28 marzo 2010

Indicidencias


Servicio técnico de la empresa con quien tengo contratada la línea ADSL (quebradero de cabeza que no tenía, hasta que decidí renovarme a morir tecnológicamente).

OPERARIO: Buenas tardes, le atiende Perico el de los palotes, ¿en qué puedo ayudarle?
(La tarde no puede ser muy buena siendo sábado y estando delante de un ordenador con un auricular con micrófono atendiendo las llamadas de “poco duchos en aspectos informáticos” como yo)

YO: No tengo conexión a internet… ¿Es posible que tenga que ver con el hecho de que me hayan aumentado la velocidad?
(Con mi consentimiento pero sin mi iniciativa. Me hubiera conformado toda la vida con mi único Mb, pero mi tarifa se había quedado obsoleta, según me explicó la agente que me llamó tan diplomáticamente como pudo, cuando la finalidad es cobrarme cinco euros más por “ampliación de servicio”. Me cogió de buenas, en caso contrario mi negativa hubiera sido tan rotunda como en las últimas ochenta y siete veces y mi advertencia de cambiar de compañía si seguían molestándome con ese tema, creíble fingiendo enojo).

OPERARIO: Dígame su nombre para dirigirme a usted y su número de teléfono para comprobar que no hay ninguna incidencia en la línea.
(Todos los operarios y agentes de las líneas 900-901-902, se aprenden el mismo texto para tratar a sus usuarios).

YO: Hiparquia y mi número es el…
(Cuando enciendes el ordenador y algo no funciona como debería, se recomienda hacer uso del sarcasmo después de la rabieta, e Hiparquia ha sido mí patrón durante mucho tiempo, no por ser considerada la primera mujer filósofa, antes de ella seguro que había muchas pensantes anónimas, sino por conseguir que se lo reconocieran, “los escasos de imaginación”).

OPERARIO: La línea está correcta, Doña Hiparquia (me encanta) posiblemente con el aumento de velocidad se haya desconfigurado el router. Hay algunos sistemas operativos susceptibles de desconfigurarse…
(En este punto sabía dos cosas: la primera que pronto iba a empezar a perderme con tantos tecnicismos y la segunda, que la llamada iba a costarme cara)
OPERARIO: … Probemos una cosa, Doña Hiparquia, apague el ordenador y cuando lo encienda pulse rápidamente F8.
(El contorsionismo sin previo calentamiento puede ser contraproducente. De cuclillas delante del USB… -lo que toda la vida que conocemos hemos llamado torre-, con un dedo sobre el botón ON/OFF, sujetando el inhalámbrico entre la oreja y el hombro y la otra mano escalando por el teclado para alcanzar F8, a punto estoy de descoyuntarme).

YO: No ocurre nada, se enciende con normalidad.
OPERARIO: Vuelva a intentarlo Doña Hiparquia. Tiene que ser un movimiento rápido… (Refunfuño… más rápida… Tengo brazos, no tentáculos… ¡Lo consigo!)
YO: Sigue sin ocurrir nada… (Que no ocurra “nada”, significa que no aparece el menú con las opciones descritas por Perico).
OPERARIO: Pruebe con F5, algunos sistemas funcionan con esta tecla.
YO: (Eureka, ocurre algo distinto, pero no lo que esperamos). Bien, me remite a F8, pulso la tecla y aparece el menú que me describía. Clico sobre la opción B (creo que era conexión segura a redes), como acordamos antes y…
OPERARIO: Escriba Portugal, Italia, Noruega y Grecia… (Parte de Europa en mis dedos en un solo PING) A continuación escriba Cataluña (Quizás porque mi niñez sigue jugando en tu playa y … ), Oviedo, Navarra, Fraga… ¿Qué aparece?
(Cinco minutos después seguimos en las mismas).
YO: (exhaustiva descripción) pierde paquetes (no explicaré esto).
OPERARIO: Doña Hiparquia, ¿cuántos puertos tiene su router? (A saber…)
YO: Cuatro (después de contarlos)
OPERARIO: vaya cambiando de puerto y escribiendo la numeración que ha me ha dado antes (esta parte va incluido en los cinco minutos de maniobras de más arriba. Puerto por puerto, y sigue sin funcionar. El paciente técnico, tenía una tranquila tarde hasta que aparecí yo, más que torpe en lindes informáticas, poco interesada y ni la poca experiencia que voy adquiriendo en estos vericuetos, harán que preste más atención a lo que le pase a mi “equipo”, en adelante. Soy una paria de la informática).

OPERARIO: Doña Hiparquia vamos a enviarte un router nuevo (A estas alturas nos hemos dejado de convencionalismos y nos tuteamos. Los veintitrés minutos que llevamos hablando y la intensidad de los mismos no da para menos) Necesito que me facilites los datos del modelo que tienes (esa es otra... ¿Qué se yo de modelos de aparatejos que ni siquiera miro?. Me meto debajo del escritorio y leo todo cuanto aparece escrito en el router, números y letras)…

YO: Perico, ¿tendrá algún coste adicional el envío del router?
OPERARIO: Ninguno, doña Hiparquia. Lo recibirás la próxima semana.
YO: Gracias.
OPERARIO: ¿Tienes alguna otra duda doña Hiparquia? (¿Bromeará?)
YO: Ninguna, gracias por tu atención. (Alivio al otro lado de hilo telefónico. Lo noto)
OPERARIO: Pasa una buena tarde, doña Hiparquia.
YO: Gracias, Perico, tu también. Buenas tardes.
(…)
Han pasado tres semanas (no una) y vuelvo a tener conexión, aunque la historia continuó durante ese tiempo (de otra forma). He descubierto que sin internet la vida transcurre tranquila y he dedicado una buena porción de mis minutos a hacer otras cosas (que ver tienen con el aire libre). De nuevo con conexión, pienso en lo que echaba de menos estos ratitos delante del monitor... Ya estoy de vuelta.

