29 noviembre 2009

Himnos


Ha llegado el invierno, después de una segunda primavera (insisto, esto no es normal) en la que las flores han florecido como en la primera, y las hojas de los árboles han permanecido en sus ramitas resignadas a que el aire no las acune en su descenso hacia el suelo.

Mirando como el espacio lo ocupan millones de gotitas de agua que caen intermitentemente (por fin ha vuelto a llover), a mi mente acude (no sé porqué) un himno, el del amor.

“El cielo azul sobre nosotros puede hundirse y la tierra puede derrumbarse. Poco me importa si me amas, yo loco por el mundo entero / Mientras el amor inunde mis mañanas, mientras mi cuerpo se estremezca bajo tus manos / Poco me importan los problemas, mi amor, ya que me quieres / Iría hasta el fin del mundo; me haría teñir en rubio, si me lo pidieras… / Renegaría mi patria; renegaría mis amigos, si me lo pidieras… / Podemos reírnos de mí, haría cualquier cosa, si me lo pidieras… / Si un día la vida te arranca de mi, si mueres, si estás lejos de mí, poco me importa, si me quieres, porque yo moriré también / Tendremos para nosotros la eternidad, en el azul de toda la inmensidad. / En el cielo más problemas, mi amor, ¿crees que se ama? / Dios reúne a lo que se aman”

Después de oír varias veces el poema cantado de Holderlin creo que hoy no me importa nada. Porque viendo caer la lluvia, no hay nada más importante que ese momento.


22 noviembre 2009

Dedos


Andar descalzos (en calcetines), perjudica seriamente la integridad física del ser humano.

Me quebro el dedo pequeñito del pie al estamparme contra la jamba de la puerta mientras corría.

No importa porque de un arrebato promovido, me puse a correr como si no pudiera emplear unos segundos en buscar las zapatillas (de estar por casa) y ponérmelas. Las cosas pasan en un momento determinado y si no llegas a tiempo se van y ese instante no volverá.

No sólo llegué tarde, sino que además mi pequeño colisionó gritando con un crujido y el callo se puso rabioso, por no haber calculado bien el ángulo de mi cuerpo a su paso por la puerta.

En apenas unos minutos se infló cuan globo a punto de estallar, y cambió al color de moda este otoño (segunda primavera), en unos cuantos más.

Le niego asistencia médica. Sólo es un dedo, ni siquiera tiene nombre (bueno, sí, falange, artejo, quinto, orquejo...) ni es bonito, además tengo nueve más, entre los que se encuentra su análogo.

Cojeo durante cuatro días. El quebradito (nunca me gustaron las matemáticas) protesta enviándome señales dolorosas y el callo (que paró el golpe) lo secunda, pero me mantengo firme (tozuda), no mediaran señores de blanco. Sólo es un dedo, un dedo deformado.

Anoche, las nuevas proporciones adquiridas por el pequeñín (y resto del pie) me conmovieron. Poco a poco va volviendo a su posición original. Ya no apunta tanto hacia el nordeste. Se está centrando solito, sin mi ayuda.

Lo miré con cierta conmiseración “El nunca te abandonaría” (porque no puede) y la ternura empezó a brotar de las entrañas que tendría si fuera pez.

Sólo es un dedo, pero es mi dedo y voy a cuidar de él como él cuida del callo. Algún día, no muy lejano, se olvidará del callo (cuando me encargue de él personalmente), y yo estaré donde debo estar, aunque a veces no lo recuerde.

15 noviembre 2009

Tesoros desconocidos


Atravieso la avenida (arteria principal del pueblo) al atardecer, con el cielo oscuro sin que la noche haya llegado aún, llena de gente. No importa la hora que sea, ni la temperatura que haga (todavía nos beneficiamos de una segunda primavera improvisada), siempre hay gente, demasiada gente entorpeciendo mi camino. No todos vamos a ritmo de procesión. Hay a quienes nos gusta batir todos los días nuestro propio record de tiempo que tardamos en llegar a casa desde el trabajo. Mi mejor marca son seis minutos y veintiocho segundos, con obstáculos.

Acercándome al semáforo del cruce estaba (puede que algún día detalle la estrecha relación que me une a los semáforos, motivo también, por el que acabo mencionándolos sin querer o queriendo evitarlos), donde una congregación elevada de viandantes meditaba concienzudamente sobre si pasar corriendo, ganando cuatro minutos al paseo y un susto al conductor, cuando me cogen de la mano.

Me libero inmediatamente (instinto de supervivencia) del sujeto, sintiendo mi espacio vital invadido por un intruso sin autorización previa, a la vez que le clavo la mirada.
-Te has equivocado de chica.

