27 febrero 2011

La historia terminable

El vecino basurero deambula por la calle. Ha sido un día duro. Los ojos le escuecen y algún pollo ha cambiado por polla y viceversa.
Errores humanos. Todos los cometemos.

Piensa en la mala mujer. La atleta improvisada se la ha recordado. Debería llamarla y decirle que los corazones son propiedad privada y no se pueden robar. Será lo primero que haga al llegar a casa. Oír su voz.
-¿La revancha?
Pregunta Yara poniendo la misma cara que en las últimas 70 revanchas.
-Porfa Nenuco.
-Tú ganas. Me tienes aburrido. Ni una más. ¿Qué quieres?
-Quiero...

Mira a su alrededor, se acerca al propósito y le susurra algo al oído...
Maldita sea, a penas se ha girado ha relampagueado, mala señal. Ya se lo estaba indicando su pata mala. Inevitablemente el abrumador sonido del trueno avasalla el silencio de la noche. Maldita sea. El viejo acelera su andar, no son más de veinte pasos pero pinta mal.
¿Que fue eso?
¿... y eso otros?
Maldita sea, ya caen enormes goterones, seguro que eran cómplices de algún diluvio. Seguro que llega a casa empapado.... y la tipa esa, la corredora, ya puede empezar a echar una de sus carreras, ya puede porque con la que va a caer se la va a mojar hasta el alma.
La mala mujer contesta al teléfono.
-Mala, ladrona de corazones.
-¡Trajano! ¡Qué sorpresa, lindo! Oye no me tengas en cuenta aquello, hombre, que ya ha pasado mucho tiempo y últimamente los días parecen que van más deprisa.
-Te llevaste mi corazón, mala mujer usurpadora.
-No, no, no. Lo cogí prestado, pero pensaba devolvértelo cuando estuviera listo. Ya sabes que mi hermano es brujo o algo así, bueno, pues se lo llevé al diablo para que lo hiciera más grande y cupiera todo el amor que tengo para darte. Lo hice por nosotros, lindo mío.
-¿Y los otros hombres?
-Ninguno de importancia, pasatiempos para olvidarte, pero eso es imposible, mi lindo.
-Ah bueno, si es así... si eso volvemos, pero me tienes que devolver el corazón.
-Trato hecho.
No hay mujeres malas, solo percepciones disparatadas.

Todo ocurre en un instante.
El propósito la mira con cara rara antes de irse "para esto tanta persecución, bah"
Se marcha con las primeras gotas.
-¡Eh, tú! ¡Me lo debes! -Grita Yara.
-¡Concedido!¡Déjame en paz! ¡Con la lluvia encojo!

Yara empieza a saltar de alegría.
Todo ha cambiado. Ya tiene lo que tanto quería.

Lo que Yara susurró al oído del propósito antes de que éste se fuera, aún resonaba en su cabeza:”QUIERO volver a SER YO. Quiero no querer parecer joven. Yo amé a Matusalén. Le vi nacer y esperé a que creciera, sabiendo que iba a ser para mí. Vivimos más de novecientos años felices, pero se acabó yendo con otra… Quiero ser la vieja que soy y encontrar mi alma en el huerto que heredé de mis abuelos. QUIERO SER YO.


-----O-----


Las historias empiezan y acaban. Esta podría continuar durante tiempo indefinido y acabaríamos dejando de ser "sus autores", para convertirnos en mensajeros de una voz que nos dictara las palabras sin darnos cuenta (que nadie piense en transtornos mentales, más bien esa voz obedecería a la implicación que se establecería con los personajes). La historia se escribiría sola. Lo del experimento sociológico era el cebo... o no.
Sea como fuere en cada trocito escrito, hay una parte de nosotros, la que nos gusta o disgusta; la que se permite licencias o se cohibe; la que mostramos habitualmente o la que ocultamos y solo dejamos salir mezclada con el surrealismo más imperante. Dejar ir la mente deliberadamente mitiga malhumores y los peores días.

Gracias a todos por el esfuerzo y por seguirme en esa corriente que a veces no sé muy bien hacia donde va. Esta es la historia de vuestra historia, de nuestra historia y de una historia terminable.

20 febrero 2011

Nuestra historia


El vecino miró la luz, miro las coristas, abrió grandemente la boca y se refregó los ojos.
Yara, avanzó y se unió a la línea de coristas. Cuánto echaba de menos sus zapatos de plataformas, no eran cómodas para andar, pero sin duda mucho más seguras que la frágil dermis de la planta de los pies.

Su propósito, se llamaba Mixo, la miraba algo desconcertado. Poco a poco se fue acercando hasta ella. Cuando estaba a un metro maulló dos veces, luego comenzó a cruzarse entre las largas piernas de Yara, mientras ésta poco a poco iba cesando su baile.

Se detuvo, se agachó y cogió a Mixo en su regazo. Las coristas rompieron filas y se fueron hablando de sus cosas de coristas, la luz permaneció y permitió que atónito vecino pudiese observar bajo la minifalda los atributos sexuales de Yara.
"Gato malo, gato malo, ¿por qué has dejado sola a mami en medio de la noche?".

El vecino, recuperado gritó con un aspaviento "Marica de mierda, iros a celebrar lo del orgullo gay de los cojones a otra parte, que ya no son horas y aquí todos somos decentes".
Yara, miró al vecino, le sonrió y le mandó un beso. Torció el rostro el vecino y refunfuñando se volvió hacia su casa. Yara le imitó con Mixo arrebujado contra su pecho.

Tan sólo quedo allí la luz solitaria esperando que alguien le diese fin a su existencia, ahora, sin sentido.

Eso es lo que le hubiera gustado hacer al vecino, plantarle cara a la mala mujer que se cruzó en su camino, y que solo fuera ya olvido. Lo que no se recuerda, no hiere, desaparece.
Soñar despierto no sirve de mucho, pero al menos hace que las cosas puedan ser distintas, aunque la realidad sea otra y no le guste.

La mujer que corría, no era su mala mujer, pero podría ser la mala mujer de otro. Coge un pollo, encuentra lo que busca en él, y lo deja en una caja azul.