07 marzo 2010

Internacional


A Lisís (1) no le gustaban los conflictos. Era lo que más detestaba de su época (2) y de su país (3). Le hastiaba que su marido pasara más tiempo matando a otros soldados que como él, dejaban a sus esposas en casa, comandados por “amigos de palabras parcas”, y que entre el amor (en todas y cada una de sus acepciones) y la guerra, eligiera lo segundo.

Demasiado tiempo sola. Demasiados ratos perdidos pensando, sólo pensando en cómo sería vivir en paz; en ver a su marido ocupar todas las noches una alcoba que sin él parecía más grande. El vacio se la comía; los sueños se desvanecían, mientras ella permanecía como la una.

Cruzó las piernas a la desesperada (4).
Difundió sus propósitos a otras mujeres, que al principio se escandalizaron, pues si duro era vivir lejos de sus maridos, más duro sería recibirles a su vuelta cerradas de miras e intransigentes (5) . Sacrificar sus ansias y deseos en favor de la paz. Conseguirla significaría caminar hacia adelante. Desterrar la cruz de su existencia. Satisfacer su vitalidad.

Lisís no cejó hasta convencer a las esposas de los soldados de los bandos en conflictos, de que la forma de lograr que aquello que negarían (y se negarían) fuera dado, era convocando una huelga indefinida. Sin la firma de la paz, paz no habría en el hogar.

Los esposos aguantaron. Eran soldados. Los soldados luchan. Sus mujeres solo estaban enfadadas, pero acabarían cediendo y accediendo a sus voluntades. Los enojos pasan, ellos estaban entrenados para resistir, pero hasta la resistencia tiene un límite y el fondo eran ellas.

Abandonaron la lucha, faltos de lo que necesitaban, de lo que les hacía querer volver a casa, de lo que hacía que marcharan a la guerra para reencontrarse con ellas tras la batalla. La paz fue firmada.

El espíritu de Lisís permaneció en otras mujeres más adelante (5), que propugnaron “libertad, igualdad y fraternidad”. Ser una voz, ser un voto. Poder elegir a los mandatarios, sometiéndose a ellos por decisión propia, y no solo del hombre que duerme al lado.

El mundo despierta tarde, y aun medio dormido asume que tal vez se nos pueda oír, con o sin razón; sin la necesidad de celebrar días internacionales que conmemoren la lucha de mujeres que perecieron bajo la escasa compresión de sordos profundos, y que nos hagan diferentes por tener día propio, cuando lo que defendemos es IGUALDAD PARA TODOS.

La libertad acaba cuando empieza la de el de al lado.

A tener en cuenta:

(1) Lisístrata, famosa obra de teatro en la Grecia Clásica, escrita por Aristófanes.

(2) Antigua Grecia, siglo primero, a.C.
(3) Grecia, donde las guerras eras continuas entre las distintas regiones. Son especialmente conocidas las que tuvieron lugar entre Atenas y Esparta.
(4) En la obra Lisístrata, se denomina a la rebelión de las mujeres, como la huelga de piernas cruzadas.
(5) Las mujeres de los soldados (de los bandos implicados), se negaron a mantener relaciones íntimas con sus maridos, hasta que estos no
desistieran de ellas (de las guerras, no de las mujeres) firmando la paz.
(6) Revolución Francesa: las parisinas dirigieron sus pasos hacia Versalles, pidiendo libertad (tener los mismos derechos que los hombres), igualdad (tener la misma consideración que ellos) y fraternidad (ser tratadas como hermanas, no como hijas) y exigiendo el sufragio femenino.


28 febrero 2010

Aquellas pequeñas cosas


Xynthia llegó, nos despeinó (en el mejor de los casos) y se fue con aire de señoritiña, a ejercer su despotismo a otra parte. La “tormenta perfecta” nos dejó algo desperfectos, pero tras su marcha, he vuelto a ver el sol, al que creía desterrado desde principios de diciembre.
Cuando lo habitual se torna poco probable, es el momento de las pequeñas cosas, esas que todos tenemos y a las que no les prestamos atención, porque están demasiado cerca.
Después de la tormenta, siempre sale el sol (aunque no sepamos cuanto tiempo tarde en hacerlo).


21 febrero 2010

Deseo compartido

Anoche me cautivó una película que desconocía, con que el azar distrajo mi desvelo.

No creo en el destino, pero esa película se hizo para que yo también la viera y una tarde cualquiera escribiera sobre ella.

Vivir lejos de casa hace que queramos estar más cerca de ella, de la forma en que sea, y a veces no nos damos cuenta de que lo que deseamos está a nuestro lado, aunque no sea como lo pensamos.

La nostalgia no se sufre, se siente; los sueños, no se tienen, se crean; las historias no empiezan cuando se viven, sino cuando se inventan.

Perseguir ilusiones es intentar llegar a algún lugar, y si ese lugar no existe, convencernos de que no se está tan mal donde estamos.



14 febrero 2010

Cualquier día, cualquier hora

Nació en Roma (1), hijo de la gerente de una agencia matrimonial (2) y de un militar experto en conflictos bélicos (3), que pasaba más tiempo lejos que cerca de casa, para ahorrarse batallitas internas.

Incomprendido se sentía por no “ser” como los “demás”, aproximándose a la identidad propia a temprana edad. Su madre le recriminaba continuamente que pasara tanto tiempo revoleteando entre las nubes, en lugar de caminar por la acera como hacían todos los niños y siempre le repetía lo mismo: “A ver cuando dejas de hacer el indio y creces un poco”.

El tiro con arco era su especialidad, y menos cuando se equivocaba (hecho que ocurría con bastante frecuencia) daba en blanco…

Fue alumbrado en Grecia (4), de padres desconocidos, le criaron una “madame” que regentaba una empresa de citas a ciegas a la carta (5) y un intendente del ejército (6). Se sospechaba que sus padres podrían haber sido una mendiga (7) y un millonario (8) que se conocieron en la casa de la madame; una sereno (9) y un mulato (10), arrecíos de frío en un portal; la cartero (11) y un meteorólogo (12) (esa es historia para otro momento); o incluso la madame y el intendente, que aun habiéndose hecho cargo de su educación y manutención, la coquetería de la señora, no le permitía confesar su maternidad al mundo y discreción pidió al intendente, a cambio de proporcionarle las mejores citas.