Me mira desconcertado, sin saber muy bien que decir, pues sus palabras ausentes eran cómplices de mi mirada inquietante. Me divertía la situación (aunque no lo manifestara abiertamente) y la exploté hasta el final con toda mi artillería. Nuestras acciones tienen consecuencias, acatarlas nos dota de coherencia.
-Perdona.

A nuestras espaldas, la destinataria de la mano (que se había detenido con una pareja en un rincón), llama al chico, ignoro si ajena o espectadora del despiste del que con toda probabilidad espera ver envejecer con la dentadura postiza metida en un vaso.

Nos acostumbramos tanto a las cosas, a las personas, que no les prestamos atención y la mayoría de las veces, no nos damos cuenta de que a quien tenemos al lado, y mucho menos valoramos que lo que tenemos permanezca con nosotros.


08 noviembre 2009

Elecciones


Pensaba que iba a ser más sencillo; que tenía las ideas claras o medio aclaradas (sin alcanzar la total seguridad); que sabía lo que quería, diferenciándolo de lo que no quería en absoluto, pero una vez más, daba por sentadas demasiadas realidades ficticias, hasta que llegó él haciendo tambalear todos mis cimientos en un sólo instante.

Cuando el pintor me trajo el muestrario de colores, más de 500 tonalidades (me he entretenido en contarlas una a una para documentar el post que me ocupa, no porque tuviera demasiado tiempo que perder), e infinitas combinaciones entre ellas, que es lo que marca la tendencia en la actualidad para crear ambientes en casas politemáticas.

Una semana completa he consumido en elegir entre blancos; blancos teñidos suaves; blancos teñidos medios; pasteles suaves; pasteles fuertes; grises; colores apagados; colores oscuros; tonos medios; tonos medios vivos; tonos fuertes; tonos fuertes vivos… y por si fuera poco, texturas, mate lleno; mate; semi-mate; semi-satinado; satinado; satinado lleno… y yo, con la única pretensión de pintar ese lugar en el que nos refugiamos al caer la noche, con estancias que son un rincón de nosotros mismos.

Un poco de calidez, otro tanto de armonía y mucho de Mediterráneo, era la idea, antes que se fugara dejándome desamparada, la muy ingrata, con los elegidos.


01 noviembre 2009

Absurdos


No lo pensó. Sólo lo hizo. Mente en blanco. Ausente de la realidad, llamó, ajeno a sus acciones.
Se estremeció. Pensó. Dudó. Tardó dos segundos en decidirlo. Contestó con el alma pendido de un hilo.
-No sé porque he llamado.
-Ni yo porque he contestado.

No pretendía hablar con ella, ni siquiera quería. Había agotado las palabras, pero la llamó y lo que pensara ella, sobre sus razones, no le importaba.
Lo último que le apetecía era oir su voz. Intercambiar frases añejas sin sentido, pero contestó, sin importarle lo que el pensara sobre sus motivos.
-¿Y ahora qué?
-No lo sé.


Le hubiera dicho todo en lo que pensaba, cuando no podía dormir, pero no sabía cómo hacerlo, tampoco le sobraban las ganas para encontrar la forma.
Esperaba su turno de réplica. Todavía quedaban reproches que hacerse, aunque aquel no era el mejor momento. Ningún momento era bueno para alargar la agonía del adiós.
-Cuídate.
-Tu también.

Algún día esperaba que estuviera bien, ahora solo deseaba que su duelo durase tanto como el suyo. El tiempo les apaciguaría.
Se liberó del sentimiento de culpabilidad que tenía por darse cuenta antes que él, de que las cosas no funcionaban. Tarde o temprano, tenía que suceder, pero ella se le adelantó.


Cuando el amor muere, enterrarlo profundamente solo servirá para que brote de la tierra con más fuerza.


25 octubre 2009

Brujas


“Todas las mujeres han pensado alguna vez sobre ellas mismas, que son brujas. Todas las mujeres han pensado alguna vez sobre otras mujeres, que son brujas” Algo así propugna Eugenia Rico en “Aunque seamos malditas”.

Las únicas brujas que conozco (literales, no figuradas), aparecen en cuentos infantiles o las he visto en la tele, vistiendo faldones grises, luciendo una monumental verruga en nariz aguileña, y acompañadas por una escoba (medio de transporte de bajo consumo y con ilimitadas funciones) o por un gato (fiel amigo).

Las brujas no existen. Se las inventó un “malideado” (la Inquisición), con insuficiente capacidad para asumir que las mujeres (algunas sobre todo) somos racionales (manipuladoras); honestas (malvadas); de pensamiento libre (perversas) y con infinitos recursos (amantes de las artes oscuras).

