24 octubre 2010

La vida se compone de pequeñas y grandes historias, tan breves como largas, que empiezan y algunas, hasta acaban.
Historias nuestras o de otros, de las que somos protagonistas o secundarios, pero cuyo desarrollo sin nuestra intervención no sería la misma. Aportamos lo que les falta, para suavizarlas o encrudecerlas.

He recordado, al hilo de lo que contaré más adelante, algunas de esas historias olvidadas, en las que no sé qué ocurrió, solo tengo la certeza de que las viví, y haberlas olvidado, es como haber hecho desaparecer una parte de mí, que ignoro si me gustaría reencontrar.

La memoria selectiva elige los recuerdos que no nos hacen daño y borra los que hieren, pero hay circunstancias adversas que marcan y se alojan en nosotros como una carga, unas veces más pesadas que otras, y esa veces tan pesadas, la historia se reproduce en la memoria, haciéndonos sentir (incluso padecer), lo mismo que cuando ocurrió en una realidad tangible.
Si esos recuerdos permanecen es para que cambiemos parte de la historia. No podemos actuar sobre lo sucedido, pero si sobre sus consecuencias, y ahí empieza otra historia.

Lo que creemos olvidado, se oculta en alguna parte, morando hasta que lo recuperemos... Hace unos días recuperé uno de esos recuerdos, una de esas historias: una decena de niños de entre ocho y diez años, entraron en la oficina con una hucha de hojalata y pidiendo un donativo para la iglesia... sí, para la iglesia, no hay bastante con pasar el cepillo, ni con las participaciones de lotería que ya se han empezado a vender, ni con la asignación tributaria de quienes marcan su casilla
en la Declaración de la Renta…, hay que inculcar el sentimiento solidario a los niños y movilizarlos... La causa no solo no me motiva nada, sino que además me exaspera, y mucho que ver tiene mi ateísmo confeso (se acabó lo del agnosticismo, soy atea).

Como trabajadora previsora, no suelo llevar dinero encima habitualmente: no tomo café, no como en horas de oficina, y no compro agua (las botellas las relleno en casa, que cincuenta céntimos al día son trece euros al mes, y con esa cantidad pago la factura de la luz bimestral), por lo que cuando argumento mi falta de colaboración alegando que “no tengo dinero”, no miento (de ahí lo de previsora) a la causa solidaria que se me planta delante.

Cuando era niña, un poco mayor que los pequeños beatos de la iglesia, para costearnos el viaje de fin de curso de octavo, (estudié la E.G.B., la E.S.O, me parece una formación despectiva) durante las Navidades de ese año vendimos lotería.
A algunas puertas tuve que llamar para que me compraran un boletito (con lo vergonzosa que he sido siempre y lo poco que me gusta pedirle a nadie nada), mostrando inocencia en mi carita y con una vocecita que no me salía del cuerpo, y cuando recibía una negativa por respuesta (los atrevidos que nos abrían las puertas. Padres y madres del barrio con hijos en la misma situación que la mía), la decepción llegaba. Ese es mi recuerdo, la desazón que se siente cuando “fracasas” en una empresa emprendida, independientemente de cuál sea el fin.

Hasta pena me dieron esas criaturitas movidas a hacer el bien ajeno, cuando salían de la oficina arrastrando los pies y con la mirada clavada en el suelo y eso que no les he contado “la verdad” acerca de la iglesia, de eso ya se encargará la vida, pero aunque no lo sepan (como yo tampoco lo supe en su momento), les he entregado algo mucho mejor que dinero: una historia y un recuerdo. Que utilidad les den tendrá que ver con lo que son hoy y lo que serán mañana.

17 octubre 2010

Zizania Palustris



Algunas noches ceno con Arguiñano, las mimas que llego pronto a casa (“llegar pronto a casa” equivale a salir del trabajo a la hora en que termina la jornada laboral).
Cuando coincidimos en el mismo espacio, ya hace diez minutos que ha empezado a cocinar y aquí es donde entra en juego el factor sorpresa: hasta que no termina el plato, no sé lo que está preparando, aunque por los ingredientes empleados me puedo hacer una idea, no acierto con el nombre completo, soy más sencilla y practica, para mí las “finas hierbas” son brotes verdes de alguna verdura.