El propósito deja de correr. Hace un buen rato que corre solo.
Mira a su alrededor, a lo mejor la loca está escondida esperando a que se relaje para atraparle otra vez y llamarle "nenuco". Todo menos eso.

Debería haber corrido menos, para que la chica pensase que podía atraparle, y darle falsas esperanzas.
Nota que le falta algo. Le gusta sentirse en peligro. Le gusta el riesgo y sentir que está a punto de ser capturado. Buscará la chica para que vuelva a perseguirle, quién necesita más a quién.

Ygriega entra en un bar y se toma unas cañas. La carrera le ha dejado sedienta. Antes o después cazará al propósito de las narices.
Se come tres pinchos de tortilla y eructa sin parar. Eructar le satisface, siempre lo hace después de comer. Le gustaría fumarse un puro, otra de sus satisfacciones, pero salió tan deprisa de casa, que se los olvido cogerlos.

El hombre de al lado enciende una pipa. Ygriega le mira eructando otra vez.
-Te conozco. Eres el tipo del interruptor. Por tu culpa no sé cuantos días llevo fuera de casa.
-Ah, claro, la descerebrada que corre por las noches. ¿Te hace?
Le ofrece la pipa.
-Pssst.
Aspira profundamente. El mundo es distinto cuando los pulmones se llenan de aire.
-Almuerzo todos los días aquí. Si quieres más, búscame. Puedo hacerte un buen precio.
Ygriega se echa a reír como una descosida. Es feliz.

Yara y el propósito se encuentran al girar una esquina.
-Dame lo que quiero, nenuco.
El aliento le huele a una plantación de María Luisa.
-Juégatelo.
El propósito le mira desafiante.
-Vale.
Saca una baraja de cartas y se la muestra a Yara.
-Aquí no, allí.
El propósito señala el parque al otro lado de la calle.
Yara cada vez está más cerca de conseguir lo quiere.

Juegan al poker sentados en un banco. El propósito antes de ser propósito, era jugador profesional, pero una mala mujer, seguro que la misma que la del vecino basurero, le arruinó la vida.
Apostó todo por ella y todo perdió el insensato. Menos el "as" que se guardaba en la manga. Sin ese "as", él no se hubiera hecho propósito.
A lo mejor tenía más que agradecerle a esa mujer mala, que reprocharle.

13 febrero 2011

Vuestra historia

El vecino que iba a tirar la basura deja la bolsa en el suelo, coge carrerilla y le pega una patada para estrellarla contra el muro de coristas que bailotean y canturrean sin parar, con tan mala suerte que la bolsa asciende unos metros y por un agujero una lluvia de peladuras de frutas, restos de comida, cáscaras de huevos, latas de cerveza, cae sobre el asfalto antes de que aterrice la bolsa en el suelo.
Las coristas ni se inmutan.

Yara se aproxima cojeando al propósito, que no le da por huir confiando en que su perseguidora lesionada es inofensiva. Ja. Cara a cara, Yara agarra al propósito con las dos manos a traición y le dice: "o me das lo que quiero, o te lo quito, nenuco".

Mientras tanto el vecino de la basura descubre un interruptor en la pared. Lo presiona y los gallos empiezan a cacarear, se ha hecho de día y las coristas se han esfumado. Le da otra vez al interruptor, se hace de noche. Las coristas aparecen. Interruptor, día. Interruptor noche. Interruptor una y otra vez. Los gallos cacarean y callan.

El propósito empieza a oler como una mofeta. La prota lo suelta para taparse la nariz con las dos manos. El olor es nauseabundo, huele a bomba fétida requemada.
El propósito se escapa...

Han pasado varios días, pero Yara ni está cansada ni tiene hambre. Le parece que sigue siendo la misma noche que salió corriendo. El tiempo pasa tan deprisa que los días y las noches se intercalan a un golpe de dedo.
Las coristas se han ido a dormir y el vecino basurero entra en casa refunfuñando porque tiene que volver al trabajo. No hace ni tres horas que acabó su jornada y tiene que volver otra vez. No se puede enredar con el tiempo, porque luego se pagan las consecuencias. Pero prefiere trabajar a escuchar a las del coro, que le recuerdan a una mala mujer.
El propósito ni se sabe por dónde anda.

Ygriega es más vieja que Matusalén y si no se le nota es porque pactó con el diablo su agilidad y juventud a cambio de entregarle su alma. Como no tiene salió ganando en el intercambio y el diablo, que cada vez sabe menos porque más olvidos tiene, no se ha dado cuenta de que lo que guarda en un frasco es aire evolucionado de un gato.

Ygriega no sabe a que huelen las nubes, nunca ha llegado tan alto pero tiene el olfato muy desarrollado y cuando un olor se introduce en las fosas nasales, las aletas se le abren y automáticamente se pone en marcha. Ha perdido de vista al propósito, pero lo encontrará.

Mientras el de la basura se sienta delante de su mesa de trabajo. Es sexador de pollos. Mirarle el culo a aves dos segundos para definir si es pollo o polla no le apasiona más que sacarse cera del oído con el dedo, pero no todo el mundo lo podría hacer y eso le hace sentirse útil...

El diablo se hizo brujo porque no quería hacerse cargo del negocio familiar, una herrería con 157 años de tradición, en la que habían trabajado todos los hombres de su familia, menos él, que le dio por las adivinanzas, y su hermano, que se hizo mujer para evitar darle al martillo.

Al diablo le asustaba el fuego, enemigo de colegas del pasado, por eso cuando ganó suficiente dinero se puso la vitrocerámica en la cocina, un sito donde pasaba mucho tiempo preparando las recetas que le pasaba su hermana nacida hermano. Fue ella quien le presentó a la del nombre raro.

Todo empezó el día que decidió visitar al diablo.
En aquella casa empapelada de flores, que olía a judías podridas recalentadas con vinagre, el diablo le preguntó:
-Estás segura de que puedes pagarme?
No solo tenía en conocimiento que no podía entregarle su alma, sino que además era imposible. La había perdido en el huerto de sus abuelos, vendedores ambulantes de rábanos, muy preciados en época de sabañones.
Necesitaba parecer joven y recuperar la flexibilidad de la que gozaba cuando trabajaba en el circo. Estaba cansada de ver en su cara un mapamundi en relieve.
-Ocúpate de lo mío. Yo me ocuparé de lo tuyo.