Joven empezó a trabajar para su madre postiza (o real), en el departamento de recursos humanos (selección de personal) , y desarrollando su labor oyó hablar por vez primera de una psicóloga (13), que le estaba quitando la clientela a su madre, porque la belleza de sus palabras hacían que los señores que demandaban sus servicios, prefirieran escuchar los consejos de la muchacha, a pagar por efímera compañía.

Preocupada (envidiosa) la madame por el devenir de la empresa, le encargó al hijo que contratara a un gigoló para que sedujera a la facultativa, haciéndola perder así toda credibilidad delante de sus pacientes, pero cuando el putativo la vio, se enamoró de ella, y ese mismo día empezaron a vivir juntos.

Las hermanas de ella, celosas por haberse conseguido al chico por el que todas las mujeres suspiraban y algunas de ellas hasta más de tres veces seguidas, malmetieron en su relación hasta que él empezó a desconfiar de la chica, y la abandonó.

Ella no ha dejado de sufrir y luchar por su amor, pues el amor hizo que naciera su hija (14) ... Si el enano romano ese que se dedica a tirar flechas envenenadas, cuyo efecto sobre las hormonas es letal, no se hubiera equivocado de presa ese día, ella no padecería tanto... Y es que el amor duele.

A tener en cuenta:
(1) Cupido: Dios del amor, indio de las flechas (Mit.Romana).

(2) Venus: Diosa del amor, de la belleza y de la fertilidad. Narcisista total (Mit.Romana).
(3) Marte: Dios de la guerra. Convicciones acérrimas (Mit. Romana).
(4) Eros: Dios del amor y del sexo. Creador del popurrí sentimental (Mit.Griga).
(5) Afrodita: Diosa del amor, la lujuria, belleza, prostitución y reproducción… La más madame entre madames.
(6) Ares: Dios olímpico de la guerra y la violencia… Lo deportivo no hace daño (Mit.Griega).
(7) Penia: Personificación de la pobreza y la necesidad, que junto a Amekhania (desamparo) y Potkhenia (mediocridad), son como el trío La, La, La.
(8) Poros: personificación de la oportunidad, la conveniencia, y la utilidad… El fin justifica los medios (Mit.Griega).
(9) Nix: Diosa de la noche… Mundo de los dormidos (Mit.Griega).
(10) Érebo: Dios de la oscuridad y de la sombra, la buena y la mala (Mit.Griega).
(11) Iris: Mensajera de los dioses… Mi predilecta 1 (Mit.Griega).
(12) Céfiro: Dios del viento del Oeste… Mi predilecto 2 (Mit.Griega).
(13) Psique: Personificación del alma, mujer, mujer, mujer (Mit.Griega).
(14) Hedoné: Personificación del deseo sexual… Fuera botica (Mit.Griega).


07 febrero 2010

Carnaval


El poco interés que muestro por algunas celebraciones (entre otras cosas), ha hecho que no sepa de donde proceden (aunque me lo pueda imaginar, pues casi todo tiene origen en el cristianismo… casi todo lo que tengo en mente), como es el caso del carnaval.

Probablemente me lo explicaron alguna vez (años ha…), pero como no suelo prestar atención a lo que me aburre, lo único que sé es que en el colegio, durante una semana (a finales de febrero) nos hacían cada día dar la nota de una forma distinta, ya fuera con calcetines de diferentes colores; con un bigote pintado en la cara; con sombrero vaquero; o con un pañuelo de un determinado color al cuello, complementos, que a quienes éramos tímidos y teníamos el sentido del ridículo muy desarrollado, nos apabullaba… La finalidad era hacer que la semana transcurriera distendida y menos sosa de lo acostumbrado, con las pintas que llevábamos y contagiarnos de un espíritu que a veces no existía en nosotros, hasta la culminación en una fiesta al aire libre, en que podíamos elegir el disfraz que quisiéramos.

Reconozco que el día de la fiesta al aire libre con orquesta infantil (y canciones – juegos de lo más ridículos, hasta para mí siendo niña) no me disgustaba, aunque como todas la fiestas me aburría solemnemente al cabo de dos minutos, pero lo que me gustaba era la idea de ser “otra persona”, durante tres horas.

En años consecutivos he sido bailarina (con un tutú que me daba un aspecto de repollo); china o japonesa (tengo una edad para diferenciar los trajes propios de cada país, pero tampoco me interesa, el caso es que por mis ojos rasgados, podía pasar por lo uno o por lo otro); reinita (sí, como casi todas las niñas, yo también quise serlo); reinita otra vez (los disfraces eran caros, y cuando no te los prestaban, se repetían. Fui con el mismo vestido dos años seguidos, solo que el segundo año era una reinita atípica, porque el vestido me llegaba por los tobillos (mala cosa eso de crecer) y se me veían las “bambas”); sevillana (así se llamaba en mi época al vestidito de lunares, complementado con pulseras de plástico y un clavel en la cabeza).

Recuerdo especialmente la vez que fui vestida de catalana, con el traje típico de mi tierra, y el pelo recogido en una redecilla. Esa vez fui de mi misma pero en bonito, y no pasé frío con las enaguas, faldones, chaleco y chal por encima de los hombros. Además como llevaba las “espardenyes” de esparto, con calcetines de lana, no se me enfriaron los pies como en otras ocasiones.

Es carnaval en algunas partes, del latín “carnelevare”, abandonar o quitar la carne, o lo que viene a ser lo mismo pero actualizado a nuestros tiempos, no probar la carne durante la Cuaresma (también debería conocer el origen, pero aún no me interesa, lo dejo para otro momento). Para mí no es ningún suplicio la “no ingesta” de carne, no la como nunca.