Mis cenas suelen ser muy ligeras. En casa hemos establecido no ensuciar la cocina por las noches (para hacer de cocinillas, mejor la luz del día y tiempo por delante) por lo que el mircroondas y el pan con cualquier cosa, son muy socorridos.
Me siento delante de la televisión y me entretengo con las comidas que en la vida comería. Para ingerir alimentos soy muy mía, no como nada que habite en el campo (con patas o alas) o cuyo hábitat fuera ese en condiciones normales (sin secuestro y posterior animalsidio), me da una penita profanar a un antiguo ser vivo tremenda y repelús no digamos. Con los habitantes del mar es distinto, nunca me he encontrado a ninguno de ellos nadando, por lo que asumo que no los capturan para que pasen unas horas en mi estómago antes de volver al mar, y que los fabrican en exclusividad para mí. Esa es la verdad que quiero creer y así redimirme de mi crueldad manifiesta.

Hace un par de semanas, cenando estaba cuando Arguiñano coge un puñado de arroz salvaje (gramínia acuática) y lo echa en una sartén con aceite caliente, y al entrar en contacto ambos elementos, los filamentos negros se abren al instante metamorfoseándose en gusanos blancos. A un paso de arácnido estoy de expulsar el queso blanco con miel que tomaba, ante semejante imagen vomitiva (ya he reconocido que soy muy mía para las comidas).

Hay alimentos que visualmente son poco agradecidos (los mejillones se encuentra entre ellos, adefesio monumental bajo mi óptica, claro), más allá del gusto que tengan o que proporcionen a los platos. Si no me enseñan cómo se cocina el arroz salvaje, quizás, camuflado (en una napolitana de chocolate) lo probaría, pero más que a cocinar (no tengo ni idea. Solo sé freír, cocer y utilizar la plancha o el grill, que ya es mucho), lo que estoy aprendiendo con Arguiñano, es a distinguir los alimentos después de ser cocinados y aumentar mi lista de “ingredientes non gratos” de mi vida.

10 octubre 2010

De un granito de arena, una montaña

Rubia de barrio sale con mozalbete amante de protuberancias sobre cabezas ajenas (de animales bravos y figuradas), procedente de dinastía falconcrestesca cañí.
Viven su particular historia de amor (como los son todas), perpetuándose en el fruto de su efusiva afectividad, a la que no le gusta nada comer pollo frito en verano.

El final de sus días chistosos termina y la rubia y el mozalbete se desunen.
Él se casa con una descendiente de Elorriaga y ella pasa por brazos distintos (como él, pero no confesados) hasta encontrar los que quiere que la abracen todos los días un ratito.
Se convierte en una Barbie televisiva de la información (especializándose en la retrasmisión de su vida minuto a minuto… segundo a segundo), a la que la gente adora (solo unos cuantos, no todos), porque ven en su sencillez barriobajera desproporcionada, a la próxima gobernante de sus existencias desde la Moncloa.

Barbie retocada por los disgustos se entera, al mismo tiempo que todos los demás, de que el hombre de su vida (dícese de su marido) ha intimado con otra mujer (que no tiene tapujos en contarlo en programa orgánico), en una de sus múltiples separaciones y no le perdona lo que considera una alta traición, presumiendo de ser muy tradicional, aun habiendo empezado la casa por el tejado con el mozalbete en el pasado.

El dado a dormirse estando despierto (lo extraño sería lo contrario), después de haberse fugado al norte y de haber entonado con mano en pecho el “orina culpa”, reaparece en el trabajo de su ex esposa en potencia, y en nuestras casas (no en todas, solo en las que hacen zapping y se encuentran por casualidad con el drama griego), explicando lo ocurrido, muy arrepentido, y demostrando a Barbie accesorios que la ama hasta la estupidez, rechazando una cuantiosa cantidad de euros, ofrecida por los rivales de su esposa-por-poco-tiempo, para contar su imperdonable aventura.

