que elijas que te tenga. Saber que estas, que existes, me libera.
Fiel siervo de mi dueña; amante de lo que representas… Todo”.


Le dijo el genio a la musa.

15 febrero 2009

Dos

“Me hiciste un poema que publicaste en uno de tus libros, para que todos lo leyeran sin saber que lo habías escrito para mí, y luego me dejaste marchar.

Me entregaste tus versos, “mis versos” decías que eran, porque emanaban de mí y sin mi presencia en tu existencia, su esencia no sería la que aún perdura en ellos.

Prestados me los pediste, como si me pertenecieran, para otorgárselos a quien no amabas, pero a quien te uniste, amándome sólo a mí. Guardé en silencio el secreto de su origen. Callé lo que quería decir.

Me acusaste del distanciamiento entre ambos, pero sin embargo, no me seguiste cuando me alejé. Aturdido esperaste a que volviera mientras yo desesperaba por oír tu voz llamándome.

Tarde no es para recuperar lo que perdimos, aquello que conservar no supimos, si queremos que todo sea como cuando aparecí en tu vida y entero te entregaste; me diste tus días; me diste tus noches; me diste tu sueño; me diste tu hambre. Te di lo que era y lo que soy, lo que hiciste de mí, te lo ofrezco si lo deseas.

Búscame. Atrápame si me encuentras, y no me separaré de ti, si a tu lado mi espectro aún anhelas”.

Le dijo la musa al genio.

08 febrero 2009

El proceso

Bajó del andamio y me dijo todo cuanto quería que supiera. Al principio dudé de sus intenciones, seis meses recibiendo florituras e invitaciones delante de sus compañeros cada vez que pasaba por delante de la obra en la que trabajaba (y eso ocurría cuatro veces al día) me habían curtido, pero esta vez estábamos solos en la calle.


-Va siendo hora de que te explique la verdad acerca del amor. No puedes seguir maltratando de ese modo tan cruel a las neuronas de tu sistema límbico, negándote a reconocer que te gusto, ni tampoco llevarles la contraria constantemente.

“Me está tomando el pelo” Miré desconfiada hacia los andamios, del edificio en que trabajaba, esperando ver a sus compañeros mal disimulando sus escondites, pero fue en balde.

-No me gustas… -Intenté no resultar hiriente suavizando mi sentencia con una sonrisa-. Llego tarde.
-Sólo te pido que me escuches –Su súplica me detuvo-. Si después decides seguir engañándote creyendo que no estás enamorada de mí, te dejaré en paz.
“Prepotente, prepotente, prepotente…” Estaba jugando conmigo. No podía ir en serio. El chico que me hablaba, tenía muy poco que ver con el que me despertaba todas las mañanas con el repertorio al completo de Antonio Molina y sucedáneos. La idea de no tener que volver a oír sus arrebatos de inspiración a mi paso, me resultó atractiva. Acepté el desafío.

-Verás, corazón –Mal comienzo-, en la parte alta de la nuca se encuentran las neuronas amorosas, culpables de que me quieras tanto… Cada vez que me ves o escuchas mi voz próxima, esas mismas neuronas, habiendo clasificado como buena la emoción que estás sintiendo, mandan inmediatamente un mensaje al hipotálamo, que es el sistema que se encarga de distribuir las hormonas… -La naturalidad empleada era pasmosa, como si fuera un tema habitual en él-… el mensaje es claro y conciso: “ha llegado la hora de ser feliz”, y entonces es cuando te alegras de que esté a tu vera, como ahora.

-Supones demasiado… ¿puedo irme ya? –Hice ademán de caminar, pero volvió a tomar la palabra, con sonrisa pícara… ¡Detestable!

-Tus neuronas amorosas están un poco dormidas, pero no importa, yo sé de todas formas que me quieres, aunque no tanto como llegarás a quererme más adelante. Las neuronas son muy caprichosas y exigentes, por eso sólo se comprometen a aprender lo que se ama... Cariño, si deseas que seamos felices, hazlas caso, ellas están interesadas en conocerme y aprender de mí… ¡Tu hipotálamo ya ha empezado a fabricar noradrenalina!