El diablo mezcló varias hierbas que arrancó de sus macetas, las sazonó y pimentó y luego las metió un minuto en el microondas con leche de soja.
El mejunje sabía muy raro. Yara se lo tomó despacio, notando con cada sorbo como la piel se tersaba, hasta no dejar una sola gota.
-Ahora quiero tu alma.
-Dame un frasco.

Con el frasco de vidrio se dirigió al baño. Improvisaría algo.
Buscó en cajones y armarios, pero solo había cremas faciales y tintes, que poco se parecían a su alma. El olor a judía podrida se intensificó. Era un olor que permanecía unos segundos en el espacio y después se suavizaba. Siguió el rastro con el olfato hasta descubrir detrás del inodoro una bola de pelo respirante. Era el gato enroscado… Otro vez ese olor. Se acercó al animal olfateando. El gato se estremeció brevemente. Yara se percató de que el angelito tenía una pedorrera de mil demonios. La cara se le iluminó. Cogió el frasco y lo llenó de los gases que el lindo gatito dejaba ir. Había recuperado su alma.

06 febrero 2011

La historia

Propongo, para éste mes de febrero en el que la creatividad aflora a saber por qué razón, a quienes les apetezca seguirme la corriente (estoy en mi particular fase experimental, esa en la que puede ocurrir de todo o nada), crear una historia durante estas cuatro semanas, en la que la vida de uno o varios personajes dependerá de lo que decidáis, quienes queráis decidir sobre ellas.

Algunos mal pensados (os tengo en mente, conoceros desde hace tanto tiempo me da licencia para bucear entre vuestros pensamientos) creerá que estoy faltando a mi compromiso para conmigo misma desde hace más de tres años (voluntad de prolongar mi intención en el tiempo), y que “esto” es solo una excusa para escabullirme durante unas semanas o que le estoy echando mucho rostro al asunto dejándoos a cargo del cortijo… Puede ser.

Es un “experimento sociológico” sobre el que sabréis más cuando llegue el momento, si es que tiene a bien venir.

Solo diré que se llama Yara, que aún no sé donde vive, ni su edad pero una noche, a esa hora a la que dicen que las brujas aparecen, perseguía descalza un propósito, tampoco sé qué tipo de propósito, si iba vestido o era peludo. Solo que necesitaba alcanzarlo porque de ello dependía la parte de su existencia que aún no había vivido.
Yara corría y corría bajo la luz de las farolas y la mirada desconcertada de algún que otro viandante que volvía a casa y de un vecino que tiraba la basura, desconocemos si por la visión del propósito o por la persecución del mismo.
Se detuvo al clavarse una piedra en el puente del pie. El propósito, percatándose del incidente paró en seco, y retrocedió unos pasos con cautela. Sus intenciones se cruzaron mientras un halo de luz procedente, supongamos que, de la luna, alumbraba a las coristas de Barry White (a lo Ally McBeal) contorneándose al ritmo de "You are the first, my last, my everything", interpuestas entre ambos…

Cedo el testigo, la continuación está en manos de quien no las tenga demasiado ocupadas, y la continuación de la continuación del que siga…




30 enero 2011

El muelle (2ª parte)


Camino por el muelle, pero esta vez es distinto, sé a dónde voy y hasta donde quiero llegar.
No he dejado de pensar durante todo el día en el encuentro casual de esta mañana.


Sabía que vendría al muelle, aunque no estoy muy segura de que él hago lo mismo.
Aquella víspera de mi boda, no solo me proporcionó un recuerdo que se extinguirá con mi existencia, también me dio parte de si.
Desde que supe que estaba encinta, sospeché que mi hija podía ser el resultado de nuestra conciencia distraída, pero hasta que no nació y vi en su rostro los ojos de su padre, no confirmé mis reservas.

Él está apoyado en la barandilla. Vuelve la cabeza en mi dirección y no deja de mirarme hasta que me detengo a unos centímetros de él.
-Te estaba esperando.
Tiende su mano hacia mí. La cojo sin titubear. Es el padre de mi hija y el hombre que amo. Tira de mí hasta la barandilla, a su lado, invitándome a contemplar todo cuando sus ojos ven.

No ha perdido el atractivo ni la armonía ha desaparecido de su tez.
Miro el alzacuello.
Esta mañana no lo llevaba puesto. No era necesario delimitar espacios susceptibles de ser invadidos. Ahora es prudente hacerlo.
-Ya sabes lo que hice al día siguiente.
Sonríe resignado, su temor se ha cumplido; descubrir que es demasiado tarde para rectificar algo que ya ha hecho, y el mío también.
Levanto el dorso de la mano y le enseño la alianza de mi dedo.
-Tú también.

Contemplamos el horizonte, o simulamos que lo hacemos para no tenernos que mirar.
No sabrá que tenemos una hija, ni cuánto le amo; lo que estaría dispuesta a hacer si me lo pidiera.
Está aquí en este momento, respondiendo a mis preguntas con su presencia. Ha pensado en mí en este tiempo de ausencia. No me dejé llevar yo sola; él se dejó ir conmigo.
-¿Sigues perdida?
-Acabo de encontrarme en ti.
-¿Y tú?
-Me encontré contigo hace veinte años.
Cinco segundos de profunda tristeza teñida de añoranza y un abrazo deseado en el que nuestros miedos alcanzan la libertad. Nos separamos despacio. Desciendo la mano por su pecho hasta alcanzar su mano a la altura de la cadera.

La besa.
Una última mirada y después... después nada.

Se queda en el muelle mientras me encamino a casa, dónde mi marido y mis hijos duermen.
Quiero girarme, pero no lo haré, porque sé que mi fuerza flaquearía y le haría flaquear.
He venido dispuesta a que ocurriera, pero he comprendido que no debe ocurrir; que nuestras vidas han de permanecer ajenas la una a la otra y que esta noche, nuestra historia termina donde empezó.
El vacio casi ha desaparecido.
Casi puedo sentir paz.