Celebración pagana (¿cómo no?), con un alto grado de permisividad, en la que el disfrute se puede llevar al límite que un quiera así como los excesos. Es decir, el carnaval es un fin de semana cualquiera pero disfrazado de lo que no se es o de lo que se es pero no se dice… A saber.

31 enero 2010

Misterios


Me enfadaría tanto, pero tanto, tanto, que volvería del más allá (allí donde esté) para hacerles la colada añadiendo al suavizante tinta china, tiñendo así sus ropas del mismo color que tienen sus almas y fueran conjuntados… Exagero, no volvería de ninguna parte, cuando se emprende el viaje a la nada, no hay retorno (en caso contrario que me lo prueben… no, mejor no, no quiero saberlo).

Unos cuantos cientifiquillos e historiadorcillos italianos, pretenden exhumar los restos de Leonardo Da Vinci, para satisfacer su curiosidad científico-histórica (que es como les gusta denominarlo. “Cotilleo” de camilla, es poco categórico para el rango obtenido por sus pestañas quemadas delante de libros bien aprovechados) y desvelarle al mundo (enriquecerse) ocupado con sus quehaceres, si la sospecha sobre la Gioconda son ciertas y La Mona Lisa es el propio Nardo Da Vin, en una exaltación de sí mismo, demostrando así su gusto por los hombres.

Las otras dos opciones barajadas es que se trate de un retrato de su madre, explicando de esta forma el parecido con el artista todoterreno, o de la esposa de un comerciante, a la que también deben haberle visto airecillo a Leo, o de lo contrario la primera posibilidad carece de sentido. El aire está o no está, no lo manejamos según nos convenga (caigo en la soez, de algunos vientecillos si tenemos el control, otros se nos escapan).

Los apoderados del Castillo de Amboise -donde se presume que se encuentra Nardo, pese a la reyertas religiosas entre hugonotes y católicos, en las que esparcieron sus restos por quién recuerda dónde-, y las autoridades francesas están en conversaciones con los profanadores oficiales en potencia de la tumba del GENIO, con el fin de llegar a puerto (más bueno que malo), como si los dormidos permanentes, fueran propiedad de nadie y a falta de descendencia conocida o reconocida a quien solicitar permiso, tuvieran licencia para decidir desenterrar a los idos. ¡Ni muertos somos libres! Siempre habrá alguien que crea poder poseernos.

El Carbono 14, y el cotejo del ADN de los dientes del que, por suerte para ellos, no se quedó molejo, con el de algún descendiente masculino, más muerto que vivo, será clave para descubrir la verdad o liarse aún más.

Si los huesos pertenecen a quien creen que existe dónde lo encontraron (y no a otro somnoliento sin capacidad suficiente para demandarles por perturbar su sueño eterno), con su cráneo reconstruirán el rostro del divo y nos mostraran que, o bien tenían razón en sus credos de sobremesa, o bien que Garci les entusiasma en “Volver a empezar” y “Asignatura pendiente”, reflejo de su sino.


No me sorprendería que Da Vinci hubiera pensado en su trascendencia y la repercusión de su buen hacer hasta llegar a la mesa de un laboratorio y les tuviera algo preparado a los fisgones de la bota.

Podrán toquetear sus huesos, pero nunca nadie podrá descifrar la mente de Leonardo, y el misterio permanecerá como un halo oscurecido sobre nuestras cabezas (mientras aguanten sobre nuestros hombros).


24 enero 2010

Delirio


La vida sin mí… no era.
Pero llegué cerrando ventanas y abriendo puertas;
aireando rincones repletos de dejadez concertada…
Pareciéndome a mí, doblegándome en otra;
aquella que apuntaba maneras de independencia.

La vida sin mí, he olvidado.
Ya sólo puedo vivir conmigo.
No quiero volver a la nada, conservando aún algo:
un latido en el pecho; un suspiro al viento…

Yo en mí misma, fuera de mí
aguarda lo extraño.
Soy siendo; estoy… Aquí.

No es un acertijo ni un jeroglífico. Esto es lo que ocurre cuando no ocurre nada, o cuando todo pasa a la vez, pierdo flexibilidad y elasticidad, no doy más de sí y me entrego a lo experimental.

Anoche, tan tarde que casi ha sido esta mañana, desvelada, pensaba (nada recomendable si se pretende coger el sueño) en verso (como se piensa cuando no se quiere pensar demasiado, pero evitarlo tampoco) e iban saliendo florituras que memorizaba (ni loca me levanto a esas horas a escribirlas aun poniendo en peligro la fidelidad al original), con sentido sospechoso.

Por el orden en que aparecían las palabras tomé conciencia de que tenían mayor significado que el que les presumía, y de que eran la mínima expresión de mi semana pasada.

Hoy estoy más ausente que presente, pero estoy de algún modo y estando sigo...



17 enero 2010

Besugueando


Me encuentro con una conocida desconocida que me saluda con el entusiasmo propio de quien se alegra de volver a reencontrarse con alguien a quien no ha visto en mucho tiempo, a la salida de la oficina de correos.

La miro -fingiendo que sé quién es, aunque no tengo ni idea- y la remiro con todos mis sentidos alertas, para acordarme antes de ella y hacer desaparecer la extraña sensación de estar charlando con alguien con conocimiento de causa, cuando la causa anda despistadilla.

Mi mente trabaja a marchas forzadas tratando de evitar que el desconcierto interior se refleje en mi rostro. Si la conozco no sé de qué y si no la recuerdo es que, o bien hace tiempo que no nos vemos (tengo buena memoria, casi deshecho esa idea), o bien pasó por mi vida con distinta importancia que yo por la suya.

Elijo improvisar, a evidenciar mi confusión. Hay preguntas muy recurrentes que sirven de tanteo: ¿Qué tal la familia? Esperaba respuesta corta, pero me habla de sus padres jubilados de viaje en Cantabria con el Imserso, a los que no les ha dejado de llover ni un solo día; de que su hijo ya va al colegio (lo que me induce a pensar que al menos hace tres años que la conozco en caso de que sea así, pista); del nacimiento de su hija hace tres meses y de su marido…

¿Cómo va el trabajo? Se tenga o no, siempre hay algo que decir acerca de él. Me explica que pronto se reincorporará tras la baja maternal, pero no especifica a dónde (sus palabras no son nada esclarecedoras).

