29 enero 2012

Alternativas

Al terminar conversación con chico sobre “aspectos laborales”, una madre (soltera de cuarenta años con noches locas fructíferas) se me acerca y me dice con cara lastimera:

-Ay hija que lástima, con lo mono que es y está con un tío.-La repruebo con la mirada.- Aunque eso no importa, que se acueste con quien quiera… Ey, que yo también me he acostado con una tía, era una muy amiga mía… Yo acaba de dejarlo con mi ex y estaba deprimida, nos emborrachamos una noche y nos enrollamos. Cada vez que nos acordamos de esa noche nos partimos el culo… Con lo que a mí me gustan los tíos.

Una de las cosas que me molestan de los “seres respirantes” es la vehemencia con que reafirman su sexualidad. Me repatean los hombres que afirman ofendidos “yo soy muy macho” si se les insinúan que podrían gustarle otros hombres, y las mujeres que ante la misma observación aseguran “a mí solo me gustan los hombres” con prepotencia.

Mi teoría al respecto es que todos (sí, ya sé que abarco a mucha gente, pero lo creo ciegamente) somos bisexuales y que tendemos a desarrollar una sola tendencia, aunque sería más satisfactorio utilizar las dos.

Nos enamoramos de personas (por una vez no destriparé el amor a través del proceso bioquímico del mismo, aunque también sea otra de las cosas en las que creo), de lo que hay dentro de ellas, no del aspecto que tienen o de lo que adorna sus bajos… UTOPIA.

Sobreestimamos nuestra capacidad amatoria y damos por sentado que solo nos gusta lo que conocemos, sin concebir que nos nazcan sentimientos por personas que utilicen las misma ropa interior que nosotros. En la alternancia está el gusto y no es deshonroso mostrar las amplias miras que tenemos.

En definitiva, que cada cual haga o sienta lo que le parezca pero que no desprecie lo que hay dentro de sí mismo y se crea más por ser tan poco.

22 enero 2012

Miradas



Hay veces en que cuando nos miran, sentimos la vida brotar y otras en las que miramos y sin ser conscientes de ello o saberlo nunca, encendemos vidas apagadas.

Algo pasa en esos momentos tan inexplicable como explicable; tan confesable como inconfesable; tan real como irreal... Cruce de miradas.


08 enero 2012

Maneras

Las féminas que trabajan (trabajamos) en oficinas (recepcionistas, secretarias, administrativas…) y hasta las que lo hacen de cara al público (yo misma toda la vida), son pasto de seductores potenciales, que mientras esperan a que el mandamás de turno se digne a atenderlos, se distraen contando la parte de su vida más amable, y ensalzando las cualidades de la bendita que soporta el soliloquio con paciencia, aunque los susodichos no las conozcan en absoluto y no tengan criterio suficiente para emitir un juicio sobre las mismas.
La intervención del manifestante acaba con una invitación fuera del ámbito laboral a las que a esas alturas han sido beatificadas en el Vaticano.

En situaciones como estas soy cortante y delimito los espacios vitales, “mi espacio es este, el tuyo búscalo si no lo encuentras… lejos de mí”.

Me incomoda hasta la extenuación las personas que se acercan tanto para hablar que no dejan correr el aire entre las narices y las que rodean los hombros en la búsqueda de una complicidad inexistente e inapropiada, otorgándose licencia para ello.
Cuando invaden mi espacio vital, se me remueven las entrañas y salto como un resorte.

Una combinación de ambas cosas (seductor potencial venido a menos + acercamientos improcedentes) se reúne en una persona a la que tengo que ver más de lo que quisiera.

El sujeto aparece con la que debe considerar su mejor sonrisa (siempre la misma); entabla conversación (acribilla a preguntas personales que no obtienen respuestas); se topa con un muro bastante más alto que él (y no me refiero a la distancia que nos separa del suelo a ninguno de los dos) e infranqueable. Se insinúa; me aburro…
-…yo era independiente hasta que me cazaron –El tono que emplea es despectivo. Vomitivo- pero si quieres me dejo cazar otra vez.

En sus ojos aparece un halo de libertinaje y lujuria. Muestro indiferencia. Habitualmente no estoy para tonterías.
-¿Seguimos con esto?-“Esto” son las cuentas entre proveedor y cliente.

Censuro ciertos comportamientos inadecuados (desde mi perspectiva), producto de la imprudencia y de un complejo donjuanerotenorio asumido. Tirarle los trastos a un tercero/a teniendo en casa espacio para guardarlos nada más que por que sí, me hace dudar de la caridad humana y pensar en “sentimientos” plastificados.

En estas divagaciones estaba cuando me juzgo injusta por deleznar la libertad con la que algunos se conducen en la vida… Muy a su manera, sin tener en cuenta las maneras de los demás y mucho menos de quien duerme a su lado, en caso de que los ronquidos le dejen pegar ojo. ¿Qué más me da a mí?

El “elemento” objeto de mención, no me gusta, no me atrae, razón por la que me pregunto si me mostraría indulgente y empática si se tratara de uno de mis “adonis” particulares (esos que no se pueden tocar porque pertenecen al mundo de la ficción y que solo existen para que la baba se caiga), para no herir sentimientos (en donde sea que residan, si es que residen en alguna parte de su constitución).

No caigo en tentaciones ligadas a otras vidas, aunque se revistan de chocolate negro 100% puro cacao. En este caso, lo dejamos en chocolate blanco, para a quienes gusten de vez en cuando tomar un trocito.

Respuesta a mi retórica inicial con observación práctica: si al menos hiciera uso de la modestia consideraría mi crudeza (no así mi “saber hacer”) y hasta dejaría de fulminarle con la mirada (para lo que me sirve).

Los prepotentes me superan.
La sencillez me ablanda y cautiva.
Las circunstancias me detienen o me dan alas.
A veces vuelo.