Los compañeros de trabajo de la oxigenada se echan las manos a la cabeza: “eso si es amor y lo demás pantomima”, tras haberle puesto a caer de cinco burros y un dromedario durante toda la semana por comportarse como un ser humano normal y corriente, que desecho por ruptura conyugal (firmada y refirmada), busca el calor y el afecto de quien quiera proporcionárselo gratuitamente.

El mileurista de la rubia, pide perdón reconociendo haberlo “defecado” y sintiéndose culpable hasta los más hondo de su ser (no entro en profundidades humanas para que cada cual interprete lo “más hondo” del cuerpo según su criterio, pero en oscuridades redondas y ojivales no movemos). Mientras yo, atónita por lo absurdo, no entiendo nada de nada.

Cuando las relaciones terminan, acaban también todos los vínculos y las normas establecidas en la pareja, y cada cual puede hacer lo que le apetezca sin remordimiento de conciencia, por no se encontrarse ligado a nadie.
Considerar “infidelidad” a continuar viviendo del modo que se quiere, es exagerar la realidad al infinito y disculparse por seguir adelante “solo” es como disculparse por no haberse suicidado aún.

No hay para tanto.


03 octubre 2010

Estrés


Dos años acordándose de mí cada tres meses, llamándome por teléfono e iniciando conversaciones cordiales para después derivarse al tema central, objeto de tanto recuerdo, hasta que dije sí, quiero.

No fue inmediato, fue después de cinco minutos de conversación, me convenció incentivada por el cansancio de coger el teléfono y oír esa voz otra vez; las ganas de acabar definitivamente con tanta llamada de repertorio idéntico y por mi sensibilidad comercial (que por dedicarme a lo que me dedico, suele estar a flor de piel todo el día). Insistía conmigo porque estaba haciendo su trabajo como yo desarrollo el mío, cuando me corresponde, y tengo que hacer uso de mi destreza persuasoria, para llevar a mi interlocutor al terreno que quiero y conseguir que permanezca en él hasta que oiga todo lo que tengo que decirle, ayudándole a tomar la decisión que beneficiará mi realización personal (todos perseguimos nuestras metas).

Sería su voz, sería el momento o las circunstancias (desde hace varios meses, no las más adecuadas para preservar el corazón de malos sustos y el estómago de malas digestiones), pero accedí sin saber muy bien dónde me metía, pero sin embargo queriéndome meter en ello.

Estrés, así se llama el curso a distancia que he iniciado hace un par de días. Me mandaron todo el material a casa: tres libros, ejercicios; una libreta y boligráfo.

Hasta hace tres semanas, siempre aludía a la falta de tiempo (es cierto que no me sobra, desde que me divido en dos en el trabajo para aumentar mi efectividad y rendimiento… y porque no queda más remedio) para justificar que no iba a hacer el curso (no me interesaba nada), pero en esos cinco minutos en que dejé hacer al comercial su trabajo, analicé los últimos meses: soñar más de cuatro veces a la semana con el trabajo, no es bueno, algo está ocurriendo, y está perturbando y trastornando mi existencia. Y tomé la decisión para alegría del que hablaba al otro lado del hilo telefónico convencida de ello: ese curso es para mí.

Lo es. El estrés no tiene porque ser malo, solo es un mecanismo de supervivencia que mal controlado puede derivar en distrés (el que todos conocemos, querer y no poder por tener la mente colmada de actividad consecutiva) y bien enfocado en eutrés (mi meta).

La transpiración, las taquicardias, la palidez del rostro, son las señales que indican que el mecanismo se ha activado, tras reconocer el peligro (el peligro para los hombres de las antigüidades eran las fieras, nuestro peligro es la incapacidad de resolver los problemas de cualquier índole al instante).
Qué hacer con esas señales para que no se vuelvan contra nosotros y como sacarle partido a que los sentidos se agudicen cuando aparece el estrés depende de nosotros… como la mayoría de cosas que no ocurren. Lección primera aprendida.

26 septiembre 2010


Antes de encontrar a Abraham, pasé por muchas camas, poco habituada a hacerlo, pero la vida te obliga a adaptarte a la situación, y la mía era necesaria cambiarla si quería alcanzar lo que había empezado a anhelar un tiempo atrás.