Continúo lejos del recuerdo de aquella extraña que no me suena nada, inmiscuida en una conversación de besugos a la que cada vez le encuentro menos sentido.

“¿Sigues allí?” Quiere saber. Deduzco que se refiere al trabajo. “Allí” tiene cierta connotación cómplice, como si ella supiera que estoy en alguna parte determinada o cree que lo estoy pensando que soy alguien que no soy. Me arriesgo… “Si, sigo allí”. "¿Y cómo va?" “Muy bien, todo va muy bien”. Nada va bien, oírla hablar de su vida era fácil, pero contestar a sus preguntas me hacen sentir ridícula porque no sé a lo que estoy contestando ni lo que espera que diga, y si descubre que no recuerdo o sé quién es, el ridículo se hará una gran bola de fuego que nos atrapará a las dos.

“¿Y los niños?” ¿¡Los niños!? Creciendo, creciendo en algún lugar lejos de mí. Tan lejos de mí que hace mucho tiempo que no los veo. De hecho, nunca los he visto porque no los he tenido, pero seguro que están en algún lugar, solo hay que buscarlos y traerlos… de allí.
“Bien, muy bien”. Miento. Tengo claro que no la he visto en la vida y que la desconocida conocida, me ha confundido con otra persona. No la saco del error. Se ha alegrado de verme. Le he alegrado el día a alguien sin proponérmelo. Las probabilidades de que nos volvamos a ver son escasas, espero.

Nos despedimos afectuosamente: “Tengo tú móvil, te llamo y nos tomamos algo” me dice empezando a andar en dirección contraria a la mía. Ya, tiene mi móvil… No sé como habrá conseguido el número, teniendo en cuenta que no se lo doy a nadie, porque no tengo. Sonrío. “Cuando tú quieras”.


Respiro sosegada. Mi memoria sigue siendo infalible.

10 enero 2010

A primera vista


No es el primero, antes han habido otros –inocentes flirteos causados por la inexperiencia y el fervoroso anhelo de hallarle por fin, como si el tiempo me apremiase- con los que me ilusioné, llevando a tal extremo mi enajenación, que incluso sobre alguno medité más de dos noches de insomnio, si sería adecuado formalizar lo que empezaba a expandirse si no lo frenaba, e intención de hacerlo no sopesaba.

La voz de mi conciencia (mi madre), que me persigue aunque distraída la crea, me mantenía pegada a la realidad (más triste no podía parecerme), enemiga de precipitaciones y desvaríos ocasionados por agentes externos. Ninguno de ellos era para mí. Ahora sé que valió la pena el sacrificio que me supuso (pobre de mí) abandonar abruptamente mis sueños, porque “lo bueno” estaba por llegar…

Y llegó en forma de fotos –sí, las instantáneas son engañosas porque reflejan un momento calculado que alguien eligió como el oportuno para que permanezca y nos perezca. Son poses que nada tiene que ver con todos los días- el primer contacto, luego lo conocí físicamente y, entonces, aún sabiéndole de otra (que no lo valoraba como yo, o de lo contario no lo hubiera librado de sus viles garras tras seis años de convivencia), me enamoré sin que remedio mediase entre razón y corazón.

Enamorarse de “lo material” es exagerado, pero a veces, cuando algo nos entusiasma más allá de la cordura, se hace inevitable no caer en exabruptos necesarios para satisfacer nuestra complacencia.

Relajadas mis ganas y mermadas mis esperanzas, vino (de repente) acompañado del pánico. Lo quería, pero la culminación de nuestro pacto secreto trazado en silenciosos diálogos - que es el más efectivo cuando ajeno al conocimiento quieres estar- me mareó, distorsionando el suelo bajo mis pies. Quizás no fuera suficiente para él y necesitara mucho más de lo que yo podía ofrecerle para que me perteneciera íntegro. Demasiado tarde para pensar, demasiado pronto para dudar, caladita hasta el tuétano me tenía.

Una, cuando cae, ha caído. Y no hay más.

Alejado de cómo mi mente le había creado -¡Craso error! dejar ir la imaginación a su libre albedrío, pues el diseño realizado dista mares del original encontrado- pero ya no veía su ser, sino sus posibilidades de ser como me gustaría. Ser a mi lado y ser sin mí es distinto. Falta mi concepción, mi voluntad y mis manos.

La voz de mi conciencia dudada, no porque no le gustase –no puede no gustar a nadie, pues encanta con sus artes-, sino porque me alejaba. Luchaba por conservarle a mi lado, aunque fuera más de otra que mío, aún.

Me reconvertí. Me reconvirtió, desbaratando mis credos. El amor no se amarra. No atas a quien quieres con rúbrica que corte las alas de aquel que quiere alcanzar el horizonte solo. Dejas que se vaya, que viva su existencia sin interponerte entre su deseo y su libertad.

Le até a mí sin que el pulso me temblara, en ceremonia no religiosa (nada más faltaba, hasta ahí sí que no llego por amor a nada).

Ya es mío. Ella desapareció después de entregármelo, cubiertos sus intereses por un puñado de especias. Todo se compra, aun lo que no se quiere vender tiene un precio, encontrarlo te abre las puertas….
La puerta está abierta, la cierro tras de mí y me apoyo en ella mirando con detenimiento a mi alrededor -repasando cada instante hasta llegar a éste- lo que ya es solo mío… mi pisito.


03 enero 2010

Controversia



Defiendo la pluralidad, pese a no compartir algunas opiniones singulares, pero cuando he visto la foto he sonreido maléficamente y he pensado que le estaba bien empleado al ursupador de ilusiones de Laponia.