No le pregunté que era la noradrenalina para no alargar más el momento, pero busqué su significado en la RAE: “hormona de la médula adrenal, que actúa como neurotransmisor en el sistema simpático”… Otro mensajero más.
Segunda intentona de huída. Esta vez, me cogió el brazo. Miré sus ojos negros. Mi concepto sobre él había variado. Antes me parecía un pesado, después de sus nociones de bioquímica bien aprendidas, un pesado con capacidad de decir cosas interesantes, lo que no me disgustaba.

-¿Lo notas? Entre nosotros hay química… -“Química… “

Tras el destripamiento del amor, por parte del incauto al que nunca perdonaré, dejé de creer en él y en el romanticismo. Tal vez no ocurriera así exactamente… En realidad no ocurrió así, pero a todos nos llega el día en que descubrimos una verdad que desconocíamos, y aquello que defendíamos enfáticamente deja de tener sentido.

El amor no es más que un proceso químico en el que nuestro cuerpo segrega substancias imposibles de pronunciar con un polvorón en la boca. Existe, pero anula nuestra sensatez, para embriagarnos de falsas quimeras, que hacen que todo parezca hermoso.

¿Química? Sin duda.

01 febrero 2009

Munt d'ossos


Barcelona, 1986. 6º E.B.G.


No recuerdo que día de la semana era; ni recuerdo a todos los compañeros de ese curso; ni con quien me sentaba esa vez. Tampoco recuerdo que ocurrió el resto de la jornada; pero sí que era por la mañana, y que el otoño había alfombrado, de hojas abatidas por el déspota viento, el patio del colegio.

Asignatura de Lengua Catalana. Habían transcurrido unos minutos de clase cuando Miquel (el profesor) se acercó a Pepe, el esqueleto que franqueaba la puerta del aula, al que en invierno le poníamos un gorro de lana para que no pasara frío (por la cabeza se pierde el 60% de calor), y empezó a decir que, (si hubiera pasado menos tiempo con las musarañas, tal vez ahora podría desvelar porqué se desvió del tema, pero será una incógnita que permanecerá oculta en la eternidad) cuando nos enamoramos, lo hacemos de un montón de huesos y que debíamos ver a la persona que nos gusta como lo que realmente es: un amasijo de vasos sanguíneos, vísceras y ramificaciones.

Con arcadas palpitándome en el estómago, pues susceptible soy, miré con suma discreción (guardar las apariencias se me daba bien, para salvaguardar mi intimidad del dominio público) al niño por cuyos huesos sentía gran interés (estrictamente sociológico, por supuesto), el más guapo de todos (no lo era, pero en estados enajenados, la práctica del subjetivismo es muy común, y a mí me parecía que era un hermoso Adonis. Años más tarde, pensaría lo mismo de otros), imaginándomelo desnudo… ¡MALPENSADOS TODOS! No sin ropa (en la mente de una niña de once años de mi época, las fantasías tenían límites que no se traspasaban. NUNCA. Ingenuas nosotras), sino sin piel. Una estructura ósea sentada en la fila de al lado, mirando al profesor con el mismo entusiasmo que yo había demostrado en mi paseo por el limbo al comienzo de la clase, y mi pensamiento se hizo poesía: egggs.
Mi breve desencanto duró lo que tardó el timbre en sonar.

Prosiguió Miquel (rodeando los hombros de Pepe con el brazo) con su exposición particular, custodiada por una sonrisa sarcástica… “cuando queráis olvidar a alguien, os resultará más fácil si pensáis en lo feos que somos todos por dentro (¡lo que daría por saber porqué introdujo esa variante en la lección!). Lo que amamos es solo fachada, lo que no vemos es lo que somos…”, son las palabras que pronunció (probablemente no con exactitud).