El muelle, no solo es una construcción que se alza sobre el mar en algunos casos, en el que las embarcaciones moran cuando no son de utilidad a sus propietarios, también es una espiral elástica que vuelve a su longitud habitual cuando no se la acciona intencionadamente, como un bumeran regresa al punto de partida.

Esta historia no tendría sentido sin esa doble acepción.
Hay relaciones "muelle", en las que cada uno de los integrantes de la misma, acaban volviendo al lugar del que partieron. Las circunstancias, los compromisos adquiridos, no les permiten desviarse de su estructura usual.

Por otra parte, "Stealing Home" además de una de mis películas emblemáticas más preciadas (MCNamaras a parte), describe perfectamente el vacio que deja la pérdida (del tipo que sea y por los motivos que sean) de alguien que nunca oirá lo que el tiempo no quiso que supiera.

23 enero 2011

El muelle (1ª parte)


Fui hasta el muelle caminando.
Por la tarde decidí que no iba a dormir esa noche, y esperé a que todos se acostaran para salir de casa. Al día siguiente me casaba y quería recordar aquellas horas previas, pasados unos años, como las últimas que pasaría a solas conmigo misma frente a donde mis pies me condujeran.
La noche era larga y me pertenecía.

Acercándome al embarcadero divisé una figura apoyada en la barandilla que contemplaba en actitud reflexiva las aguas calmas, en las que se reflejaban las luces del cielo.
Seguí caminando ignorando hacia donde quería ir, a pesar de la presencia del intruso, de momentos que había rescatado para mí.

A pocos metros de distancia, él volvió la cabeza en mi dirección y no dejó de mirarme hasta que me detuve a pocos centímetros de aquella silueta en la lejanía, con identidad en la cercania.
-¿Tú también estás perdida?

Asentí con la cabeza lentamente, sin saber por qué lo hacia.
No estaba perdida, al menos no era consciente de que lo estuviera hasta que el extraño me lo prenguntó.

Tendió su mano hacia mí.
Dudé antes de cogerla. Si hubiera sido espectadora de una escena similar, esperaría que ella saliera corriendo. Pero no fue eso lo que hice. Por alguna razón que no he tratado de explicarme, confiaba en él, notando que cada vez menos, era dueña de mí. Dejándome llevar. Reconociéndome poco o conociéndome más.

Tiró de mí suavemente hasta la barandilla, a su lado, invitándome a contemplar todo cuanto sus ojos veían, anfitrión en casa de nadie.
Solo entonces pude ver bien unos ojos claros, enmarcados en un armonioso rostro, bajo un cabello oscuro, no mucho mayor que yo.
Un hombre que no querido olvidar, aunque recodarle, en ocasiones, me haga sentirme culpable por el lugar que le he dado en mi vida, arrebatándoselo a quien pretendia que lo ocupara.

Mirar el horizonte y a mi acompañante de reojo de vez en cuando, no era suficiente; quería saber por qué había acabado en el mismo lugar que yo, en una noche como aquella. Las dudas que había sembrado en mi interior, ajeno a ello, crecían. Las suyas solo las intuía.
-¿Estás a punto de hacer algo que no estás seguro si deberías hacer?

Esta vez, quien asintió con la cabeza fue él.
La expresión de su rostro era seria y en sus ojos vi el mismo temor que los míos destellaban. Nos asustaba darnos cuenta en algún momento, que podía ser demasiado tarde para rectificar lo que aún no habíamos hecho.

Ocurrió.
Me besó sin que pudiera preverlo, cobijándose en mí en busca de respuestas o esperando encontrar una vía por la que escaparse.
No habrá nada que iguale ese instante en que le sentí tan cerca y dentro de mí; instigador de insospechadas vacilaciones.
-¿Estás dispuesta a perderte conmigo esta noche?
-Aún a riesgo de no encontrarme nunca.
Y nos perdimos juntos.
Cada segundo que transcurrió a continuación, fue el último que viviamos envueltos por ese extraño lazo que nos unió entre renuncias y anhelos, y que cortamos al amanecer.

Veinte años después he vuelto al muelle para pederme otra vez, aunque no he dejado de estarlo desde esa noche.
Él desapareció y yo desaparecí, llevándonos cada uno de nosotros una parte que le pertenecía al otro...
Salí ganando.


16 enero 2011

Quiero saber


Se me ocurre ir a la rebajas. ¡Una locura!
Las tiendas punteras (no las mencionaré, pero en esta parte del mundo TODO está franquiciado), abarrotadas; las menos punteras, solitarias (los habitantes de aquí se comuncan a través de telepatia, que consume menos y es más barato, y se quedan todos en los mismos sitios, a las mismas horas).

Llego a los vestuarios (entre la multitud avasalladora, mesas repletas de ropa desodenada, paredes llenas de perchas, y muy poco civismo), ¿cómo? solo tiene una respuesta, con astucia.

Las dudas me asaltan...

- ¿Por qué las cortinas nunca cierran del todo?
- ¿Por qué el espejo está justamente en la pared que hay enfrente de la cortina que no cierra y quien pasa por delante no solo ve la parte de detrás, sino también reflejada la de delante del sujeto (suele ser femenino)?
- ¿Por qué siempre hay alguien que pasa y mira?
- ¿Por qué ese alguien, suele ser chico-hombre, y casualmente está esperando que su chica-mujer salga del vestuario que se encuentra a dos metros del que dónde él espera?
- ¿Por qué los percheros son pocos y la ropa siempre se cae al suelo?
- ¿Por qué en algunas tiendas no ponen un taburete en los vestuarios para poner las cosas que no puedes colgar?
- ¿Por qué cuando le enseñas a alguien lo que te has probado, siempre hay un dependiente que te dice lo bien que te queda aunque no te favorezca nada lo que llevas puesto, ni le hayas pedido opinión?

La experiencia, mala; la compra, casi satisfactoria.

09 enero 2011

Nada tiene importancia


Llueve a cántaros.
La lluvia cae con tanta fuerza que las gotas de agua rebotan en el suelo, alzándose un palmo, para volverse a estrellar contra él y esparcirse en rios, que ya son mares sobre el asfalto.