Pretexto para desnudarnos (en la búsqueda de la marca del diablo en nuestra piel); vejarnos (comprobación de si somos de carne y hueso) y someternos a su voluntad (hacernos respirar bajo el agua).

Tras la ardua jornada laboral, a las que sobrevivimos, nos queman en la hoguera, para que no queden huellas de lo que nos hicieron, no por ser brujas, sino por ser más inteligentes que muchos hombres que ponen en su boca, la palabra de un Dios, que nunca las pronunció.

La sabiduría es poder, el poder es peligroso en manos ambiciosas.
Hoy me siento un poco bruja. Hoy soy un poco más mujer.

18 octubre 2009

Al César, lo que es del César


Toda la vida engañada ¡Y de qué manera!
Viviendo en una mentira y mintiendo a los demás. Divulgando involuntariamente una verdad falsa. Responsable, en gran medida, de que una buena parte de conocidos o sencillamente de personas que se han cruzado en mi vida, crean en una quimera que no es cierta, sólo porque confiaban en mi palabra. Palabra incierta.

¡El “allioli” no es catalán! El alma se me cae a los pies. Un señora francesa me dice que el “Aïolli”, proviene de La Provenza, más exactamente de Marseille. Dudo, dudo muchísimo, no queriendo aceptar una posible realidad, que me mantiene al borde de la tragedia, mientras en mi interior una vocecita (la voz no existe, me la invento, una vez descubierta mi mentira, he quedado en evidencia de todos modos, independientemente del número de engaños a los que haya sometido al género humano e incluso animal), reivindica ¡Allioli catalán! ¡Allioli catalán! ¡Ra, Ra, Ra!

Consulto (con la esperanza de que la señora estuviera equivocada, y así librarme de la cruz que cargarán mis hombros hasta que me canse de ella y decida ponerle una ruedecillas para aligerar el peso) en Wikipedia, que tiene respuesta para todo, y descubro que en época romana, estos copiaron la salsa a los egipcios, a quienes se les concede la autoría (ya, será porque Ferran Adrià no había nacido aún), y los romanos, entre conquista y reconquista, desvelan la fórmula del “alhoyolio” a los andalusíes, que lo extienden a Valencia y a Cataluña (¡Allioli catalán! Ra, Ra, Ra) y que posteriormente pasará a ser utilizado en La Provenza (algo de razón tenía la señora francesa, aunque no quede eximida del mismo error cometido por mi persona por tanto tiempo) y en las Islas Baleares.

Traumatizada parcialmente (necesito una parte de mi intacta para seguir viviendo), me desgloso (que es muy fino) en pensamientos: con tantas personas habitando el mundo, en tantas épocas antecesoras a la nuestra, no es de extrañar que a más de dos o tres personas (mujeres, segurito pues, que eran mujeres) a la vez, se les ocurriera hacer una mezcla de ajo y aceite (por el momento no he querido saber si entonces mis paisanos utilizaban ajo y aceite de oliva en la cocina, o tenían que esperar a que los egipcios se lo importaran) en distintas partes del mundo, aunque luego no lo propagaran a los sietes vientos, por ausencia de afán protagonista.

Todos los domingos, preparo “allioli” (catalán, se pongan como se pongan los egipcios), que en su variente sudoestera es el “ajoyaceite extremeño”. Hoy, mezclando el ajo picado con el aceite en el mortero, esa vocecilla inventada mía gritaba, ¡Alioli, español! Como Gilbraltar… y los monos andaluces.

11 octubre 2009

Allí

Donde la vida me lleve, iré; donde se detenga, pararé.
En las últimas semanas, la causalidad (y sólo ella quiso que estuviera donde estuve, para saber lo que sé) ha tenido a bien poner en mi conocimiento hipotéticas realidades ajenas a mí, versadas sobre temas universales, con alto cariz trascendental, que rozan lo filosófico y hasta lo metafísico.

En el centro de un círculo con fisuras (como el corro de “el patio de mi casa es particular, cuando llueve y se moja no es como los demás”), observo que hay quienes se proponen cambiar de vida, porque la que tienen no les satisface; quienes reflexionan sobre si el camino tomado años atrás, fue el correcto o hubiera sido mejor seguir otro; también hay quienes evolucionan completando ciclos (a veces vitales); o a quienes les inquieta el porvenir (porllegar); y estoy yo, espectadora en la distancia (por no preocuparme estas cuestiones), viviendo un presente (que es lo único que tengo ahora) sin mañana, y formándome ideas objetivas (subjetivas, la experiencia no deja otra alternativa) acerca de lo que mis sentidos perciben. Yo no pienso tanto (al menos sobre ciertas cosas), como los demás.