Es día fue decisivo para los que les seguirían.
A partir de entonces empecé a prestar más atención a la asignatura, por si a Miquel se le ocurría descubrirnos otra cruel verdad a nuestra tierna, temprana y añorada edad, pero ninguna fue como aquella, eso sí, mis calificaciones aumentaron; aprendí que todos, absolutamente todos, somos iguales, huesos y carne, y que la belleza es relativa (Pepe era el más guapo de todos, aunque pecaba de exhibicionista); desarrollé una mayor percepción: más allá de lo que vemos en los demás, puede ocultarse algo mucho mejor (o peor),y para conocerlo es imprescindible arriesgar…

Amor y desamor, eje (con frecuencia) de nuestra existencia, en el que intervienen factores en los que no entraré por el momento. Símil del que Miquel se valió (consciente de que empezábamos a despertar a lo que más adelante consideraríamos importante y de nuestra sensibilidad al respecto) para hacernos llegar un mensaje subliminal (el trasfondo de toda aquella perorata): por mayores que sean nuestras preocupaciones, nuestros problemas o nuestro sufrimiento, reducirlo a un munt d’ossos (montón de huesos), funciona… al menos temporalmente, ganándole la batalla al tiempo (equivalente a la capacidad de reacción ante las adversidades).

25 enero 2009

Malos pensamientos


Erase una vez, en un virreinato no muy lejano, cuatro caballeros observados. Dos de ellos amantes de la dama a la que sirven, la Virreina gobernante de aquellas tierras. Y los otros dos, admiradores de un gallardo caballero, al que les gustaría ver ocupar -en día cercano- el trono, pero no por matrimoniarse con dama poderosa, sino por haberla desplazado de lugar, después de que ésta emprendiera el viaje hacia los baños de palacio acompañada por el séquito.
Caballeros vistos, escuchados y perseguidos, acuden al Repartidor Real de Justicia, y le exponen los sabotajes a lo que se sienten sometidos: “nos miran, nos oyen, nos siguen, y luego lo redactan todo en papiro y añaden dibujos.”
La dama, muy diligente y dirigente, apoya a sus caballeros, pues todavía estos les son útiles para sus empresas –en proceso de maduración aún-, y jura y perjura que no descansará hasta que los cotillas tramadores paguen por sus actos.
Son muchas las voces que conjeturan en alto:
“Los curiosos inquietos no crecen sino existe un conocimiento previo de sus acciones por parte del Reino Central (unión de todos los reinos), declara un apasionado de la ciencia ficción, para ganar tiempo mientras en su virreinato se debate sobre si el mejor calzado para escalar montañas son las chirrucas o las bambas.
“Esto es un complot del Primer Caballero (y gallardo) para perjudicar a nuestra venerada Virreina”, manifiestan allegadísimos a la del poderío en alza, cuyo color de cabello, sirve en otros virreinatos para denominar a la cerveza.
“La Gran Dama lo quiere saber todo sobre todos y pide a sus súbditos que abran ojos, limpien oídos de cera y se mantengan en forma por si hay que correr detrás alguien”, sostienen los de la Plataforma pro-Primer Caballero.
“El mandamás de los virreinatos de alrededores, debería poner orden en sus dominios, para que la Virreina deje de estar en el punto de mira, ¿injustamente?”, proclama una hippie del Reino Central, mientras éstos asisten absortos a una de indios, en sus ratos libres.
¿Espionaje? ¿Tramas con fines sospechosos? ¿Complots? No. Sería mucho suponer que lo que ocurre en el virreinato entre sus representantes, despierte tan alto interés entre los mismos, como para utilizar la información obtenida, de arma arrojadiza.

Palacio es muy grande, a veces el entendimiento entre damas y caballeros es nulo, porque las palabras se pierden en el espacio. Es tan notoria la admiración que los caballeros de la Virreina sienten por el Primer Caballero y sus colaboradores, y viceversa, que unos y otros quieren empaparse tanto como puedan,de la inteligencia sublime de sus modelos a copiar.
Debido a ese afán innato por el aprendizaje de los magnánimos del conocimiento, ambas partes han tomado medidas con el objetivo de que ninguna idea muera en soledad y que todas las voces sean oídas.
-Se han fijado ojos sobre personas determinadas; sí, de lo que se ve también se aprende.
-Se han grabado conversaciones privadas; por supuesto. Repasando una y otra vez la lección es como se memoriza lo que mañana nos hará grande.
-Se ha seguido el mismo itinerario turístico que las personas, cuyas mentes prodigiosas se ansía poseer; absolutamente necesario para conducirse en la vida como aquello que nos gustaría llegar ser.
-Se han confeccionado una guía con las aportaciones desinteresadas de sus protagonistas; acto generoso para con el resto del mundo. Lo escrito, olvidado no queda.
En mentes limpias, malas intenciones no entran, queridos y queridas todas.