01 enero 2012

Decepciones

Hay pequeñas grandes decepciones en la vida; pequeñas desde la perspectiva de la distancia en el tiempo, la importancia desaparece cuando muchas lluvias han regado los campos; grandes por el fervor con que tambalean nuestro mundo, desorganizando lo que años hemos tardado en clasificar y etiquetar en nuestra cabeza.

Una decepción (los más apropiado sería considerarlo chasco) se suma a las que se quedaron atrás, y buscando entre ellas la que más “trastorno” me pudo ocasionar para apaciguar la nefasta sensación de la más reciente, reparo en que el impacto de la misma hizo que me creciera ante la adversidad hasta hacerme tan grande que me sentía cómoda en mi nuevo tamaño.

Expectativas incumplidas, ilusiones rotas sobre alguien o algo que queríamos que ocurriese. Las decepciones no son nada más que eso (simplificándolo a la mínima expresión, por supuesto) y si no esperáramos más de lo que somos capaces de ver que puede llegar, los chascos serían menos. Aun así, he abierto los ojos y a partir del “día de autos” voy con cautela.
Empiezo el año avispada, pero no a consecuencia de substancias químicas en el cuerpo (tengo complejo de manzana… sana) sino por encontrarme en máxima alerta.
Feliz Año Nuevo a todos.

25 diciembre 2011

Nos vemos


Pues sí, hoy me ha dado por los pensamientos desordenados, y si bien he sentido placer al desobedecerme a mí misma, nada más que por llevarme la contraria en el propósito de mantener el desván limpio (de voluntades volubles y ausencias permanentes), ahora, cada vez que entro, experimento una sensación de dejadez y abandono propias de una casa sin barrer, y me dan ganas de coger la escoba y… salir volando.

Las ganas de proceder y el tiempo del que se dispone muchas veces son incompatibles y esa es justamente la razón de mi distanciamiento con este lugar, en los últimos meses.

Extenuada física y mentalmente y con frecuencia bloqueada por las obligaciones laborales (que se han multiplicado), no tengo nada que contar o no encuentro la forma de hacerlo porque he perdido la capacidad de construir frases con sentido, pero como desde anoche me están invadiendo pensamientos que me necesitan para hacerse visibles, me preocupa menos que no me entienda nadie, amparándome en que es el día de mis disparates y que hoy todo vale.

También he dejado de visitar otras casas con la constancia que solía abundar en mí en otros tiempos (remotos). Lo que escribís me parece tan bueno, que soy incapaz de encontrar la coherencia necesaria para hacer un comentario digno de lo leído, o responderos cuando pasáis por el desván… Que menos que dar las gracias.

Esto me ha valido varios pensamientos concluyendo en que a fin de cuentas cada cual hace su particular interpretación respecto a mis palabras. Para matizar estoy yo, cuando lo estoy.

No es casual que haya decidido escribir esto precisamente en mi último domingo (bloguero) del año. Pensaba permanecer ausente una vez más, hasta que he dejado de darle relevancia a la sensatez para que fluya libremente lo que me ronda.

Todo va a continuar igual por aquí, con días, días y más días, pero al menos, ahora sabéis que hay motivos y que me encuentro en un proceso de “asimilación de cambios”, y en numerosas ocasiones de profundo desencanto.

Hasta próximos encuentros, en estos lares u otros, procuraros mucha felicidad.
Nos vemos.

11 diciembre 2011

Vocablos

Jardín de infancia (segundo, tercero o cuarto desdoblamiento laboral… he perdido la cuenta).
Niña de cuatro años acude a mí con la cara descompuesta y acierta a decirme con tristeza “Daniela, “C” me ha dicho poligota”.

“C” es la mejor amiga de la niña, van al mismo colegio y siempre acuden al particular jardín de infancia juntas, mientras sus madres departen sobre sus cosas en una cafetería o aprovechan el tiempo haciendo algunas compras.

"C” ha cumplido los cuatro años hace unos días, y desde que no es la más pequeña de su clase (en edad) se siente tan mayor como los son sus compañeros y ha dejado de vivir atormentada por los años.
Desvío la mirada hacia “C”, que juega con un poni inflable al que llama Alexander, distraída.

Me agacho para ponerme a la misma altura de la niña compungida: “Políglota, “C” te ha llamado políglota y no es nada malo, al contrario, significa hablar muchas lenguas… idiomas (me corrijo para que me entienda bien y no haga interpretaciones literales de mis palabras, absteniéndome de explicarle el origen del término).

Le pregunto a “C” si ha llamado a “I” políglota y la niña asiente tímidamente con la cabeza, con el temor reflejado en la cara en espera de una reprimenda que no llegó, por haber utilizado (pensando que le estaba diciendo algo mucho más grave a “I”) aquella palabra, que a saber de qué contexto la habría sacado.

Hay palabras malsonantes, feas al oído de significado mucho más ligero que su sonido o su representación fonética y que algunos utilizan como arma arrojadiza.






27 noviembre 2011

El favor


Después de una noche de entrega mutua, al cabo de veinte años se encuentran casualmente. Los dos abandonaron el lugar donde se conocieron hacía años, perdiéndose la pista.

Aquella noche fue la única que pasaron juntos.
Los días que la sucedieron en los que coincidieron en espacio – tiempo, solo se saludaron amistosamente sin mencionar lo acontecido.
Ella dejó de ir a comprar a la frutería cuando se mudó a otro barrio; él dejó de vender fruta en la tienda de sus padres en el último año de Derecho.
Muchas veces pensaron en esa noche que no desvelaron a nadie, sintiéndose unidos por el silencio que no romperían nunca.