Me pongo el impermeable para que la lluvia se precipite por él y salgo a la calle.
No me importa nada, si truena o diluvia, por más que me obceque, no me importa nada.

Nos encontramos y no me importa nada.
He amenecido condecendiene con la vida, hoy mí consentida, por eso, no me importa nada.

"Tú juegas a quererme, yo juego a que te creas que te quiero.
Buscando una coartada, me das una pasión que no espero, y no me importa nada.

Tú juegas a engañarme, yo juego a que te creas que te creo.
Escucho tus bobadas, acerca del amor y del deseo, y no me importa nada.

Nada, que rías o que sueñes, que digas o que hagas.
Y no me importa nada, por mucho que me empeñe, estoy jugando y no me importa nada.

Tú juegas a tenerme, yo juego a que te creas que me tienes,
serena y confiada, invento las palabras que te hieren.
Y no me importa nada.

Nada, que rías o que sueñes, que digas o que hagas.
Y no me importa nada, por mucho que me empeñe, que digas o que hagas.
Y no me importa nada.

Y no me impora nada, que subas o que bajes, que entres o que salgas.
Y no me importa nada."

Los domingos (y festivos), es un buen día para que dejen de importar las cosas, pero el lunes (o al dia siguiene de el del pasotismo) corresponde recuperar consideraciones y que vuelvan a importar cosas y personas, que vengan o que vayan, que entren o que salgan.


02 enero 2011

Seducción

Ella dice: "A las chicas nos gusta que nos seduzcan sin que parezca que nos están seduciendo".
En la mirada de él hay un halo de recelo y en su interior la certeza de que ha precipitado sus palabras y equivocado el camino memorizado de otras andanzas. Los atajos no son fiables, si acaso, la forma más rápida de llegar a ninguna parte.


Él pregunta: "¿Cómo?"
Ella piensa, decepcionada (una vez más), que él no ha entendido nada, mientras en su rostro se refleja la resignación de un esfuerzo realizado en balde (1), en el que puede descifrarse: "La comida la masticas tu solito".


Ella, de corazón blindado (lo más cómodo para no añadir complicaciones a la cotidianidad) y descreía del amor y derivados, preferiría que la deslumbrasen (sin grandes hazañas, solo con gestos distintos a los acostumbrados) a que el opositor, entre ir directo a lo que le interesa (2) y quedarse a medias tintas (3), opte por lo segundo para cubrirse las espaldas, en caso de recibir la respueta menos satisfactoria. Correr riesgos (4).

Detrás de las palabras hay intenciones: las de él, no revisten secretos; las de ella son esperanzadas: "algo distinto", "hay algo distinto a lo mismo de siempre", "lo sé", "lo he vivido".

Supongamos que ella soy yo (5) y que él es... No importa quién es, un él cualquiera, y que la providencia no has cruzado (no en sentido figurado) para que tomemos las riendas del azar.
Pensará que soy cortante porque reacciono con sequedad delante de los convencionalismos sociales:

"¿Quieres que vayamos al cine? ¿Cuándo nos tomamos algo?"
"No me preguntes sí quiero o cuándo, haz que quiera y elige el momento"

"¿Qué tengo que hacer para que te tomes un café conmigo?" (6)
"Cautívame".

Ella y yo podríamos ser la misma persona (me reservo la identidad de la misma para preservar su intimidad) y él, sí es él (un él que conozco), lo único que encontramos a faltar las dos es, SUTILEZA.

"A las chicas nos gusta que nos seduzcan sin que parezca que nos están seduciendo"
A chicas como nosotras, SÍ.



NOTAS ACLARATIVAS:
(1) Cuando no se entinde el "mensaje" hablado-oído, el lenguaje gestual (miradas, expresiones, gestos...) es el complemento. Interpretar el conjunto es esencial para la compresión completa.
(2) Confesar atracción o cierta condescendencia amorosa (gustarte alguien) hacia otra persona.

(3) Confesión de sentimientos - intenciones nula.

(4) Arriesgar a veces no sirve de mucho, pero cuando no hay nada ganado, partimos de tenerlo todo perdido.

(5) "Ser yo", presupone dureza, severidad, contención y manejarse estrictamente en la vida. Hay que imaginar a alguien con esta descripción para entender a "ella".

(6) De interés general: en estas tierras del sudoeste, que te inviten a tomar un café implica el deseo de iniciar una relación sentimental. Si se acepta, hay que saber a que atenerse.

26 diciembre 2010

Antesala


27 de Diciembre de 2009.

“Tengo un nuevo reto (secreto) que dosificando bien el tiempo libre (escaso), conseguiré (si no flaqueo en el intento). La falta de tiempo es relativa. Cuando las cosas son importantes, se encuentra el momento, y esto lo es. Lo es hoy. No sé mañana”

26 de Diciembre de 2010.

Fracasé mal me pese, con alevosía y premeditación, a los cuatro días de proponérmelo, batiendo records de resistencia personal, y este fracaso que se suma a tantos otros del pasado cada vez menos presente y que solo afecta a mi vida en la medida en que quiero que lo haga, ha marcado la tendencia desde principios de año.

Este espacio creado es un reflejo de mi misma (solo de una parte) y no hay tanta diferencia entre los que me conocen dentro (aquí) y fuera (mundo real) y los que solo me conocen por estos lares, si leen entre líneas. A veces soy tan transparente como opaca y algunos leeis muy bien.

He estado floja, desganada y poco achispada en estos ratitos dominicales que tanto me gustan y que excepcionalmente algunos fines de semana han sido una carga, por lo que tan poco me he entregado a ellos este año.
Mis responsabilidades laborales han crecido, lo que ha supuesto más preocupaciones-ocupaciones y más horas. Estas son mis circunstancias, mi problema es no haber sabido encajar los cambios hasta hace unos meses y haber naufragado en un oceano que desde la orilla parecia una playa bonita. Ha habido muchos momentos en que no me cabía un solo pensamiento más y el interior de mi cerebro era chocolate espeso, pero estoy volviendo a recuperar a la que me olvidé en enero y que sé de muy buena tinta (nada más faltaba) que tiene ganas de regresar.