18 enero 2009

Diferencias generacionales


Uno de los grandes maestros de las artes escondidas (el mismo que me enseñó a elevarme un palmo del suelo haciendo uso de la voluntad (buena) y constancia), se pronuncia a menudo sobre mis letras escritas:

-No, no y no, discípula aventajada, demasiadas ramas para tan endeble tronco. Ininteligible. Muchas ideas, muchos conceptos, nulo desarrollo. no entiende tu narración cargada de elementos sobrantes que la afean –Como es políglota a veces mezcla el idioma empleado-. Mundo no entiende a ti –Cauto en las palabras proclamadas para evitar interpretaciones malas.

Me enfurruño toda acalorá.
-Gran maestro todopoderoso del saber, cuanto escrito de mi pluma ves, más clara que el agua de un arroyuelo no podría ser… Relaja tu mente, lee despacio, saboreando cada palabra cuan si Eight O’clock fuese. Deja que la menta abra tus sentidos y música celestial oirán tus oídos.

-No, no y no aprendiza inteligentísima. No concretas; te enredas; te espesas juntando premisas. Abusas del relativo.no entender lo que tú quieres decir…
Humo me sale de las orejas. Ajos como.
-Tú no estar receptivo, gran maestro omnipotente de la sapiencia -Utilizo su lenguaje-. Yo expresarme siempre así. Mi pensamiento ser distinto al resto del pensamiento de procedencia humanoide. Cada palabra tiene una intencionalidad respecto a las que la acompañan. Son únicas, irremplazables por mi sentir y sin ellas, no existirían otras que manifestaran tan fidedignamente mi “YO” inquieto.

-No, no y no listilla suprema, tu no ser clara. Mi no entiende nada.

-Eight O’clock, maestrillo del conocimiento absoluto…

La desventaja de ser “la pequeña”, es no haber nacido antes que “el grande”, para tener la autoridad suficiente de decir con contundencia: No, no y no…

11 enero 2009

Acerca del amor, y otros sentimientos

Ella guardó entre sus senos, la carta que él le había hecho llegar al saberse morir, herido con el frío filo de la espada de aquél, que con falsos amoríos pretendía desposar a su dama (hija de emperadores), para verse proporcionado de tierras ajenas que ampliaran su poder.

Diole muerte al postulante que jamás interés alguno tuvo en su amada, y después de librarla de manos, que merecida no la tenían, abandonó la vida suspirando y con la mujer hecha palabra en sus labios: Carmesina.

Sus principios buenos no fueron. Viola tierna y a medio amanecer, quísola poseer como esposo sin ceremonia haberse celebrado, y ella, pura como la luna; despertando al amor con sentimientos encontrados, conservar su cofre cerrado deseaba, para entregarle joya ansiada por muchos, al único que juramento ante Dios hiciera, como prueba de amor incondicional hacia ella.

Tentada estuvo, tentole hubo, pues su piel cercana anhelaba y su olor de héroe embriagábale, saliendo de su cuerpo su alma, para risueña retornar, pero por más insistencia que él, cansino, ponía, ella menos lejos dejaba que su caballero llegara con caricias expertas, aprendidas en otros cuerpos.

Instada por sus doncellas, que con buenos ojos veían al caballero, y como emperador querían, para que turco barbudo no fuera su dueño, Carmesina dispuesta estuvo a ceder su joyero, si así contentos todos quedaban y propiciado el momento su amor creció, cuando su valiente gentilhombre, con palabras dulces, rechazada la hubo. Tan grande era el amor que procesaba a la dama, que respetándola, obviando las necesidades de hombre en Edad Media, refutaba del mismo modo, por lo que a morir dispuesto estaba.

Los turcos amenazaban Constantinopla, y Carmesina viose en el brete de salvar su tierra, uniéndose al turco en religión extraña, pues pureza conservaba (requisito indispensable para ser desposada). Sacrificose con moral olvidada y su perla entregó a caballero amado, que recibiola apasionado.