Son sus circunstancias, sus razones, las que a todas esas personas les hace plantearse la vida o parte de ella, vivida o por vivir, entretanto, permanezco al margen de esas divagaciones, blindada (por voluntad propia) para que no me alcancen. Aún no.

Será que me he vuelto insensible (reconozco haber sido distinta); que cuanto más fuerte soy, menos vulnerable parezco; que una determinación firme del pasado me mantiene ausente de pensamientos profundos (de esos a los que no escapa nadie) o simplemente, que me limito a vivir hasta consumir el tiempo, viendo pasar la vida de los demás con sus incertidumbres y certezas… Donde la vida me lleve, iré; donde se detenga, pararé.


04 octubre 2009

Lluvia

Esta semana llovió, pero ni había amor, ni era pequeño, ni las gotas de agua se confundieron en el mar, si acaso en el rio. La lluvia limpia impurezas. Apaga fuegos cuando no sopla el viento.

Me mojé. El agua me golpeó la cara e intensificó los colores de mi indumentaria.
Bajo la lluvia nada permanece igual; cambian las texturas; los colores; los sabores; la forma en que percibimos los sonidos o las cosas.

Transforma y nos transforma para que a su vez transformemos lo que tenemos o tendremos. Purifica.

La primera lluvia del otoño cayó, y a través del cristal lleno de gotitas en camino descendente, que mueren al llegar al unirse con otras, la realidad se distorsiona y nada es como era.


27 septiembre 2009

Fisuras mentales

Hay recuerdos inventados. Recuerdos que nuestra mente crea sin querer (o con intención, pues gran desconocida es) y que nosotros damos por ciertos.
Tengo recuerdos que no sé si existieron, me los inventé o que voy olvidando (memoria selectiva), que cada vez son más difusos.

Ocurrió en una fiesta – despedida (ya entonces empezaba a sospechar, de lo que hoy no me cabe la menor duda, NO ME GUSTAN LOS JOLGORIOS), a esa edad en la que los niños lo son aún, por poco tiempo más.

Sala de actos del colegio, último curso de la E.G.B., dos clases (A y B, cuya rivalidad se fue acortando con el transcurso de los años, y la amistad reemplazó a la enemistad despectiva), alumnos italianos procedentes de un intercambio (que me llevó hasta Rivoli durante una semana) y profesores moderando el comportamiento de los más “exaltados” (echados para adelante).

Primavera (la sangre alterada); música italiana denotándonos como buenos anfitriones (Jovanotti, furor entre los de aquel país, sobre todo entre ellas) a todo pulmón; la tarde cayendo; víspera de una partida (la de los visitantes); puerta del aula cerrada; persianas bajas; calor; calor; mucho calor…

Aturdida, permanecía con un grupo de amigas (A y B) en un rincón, alejada de los gritones adolescentillos que bailaban en el centro de la sala, poseídos por un extraño enter, que les hacía desatarse como si hubieran acabado con todas las existencias de una cocktelería. La cabeza palpitándome cuan corazón desbocado... Entonces ocurrió. El graciosillo –gamberro que siempre se divierte de la misma forma en todas las fiestas (porque su cerebro no da para más) apagó la luz y ellas empezaron a gritar (como si les preocupara no ver nada), mientras ellos reían a carcajadas.

En esos breves segundos, alguien hizo algo que no me gustó… o sí (si hubiera sabido de quien se trataba) y le aparté o eso creo (salvaguardando mi recato). Recuerdo haber hecho topar mi brazo con un estómago, más bien barriguita (muy esclarecedora en mis pensamientos posteriores) de alguien que no era mucho más alto que yo (deduje por la altura a la que me llegaba su respiración). Me resultó tan desagradable esa inesperada proximidad con “lo invisible”, que en mi mente se formó la idea de lo que me hubiera gustado hacer (empujarle tan fuerte que cayera al suelo, desvelando así su identidad), y siempre he pensado que hice.

Las luces no tardaron en encenderse. Mis amigas permanecían en la posición en la que las había visto veinte segundos antes, ajenas (o conocedoras, dadas sus risitas) de que ese espacio circular que dibujábamos, había sido vulnerado. A sus espaldas mi mejor amigo y su mejor amigo ("el niño de mis ojos"), aparecidos de repente con la oscuridad, cuchicheando afablemente; cómplices de lo que nunca he querido saber, porque la verdad podría no gustarme.
Realidad, invención u olvido.


20 septiembre 2009

¿Una imagen vale más que mil palabras?


La imagen se presta a muchas interpretaciones, que cada cual, saque sus propias conclusiones.
Probablemente nunca conozcamos la intención de sus protagonistas, por eso, se aceptan especulaciones y cábalas acerca de lo acontecido, tal día como ese.