Una ciudad distinta, una cafetería cualquiera. Una mirada distraída y ellos de nuevo. Él tomándose un café; ella desayunando en una mesa. Se sonríen en un instante, en un instante aquellos días vuelven...

-¿Qué haces, estudias, trabajas…?
Esa fue la señal de que lo que ella sospechaba desde hacía algún tiempo cobraba sentido en las mejillas rojas del chico. Le gustaba y a ella le hubiera gustado que él le gustase, pero solo le parecía simpático y amable. No le atraía en modo alguno, pero le ilusionaba ser objeto de sus pensamientos. Estaba sola, muy sola, para desmerecer a quien bien la mirase.

Una fiesta en la piscina municipal inaugurando temporada; un vestuario y demasiadas cosas que darse. Ella se sentía en deuda con él por el amor que la dispensaba y quiso recompensarle cediéndose a sí misma, conocedora de lo frustrante que era a la edad de ambos no anidar en el corazón de por quién se suspiraba.

Compartieron un refresco, bebieron de sus bocas.
-Esto no cambiará nada. Es lo que deseabas y yo quería grabar en tu memoria. Mañana volveremos a ser quienes nos hemos olvidado que somos.
La hubiera replicado. No era eso lo que anhelaba, no lo único que buscaba, pero aún quedaba noche por delante para convencerla de que se quedara a su lado.

Él se acerca a su mesa.
En los primeros minutos, observándose con curiosidad se resumen sus vidas: él está casado y tiene dos niños; ella se separó y vive con su gato.
-¿Sabes? No nos hubiera ido mal juntos.- Entonces ella ni siquiera se lo hubiera planteado.
-No me querías…
-Te habría querido te lo aseguro, pero…
-No te habrías enamorado de mí y para ti el amor es fundamental para que las relaciones funcionen, aunque sea justamente lo que hace que se terminen por exceso o falta de él. No aspiraba a tanto, me hubiera conformado con estar contigo de la manera que hubieras elegido.
-Mis viejas creencias han variado….Lo fundamental no es el amor es encontrar a alguien que te quiera.
-Te doy esta noche. Te devuelvo el favor. Para mí no significará nada, pero es el recuerdo al que acudirás cuando te sientas sola.

En la puerta de la cafetería se despiden con un abrazo.
Él le ha anotado en una servilleta la dirección del hotel donde se hospeda.
-Si lo necesitas, ven a verme.

Encierra la servilleta en su puño.
Algunas lágrimas aparecen en sus ojos y en su mente, Roy Orbison interpreta aquella canción del día después.




20 noviembre 2011

Tiempo



Agotada física y mentalmene por las horas prestadas a la "causa laboral", si me dieran a elegir entre aumentar la retribución mensual o días libres, me quedo con lo segundo.


No hay dinero que pague el descanso ni la tranquiladad de no tenerlo que tener todo bajo control para que nada falle.


El tiempo pasa y el mío se escapa...








13 noviembre 2011

PreCampaña


Empieza la precampaña oficialmente, lo que equivale a que los partidos promocionen sus candidaturas ajustándose al periodo establecido para ello, los quince días anteriores a unas elecciones. Sin embargo, tengo la sensación de que con las misivas que se dirigen “los del puño cerrado”, “los amantes de las aves” y demás participantes en esto de hacerse con el poder, continuamente, aún no he vivido un solo día de mi vida consciente (a partir de los tres años desde mi nacimiento y cuando no estoy durmiendo) sin campaña electoral.

El “equipo rojo” cree fehacientemente que permanecerá unos años más al cargo del cortijo, confiados ellos… Todavía no se han dado cuenta de que cada ocho años los españoles cambian sus chaquetas apolilladas por otras que no saben cómo les sentarán.

El “equipo azul”, por otra parte, cree que son los héroes que salvaran y liberaran a la nación (el concepto lo tienen asimilado como el conjunto de españoles capaces de decir “O sea, ya sabes” en la misma frase siete veces) de los plebeyos adinerados que se han cargado España en los últimos años.

Los votantes de los supuestamente “salientes” piensan que las circunstancias no han sido las idóneas para gobernar el país y que hay que hacer uso de la empatía y comprender que se ha hecho lo mejor posible dada la situación global por la que atraviesa el mundo y parte del universo.

Los votantes de los hipotéticos ”entrantes” niegan la existencia de una varita mágica que lo solucione todo en un “tris” si su candidato llega al poder. Consideran que hay que dejar pasar un tiempo prudente de cuatro a ocho años antes de empezar a ver resultados positivos. Ponen el parche antes de que se pinche la rueda.

Veo el debate televisado entre los cabezas de lista, solo el primer asalto, en el segundo me quedé dormida y no porque no me interesen las propuestas de los unos y de los otros, sino porque me aburre soberanamente que tanto el de los "ojitos estreñidos” como el de los “ojitos de ternero degollado” rememoren el pasado insistentemente con tono acusatorio.
Cierto que para entender la situación actual hay que tener en cuenta la historia, pero podrían haber aprovechado la concesión de minutos en la televisión para exponer su programa (en el caso del de los “ojitos de ternero degollado”, no negarlo y justificarlo) en lugar de recriminarse hazañas vistas desde dos realidades distintas.

Tengo claro el voto (las mujeres se lo debemos a Campoamor, los hombres a haber nacido hombres) y mis ideas (en política lo tengo todo bastante claro, pese a que a veces todo parezca difuso).

No cambio mi vieja chaqueta por ninguna nueva que parezca mejor, aunque comprendo que hay quienes lo hagan dependiendo de la conveniencia. Los intereses de cada cual prevalecen por encima de los ajenos… para algunos no hay más ley que esa.

Critico lo que me toca y lo que no querría que me tocase ni de lejos, partiendo de la base de que los errores están al acecho y una vez se cometen, reconocerlos es esencial para subsanarlos.