Presto enterose el turco de las actividades de la dama, que como esposa le practicaría y lastimado en su pundonor, la guerra declaró a Constantinopla, batiéndose en duelo con el caballero capaz de doblegar la voluntad de muchachas honradas.

Vencido por el héroe, dejose matar el turco, como mueren los valientes, de frente y con altivez, por el más loado de todos los hombres: Tirante el blanco.
Carmesina reuniose con Tirante pocos meses más tarde, pues vivir sin su ser no podía.

Cervantes en el Quijote, salvó sólo un libro de la hoguera: Tirant lo Blanc, de Joanot Martorell, alegando que era el mejor libro del mundo… Y posiblemente lo sea.

04 enero 2009

Intercambio de intereses


Es posible que exagerara un poco la realidad, pero el fin era noble.
Entré insegura, aparentando que controlaba la situación; que el terreno no me era del todo desconocido y que a lo largo de mi vida, otros encuentros como ése se habían producido; no demasiados, sólo los justos. No quería que pensara que iba “aprendida de todo” y que esta vez sería sólo una de tantas otras por las que estaría dispuesta a pasar hasta alcanzar la meta, sino que era importante estar allí en ese momento, pero no lo más importante. Importancia moderada.

Me senté en la silla repasando rápidamente el protocolo (piernas juntas; espalda recta; cabeza alta; no cruzar brazos; no apartar la vista de sus ojos así el vecino de arriba taladre el techo, dejando caer escombros) y después de un saludo cordial que evidenció nuestra posición en aquella reunión, hablé de mí, escogiendo las palabras precisas que me hubieran gustado oír si mi lugar hubiera sido el del contrario.

Proceso de datos: (a la vez que continuaba monopolizando la entrevista) mujer joven y por la indumentaria, moderna. Trato agradable aunque distante. Buena oyente. Predilección por la literatura (cuando saqué el tema, las orejas se le separaron un poco de la cabeza orientándose hacia la procedencia de mi voz, y los ojos se le abrieron ligeramente, renovándose su interés por mi monólogo).

La voz se me fue secando gradualmente. Insistí en la literatura, invitándola a que interviniese con mis pausas. Ya conocía lo que yo hubiera querido saber de cualquier persona en mi situación. Era el momento de que ella hablase, de que se explayase en un terreno en que se sentía cómoda y a través del cual yo podría acercarme más a lo que perseguía.Empatía.

Procesando datos: le gusta la literatura. Mujer joven, moderna, sensible. No le cuesta hablar sobre sí misma: natural y sencilla.

Conversamos. No hacía demasiadas preguntas (poca práctica en entrevistas laborales, estaba tan asustada de que la falta de experiencia la delatase, mostrándome sus puntos débiles, como lo estaba yo de no agradarle), pero fue una observación suya la que hizo que me alejara brevemente de la verdad, la única existente.
-Veo que dominas varias lenguas…

Procesador en marcha: cree que hablo idiomas. Hablar idiomas igual a facilidad para la adquisición de nuevos conocimientos. Punto a mi favor. Soy adaptable. Y los sería al menos en dos países distintos más…

En esa parte del currículum tal vez me excedí un poco… ¿quién no lo hace? Muchos tenemos como poco conocimientos medios de los idiomas que nos enseñaron (o lo intentaron) en el colegio y bachillerato (sí, fui bachiller) y es bueno que los demás lo sepan… Catalán (sí, sí, éste sí, aunque al sudoeste de la península no me sirva de mucho, mi tierra habla por mí); francés (bueno, con el francés empecé hace un par de años… en dieciocho más, me confundirán con una autóctona); inglés (es perfecto, sólo que habitualmente no lo hablo porque las personas de mi entorno no me entenderían ni yo a ellos), y castellano (lengua materna, aunque no tenga demasiado valor, ya van cuatro).