Tomo de nuevo mi propósito (secreto) para el año que nos acecha. Hoy es importante… mañana pretendo que lo siga siendo. Ese es mi reto.
Sed felices.

19 diciembre 2010

Preliminares


Tanteas, intentas conocer que hay en ella y cuáles de esas cosas que descubres te gustan para ponerlas en el lado de la balanza que deseas más pese.

No sabes lo que sientes, pero has empezado a notar un interés que podría desembocar en algo que no estás seguro si quieres, pero que te gustaría que estuviera ya en tu vida (saltándote la fase del tonteo continuo).

La mides.
Te mide.
Ignoráis hasta donde os conducirá este intercambio de precepciones aleccionadoras, pero los ratos invertidos serán los primeros o los últimos que tengáis, bajo una atmosfera de normalidad imperante, que no lo es para los demás, que observan convencidos del nacimiento de una nueva complicidad.

Tras de vosotros se esconde la intención de prolongar el “saber profundo” en esos encuentros que se producen porque hay algo más de lo que se ve, o tal vez, lo que se ve es más de lo que tratáis de ocultar, porque aun existiendo una diminuta, casi incontable, afinidad, negáis que sea un hecho porque no es auténtica realidad.


12 diciembre 2010

De película

Últimamente oigo mucho hablar de “Güiquilics”, ese portal que publica informaciones filtradas de alcance, de las que no se salvan ni las algas oceánicas y que suelen dejar a muchos, con boca de pez.

Sin profundizar demasiado en una valoración personal (que a nadie interesa), reflexiono acerca de la falta de lealtad que tienen los que filtran las noticias, proporcionando documentación confidencial, respecto a quienes les dan o han dado de comer en alguna ocasión; sobre las escasas medidas que gobiernos y gobernantes adoptan para proteger secretos de estados, no quiero pensar de qué modo protegerán nuestros propios datos y en que cualquiera, con fines intencionados (buenos o malos), podría filtrar una verdad dudosa (una quimera) y enfangarnos a todos las consecuencias.

Por si fuera poco, al creador del portal le detienen esta semana, acusado de abusar de dos señoras y algunos rumores propagan, que se trata de un complot para hundir al desvelador oficial del planeta. Si se pone en duda la ética y moral con que se conduce en la vida este hombre, ¿qué veracidad tienen las informaciones que convierte en noticias explosivas?

Todo esto me parece el argumento de una película y no sabría discernir, hasta que punto ficción y realidad van unidas.
Hay muchas más cosas de las que ya sabemos que nos ocultan.

05 diciembre 2010

Entre dos


“-¿Me amas?
-Más del tiempo que me es concedido para hacerlo antes de que la muerte me aceche; tan profundamente que no hay suficiente agua para llenar los mares que rodean tierras europeas e inglesas.
-¿Por qué soy tu rey?
-Amo las acciones de Dios, aunque algunas escapen a mi entendimiento y no comprenda sus razones; amo a Dios por haberos dado la gracia de un reinado, pero por encima de todas las cosas, amo al hombre que de niño despertó en mí, hermosos sentimientos. Mi corazón te pertenece, mi vida está a tu disposición, soy toda tuya y a ti me entrego por completo.
-Jamás olvides esto: aunque la muerte nos separe cuando Dios solicite la presencia de uno de los dos a su lado; por muy largo que se haga el tiempo que permanezcamos lejos y por muy distanciados que estén nuestros mundos, siempre te voy amar. Reconoceré tu alma de entre todas las almas que se crucen en mi camino y no descansaré hasta encontrarte. Juro que te esperaré si he de hacerlo, o que te buscaré cuando haya de reunirme contigo para hacer de la eternidad nuestro reino.”

Conversación mantenida en siglo XVII.
Extracto de "Regresiones" (2003).

Supongamos que tenemos que elegir entre la persona que más amamos en otra vida (solo es una suposición) pero que en tiempo presente es quien más daño nos ha hecho (daño maléfico, lleno de odio, celos y envidias) y la persona a quien más hemos amado en la vida que conocemos (la actual), pero que en otra vida fue nuestro verdugo… ¿A quién elegir?

28 noviembre 2010

Errare human est

Errores cometemos todos en cualquier ámbito de la vida, pero cuando esos errores repercuten sobre los demás toman otra dimensión.

He tenido un error en el trabajo, subsanable (pero que no debería haberse producido) y sin consecuencias negativas o graves. Errar agudiza los sentidos y hace que actuemos con rapidez y sin ofuscamientos para resolver con la poca eficacia empleada en la consecución del error, el mismo.

Esto me ha hecho volver al día de “actos” y analizar lo ocurrido: hice lo que hice mal sin pensar lo que estaba haciendo, de forma mecánica. Mecanizarse en el trabajo es síntoma de cansancio y tedio, y yo pecaba de ambos… Probablemente volverá a ocurrir (cansancio y tedio), pero ahora estaré más atenta.

Recuerdo que en mi tierra natal (esa que el Mediterráneo bordea), tenía un compañero de trabajo (repartidor de pastelería) que se dejó la puerta de la camioneta abierta y al arrancar a la velocidad a la que solía hacerlo todo (de lo que yo era consciente, “todo” es demasiado de mucho) roció el asfalto de barras de pan y algún que otro dulce que estomago no conocería. Fue un trayecto corto, casi al minuto, por el retrovisor vio que la carretera cambiado el gris por el crujiente
.

Los errores no tendrían sentido sin no sucumbieramos a ellos.

Os cedo el testigo.
¿Sois perfectos o tan imperfectos como yo?

21 noviembre 2010

Acepto


Casarse cuesta siete mil euros en algunas regiones de España, en particular en esta que habito, si tienes una nacionalidad distinta a la española (imaginemos que africana y se nos da bien la danza del vientre) y la fortuna de cruzarte con la celestina (que años atrás pasó por la misma situación que tú y que de la experiencia ha hecho un negocio) que te presentará a tu marido, al que no conocerás hasta el día de la boda (firma de documentos oficiales) y al que pagarás en cómodas cuotas (que te permitirán ayudar a la familia que dejaste en tu país, mantener un alquiler y sobrevivir) para que pueda servir costeándose sus viajes a otras dimensiones, sin moverse del sitio, el importe íntegro de su generosidad infinita.