Conozco los resultados de antemano, no porque tenga dotes clarividentes, sino por la tendencia de las últimas décadas y sé que ocurrirá en las próximas legislaturas.
Somos un país previsible, en eso, no cambiamos.

30 octubre 2011

Padres

Desde hace unos meses, por razones laborales, parte de mi mundo es un jardín de infancia, donde los niños disfrutan de su edad, en un espacio repleto de colores, música y fantasía.
A los papás de las criaturas, se les puede clasificar en cuatro categorías distintas, analizando el comportamiento que tienen respecto a sus hijos:

PADRES “PASODETÓ”: son los que creen que los “accidentes” se dan porque no se tiene los cinco sentidos puestos en lo que se está haciendo y si sus hijos lloran porque se han caído, les dicen enfurruñados: “Haber mirado por donde andabas, que ojos tienes en la cara”. Concluyen su alegato ajenos al padecimiento del niño con rotundidad: "¡Y no me llores más o te la ganas”.

PADRES PROTECTORES: Instintivos y los más comunes (para fortuna de muchos). Consuelan a sus hijos mimosos cuando lloran, hablándoles sobre algo que saben que les gusta, para que se olviden del motivo de su tristeza.
Si el llanto es motivado por una disputa con otro niño, instan a sus hijos a que solucionen las diferencias, promoviendo el concepto de amistad, o a que jueguen con otros niños menos “agresivos”, después de haber hecho uso del perdón.

PADRES SUPERPROTECTORES: son aquellos que no quitan el ojo de encima al niño y acuden a su encuentro desesperados, si estos se tropiezan, con un inmenso sentido de culpabilidad por no haberlo podido evitar, aunque el niño no se haya quejado.
Suelen fotografiarlo todo. Así, es habitual ver en sus álbumes “la primera caquita” o “el primer moquito” del niño, que enseñan a los invitados con orgullo y les explica cómo ocurrió emocionados.
Su lema es: “Que no roce el viento a mi niño/a o se las verá conmigo”.
Por sus hijos ma-tan.

PADRES SUPERHIPERMEGAPROTECTORES: para esta tipología, los hijos son reyes por gracia de Dios y aquel que ose mirarlos siquiera, serán ejecutados inminentemente.
Su sobreprotección es tan extrema, que no reconocen los errores de sus hijos y todo lo malo que les sucede es por culpa de los demás. Corruptos todos.
Los hijos son tímidos, llorones y faltos de gracia, algo semejante a un trozo de carne inerte con un dispositivo que se activa si pisan una piedrecita, haciéndoles llorar entre cien y ciento ochenta y tres veces al día. Estos niños nunca ríen.

Jardín de infancia.
Tres madres (A, B y C) amigas y con carrera universitaria (aunque no con profesión) van a recoger a sus retoños de cuatro años.
Los retoños “A” y “B” juegan a “buenos y malos”. “A”, es la buena; “B” es la mala. “B” ha raptado a “A” en un castillo (según la imaginación de ambas) y no la deja salir. “A” empieza a llorar al cabo de un rato (de impotencia por no ser tan astuta como “B”) como si la estuvieran depilando las ingles con cera.
Madre superhipermegaprotectora “A”, oye el llanto y se inquieta con cara de espanto (tragedia griega): “¡Qué llora mi niña, que llora mi niña! ¡¿Dónde está mi niña?!”
Grita a “B” que deje pasar a “A” y cuando está aparece detrás de “B” llorando a moco tendido, madre “A” corre a socorrerla cuan si se estuviera atragantando con un calamar y ese fuera el último aliento de la niña en la vida.
Madre “A” le grita a “B”: “¡Eso no se hace!”
Mi perplejidad aumenta (observando lo que acontece al lado de otros padres del tipo “protector”) al oír a madre “A”, decirle a “B”: “¡Pero cómo puedes hacer sufrir de esta manera a una niña de cuatro años!”.

“B” permanece desolada y en silencio. Su madre, “B”, la reprende disgustada: “Ya no volvemos más. Te estás portando muy mal. No me gusta tu actitud”.
El niño “C”, se pronuncia inoportunamente: “ “B” me ha tirado de la camisa”. Madre “C” mira a “B”: “Por tu culpa “C” no se lo ha pasado bien”.

Miro a los padres “protectores”, mudos y asombrados. Algunos se llevan las manos a la cabeza. Intervengo.
-Es un juego. “B” no ha hecho nada malo. Siempre se porta muy bien (conozco a la niña, es un sol).

Las madres “A” y “C”, me fulminan al instante, sobre todo “A” descendiente de Torquemada con toda seguridad.
Entiendo en ese momento que madre “A” padece algún tipo de desequilibrio mental serio, que la vuelve agresiva cuando a su “reina” le da por llorar (por pura impotencia, debo decir). De otro modo no me explico tanta crueldad y maltrato psicológico (por parte de las tres madres) a una niña pequeña, a la que en cinco minutos dejaron a la altura del asfalto.
Lo que vi en los ojos de “B”, sí fue sufrimiento, en los ojos de “A” solo “mamitis crónica”.

Si la madre “A”, cree que un juego es hacer sufrir a su hija, no conoce el mundo que le espera a su pequeña.

Solo me queda compadecerme del primer “amiguito” que tenga la niña, al que me imagino mutilado. Le acompaño en el sentimiento desde ya, por la gran pérdida de uno de sus miembros.

23 octubre 2011

Devaluación

“Avance” equivale a buscar la mínima expresión tecnológica existente, reducirla al máximo, y propagarla hasta que algún otro pensante se le ocurra hacer invisible aquello que nos hace más práctica (cómoda) la vida, para que parezca que todo ocurre por arte de magia (trucos).