Deteniéndome en ella me ha entrado el remordimiento. Sólo es un pobre anciano con su mochilita, intentado hacer feliz a unos niños... Los niños no entienden de benefactores (todavía), reciben regalos a cambio de sonrisas. Y esos tres zafios del Oriente aprovechan que son más para atacar al ancianito de rojo, con el fin de monopolizar la entrega de presentes, y ganar en protagonismo a su antecesor de deseos cumplidos.

Por una vez, me pongo del lado de Noël (el más débil), que en una sola noche, consigue lo que tres coronas no pueden. Y si este año no ha llegado a tiempo, es porque los tricolor le han dado aceite de ricino a los renos y Klaus ha tenido que tirar del carro solo.

Santas o Reyes, que cada cual elija quién le hace feliz y deposite en él/ellos, sus ilusiones. El mundo es grande, cuantos más repartidores hayan, más niños molejos sonreiran.

27 diciembre 2009

El último del año


Observando vengo, que los blogueros practicantes, acabamos abordando el mismo tema imbuidos por un sentimiento muy similar, o tal vez por la necesidad de querer compartir un poco más con los demás, porque los demás cada vez nos son más cercanos.

Hoy es mi turno… otra vez.
Éste es mi segundo reencuentro con el momento en que determiné “tomarme en serio” aquel conato de blog desangelado que abandoné por falta de constancia y ganas. El año pasado batí mi record de resistencia (dada mi naturaleza a cansarme pronto de las cosas que emprendo, como ya expliqué en aquella ocasión), a lo largo de 365 días, escribí un post todas las semanas, desafiándome a mi misma, “misión cumplida”. Lo logré. No es ninguna hazaña comparándolo con la frecuencia con la que escribís algunos de vosotros (asombrada me tenéis), soy incapaz de escribir tanto, además de muy estricta con mis costumbres: de lunes a viernes, el único ordenador que enciendo es el del trabajo (demasiado pc para mis ojitos), y en el trabajo, solo trabajo (y pienso).

Mi particular “arjé” (me encanta esta palabra, la primera que me impactó en mis aproximaciones filosóficas de antaño), fue experimental y sobre todo diplomático. Probaba y probaba, procurando que nadie se molestase (mis dos o tres lectores, gracias), si no elegía bien las palabras. La experiencia me ha enseñado que hay sensibilidades que se hieren solas, y que cada quien, interpreta las palabras a su modo, sin que mi intermediación sea directa.

Ahora soy una exhibicionista más (yo, tan recatada en mi conducta), y he aprendido leyendo vuestros blogs y comentarios, a desprenderme de algunos lastres.
Diplomática aún (nunca he dicho tacos, ni hago uso de partes de la anatomía femenina-masculina, para describir o valorar situaciones o circunstancias, aunque me divierte el uso que hacéis de ellos en la virtualidad del medio o realidad que hay más allá de las paredes que encierran éste instante), a lo largo de éste tiempo me he posicionado (antes era demasiado light), sin importarme demasiado (nada) el concepto que los demás se formen respecto a mí (soy así, y así seguiré, nunca cambiaré…)

Tengo un nuevo reto (secreto) que dosificando bien el tiempo libre (escaso), conseguiré (si no flaqueo en el intento). La falta de tiempo es relativa. Cuando las cosas son importantes, se encuentra el momento, y esto lo es. Lo es hoy. No sé mañana.

A todos gracias (a los fieles, a los casuales, a los causales, a los tímidos, a los ausentes, a los eventuales, a los que os marchareis, a los que no habéis llegado aún…), por vuestros minutos invertidos en una más.

Sed felices.



20 diciembre 2009

Nota discordante


Buscando el número de teléfono de la Oficina Comarcal de Vivienda del lugar donde moro, un enlace me remite a una página que desconocía, "QYPE" (portal ubicador), y en la primera entrada, donde reza (y nunca mejor escrito) “Negocios en QY…”, aparece el Obispado del pueblo, catalogado (además de cómo negocio… ¿negocio?) como “Arte (no desmereceré a los creadores de temática religiosa, pues artistas son) y entretenimiento” (diversión garantizadas del clero, aunque no estoy muy segura de si de puertas para adentro, como el mar, o para fuera, en otro acto de generosidad desinteresada para con los feligreses enganchados a sermones).

Tipo de negocio (sigo leyendo más abajo) religiosos y espirituales.
Salvar almas tiene un precio (bautismos, comuniones, bodas, entierros, misas personalizadas; donativos…) y en época de crisis y posteriores brotes verdes (haberlos haílos), éstos se mantienen fijos (sin subidas escandalosas) para no ahogar a los feligreses, no sea que se les acabe el negocio y en sus dedos no puedan seguir luciendo el sello de oro del uniforme oficial de empresarios (¿emprendedores?)

Tras mi hallazgo, la polémica: el Vaticano (los del arriba más alto), nombran nuevo obispo en el norte cantábrico de la península y los curas se rebelan en tropel porque no creen que “el elegido” por los del ático, sea el más adecuado para ostentar (las palabras me viene solas) el cargo, ya que no comparte con el resto de sus colegas, ni sus inquietudes (de todo tipo) ni sus fines.

Politiqueo en la casa del Señor (invisible), donde sus hombres ya no tienen el único pensamiento (alguna vez ha sido ayudar al prójimo) y se dividen en distintos intereses (a saber).

La iglesia, es lo que era (ha cambiado el vestuario y las perchas, pues llamadas han sido éstas al armario del Señor a lo largo de los años) negocio (mis sospechas tenía al respecto, pero dada mi falta de fe, mi lupa es subjetiva) y política; diversión y lujuria… Y los curas, hombres; y los hombres susceptibles de ser corrompidos y corromper a los demás. Naturaleza maligna (Calvinismo).

Venimos y volvemos al mismo lugar (de la nada y a la nada) por los mismos caminos aunque no todos buscamos llenar nuestras arcas, sospechosos de ser pobres de espíritu.