No todos me gustaban, algunos a simple vista me desagradaban, pero aún así, en mi búsqueda de aquello que no sabía si encontraría, probé con todos los que me sugirieron los expertos. Lo único que tenía que hacer era tumbarme y sentir o en la mayoría de los casos, no sentir nada. Al principio me resultaba incómodo, porque para mí era una experiencia nueva y porque era consciente de que me miraban; algunas personas esperando mi veredicto con mayor o menor entusiasmo, y otras porque pasaban por allí.

Elegí a Abraham sin conocer su nombre y sin saber si era lo que quería o sólo se acercaba a ello, pero cansada de buscar y habiéndome ocasionado una buena impresión inicial, decidí que fuera él quien me acompañara en mis noches.

Era duro (requisito indispensable) y muy suave al tacto, aunque ese detalle era altamente variante y muy excusable a la hora de tomar una decisión. Una vez en casa, lo cubriría con mis ropas; sus ropas.

¡Qué complicado es comprar un colchón! Ni siquiera bueno o de marca, solo un colchón donde dormir. En las tiendas especializadas solo pedía una cosa: que fuera muy duro.

Los profesionales de los sueños profundos me hablaban de colchones de látex (éste material ya casi se usa para todo, aplicado a los colchones los hace muy blanditos. Cuanta más resina de caucho lleve el colchón, mejor será éste); de colchones viscoelásticos (son los que se adaptan al cuerpo, muy mullidos, con el calor se ablandan y con el frío se endurecen. Él material fue creado por la Nasa, no para que los astronautas descansaran, sino para amortiguar el lanzamiento); colchones de muelles (los de toda la vida. Los únicos que conocía hasta que llegó Abraham descubriéndome que hay muchas cosas buenas en la vida que conocer y probar); colchones de poliuletano (la espuma fiel compañera de los muelles. Ha sido desplazada por las espumas más arriba mencionadas, pero su calidad no es peor por ello, sólo menos novedosa); y también me hablaron de otros materiales sobre los que dormir (agua, aire…).

Mi colchón nuevo (modelo Abraham) es viscoelástico, 100% natural, con núcleo de estructura celular abierta y fabricado con soja para conseguir un máximo nivel de transpiración y relajación, con efecto flotante y no sé cuantas cosas más.

Mis sueños (y pesadillas) ya tienen nombre, se llama Abraham y lo elegí yo (después de yacer con otros) para que velara por mí durante las noches.

19 septiembre 2010

Asociación de mecanismos orgánicos rudimentarios

“Si alguna vez amé, si alguna vez después de amar, amé… Fue por tu amor…”
A punto estoy de creer en el amor, olvidándome de las segregaciones corporales, responsables de que nos ocurra lo que nos ocurre, cuando nos gusta alguien y ese suceso va avanzando hasta que reconocemos que lo que nos pasa es el amor por la vida, cuando Serrat le canta a Lucia.

No es la aparición de otra persona, ni su amor confeso, lo que hace que volvamos a amar, después de haber amado (una o las veces que hayan hecho falta para darnos cuenta que a veces no merece la pena y es mejor no haber conocido tanto), somos nosotros y nuestras percepciones (bajo el influjo hormonal) los que engrandecemos a determinadas personas, por la que nuestro organismo se ha activado arrastrando a nuestro pensamiento.

“No hay nada más bello que lo que nunca he tenido, nada más amado que lo que perdí…”
A punto estoy de creer que el amor fluye por sí solo; que nos encuentra sin que intervengamos en su tránsito por nuestra vida, pero entonces, cuando ese punto se hace tan pequeño que casi desaparece, la razón se impone. No es magia, es un proceso gripal: Amor (Asociación de mecanismos orgánicos rudimentarios).
A veces creo en hadas y duendes, aunque sepa que no existen.




12 septiembre 2010

Acompasados, descompasados

Tolstoi plantea en la sociedad medio - alta rusa de 1877, que si una mujer casada (1) manifiesta una atracción amorosa hacia un tercero, el marido (2) no debe intervenir en ésta atracción que nace muy a su pesar, puesto que estos sentimientos pertenecen a la intimidad de la esposa y solo ésta es dueña de sentir o prohibirse sentir amor por viviente ajeno.