Será que el hombre (entiéndase como género humano, no como ser con pellejos colgantes) se observa demasiado así mismo después de un largo baño y quiera imitar la rugosidad de su cuerpo (encogimiento) en la cotidianidad de su día a día.
Cada vez las cosas las hacen más pequeñas (ordenadores, cámaras fotográficas…). Ese hombre subido al avance, está obsesionado con el tamaño y minimiza todo cuando cae en sus manos. Lo mismo ocurre con el lenguaje, con lo que les costaría (supongo que fue un esfuerzo y que no nacieron lumbreras) a nuestros antepasados perfeccionar el sistema comunicativo que otros (venidos al mundo antes que ellos) crearon, llega la era moderna y nos cargamos el vehículo (idioma) de una patada.

Conversación con móvil (ese instrumento cuya función original era mantener en contacto a las personas, ahora hacen fotos; controlan tu casa; activan alarmas; te avisan de si los ladrones te están robando y te enseñan la imágenes; te dicen cuando el papel higiénico se ha acabado para que compres más… en fin un auténtico despropósito) entre chica y éter:

-… que paso de ti, tío, y de tus pollos…
-…
-… que lo dejamos y ya está.
Fin de la conversación.

Hago uso de la empatía: romper una relación es muy duro, sobre todo cuando llevas mucho tiempo (día y medio) junto a esa persona que tantas veces te ha hecho reír y los últimos diez minutos enfadar hasta considerar que es lo más odioso que te ha ocurrido en la vida y que desgracias mayores no imaginas (por corta, no porque no existan).
La rotundidad es esencial para que el contrario capte el mensaje y le quede bien claro que no habrán segundas partes…

Pienso en otras épocas, pienso en Goethe (en sus Afinidades electivas), en Sthendahal (“No soy de la madera de que están tallados los grandes hombres, puesto que temo que ocho años empleados en ganarme el pan puedan quitarme la sublime energía que impulsa a realizar grandes hazañas”. Rojo y negro); en Dickens (“Pero tú me dijiste (…) ¡Dios te bendiga y Dios te perdone” (…) y si entonces pudiste decirme eso, ya no tendrás inconveniente en repetírmelo ahora, ahora que el sufrimientos ha sido más fuerte que todas las demás enseñanzas y me ha hecho comprender lo que era tu corazón. El sufrimiento me ha roto y me ha doblegado, pero espero que me ha hecho mejor. Sé considerado y bueno conmigo como lo fuiste en otro tiempo, y dime que seguimos siendo amigos”. Grandes esperanzas) y hasta en Jane Austen (“Me temo que usted esté deseando desde hace un rato que la deje sola y no puedo alegar como excusa de mi permanencia aquí más que mi interés, verdadero, aunque inútil; ¡Ojalá pudiese decir o hacer algo que sirviese para consolarla en su aflicción! No quiero atormentarla con la expresión de unos deseos ineficaces, que parecerían buscar únicamente su agradecimiento (…)” Orgullo y prejuicio) y echo de menos la elocuencia de quien quiere ser escuchado; la elección de las palabras y el buen uso del idioma… ese que estamos matando, porque resulta más rápido simplificar que ejercitar (la mente).
Así andamos, con agujetas mentales cuando conjugamos dos verbos en una misma frase.

16 octubre 2011

Flautas

Silencio.

Como no puedo mejorarlo, voy a empeorarlo, consciente de que la flauta de pan para algunos es crispante... aun así me arriesgo.




Hay cosas que no me explico de mi misma, mi simpatía por esta flauta es una de ellas.

Los sonidos me envuelven (figuradamene, de otra forma sería agresión) en una tul suave que al rozar la piel se torna caricias (ahí queda eso, para consideraciones ajenas) y en el estómago aparece ese cosquilleo que algunos sentimos cuando nos peinan el pelo con los dedos (y no es el peluquero).







09 octubre 2011

Rom y Juli

Romeo y Julieta me parecian unos sosos hasta donde tenía conocimiento sobre ellos y pese a que me entusiasmó la visión de Baz Luhrmhann en la versión moderna del clásico (está claro, que por Romeo) que dirigió, mi consideración no varió demasiado.

En estos días estoy leyendo un libro que tiene mucho que ver con la historia de los simplones y que ahonda en la posibilidad de que Shakespeare (lo he escrito sin mirar, a mi misma me pongo por testigo), se sirviera de testimonios documentados para recrear el romance de los enamorados.

Divagando esta mañana sobre estas cuestiones mientras barria el balconcito de mi pisito (la altura a la que me encuentro del suelo es ideal para que un molzabete trepase por la hiedra de la pared en caso de que la hubiera... sino es fácil también acceder a través de helicóptero) veo a mi vecino pasar corriendo por la acera de enfrente (como hace todos los días del señor) y nos saludamos.

Pienso inmediatamente en Romeo y Julieta y en que hay personas que padecen su síndrome.
Pertenezco a la misma generación que el vecino atleta. Nos hemos criado en lugares distintos que han influido sobre nuestra percepción de la realidad.
Él cree que hay que casarse para tener una familia y no le importaría hacerlo por la iglesia, que es "lo suyo"; declarándome una romántica de la antingua usanza, el amor no se ata, se deja libre para cuando se quiera ir, solo cierre la puerta muy despacio, para que nadie lo oiga salir.

Conozco parte de su historia (la gente me cuenta sus vidas aunque yo no les pregunte sobre ellas), por eso sé que ha dado amores por perdidos solo porque las cosas no iban al ritmo que él marcaba y en lugar de esperar hasta que la otra persona le alcanzara, ha abandonado.

Ver imposibilidades donde no las hay porque no somos capaces de asumir determinadas situaciones adversas nos convierte en bobalicones orgullosos. No nos confundamos en ninguna fiesta de disfraces donde nada es lo que parece, y todo lo que parece es.
Si nos dan calabazas, tal vez haya que cambiar de táctica y si las calabazas siguen cayendo, otros peces habitan en los rios.