Supongamos que la conozco y que nos encontramos un día. Le pregunto cómo le va todo y me dice que se ha casado hace unos meses, con media sonrisa y aire resignado.
Dudo que casarse sea una buena noticia, pero cuando alguien cae en el error de creer que es lo que tiene que hacer, silencio mis pensamientos. Son sus razones, no las mías. Le doy la enhorabuena, pero en ella no hay ni un ápice de entusiasmo… ¿tan pronto el matrimonio ensombrece la vida de los contrayentes? Nos despedimos con la cordialidad que caracterizan nuestras conversaciones.

Nos volvemos a encontrar semanas más tarde. En esa conversación me explica su particular historia de “amor”, hacia su familia. La única forma que estén con ella es “cumpliendo requisitos”. Poniendo en “orden” su vida, podrá ordenar la de sus hijos, a los que ha visto crecer a través de fotografías… “Me felicitaste por un certificado” me dice con tono irónico.
Su libertad es su prisión, pero en su prisión no estará sola cuando en unos meses más, tal vez años (las cosas de palacio van despacio y cuando los palacios pertenecen a reinos diferentes, le lentitud se duplica), sus hijos estén con ella.


14 noviembre 2010

Retórica


Una semana después del paso del de blanco por el noroeste y noreste del país, se sigue hablando de la visita del pontífice (que amenaza con volver el próximo año a Barcelona), y se desvelan datos de su estancia en nuestras tierras.

Pocas cosas me sorprenden del anciano en asilo de lujo e incluso de la Iglesia, pero me pregunto para qué la blanca paloma (y porque no hay cuervos blancos vistos por mi ojos…), pidió que su habitación en el Palacio del Arzobispado, tuviera conexión a internet.

No me ha llamado la atención por la edad del yayo (ochenta y tres), ni porque haga uso de avances tecnológicos (en otras cosas debería ponerse al día en lugar de divulgar necedades desde los lugares menos recomendados, para mantener la formas), sino por no poder pasar un día sin conectarse a la red. Un solo día en su vida… Lo que me hace pensar, que el de la tendencia a vestir con sotanas, está tan enganchado a la red, que unas horas sin conexión le harían caer en el síndrome de abstinencia.

El clérigo mayor, está más viciado que los que él cree que son viciosos por vivir su vida a las claras y sin tapujos, y a sus secuaces les interesa que el jefe supremo éste enganchado a internet, ya que minutos delante del monitor, son minutos en que no tienen que servirle y disponen de tiempo ocioso para intercambios sociales.

Quede mi pregunta sin respuesta. Retórica.



07 noviembre 2010

Agricultura


Analizo unas de las consideradas, canciones más románticas (probablemente por cursilámines) con la intención de hallar “eso” que tantos jóvenes (de otras épocas, y en la actualidad sesentones) han visto en ella para tenerla en tal concepto.

Tú alegría / tú compañía,
me harán estremecer / como el juego de mi idea.
(Una cosa es lo que se crea, y otra la que la realidad traiga. Las comparaciones sobran, sobre todo sin son juguetonas)
Hombre a medias en soledad,
mañana en tú sonrisa / hallaré la otra mitad.
(Hombre con mucho amor propio. La mitad ausente no reafirma la hombría)

La cascada de nuestro amor / la niebla del pasado,
nuestro viento la arrastró.
(Las ventosidades también son “vientos”, arrasadores)

De repente te siento mía / te siento en pensamiento,
un silencio hecho poesía.
(Concentración necesaria para no mencionar otro nombre. No se debe esperar menos)

Besos mágicos en mi piel,
me harán salir del sueño / y calmarán mi sed.
(Dormidos, poco se bebe)

Yo de amores te vestiré
y el miedo no es el miedo/ donde yo te llevaré.
(Se puede llegar sin compañía)

Yo caminaré / tú me seguirás,
beberemos del amor / bajo el mismo cielo...
(Si el cielo no es el mismo, mal asunto, para caminar “juntos”)

...yo te sembraré / tú germinarás
y al final descansaré / cuando tú me des un...
...hijo tuyo y nuestro.
(El huerto)
No te asustes / confía en mí,
que tengo todo un mundo / preparado para ti.
(Planchar, planchar,planchar)

Yo de amores te vestiré / el frío no es el frío,
donde yo te llevaré.
(Es escalofrío)
Conclusión: antes no se interpretaban las letras, solo se oían, por lo que temas tan soez como este, están mal catalogados. El romanticismo no puede ser basto como un arado. Será otra cosa. Sutileza.


31 octubre 2010

Erre que erre

A quienes echaban de menos que no hubiera escrito sobre semáforos aún, que se regocijen en su satisfacción, están de suerte; y los que agradecían que no los hubiera mencionado y se congratulaban pensando que a falta de dos meses para acabar el año, se iban a librar de leer sobre ellos, que busquen en su interior la compresión que les adivino y sean condescendientes conmigo ¡pero esto tengo que contarlo!

Camino por la calle sin fijarme en nada y en nadie, distraída con mis pensamientos, que son un apéndice más de mi cuerpo, es por esto que miro pero no veo, cosas o personas.

El martes pasado “veo” el semáforo, habitualmente solo soy consciente del cambio de color, pero menos abstraída que otras veces, me fijo (hartamente sorprendida) de que al monigotito verde (acceso a peatones) a los dos lados de las piernas y partiendo de la cintura, se le iluminan dos triángulos leds que forman una falda, intermitentemente… ¡Mis plegarias han sido escuchadas! Por fin un semáforo animado que no es sexista y que nos da a la mujeres, el lugar que merecemos en la acera.

Durante el resto de la semana, con intención, he prestado atención a los semáforos con los que me he cruzado, y debo decir que ninguno de ellos me ha causado tanta satisfacción como el que aparece en la foto, tomada esta mañana a las nueve (ayer las diez) con unos aires ahuracanados que no dejaban un cabello quieto, pero el progreso igualitario merecía mi esfuerzo.


Nota: no he utilizado zoom. Los interesados en ver la faldita, que cliquen sobre la imagen y podrán verla en toda su esplendor.