La labor del marido es la de advertir a la esposa que maneje con discreción su enajenación y controle unos sentimientos que pueden reflejarse en su comportamiento en sociedad (3) : “Puedes amar a quien desees aunque no me guste y me duela, pero hazlo con precaución para que nadie más que nosotros sepa lo que te está ocurriendo, hasta que resolvamos el asunto" (4).

Desentendimiento cordial entre una pareja (5) que en su día compartieron sentimientos (6). Trasladado a nuestra época y a nuestra sociedad es como si todos perteneciéramos al mismo lugar y al mismo periodo.

Los patrones se repiten constantemente a lo largo de la historia. La traición (7) no hiere tanto, como coraje produce que el vínculo amoroso se tambalee porque la otra parte haya despertado a lo que a nosotros se nos ha quedado dormido y que no nos haya ocurrido a nosotros en lugar de al de al lado.

La cautela en sociedad (8), es el tiempo que los ultrajados necesitan para buscar un arreglo similar (9) y no quedar como injuriados, o en su defecto el tiempo indispensable para asumir que una etapa vivida se ha consumido.

(1) el cambio de género no altera ni vulnera el orden del producto así como el estado civil.
(2) sujeto relacionado con la primera, de la forma que establecieran ambos en su desvarío ilusorio.
(3) cuanto más dinero se tiene, más apariencias que guardar.
(4) hasta que te aclares.
(5) la unión diplomática carece de importancia, insisto.
(6) difícil es precisar quién en mayor cantidad o con mayor intensidad.
(7) descubrimiento de falta de amor.
(8) enmascaramiento de la realidad a los demás.
(9) romper la relación en igualdad de condiciones.



05 septiembre 2010

Elementos



En mi mente suena desde hace unos días mi último descubrimiento musical.
Seis y media de la mañana.
No puedo dormir.
Demasiado calor a unas horas donde se supone que la temperatura debería haber bajado algo con el rocio, pero los 33 grados se mantienen en el interior de casa bien amparados entre sus paredes.

Es temprano, puedo darme un baño, un baño tranquilo. No llego tarde a ninguna parte. Un baño con el sonido de la radio acompañando el silencio.

Me sumerjo en el agua tibia mientras la música (elegida al azar) va sonando, hasta que una de esas canciones que cuando aún no ha amanecido y el cielo permanece oscuro parece tener más sentido que oyéndola en horas de luz, me abstrae de mis pensamientos... "No puedes decir que NO, no puedes decir JAMÁS, no debes PEDIR PERDÓN...". Demasiado tarde para decir que SÍ, TAL VEZ, y no SENTIRLO.

Fuego, Tierra, Agua y Aire... Cuatro elementos. Cuatro tormentos.
Investigo (googleo) con las pistas que me facilita el locutor y encuentro más de lo que esperaba... Los elementos han llegado a mi vida cuando tenían que hacerlo y en el momento justo, para darle la significancia imprescindible de una entrada escrita por mí.

Un tema más para una banda sonora que empieza a hacerse extensa.


29 agosto 2010

Ficciones


"¿Qué sería peor, vivir como un mostruo o morir como un hombre bueno?"


Primero fue el libro (espléndido. Contiene todas las claves para "entender" el final) , y este fin de semana la película (fidedigna en gran parte al autor, pero muy al estilo Scorsese, lo que equivale a sangre y crudeza desmedida). Shutter Island.

Tenía mis reparos antes de leer el libro, porque el mundo de lo "onírico" tiene de fantasioso lo mismo que de espantoso, y hay estados anímicos en los que es mejor no profundizar ni en lo uno ni en lo otro y decantarse por una lectura menos intensa y más intimista (cualquiera de los libros escritos por Jane Austin, o Tolstoi, sin que un autor sea comparable al otro), pero Shutter Island me cautivó desde el segundo párrafo y cuando acabé de leerlo (demasido rápido para mi gusto), me empezó a rondar por la cabeza la idea de ver la película, pese a esperar de la interpretación de la historia de Martín, lo que he visto.