25 septiembre 2011

Máquinas expendedoras de riñas




Profundizar en las reuniones exprés que cada mañana tienen lugar a la entrada del "edificio" donde trabajo, entre las empleadas que apuran el cigarro antes de abrir el cortijo correspondiente, estaba en mi mente.



No fumo ni desayuno fuera de casa (teniendo leche en la nevera y galletas en el armario, invertir tiempo y dinero en departir con otros seres adormilados, y sabida mi falta de sociabilidad previa a la ingesta de alimento alguno, seria una insensatez social y económica, que es la que me preocupa), pero participo de algunas de esas conversaciones cronometradas, cuando llego a la puerta con el último minuto adherido a esa parta prominente de los dorsos bajos.



Dejo el tema para otra ocasión, sin tengo menester. Hoy no toca.


Dos afirmaciones han cambiado el rumbo de mis intenciones domingueras.



Un pensador concienzudo, considera a las mujeres "máquinas de reñir", debido a un "defecto genético".



Paso por alto la incongruencia del popurrí de conceptos elegidos por el pensante para parecer divertido y entro en materia: quien mucho es reñido (por la de al lado), escasa inteligencia manifiesta y en su incapacidad de encontrar argumentos sólidos que rebatan sastifactoriamente voluntades firmes, llevados por un infantilismo rimbombante, denosta a quien sí sabe llevarlos puesto.



No haré de la entrada una batalla campal entre unos y unas, aunque me apetezca el tira y afloja implícito en la misma, mi juicio no lo permite: ni nosotras somos complicadas ni a ellos hay quien no les entienda. No comparto estas creencias universales tan extendidas en el mundo moderno.



Lo de los manuales para humanos ha pasado a la historia y de moda. No son necesarios para comprender al contrario, pese a lo recurrente que resulta mencionarlos cuando no se sabe asimilar una situación (en la que participan dos), o hemos perdido el partido por goleada.



Hombres y mujeres no son iguales; (no hay más que ver a quienes afecta antes la fuerza de la gravedad desde la niñez, es obvio que nosotras la carne la tenemos más sujeta al cuerpo y menos cerca del suelo), nuestra tendencia es distinta (cada cabra tira a su monte), pero coincidimos en generalizar comportamientos particulares a los que ni siquiera pasaban por allí... No todos, claro, solo algunos y algunas que superan en número a los que no hacen extensibles al resto de los morales su apreciación hacia alguien.



No somos máquinas de reñir, solo susceptibles de expresar acaloradamente nuestro pensamiento (llamemoslo apasionamiento argumental) y nuestra genética solo es defectuosa si entra en contacto con otra genética de igual imperfección... Qué ancha me he quedado (según RAE, orgullosa, envanecida y ufana).





Nota aclarativa: la imagen elegida es un tópico en el que no creo, aunque a veces se me antoje una realidad.



18 septiembre 2011

Cada loco con su...

Haciendo uso del índice sobre el cuadrante numérico del mando a distancia, Aceves (el astrólogo – vidente – clarividente - visualizador futurista – tarotista – naipista - pokerista…) aparece en pantalla y le dejo quedarse un rato en casa.

Llama una señora a la que el de la cara agria le toma nota del signo del zodiaco y de la edad en una libreta con finalidad nula.
La señora quiere saber “si acabará sus días acompañada”. Sin barajar las cartas, las va poniendo una por una sobre la mesa.

-Sí y no –Respuesta del argentino-. Te explico. Dentro de tres años te casas, pero tu vida termina a los 87 años. Acabarás tus días sola porque te quedarás viuda dos años antes, pero estarás acompañada ese tiempo.
-¿A los 87 años? ¡Qué vida más corta! Pero si mi madre murió a los 90.
-Tu mamá aguantó más que tú. Es el tiempo que tienes en la tierra.
-Tengo 85 años, no me puedo casar y quedar viuda cuando dice porque estaré muerta.
-Quien dice tres años, dice dos. Te casas dentro de dos o tres años. Es lo que dicen las cartas. Las cartas no mienten. Buenas noches, te mando un abrazo.

La señora solo quería saber si iba a encontrar a alguien porque se sentía sola, sin ni siquiera plantearse el matrimonio, “tener a alguien” con quien compartir sus días y con una bestialidad y crueldad sospechables en el personaje, le desvela el insensato (para quien crea en estas cosas) la fecha de caducidad de la vida de la interlocutora.

Me imagino a la señora celebrando su 87 cumpleaños en un discoteca en la que conoce a un hombre al que le dice: cásate conmigo mañana, que no nos queda mucho tiempo… por cierto, te mueres en cinco o seis días, que lo sepas y yo seré viuda hasta que te siga en uno meses.
Después de ti, no habrá más hombre, por falta de tiempo más que de ganas.

Para tirarle de los pelos que no se ven debajo de la mesa y retorcerle los… Eso.

11 septiembre 2011

Millonarios

Conocida cordial a la que me une además relación laboral, se pasa por el trabajo a saludarme, como hace cada vez que viene al pueblo.

Andaluza de Cádiz y profesora de logopedia en Badajoz, conserva el "ceceo" y el salero de su tierra... Ya sé que no todos los andaluces son garbosos, y hasta alguno serio (al puro estilo catalán) se encuentra, pero "ella" es de las andaluzas llenas de vida que hacen de sus días una fiesta continua. Es un auténtico fandango.

Conociendo desde hace poco años la década de los cuarenta, afirma que "manoz fríaz, amorez de un día", y se aplica el dicho disfrutando de garbeos que empiezan a las doce de la mañana y se alargan hasta el día siguente, entre tapitas, comidas, copitas y risas.