Roedora 1 (que se aferra a una endeble ramita), intenta impedir que roedor 2 (al que sujeta desesperada), con el que lleva flirteando varios días, le entregue la flor a roedora 3 (que en pocos segundos se ve a sí misma malherida, si sus reflejos le fallan), a la que le une una estrecha amistad con roedora 1, que cada vez le tiene más tirria a su amiga, porque roedor que se le acerca, roedor que le espanta.

Esta es mi versión de los hechos. Se me ocurren otras muchas, pero lo primero en lo que pensé cuando vi la foto en fue en rivalidad entre roedoras (una sí sé que es fémina, los otros dos los desconozco)y “celos”. A veces, lo primero que se nos ocurre delante de una circunstancia, está estrechamente ligado con nosotros mismos, otras veces no tiene nada que ver.
¿Qué papel formaríamos en la escena?

13 septiembre 2009

Noche

En las noches, hay personas que no duermen, porque están trabajando; porque no pueden o no les dejan (como a mí).

He probado con los tapones, fracaso total. El ruido insano que sale de las numerosas casetas repartidas por el recinto ferial, es tan alto, que los tapones apenas me aíslan de tan demenciales musiquitas, y las oigo como si procedieran de muy lejos. Los ojillos se me cierran, pero el sueño y yo permanecemos irreconciliables. No me gusta que me impongan nada, mucho menos ruidos ajenos (tambores, rumbas, bocinas...)

He abusado de las infusiones para que la noche me encontrara relajada y tranquila. La serenidad tarda en irse lo que se tarda en interrumpirla.
Caminar por la casa, de un lado a otro, a veces ocupando sillas, otras veces sillones, alguna que otra vez el suelo (pues a 34 grados en el interior de casa, es lo que más refresca), tampoco funciona. Leer no es distracción alguna. Escribir tampoco por la falta de concentración.

Pienso y repienso acusando cansancio.
Demasiadas horas despierta, demasiadas horas crispadas.
Me hago cómplice de unas voces que no conozco, pero que me reportan cierto entretenimiento. Lo programas radiofónicos a altas horas de la madrugada, reconfortan. No estoy sola, comparto mis minutos con personas que tienen algo que decir, y que no esperan al día para hacerlo. Conozco sus historias, sus puntos de vista sobre temas universales que en mayor o menor medida, alguna vez nos afecta a lo largo de la vida.

La noche hace que las melodías suenen distintas y esta noche otros serán los sonidos que me entreguen al sueño. Los elegidos.

06 septiembre 2009

Libre


Hoy puedo decir, lo que otros dijeron mucho antes que yo, y los que me seguirán dirán más adelante, incluso hay quienes lo dicen varias veces al año… Estoy de vacaciones.

Una semanita que coincide con la feria (horror entre los horrores; tortura sin nacionalidad; pesadilla en sudoeste de España street; hecatombe total; apocalipsis now, now; fatalidad infernal; catástrofe medio-ambiental…).

Uno de los Grandes Maestros de las Ciencias Miedosas, que en estos días se aposenta en tierra suya y extraña mía se pronuncia.

-Sabia suprema en potencia, tu cuidar tus oídos con protectores adecuados del ruido externo, (polvo y agua), que producen aburridos maldivertidores. Tú usar tapones espumosos, color amarillo canario y dormir toda la noche como angelito con sueño.

-Gran Maestro de las Ciencias Cautelosas, debatiéndome estoy en mi fuero interno, que bien profundo es. Si uso tapones canarios, evidenciando estaré que mi falta de sueño generado, será por malhechores, a quienes les escayolaría las dos piernas con gusto recalcitrante; pero si no los utilizo, expondré a mis oídos a la escucha legal de atrocidades hasta más allá que canten los grajos.

-Magnánima de conocimientos diversos, saber elegir, es harto importante. Si tu querer dormir, sin querer oír, tu canarios en oídos poner. Si tú martirizarte con escandalosas músicas ajenas, tú no dormir, tú malhumorarte y crearte malestar más profundo que tu fuero interno.

-Oh, Gran Maestro de las Ciencias Reservadas, cuan esclarecedoras son tus palabras, pues parece que un cambio se está produciendo en mi intención de actuar o inactivarme, encaminado hacia esas espumillas que apartarme de los malos sonidos habrán y sueño conciliaré.

-Aprendiza desbordada de buenos aprendizajes, toma un protector entre sus manos, haz un fideo Gallo, nº 2, e introdúcelo en el oído. Espera un minuto a que el Gallo se expanda y dejarás de oír por un oído. Tu repetir operación con el otro canario. Paz hallarás.

-Gran Maestro de las Ciencias Guardadas, apenas percibí tu voz, segundos antes de callarte. ¿Podrías alzarla un poco más, para no echar en saco roto tú doctrina…?