24 octubre 2010

La vida se compone de pequeñas y grandes historias, tan breves como largas, que empiezan y algunas, hasta acaban.
Historias nuestras o de otros, de las que somos protagonistas o secundarios, pero cuyo desarrollo sin nuestra intervención no sería la misma. Aportamos lo que les falta, para suavizarlas o encrudecerlas.

He recordado, al hilo de lo que contaré más adelante, algunas de esas historias olvidadas, en las que no sé qué ocurrió, solo tengo la certeza de que las viví, y haberlas olvidado, es como haber hecho desaparecer una parte de mí, que ignoro si me gustaría reencontrar.

La memoria selectiva elige los recuerdos que no nos hacen daño y borra los que hieren, pero hay circunstancias adversas que marcan y se alojan en nosotros como una carga, unas veces más pesadas que otras, y esa veces tan pesadas, la historia se reproduce en la memoria, haciéndonos sentir (incluso padecer), lo mismo que cuando ocurrió en una realidad tangible.
Si esos recuerdos permanecen es para que cambiemos parte de la historia. No podemos actuar sobre lo sucedido, pero si sobre sus consecuencias, y ahí empieza otra historia.

Lo que creemos olvidado, se oculta en alguna parte, morando hasta que lo recuperemos... Hace unos días recuperé uno de esos recuerdos, una de esas historias: una decena de niños de entre ocho y diez años, entraron en la oficina con una hucha de hojalata y pidiendo un donativo para la iglesia... sí, para la iglesia, no hay bastante con pasar el cepillo, ni con las participaciones de lotería que ya se han empezado a vender, ni con la asignación tributaria de quienes marcan su casilla
en la Declaración de la Renta…, hay que inculcar el sentimiento solidario a los niños y movilizarlos... La causa no solo no me motiva nada, sino que además me exaspera, y mucho que ver tiene mi ateísmo confeso (se acabó lo del agnosticismo, soy atea).

Como trabajadora previsora, no suelo llevar dinero encima habitualmente: no tomo café, no como en horas de oficina, y no compro agua (las botellas las relleno en casa, que cincuenta céntimos al día son trece euros al mes, y con esa cantidad pago la factura de la luz bimestral), por lo que cuando argumento mi falta de colaboración alegando que “no tengo dinero”, no miento (de ahí lo de previsora) a la causa solidaria que se me planta delante.

Cuando era niña, un poco mayor que los pequeños beatos de la iglesia, para costearnos el viaje de fin de curso de octavo, (estudié la E.G.B., la E.S.O, me parece una formación despectiva) durante las Navidades de ese año vendimos lotería.
A algunas puertas tuve que llamar para que me compraran un boletito (con lo vergonzosa que he sido siempre y lo poco que me gusta pedirle a nadie nada), mostrando inocencia en mi carita y con una vocecita que no me salía del cuerpo, y cuando recibía una negativa por respuesta (los atrevidos que nos abrían las puertas. Padres y madres del barrio con hijos en la misma situación que la mía), la decepción llegaba. Ese es mi recuerdo, la desazón que se siente cuando “fracasas” en una empresa emprendida, independientemente de cuál sea el fin.

Hasta pena me dieron esas criaturitas movidas a hacer el bien ajeno, cuando salían de la oficina arrastrando los pies y con la mirada clavada en el suelo y eso que no les he contado “la verdad” acerca de la iglesia, de eso ya se encargará la vida, pero aunque no lo sepan (como yo tampoco lo supe en su momento), les he entregado algo mucho mejor que dinero: una historia y un recuerdo. Que utilidad les den tendrá que ver con lo que son hoy y lo que serán mañana.

17 octubre 2010

Zizania Palustris



Algunas noches ceno con Arguiñano, las mimas que llego pronto a casa (“llegar pronto a casa” equivale a salir del trabajo a la hora en que termina la jornada laboral).
Cuando coincidimos en el mismo espacio, ya hace diez minutos que ha empezado a cocinar y aquí es donde entra en juego el factor sorpresa: hasta que no termina el plato, no sé lo que está preparando, aunque por los ingredientes empleados me puedo hacer una idea, no acierto con el nombre completo, soy más sencilla y practica, para mí las “finas hierbas” son brotes verdes de alguna verdura.

Mis cenas suelen ser muy ligeras. En casa hemos establecido no ensuciar la cocina por las noches (para hacer de cocinillas, mejor la luz del día y tiempo por delante) por lo que el mircroondas y el pan con cualquier cosa, son muy socorridos.
Me siento delante de la televisión y me entretengo con las comidas que en la vida comería. Para ingerir alimentos soy muy mía, no como nada que habite en el campo (con patas o alas) o cuyo hábitat fuera ese en condiciones normales (sin secuestro y posterior animalsidio), me da una penita profanar a un antiguo ser vivo tremenda y repelús no digamos. Con los habitantes del mar es distinto, nunca me he encontrado a ninguno de ellos nadando, por lo que asumo que no los capturan para que pasen unas horas en mi estómago antes de volver al mar, y que los fabrican en exclusividad para mí. Esa es la verdad que quiero creer y así redimirme de mi crueldad manifiesta.

Hace un par de semanas, cenando estaba cuando Arguiñano coge un puñado de arroz salvaje (gramínia acuática) y lo echa en una sartén con aceite caliente, y al entrar en contacto ambos elementos, los filamentos negros se abren al instante metamorfoseándose en gusanos blancos. A un paso de arácnido estoy de expulsar el queso blanco con miel que tomaba, ante semejante imagen vomitiva (ya he reconocido que soy muy mía para las comidas).

Hay alimentos que visualmente son poco agradecidos (los mejillones se encuentra entre ellos, adefesio monumental bajo mi óptica, claro), más allá del gusto que tengan o que proporcionen a los platos. Si no me enseñan cómo se cocina el arroz salvaje, quizás, camuflado (en una napolitana de chocolate) lo probaría, pero más que a cocinar (no tengo ni idea. Solo sé freír, cocer y utilizar la plancha o el grill, que ya es mucho), lo que estoy aprendiendo con Arguiñano, es a distinguir los alimentos después de ser cocinados y aumentar mi lista de “ingredientes non gratos” de mi vida.