13 diciembre 2009

La vida al revés


Veo en tres noches la interminable “El curioso caso de Benjamin Button”, donde descubro que el efecto de la luz (o falta de ella) sobre las personas, hace variar su fisionomía (y un poco de látex alisador de arrugas también).

Dejando de lado la evidente ilusión del director en querer tener un pajal, día no muy lejano para poder hacer uso de él en sus películas (“Seven”, además de impactarme, me gustó), el planteamiento que Francis Scott Key Fitzgerald, en cuyo relato se basa, hace al invertir el crecimiento es interesante (aunque en la película no haya cuajado y parezca solo una anécdota sin importancia): nacer ancianos y morir bebes.


Rejuvenecer hasta que el primer latido desaparezca o ver envejecer a los hijos, mientras vamos camino de la infancia, con las patologías propias de un anciano, no dista demasiado de la realidad. Se produce un proceso evolutivo hacia lo irremediable y entre el principio y el final la vida transcurre como debe, siendo víctimas de nuestras acciones.


“Quién sabe si morir no será vivir y lo que los mortales llaman vida será la muerte”. Cita de Eurípides que aparece en El retrato de Jennie (la mayoría de nosotros no había nacido cuando se estrenó en 1948), de temática similar (con menos paja) en un ambiente artístico-romantico-irreal, y excelente adaptación del libro de Robert Nathan.


La incertidumbre está servida.

06 diciembre 2009

Música es


Paso toda la tarde del viernes escuchando flamenquito en el trabajo. Al camarero “lolailo” de la cafetería de enfrente (a un escaso metro de la oficina), le entra la vena jonda y se desmarca con lo que me parece un antiguo (por el sonido) cassette, de venta exclusiva en gasolineras y mercadillos.

“El profundo” (inusitado), nos ameniza las horas con el poderío de un llorón con voz gritona y desagradable (muy desagradable, excesivamente desagradable, perturbadoramente desagradable), al que acompaña un coro de plañideras mal afinadas.

El flamenco (la rumba) no me nace. No me gustan los lamentos musicalizados de nadie, si acaso tolero mis gorgoritos líricos, pues mientras torturo al silencio, al menos estoy sintiendo el peso de la pena en “mis adentros” más hondos.

Resultándome imposible concentrarme y algo crispadilla, presto atención a la letra convenciéndome de que todo sucede por alguna razón (ya) y si mis oídos se han unido a un género tan poco adecuado en horas laborales, es porque hay un mensaje oculto y mi misión es descifrarlo.

Rescato algunas frases que consigo entender entre “aies”, “ays”, “as” y “os” (la mayoría pertenecientes al estribillo, que es lo que más se repite).

“Tú pa’mí y yo pa’ti”, precisión suiza (como los relojes).

“Si te vas, te habrás ido”, y si llegas, habrás venido. La sencillez elevada a infinita potencia.

“La bandera de mi alma por ti ondea a media asta”, el alto contenido intelectual me abruma, lo reconozco. Me la apropio para dar calabazas y después suelto un “aaaay” “arrevenio”.

“Por ti me rompo, por ti emerjo”, por ti me sumerjo en un mar de dudas, pues roto, a la superficie salgo troceadito para que te llegue un pedazo.

“Morena, morena, con solera”, moreno, añejo te quiero, pues años habrán pasado dedicada a ti, moreno, moreno.

“La pasión me vence, tus brazos me envuelven” , y yo me dejo aunque no quiero. Malvada pasión.

No hay mensaje oculto, sólo moraleja: cuando una situación no nos gusta, mejor darle la vuelta y quedarse con el reverso (si la crispación no ha acabado con nosotros o nosotros con nuestro “lolailo” personal).

29 noviembre 2009

Himnos


Ha llegado el invierno, después de una segunda primavera (insisto, esto no es normal) en la que las flores han florecido como en la primera, y las hojas de los árboles han permanecido en sus ramitas resignadas a que el aire no las acune en su descenso hacia el suelo.

Mirando como el espacio lo ocupan millones de gotitas de agua que caen intermitentemente (por fin ha vuelto a llover), a mi mente acude (no sé porqué) un himno, el del amor.

“El cielo azul sobre nosotros puede hundirse y la tierra puede derrumbarse. Poco me importa si me amas, yo loco por el mundo entero / Mientras el amor inunde mis mañanas, mientras mi cuerpo se estremezca bajo tus manos / Poco me importan los problemas, mi amor, ya que me quieres / Iría hasta el fin del mundo; me haría teñir en rubio, si me lo pidieras… / Renegaría mi patria; renegaría mis amigos, si me lo pidieras… / Podemos reírnos de mí, haría cualquier cosa, si me lo pidieras… / Si un día la vida te arranca de mi, si mueres, si estás lejos de mí, poco me importa, si me quieres, porque yo moriré también / Tendremos para nosotros la eternidad, en el azul de toda la inmensidad. / En el cielo más problemas, mi amor, ¿crees que se ama? / Dios reúne a lo que se aman”

Después de oír varias veces el poema cantado de Holderlin creo que hoy no me importa nada. Porque viendo caer la lluvia, no hay nada más importante que ese momento.


22 noviembre 2009

Dedos


Andar descalzos (en calcetines), perjudica seriamente la integridad física del ser humano.

Me quebro el dedo pequeñito del pie al estamparme contra la jamba de la puerta mientras corría.

No importa porque de un arrebato promovido, me puse a correr como si no pudiera emplear unos segundos en buscar las zapatillas (de estar por casa) y ponérmelas. Las cosas pasan en un momento determinado y si no llegas a tiempo se van y ese instante no volverá.

No sólo llegué tarde, sino que además mi pequeño colisionó gritando con un crujido y el callo se puso rabioso, por no haber calculado bien el ángulo de mi cuerpo a su paso por la puerta.

En apenas unos minutos se infló cuan globo a punto de estallar, y cambió al color de moda este otoño (segunda primavera), en unos cuantos más.

Le niego asistencia médica. Sólo es un dedo, ni siquiera tiene nombre (bueno, sí, falange, artejo, quinto, orquejo...) ni es bonito, además tengo nueve más, entre los que se encuentra su análogo.