Habla sin respirar, atropelladamente, jugando con uno de sus rizos negros y los ojos abiertos como ventanas a los que se asoman sus pensamientos.

-Daniela, que io también ce hablá bien. Cuando eztoy con miz niñoz me quito el acento para que me entiendan y no ce confundan.

La he oído "hablar bien" y la prefiero manteniendo su identidad propia y sin la existencia de las "S" en su vida, que es donde reside su encanto, que pronunciando palabras "correctamente" y perdiendo su habitual espontaneidad. Es como si fuera una persona inventada.

Departimos sobre los gastos que genera tener vivienda propia y lo cuesta arriba que se hace abordar el final del mes airosamente.
No debería quejarme tanto, porque cuando adquirí mi pisitio asumí lo que supondría económicamente en mi vida, pero después de dos años, dos meses, once días y cinco horas viviendo "al límite" de mis "posibilidades", echo de menos no poder ahorrar como hacía antes. Y si a final de mes queda algo, lo acabo invirtiendo en el pisito de mis ojos.

-¿Zabez lo que nececitamoz, Dani? Un millonario que noz rezuelva la vida y que viaje mucho por zi ez feo, no tenerlo que ver todoz loz díaz.
Nos miramos incrédulas.
-Nooo .-Coincidiemos a la vez.
-Mis gastos los pago yo. Quiero un millonario que me lleve de excursión a su mansión al que no le deba favores, que luego son susceptibles de pedirte lo que se les antoja y por compromiso, cedes a sus caprichos .-Apostillo... No me gusta el exceso de dinero.
-Ci ez guapo que me pida lo que quiera pero zolo una vez, que me canzo cuando repito.

La conversación no acabó ahí. Confeccionamos una lista de lugares supuestamente frecuentados por millonarios, a los que podremos acudir cuando hayamos reunido el dinero suficiente para al menos ver a alguno de cerca. Existir, existen, veranean durante todo el año.

Aclaración: mi interlocutora no habla con la Z, pero el sonido que produce al pronunciar las "S", es muy parecido al de esta letra y como fonéticamente no sé representarlo, he tomdo el camino más cómodo y corto.






04 septiembre 2011

Real

Recupero una entrada de hace tres años, modificada con los nuevos conocimientos adquiridos respecto a la historia y al hilo de la biografía que estoy leyendo sobre un "real", muy "real".





Relatan que Cata se enamoró de Quique, el hermano de su difunto marido, cuando salían en pandilla siendo ambos muy jóvenes, aunque ella un lustro mayor que él. Quique (que por entonces buscaba mujer seria para formar una familia, que además se ocupara de la casa y de tener preparado el plato de comida caliente encima de la mesa, cuando llegara exhausto del arduo trabajo de todos los días), encontró en su cuñada a la candidata perfecta (pues Sarah Palin permanecía suspendida en la nada) para sus fines.


Mujeriego por naturaleza, su condición de hombre casado no era incompatible con el placer que mujeres de moral distraída le proporcionaban, fascinadas por sus músculos de Schwarzenegger.



Cata, que los pelos que tenía no eran de tonta, sospechaba que su marido, aquejado de fuertes jaquecas en los últimos tiempos, alternaba con mujeres de pensamiento libre y cuerpos dispuestos, sufriendo en silencio (como sólo se pueden sufrir las hemorroides cuando no se comparten con un confidente) su amargura.
Cuando su hija Mari tenía edad suficiente para ir a preescolar, contrataron a una asistenta que ayudara a Cata en las tareas domésticas y así ésta dispusiera de más tiempo para hacer ganchillo.




Ana, Licenciada en Turismo, era joven, casi guapa y dominaba tantas lenguas como países había visitado, lo que hizo que Quique pronto sucumbiera a los encantos de la muchacha de forma distinta a como lo habría hecho ante cualquier mujer que no fuera ella, por lo que debía emplear otros métodos para conquistarla. Así empezó a dejarle notas con versos escritos colgados de la pared o en el interior de los armarios, con la precaución de que Cata no las encontrara y se hiciera ilusiones sobre el fuego de la chimenea.


Al principio Ana se mostraba desconfiada y altiva, pero paulatinamente fue predisponiéndose hacia Quique, hasta que transcurridos unos meses, no pudo ocultar más tiempo que estaba enamorada de su jefe y de su cuenta corriente, y en un encuentro fortuito en el aseo, se lo comunicó:
-He luchado contra un sentimiento que gustosa recrearía en ti, y que en la distancia seguiré padeciendo, pues no soy mujer de segundos platos. Decide si deseas para nosotros el platonismo que conocemos, o la consagración de nuestro amor en actos que ignoramos y nos harían felices.


Quique no tomó más de dos instantes en decidir ponerle fin a su unión con Cata, y esa misma tarde interpuso la demanda de divorcio.


Obtenida la nulidad eclesiástica (las cosas bien hechas, bien parecen), Quique y Ana se casaron, tuvieron a la bebita Isa, y como todo lo fugaz con cimientos inciertos sobre tierra poco firme, los días felices (pasión descontrolada) pasaron, llegando las desavenencias; las discusiones; los rumores malintencionados; la falta de confianza y el arrepentimiento de ella por dejarse seducir, hasta el punto de perder la cabeza por un hombre. Ese fue su error.


Quique se volvió a casar con Juani, (sabido es por muchos que el hombre es el único animal capaz de tropezar dos veces con la misma piedra y que le produzca placer infinito), enamorado hasta el tuétano de ella. Sin duda la mujer de su vida, a pesar de que ella tuvo que marcharse. Después de enviudar de su esposa más querida, cuando ésta alumbró a Edu, reincidente, contrajo matrimonio con Anita, mujer pudiente que aumentaría sus bienes, pero cuyas marcas de varicela mal tratada, le alejaron de su marido, encontrando éste en los brazos de Cati H. un matrimonio más que le facilitaran el camino hacia el record Guiness.