Intercambiamos unas palabras más antes de la despedida.
No quería aquel empleo para beneficiarme de una cantidad a final de mes a cambio de mis especias, sino porque de naturaleza activa, en mi interior tenía el irrefutable convencimiento de que podría ser útil (como en el libro "Las normas de la casa de la sidra" de John Irving, sus personajes) a esa empresa, si además me recompensaban por ello, no les haría el feo de rechazar su bondad. Me necesitaban tanto como yo a ellos.

Dos días más tarde, me dieron el “sí, quiero”, y desde entonces, decenas de libros he leído.

Pd: puede que haya empezado el año con la moral elevada más allá de las nubes, pero todo depende del color con que se mire… (Jarabe de Palo) “No preguntes lo que tu empresa puede hacer por ti, sino lo que tú puedes hacer por tu empresa” (John Kennedy).

28 diciembre 2008

¡Misión cumplida!



Corrían estas fechas el año pasado, cuando tomé una determinación seria y trascendental para el resto de mi vida -en mí “filosofía” particular, lo que se hace hoy, repercutirá en el mañana-, reanimar el blog que había creado unos meses antes, comprometiéndome conmigo misma -puede parecer un exceso de egocentrismo por mi parte, pero los compromisos con uno mismo no afectan a los demás y son igual de efectivos si no flaquea la voluntad-, a publicar todas las semanas un post.


El día elegido fue el domingo –el séptimo día-, que es cuando el Señor descansó después de un desbordamiento de inspiración, cuyos resultados son las creaciones sobradamente conocidas y los que no las conozcan, que no desesperen, pues todo llega a su debido tiempo.

Caminatas por los cerros de Úbeda aparte, la mía ha sido una ardua empresa, ya que no recuerdo haber llevado hasta el final nada que me haya propuesto nunca más de tres veces, por eso la falta de fe en mi “bombillita encendida sobre la cabeza”, me condujo a hacer cábalas sobre el tiempo que tardaría en desistir y no me di más de cinco meses. Lo perdí absolutamente todo… Pero he ganado tanto…

Ha sido difícil mantener el ritmo, a veces porque las ideas -la mayoría de ellas malas-, no afloraban, y otras por falta de tiempo -es lo que tiene que a una la hagan emplearse semi-a-fondo de lunes a sábado, que la mente se pone quejumbrosa al final de la semana, negándose a seguir en activo-. He recurrido a la ficción en numerosas ocasiones; a vivencias enmascaradas; a poemas concebidos en momentos pocos idóneos; a semáforos raros -y quien me haya seguido un poquito sabrá por qué-; a textos escritos en décadas pasadas -patente ha quedado-; a la actualidad –sin duda, un gran filón- y en una ocasión, Neruda me salvó de saltarme la vez… pero hoy, en el último post del año, puedo decir que LO HE CONSEGUIDO.


Para martirio de algunos de mis sufridores visitantes, voy a seguir en la misma tónica, al menos a intentarlo… Esto de que llegue el domingo tarde y no haber preparado nada, me obligaba a improvisar a marchas forzadas, y admito que tiene su intríngulis, del que he disfrutado (y padecido) en los días que se nos están marchando.


Gracias a los osados que me leen siempre que pueden; a los abonados por no faltar nunca; a los ocasionales; y a los que no saben aún, que un día por error acabaran encontrándose conmigo.


Felices todos los momentos, no sólo los que caigan en festivo.


Pd: esto no es una inocentada.

21 diciembre 2008

Sólo un segundo





Un segundo es suficiente para hacer el camino inverso de éste lugar al cielo.
No hay lugares sin retorno, sólo la intención de volver de nuevo al punto de partida.

14 diciembre 2008

Algo sobre mí

A través de la forma en cómo nos expresamos, en cómo escribimos en el “mundo bloggero” y sobre qué, se nos puede conocer, y el conocimiento muchas veces de alguien, desmitifica y acerca más al susodicho. Esta vez voy a compartir un trocito de mi vida, algo que ocurrió hace mil años, pero como en ocasiones he escrito, para entender el presente, hay que conocer el pasado, y éste es el mío.

Cruzó la calle en mi dirección, caminando delante de mí con paso decidido, al mismo tiempo que con un gesto de cabeza hacia atrás, propio de una fémina de melena abundante y sedosa Pantene, se retiró las dos cortinitas de mechones que le caían por las sienes y que el aire había alborotado en sentidos contrapuestos.