Cojeo durante cuatro días. El quebradito (nunca me gustaron las matemáticas) protesta enviándome señales dolorosas y el callo (que paró el golpe) lo secunda, pero me mantengo firme (tozuda), no mediaran señores de blanco. Sólo es un dedo, un dedo deformado.

Anoche, las nuevas proporciones adquiridas por el pequeñín (y resto del pie) me conmovieron. Poco a poco va volviendo a su posición original. Ya no apunta tanto hacia el nordeste. Se está centrando solito, sin mi ayuda.

Lo miré con cierta conmiseración “El nunca te abandonaría” (porque no puede) y la ternura empezó a brotar de las entrañas que tendría si fuera pez.

Sólo es un dedo, pero es mi dedo y voy a cuidar de él como él cuida del callo. Algún día, no muy lejano, se olvidará del callo (cuando me encargue de él personalmente), y yo estaré donde debo estar, aunque a veces no lo recuerde.

15 noviembre 2009

Tesoros desconocidos


Atravieso la avenida (arteria principal del pueblo) al atardecer, con el cielo oscuro sin que la noche haya llegado aún, llena de gente. No importa la hora que sea, ni la temperatura que haga (todavía nos beneficiamos de una segunda primavera improvisada), siempre hay gente, demasiada gente entorpeciendo mi camino. No todos vamos a ritmo de procesión. Hay a quienes nos gusta batir todos los días nuestro propio record de tiempo que tardamos en llegar a casa desde el trabajo. Mi mejor marca son seis minutos y veintiocho segundos, con obstáculos.

Acercándome al semáforo del cruce estaba (puede que algún día detalle la estrecha relación que me une a los semáforos, motivo también, por el que acabo mencionándolos sin querer o queriendo evitarlos), donde una congregación elevada de viandantes meditaba concienzudamente sobre si pasar corriendo, ganando cuatro minutos al paseo y un susto al conductor, cuando me cogen de la mano.

Me libero inmediatamente (instinto de supervivencia) del sujeto, sintiendo mi espacio vital invadido por un intruso sin autorización previa, a la vez que le clavo la mirada.
-Te has equivocado de chica.

Me mira desconcertado, sin saber muy bien que decir, pues sus palabras ausentes eran cómplices de mi mirada inquietante. Me divertía la situación (aunque no lo manifestara abiertamente) y la exploté hasta el final con toda mi artillería. Nuestras acciones tienen consecuencias, acatarlas nos dota de coherencia.
-Perdona.

A nuestras espaldas, la destinataria de la mano (que se había detenido con una pareja en un rincón), llama al chico, ignoro si ajena o espectadora del despiste del que con toda probabilidad espera ver envejecer con la dentadura postiza metida en un vaso.

Nos acostumbramos tanto a las cosas, a las personas, que no les prestamos atención y la mayoría de las veces, no nos damos cuenta de que a quien tenemos al lado, y mucho menos valoramos que lo que tenemos permanezca con nosotros.


08 noviembre 2009

Elecciones


Pensaba que iba a ser más sencillo; que tenía las ideas claras o medio aclaradas (sin alcanzar la total seguridad); que sabía lo que quería, diferenciándolo de lo que no quería en absoluto, pero una vez más, daba por sentadas demasiadas realidades ficticias, hasta que llegó él haciendo tambalear todos mis cimientos en un sólo instante.

Cuando el pintor me trajo el muestrario de colores, más de 500 tonalidades (me he entretenido en contarlas una a una para documentar el post que me ocupa, no porque tuviera demasiado tiempo que perder), e infinitas combinaciones entre ellas, que es lo que marca la tendencia en la actualidad para crear ambientes en casas politemáticas.

Una semana completa he consumido en elegir entre blancos; blancos teñidos suaves; blancos teñidos medios; pasteles suaves; pasteles fuertes; grises; colores apagados; colores oscuros; tonos medios; tonos medios vivos; tonos fuertes; tonos fuertes vivos… y por si fuera poco, texturas, mate lleno; mate; semi-mate; semi-satinado; satinado; satinado lleno… y yo, con la única pretensión de pintar ese lugar en el que nos refugiamos al caer la noche, con estancias que son un rincón de nosotros mismos.

Un poco de calidez, otro tanto de armonía y mucho de Mediterráneo, era la idea, antes que se fugara dejándome desamparada, la muy ingrata, con los elegidos.


01 noviembre 2009

Absurdos


No lo pensó. Sólo lo hizo. Mente en blanco. Ausente de la realidad, llamó, ajeno a sus acciones.
Se estremeció. Pensó. Dudó. Tardó dos segundos en decidirlo. Contestó con el alma pendido de un hilo.
-No sé porque he llamado.
-Ni yo porque he contestado.

No pretendía hablar con ella, ni siquiera quería. Había agotado las palabras, pero la llamó y lo que pensara ella, sobre sus razones, no le importaba.
Lo último que le apetecía era oir su voz. Intercambiar frases añejas sin sentido, pero contestó, sin importarle lo que el pensara sobre sus motivos.
-¿Y ahora qué?
-No lo sé.


Le hubiera dicho todo en lo que pensaba, cuando no podía dormir, pero no sabía cómo hacerlo, tampoco le sobraban las ganas para encontrar la forma.
Esperaba su turno de réplica. Todavía quedaban reproches que hacerse, aunque aquel no era el mejor momento. Ningún momento era bueno para alargar la agonía del adiós.
-Cuídate.
-Tu también.

Algún día esperaba que estuviera bien, ahora solo deseaba que su duelo durase tanto como el suyo. El tiempo les apaciguaría.
Se liberó del sentimiento de culpabilidad que tenía por darse cuenta antes que él, de que las cosas no funcionaban. Tarde o temprano, tenía que suceder, pero ella se le adelantó.


Cuando el amor muere, enterrarlo profundamente solo servirá para que brote de la tierra con más fuerza.