Consciente de las infidelidades de su esposa, determinó cortar por lo sano, una vez más.


Haciendo borrón y cuenta nueva, concluyó su peregrinaje hacia el lado femenino con la tercera Cata (P) a la que en matrimonio se unió, y debido a que la vida Quique acabó antes de formalizar una tesis sobre “El comportamiento de la mujer en el matrimonio y fuera de él”.






Para quien se haya perdido o no se haya encontrado desde el principio, Quique es el mismísimo Enrique VIII (de la casa Tudor) y ellas sus pacientes esposas.

He omitido la situación política del momento (a matarse estaba Inglaterra con Francia y España); los tejemanejes de cierto curilla con mucho poder; las amantes que tuvo, entre las que se encontraba la hermana de Bolena A.; las traiciones y castigos...

Una historia fascinante, pese a que no me hubiera parecido nada fascinante formar parte de ella.





28 agosto 2011

Al otro lado


A veces me siento a mirar la luna y a pensar en nada
La noche, las estrellas y yo.

Nada se desvanece y sé que alguien estará mirando la luna
desde de otro lugar.
La noche, las estrellas y él.




21 agosto 2011

Perlas

Año, 1976, joya musical dispersa.


Época de transiciones y liberación social en la que se empiezan a dejar atrás ciertos remilgos, nada beneficiosos para el conocimiento profundo entre ellos y ellas.


Otra estética, otro modo de enfocar las situaciones a las que la vida nos somete, cuando avanzamos en ella.


Obviando la interpretación vocal, el dramatismo que este dúo utiliza para tratar la necesidades amatorias de la pareja, es el reflejo de lo que para hombres y mujeres significaba "ir más allá": para ellos el "momento esperado por fin llegado", para ellas, un conflicto moral olvidadizo hasta "después de..." y al que sucumbirán reiteradamente.





Corría el mismo año, segunda joya musical dispersa.

Tapujos fuera. Exhibicionismo de sentimientos públicos. Explosión de pasiones.

Libertad lograda.











14 agosto 2011

Va de cine

Entre contracciones del universo (Teoria del Big Crunch); efectos mariposa; japoneses con concepciones acerca de la realidad muy afincadas en su fuero interno y mundos oníricos ha versado mi mundo “cinematográfico” estos días.

La fogata que se hace en un bosque puede ser el inicio de un romance trágico: el humo se eleva hasta el cielo, el viento lo desplazará hasta la noche y la noche lo acogerá para que ascienda en secreto a la capa de ozono y en cualquier otra parte del mundo, a consecuencia de esto, un rayo de sol cargado de maldad ultravioleta, quemará la piel en la playa de un rubio muy blanco en su primer día de vacaciones, y una morena autóctona, se compadecerá del clarito y le prestará su loción “After Sun”. En el contacto visual surgirá el amor, y el desamor llegará al cabo de los años: el rubio achicharrado se tirará de un puente al descubrir a la morena distrayendo su moral con chico de anuncio sin barriga ni pretensiones de presumir de ella. El efecto mariposa y su forma de trastocar la vida de seres que serían más felices sin el aleteo de insectos con antenas… o no.


Mientras esto ocurre, es posible que el universo se haya empezado a contraer. Según me ha explicado UNO (esto ocurrirá en varios millones de años), el universo se expande cuan huevo frito sobre aceite muy caliente, y llegado a un límite, empezará a contraerse hasta su origen, el Bing Bang, dejando de ser todas las cosas lo que han estado siendo (no preciso en que parte del proceso nos llega el turno a nosotros) . A esto se le llama Big Crunch, y no tiene nada que ver con chocolates, mal me pese. La idea de un Crunch gigante me entusiasmaba. (Las vidas posibles de Mr. Nobody).




En Japón habrá alguien que piense que la vida tiene tan poco valor, que la de los demás le será prescindible y tomará medidas drásticas al respecto. Para encontrarle el sentido a la existencia, es indispensable que en la infancia nuestros tutores (padres) nos enseñen que matar no está bien, o al menos que se lo enseñen a los niños japoneses que aparecen en cierta película, como mentes retorcidas que rozan el sadismo. Pretender el reconocimiento público de aquello en lo que destacamos tiene sus límites, si apreciamos nuestra vida y somos capaces de apreciar la de los demás por extensión. La redención de nuestros malos actos, será el sufrimiento, aunque sea en balde. Sufrir es remedirse. Vengarse, perdonándole la vida al sujeto aunque se le haya hecho creer a éste que se está muriendo poco a poco o que lo que más quería en la vida ha desaparecido, es ponerle al borde de colapso. Matarlo sutilmente. (“Confessions Kokuhaku”).



Alguna vez me ha pasado que he tenido un sueño dentro de un sueño, del que me he despertado dos veces. En esas pocas veces, al despertar del sueño, no he sabido hasta que punto lo soñado era realidad. He tenido que levantarme, con el corazón agitado y el temor de que lo vivido intensamente no fuera una ficción creada por el subconsciente sino las circunstancias del momento, y he caminado por la casa encendiendo todas las luces para comprobar que diferencias había entre el sueño y la noche anterior. Ninguna. Solo se trata de cortometrajes en los que vivimos de otra forma la vida y al despertar, nos queda la sensación de que lo que hemos presenciado es tan real como lo que hemos sentido mientras dormíamos. (Origen).




Para los amantes de historias nada fáciles de entender, que les apetezca perderse y volverse a encontrar delante de la pantalla y plantearse después viejas ideas universales, tres películas de las que no te dejan indiferente, independientemente de lo que te hayan parecido. Las he visto en la misma semana y desde entonces, los pensamientos me tienen muy distraída. Solo para valientes.