Le seguí con los ojos fijos en su cogote, pues había tomado la misma calle en la que servidora vivía, para llegar hasta dónde había aparcado, a hora incierta de la mañana. Caminaba deprisa (mucho más que cualquier plebeyo lo haría, apremiado por un apretón, hacia el retrete) y erguido.


Mientras su cogote llenaba mis ojos de visión entretenida, recordaba sus ojos miel de flores seleccionadas, salpicados con verde espárrago silvestre, la vez que vino a recoger al puesto que yo regentaba, algo que le pertenecía a su tío, y me esforzaba porque oyera mi pensamiento que le gritaba continuamente: gírate, gírate.


Apresuré el paso, lo justo para no adelantarle y separar nuestro paseo con mi llegada a casa, que cada vez estaba más próxima. Tosí durante varios segundos. Tosí muy fuerte.

Su cogote me gustaba, pero tenía que provocar el contacto visual (gírate, gírate) - que buscara en su memoria el momento en que le entregué las sandalias de su tío, que yo misma había cosido, y rememorara ese instante en que nos miramos, incluso sonreímos, con la cordialidad de dos desconocidos muy corteses-, para que se produjera un acercamiento que ansiaba.


Poco antes de que pasara por delante de la puerta en la que me detendría en unos segundos más, cruzó en diagonal hacia la otra acera (¡NO! ¡NO!), divisando a los lejos -interpreté por la forma en que alargó el cuello-, el carruaje con los caballos.


Abatida por no haber conseguido que supiera de mi presencia tras él, empujé la puerta de casa, y entré recogiéndome la falda para no tropezar con la bastilla. Lo mejor que me había pasado durante el día, era él.


En mi primera vida, me ganaba el sustento remendando calzado en una pequeña zapatería familiar, antes de hacerme marinera y más tarde y con muchas penurias encima, capitana de barco, anticipándome a los tiempos modernos como mujer progresista, pero parafraseando al gran filósofo bárbaro Conan, esa es otra historia.


Lo que pasó en Portugal después -es cierto que el asesino siempre vuelve a la escena del crimen, no recuerdo haber dejado fuera de juego a nadie entonces, pero que haya vuelto muy cerquita del escenario donde transcurrió mi otra vida, da que pensar- en 1575, entre el cogote al que perseguí sin proponérmelo y la que firma estas palabras, fue determinante para que me echara a la mar. Quería ser sirena, pero como no tenía cola de pez, tuve que conformarme con pescar animales acuáticos y lo demás forma parte de esa otra historia que no contaré aún.


He aprendido de aquella época, que cuando quieres que algo suceda (menos convertirte hombre-animal), lanzar pequeñas piedrecitas no es suficiente, hay que lanzar rocas. No tosas, tírate de bruces para acaparar atenciones ajenas.


Desde que sé de la existencia de mi otra vida –introduje en una página rara mi fecha de nacimiento segundo- me ha dado por regresar a esa otra vida mía, entendiendo mucho mejor ésta que tengo ahora, y he llegado a la conclusión de que en mi próxima reencarnación, quiero ser planta para ver si de una vez por todas entiendo la fotosíntesis.

07 diciembre 2008

Bajo la lluvia

Poema, producto de un segundo episodio de enajenación mental TRANSITORIA... Quizás si debería hacer algo con mis pensamientos...


Un rio de agua amarga
corre hacia ti.
Agua que te empapa,
agua fría que tus huesos cala,
para que al olvido no te des.

En cada suspiro de tu alma,
me iré deshaciendo poco a poco.
En cada lagrimeo de tus ojos,
seré yo quien desaparezca en tu rostro
apartada por tus dedos ingratos,
que antaño acariciaron cabellos sedosos

Renaceré en tu cuerpo calenturiento,
fruto de mi inocente malicia.
Tus estornudos sanarán mis heridas,
tu malestar alargará mi dicha.

Un rio de agua amarga
corre hacia ti,
Agua de mi regadera,
tú bajo mi ventana
en la oscuridad invernal,
empezando a comprender
que conmigo no se juega,
si jugar no quiero.