Materializada mi idea, libro y película se complementan bien, y ambas tienen el mismo transfondo: somos quienes somos, pero cuando te hacen creer que eres distinto a lo que eres, acabas siendo como los demás te han inventado y pierdes tu identidad.

Si vives como un monstruo, asumes que lo eres y no padeces, si mueres como un hombre bueno, antes del último respiro te queda la satisfacción de haber obrado bien.






22 agosto 2010

Historia

No es un trozo de chocolate, ni un trozo de suela de zapatilla vieja, tampoco es goma quemada, es una parte de HISTORIA, que un viajero llegado de mi tierra a su tierra me ha traído.

La historia de unas olimpiadas, de un estadio (en la imagen un pedacito de él), de una ciudad, de un pais, de numerosos momentos, de uniones... BARCELONA '92.


15 agosto 2010

Citas de cine


Entre el romanticismo y la cursilería, hay una raquítica línea que separa el gesto amable de la horterada.

En estos tiempos peliculeros que estoy viviendo (consumo más cine DVDeado de lo acostumbrado… Cuando el calor aprieta, el sueño no llega), me asaltan imágenes, escenas y frases de películas que no he olvidado.
Las citas fuera de contexto pueden pecar de dulcificantes (dentro de contexto algunas lo son), pero me sugieren cosas que se alejan de la concepción de sus creadores.

“La verdad es como una manta que siempre te deja los pies fríos” (El Club de los poetas muertos. La vi en el instituto con mis compañeros, a quienes también caló hondo. A partir del visionado, cuando un profesor llegaba diez minutos tarde a clase, hacíamos novillos colectivo, dejando en la puerta un anota esclarecedora “Nos hemos ido”): a veces incluso deja el resto del cuerpo también frío. Una mala manta.

“Carpe diem. Aprovecha el momento” (El Club de los poetas muertos): nunca me acuerdo que tengo que aprovechar el momento… En realidad no me gusta vivir intensamente, solo me gusta hacer cada minuto lo que quiero y si me apetece no hacer nada, no lo hago, será un tiempo bien empleado si es lo que quiero”.

“El amor significa nunca tener que decir que los sientes” (Love Story. No la he visto entera. La actriz se me antoja altamente sosa): si no lo sientes, no te equivocas, si no te equivocas rozas la perfección, la perfección es aburrida. Si te equivocas y no los sientes, es que no es amor.

“… crees que al decir lo siento el pasado puede corregirse” (Lo que el viento se llevó. Una de las películas que he visto más veces en mi vida): el pasado tal vez no se corrige, pero lamentarse es redimirse.

“Sinceramente, querida, me importa un bledo” (Lo que el viento se llevó): en función del tamaño del bledo, el grado de importancia es menor o mayor. No está todo perdido.

“Éste es el comienzo de una gran amistad” (Casablanca. Querer y no poder): las amistades se fraguan, no se prevén.

“Siempre nos quedará París” (Casablanca): siempre queda lo que se desea conservar en la memoria, París Amsterdam o Ubrique…

“Por la mañana seremos historia” (Antes del amanecer. Pequeña gran relato de un encuentro casual. Magnífica): la historia es variante y siempre queda atrás para dar paso a una nueva.

“He venido aquí esta noche porque me he dado cuenta de que quiero pasar el resto de mi vida con alguien. Y quiero que el resto de mi vida empiece ya” (Cuando Harry encontró a Sally. Segunda vez que la menciono en un post, por algo será…): “ya”, es un intervalo muy corto. Mejor macerar la idea y dejarla para el día siguiente, al menos así la otra persona tendrá tiempo de huir sino ha llegado a la misma conclusión que el de la rapidez.
“Cuando uno siente algo que jamás antes ha sentido, ¿no crees que es mejor averiguar qué es?" (Cuando menos te lo esperas. Con el paso del tiempo, menos divertida): sí, lo mejor es hacer averiguaciones pero no esperar que “lo hallado” signifique algo perdurable.

“El corazón de una mujer es un profundo océano de secretos” (Titanic. No podía faltar, por muchas razones): por eso no hay marinero que quiera navegar en sus aguas.