Con feria o sin feria… ¡estoy de vacaciones!

30 agosto 2009

Tener o no tener


Ocho y catorce minutos de la tarde (a tan solo cuarenta y seis minutos del término de la jornada laboral), en la oficina con un dado a cantar lo más hondo que su diafragma le permite a tempranas horas de la mañana.

“Quien yo me sé, no sabe lo que se ha perdido”.

Quien el de más arriba y yo sabemos, desconocía que tuviera “posesión alguna”, por lo que la sensación de pérdida no existe, aunque sí la posibilidad de tener “propiedad”, que le hubieran entregado, sin que supiera que tal “bien” estaba en su poder.

En caso de que quien sabemos (y ocultaremos), intuyera que podría estarse perdiendo algo, no le dio importancia, porque interés no ponía, tal vez porque lo conocido hasta el momento (muy poco) no fue suficiente (calidad), para despertar la curiosidad de conocer mucho más.

Quien no ha perdido nada, aún puede ganar mucho. Quien cree que algo es muy bueno, quizás no sepa que puede ser mucho mejor, o se esté engañando.

To be continued… o no.



23 agosto 2009

Sandías

En esta región extremeña, la ingesta de la sandía sigue un proceso muy similar en todos los hogares, que suele producirse al mediodía, cuando todos los miembros de una familia se reúnen para comer.

1.- Colocación del manjar.

La ubicación que se le da a la sandía, es en el centro de la mesa, para que todos puedan verla bien y seguir el proceso sin dificultad alguna.

2.-Control de calidad del género.

Se golpea la sandía con los nudillos. Dependiendo del sonido que ésta emita, que puede ser de “muy hueco” a “levemente hueco”, se determinará “a priori”, si la sandía es “buena” o “mala” (para evitar sorpresas, es aconsejable que esta misma operación se lleve a cabo en el punto de venta del producto).

3.-Corte y confección

Se introduce la punta del cuchillo (cuanto más grande sea éste, más limpio saldrá el corte de la “tajá”, en extremeño, o tajada). En este paso es importante tener en cuenta dos factores: si al introducir el objeto cortante, sale un poco de líquido rosado y el crujir de la carne. Si se dan éstas dos circunstancias, la fruta “está para comerse”. Si por el contrario no sale jugo y no cruje lo suficiente, está “pasada” (o demasiado hecha).

4.-Vista y olfato.

Una vez la sandía está partida en dos mitades, se observa su color y se percibe su olor. El rosado degradado a blanquecino y ligero aroma, es síntoma de que la sandía es “esaboría”. El rojo pasión y fuerte fragancia a fruta tropical, indicará que es “sabrosa” o “jugosa”.

5.- Degustación.

Último y definitivo paso. Se completa el proceso cuando el diente es hincado en la fruta. Hay quienes, llegados a éste punto, se ayudan de un cuchillo o navaja, para quitar las pipas antes de probar la sandía. Para una degustación satisfactoria, es aconsejable morder la sandía con pipas incluidas y una vez se haya separado en el interior de la boca las mismas de la carne, expulsarlas sobre un plato, o en su defecto sobre la mesa con cuidado de no apuntar a nadie.

En la ingestión de la sandía, los comensales llegan a la conclusión de que la fruta es engañosa, pues el sonido, el color, y el crujir, sólo son conjeturas que no se sostienen en base sólida, y siempre habrá alguien a quien le guste mucho (“esta tajá ha salido buena”) y alguien a quien no le guste tanto (“pues mi tajá no tiene mucho gusto).

Nota de la autora: El proceso también resulta útil para la degustación del melón.

16 agosto 2009

Agosto en ciernes

Esta vez os dejo una versión que no conocía de un tema que me gusta mucho.
Con treinta y cuatro grados en el interior de casa (y aún no ha caído la tarde, que es cuando el horno empieza a funcionar a todo gas), no se me ocurre nada sobre lo que escribir.

Hace dos días que no pienso, y si he pensado algo en las últimas cuarenta y ocho horas, no me acuerdo. Tampoco he puesto demasiado interés en escribir algo. Estoy agotada. Una parte de mí está derretida en el suelo (que es de gres y resulta refrescante cuando no llevas demasiado tiempo tirada sobre él), la otra parte sale del paso (sigo empeñada en no dejar que mi voluntad flaquee y llevar a cabo aquello que me propuse hace un año y ocho meses, ser constante con el blog) con este tema de Queen.

He empezado a irme un poquito, como otros antes que yo hicieron, pero seguiré aquí por si regresan o regreso.


09 agosto 2009

Tal día como hoy


Amanecía cuando asomó la cabeza al exterior.
Afuera la temperatura era algo más fría que el lugar donde había pasado los últimos meses, pese a ello, aquel era el momento adecuado para dejarse llevar por las corrientes marinas y enfrentarse a los peligros que le acecharían en adelante.

La pelusilla rubia del bigote se ladeó ligeramente. Arrugó la cara enfurruñado. No estaba seguro de que aquello le fuera a gustar, demasiada luz cegaba sus ojos, pero ya no había marcha atrás.

Un hombro, seguido del otro y luego los brazos. Iba saliendo poco a poco, para irse ambientando. Los pies delimitaron los dos mundos; al que ya no volvería, y al que pertenecía.

Era alargado y rollizo, algún día tal vez, un barítono por el potencial vocal que ofrecía. Voz descontrolada, que educada, le conducirían a los teatros más importantes de Europa.

Pronto se hizo sabio. Su camino no era el cante, sino el aprendizaje y observando, reteniendo y aplicando, se convirtió en uno de los Grandes Maestros de las Ciencias Escondidas (y a veces ocultas), y los demás en aprendices (algunos aventajados).

Ocurrió hace años (tantos, que la vida aún no me había alcanzado) y lo que sé, es lo que me contaron y lo que os cuento lo que sucederá el quinto día de la semana que amenaza con atraparnos.

UNO de los Grandes Maestros de las Ciencias Tímidas, conmemorará su centenario (quizás sólo unos pocos menos de la mitad). Algunos estaréis descubriendo quien es hoy; otros, llegasteis aquí, porque cierto día primaveral, tuvo la osadía de desvelaros un secreto de cierta discípula avanzada, que desde entonces ha buscado el modo de vengarse. Secreto por secreto.

En tan memorable día, que los versos salgan de vuestras plumas y las plumas sobre papiro escriban, como lo hacen los míos:

Gran Maestro de las Ciencas Temerosas, una rosa, es una rosa, no la cojas a menos que peligre tu vida, o peligro correrán tus dedos. Que los años te acompañen con flores sin espinas.

En caso de disponer sólo de teclado y monitor, podéis dirigiros a:
http://cachosdevida.blogspot.com/, para dejar vuestros poemas o bien hacerlo en este post.

02 agosto 2009

De ruta


Soy enemiga de fiestas, borracheras y multitudes.
Abstemia declarada, aunque no siempre fue así. Cuando era pequeña, a veces me daban un vasito de quina Santa Catalina, para que me abriera el apetito, pues mala comensal he sido siempre y a estas alturas, no voy a ampliar mi particular abanico de alimentos mezclados cocinados, pero tan nauseabundo líquido burdeos, lo único que hacía era revolverme el estómago, y recordando aquellos trágicos momentos de la ingesta, retorcijones noto en zona abdominal, donde bondades debería proporcionarme el cercano olor a chocolate que percibo.

Este fin de semana (el mismo en el que un lustro se cumple desde mi llegada aquí), en este paraje del interior situado al sudoeste de la península, se celebra, como ya viene ocurriendo en los últimos tiempos por beneplácito del señor alcalde, sus concejales, y el señor cura, “La ruta de las tapas” en la plaza del pueblo, que consiste en que los bares desempolven sus stands, para que los autóctonos (y lugareños de otras poblaciones cercanas llegados en autobuses fletados), vayan “de bar en bar”, bebiendo y picando, hasta acabar tirados por cualquier parte (incluso en rincones inhóspitos), rodeados por vasos de plásticos, orines y botellas de cristal rotas en el suelo, espectáculo al que asistimos por la mañana, los que pagamos involuntariamente a través de impuestos, las brillanteces del terrateniente amigo de las aves, sobre todo cocinadas en un plato después de haberlas dado muerte en campo abierto.

Dicen lenguas variadas, que el señor cura (gobernante de la iglesia de la plaza dónde todo discurre), discurso corto ofreció a los asistentes a una boda, achacando su brevedad ante los presentes a que había tenido que retirarse de la ruta, para bendecir matrimonio, y a ella debía volver, para seguir festejando tan importante día del alcohol.
Numerosos ojos le vieron después lucir una camiseta blanca en la que rezaba: “La ruta de las tapas”, con todos los logotipos de los bares colaboradores, y un pañuelo rojo a lo sanfermínero. Pues fiesta no bendecida, fiesta maldita.

Analizando la preocupación de los del poder, por mantener a sus habitantes hidratados una vez al año, y sólo pensando en ellos, resulta más rentable invertir capital en emborrachar al pueblo (parco en ideas), que en sustituir los ordenadores de más de veinte años a los que los niños dan uso en la biblioteca, no vaya a ser, que una de las criaturitas salga inteligentilla, y el día de mañana sea la alternativa a las tapas y el alcohol, desplazando al “único pensamiento”.

26 julio 2009

Vida interior

Me levantaba sola por las noches y caminaba por la casa en la oscuridad, con la mirada vacía, en ojos cristalinos. Mis pasos no tenían destino. Sólo caminaba con los ojos abiertos, bien abiertos, apenas sin parpadear.

A esas horas, a veces altas, una o varias misiones me eran encomendadas y a lo Lara Croft (pero en pijama), me enfrentaba al peligro sin temerlo, pues consciente de él no era, hasta que dicha misión (misiones) era cumplida. En el transcurso de la misma, me detenía en el baño (la Croft también lo hacía antes de eliminar a los malos con tres patadas y cinco piruetas en el aire), hacía lo que tenía que hacer para sentirme mejor, y mi particular aventura empezaba.

La exploración de nuevos horizontes era esencial para reconocer el terreno (solo que hacerlo descalza en la calle resultaba altamente perjudicial para mis pies y mi integridad física); buscaba el medio de transporte adecuado (un burro resultaba lo más barato en el comedor de casa), y perseguía mi objetivo (buscar setas debajo de camas ajenas).

De pronto, unas voces empezaban a interrogarme. Les contestaba escuetamente. Dar más información de la necesaria al enemigo, podría conducirme al fracaso. Las voces me hablaban despacio, no tanto como yo les respondía, e intentaban manipular mis acciones. Llevarme a su terreno… Y lo conseguían.

Los que alguna vez hemos sido sonámbulos no caminamos con los ojos cerrados y los brazos extendidos (leyendas creadas). Vemos y oímos, aunque estemos dormidos (inconscientes) y nuestra vida no peligra si nos despiertan, si acaso, peligra la de los demás por habernos despertado.

Vivimos los sueños activamente durante la noche, y durante el día no los perseguimos despiertos, porque nadie mejor que nosotros para saber, que los sueños, cuando se alcanzan, se convierten en pesadillas.

19 julio 2009

Literatura

Inicio la lectura de un nuevo libro.
Siempre sigo el mismo ritual. El día que acabo de leer uno, empiezo el siguiente. Previamente lo he abierto unas cuatro o cinco veces; lo he olido otras tantas (me gusta el olor a imprenta que se desprenden de las páginas) y he leído las dedicatorias (casi siempre dirigidas a personas que ya no están).

Parte Primera: “Canción del pene amputado”.
Es tarde, tengo la vista cansada. No leo bien. Me restriego los ojos para liberarlos de un poco de fatiguita. Resulta graciosa la confusión.

Parte Primera…
Los ojos se me abren como platillos. Ni rastro del cansancio. ¿Pero esto no iba de un religioso asesinado en tiempos inmemoriales? La elección del libro no tuvo nada que ver con mi falta de fe eclesiástica (como tampoco fue determinante en ”Ángeles y Demonios” o “La abadía de los acróbatas”, en la que algunos hombres y mujeres de Dios, emprendían el viaje eterno). La sinopsis me pareció interesante, en la línea de “El nombre de la rosa”, pero sin crearme grandes expectativas al respecto, pues Umberto Eco, es insuperable.

Tras leer el título de la Parte Primera (varias veces), recuerdo “La cuarta mano” (no desvelaré cual es esa otra mano), de John Irving, donde también aparecían miembros amputados, aunque no les dedicaran una canción.

Capítulo I: Canto I.
Hojeo el libro por encima por si hay más cantos o partes del cuerpo perdidas, y asisto al descubrimiento de hasta seis odas más. El mismo tiempo se hubiera empleado en la creación de una opereta al inerte desaparecido, que son más populistas y llegan a todo hijo de vecino, pobre o rico, pero quiso la autora, que los cánticos quedaran en la Iglesia, y de las paredes más allá, sólo rumores infundados de buenos para nada (mi frase favorita de las telenovelas sudamericanas) .

“Amigas mías, os diré qué es lo que hace especial a un hombre. ¡Se trata, ni más ni menos, de ese cuerno con el que proclamamos nuestras pasiones más profanas! ¡De ese rabel que emite tan dulces melodías al contacto con vuestros dedos, bellas damas! Perder este preciado instrumento (más precioso para mí, os lo aseguro, que la viela que canta tan armoniosamente bajo mi arco), perder este tesoro es perder toda hombría.”


Fragmento del segundo párrafo… Ni rastro del sacerdote muerto. Algo dejó de existir, sin duda, algo que no está pegado a su dueño (como el hombre a una nariz pegado, de Quevedo), y entorno a ese algo, gira una historia que apenas comienzo, escrita por una mujer ¿malhumorada? ...