“Cuando no tienes nada, no tienes nada que perder” (Titanic): y mucho por ganar.

¿Romanticismo o cursilada?


08 agosto 2010

Un poco de arsénico, por favor

Procuro desoír conversaciones ajenas en los treinta metros cuadrados de oficina, sin tabiques de pladul que delimiten espacios, en el trabajo.
Me centro en el ordenador, sumergiéndome en mi mundo de pensamientos particulares y solo oigo voces sin escuchar lo que dicen, exceptuando algunas palabras sueltas que fuera de contexto no tienen sentido para mí.

Profesor de criminología en la universidad, al que nos une una relación laboral (no por su desempeño, sino por el nuestro) y compañero de colegio del jefe, habla distendidamente con el susodicho, y de los recuerdos infantiles pasan a la actualidad (de niños a hombres), deteniéndose ambos en la profesión del profesor (a petición del jefe que es muy curioso) y a su experiencia antes de dedicarse a la enseñanza.
Me esfuerzo por no oír ni escuchar, los asesinatos no me interesan demasiado, mucho menos las circunstancias en las que se producen ni sus protagonistas, pero perdida la concentración, no la encuentro en ningún lado (demasiado poco espacio).

“Todos somos asesinos potenciales con la capacidad de actuar en cualquier momento cuando salta el resorte…”
El “resorte” es la unión de dos o más factores que nos conducen a cometer el homicidio.
El jefe pregunta (vaya mañanita me está dando, tengo el Colacao a medio digerir) y pregunta y vuelve a preguntar hasta que con tanta pregunta desemboca en mi (su única empleada).

-¿A qué perfil se ajusta Daniela?
¿¡Eh!? ¿¡Yo!? Con ninguno, mi potencial es nulo. ¡Qué ocurrencias! Pregunta más risueño que el sol en abril sobre los melocotoneros. Y su interlocutor le da coba.

-Tiene una expresión dulce y armoniosa y un halo misterioso… (soy discreta y reservada y abuso de los dulces, puede que eso se refleje en mi cara, además cuando tomo pastelitos me quedo muy plácida). Le sería muy sencillo ganarse la confianza del sujeto y seducir a la víctima con la serenidad que transmite. Mente fría y calculadora (¡cómo en las películas!), paciente y sutil. Envenenamiento (con aceite de ricino… Mí víctima moriría deshidratada…).
Y yo, calladita. No habiendo querido oír pero habiendo escuchado todo.

Después de esto, lo de confiar en las posibilidades de cada uno, me parece altamente peligroso. No quiero creer ni explotar que potencialmente hay mucho más en mí de lo que conozco. Prefiero que los demás crean en mis posibilidades que creer en ellas yo misma… Por la cuenta que
me trae.


01 agosto 2010

Justicia


En los últimos días no dejo de oír sandeces procedentes de personas que supuestamente tienen herramientas suficientes para defender sus ideas, pues en algún momento de sus vidas se han cultivado, pero que con un desacierto atroz, están mostrándose más como descerebrados que como seres racionales. La inteligencia de los mosquitos es años luz superior a la de cualquiera de éstos lumbreras que ni siquiera albergan esperanzas de serlo en potencia.

En Cataluña no nos gustan los toros, y los prohíben y algunos sectores con intereses maquiavélicos (solo algunos, no generalizo porque cada cual es responsable de sus actos y no portavoz de un grupo que no tiene nada que ver con impresiones particulares, como estos mismos tienden a hacer con su manía de meternos a todos en el mismo saco por haber nacido en la misma región) ven en nuestro firme rechazo al crimen organizado, intenciones separatistas hacia el resto de España.

Lo que no nos gusta (a la mayoría, salvajes hay repartidos por toda la península) es la brutal y cruel tortura a la que se les someten a los animales para celebrar fiestas y en este caso, la matanza de toros en una plaza abarrotada de gente que disfruta con estas actividades.

Algunos opinan, como niños chicos que no tienen argumentos y en lugar defender sus ideas recurren a elementos acusatorios (me he comido un caramelo, pero Pedrito se ha comido dos) que existen otros eventos en Cataluña en los que intervienen animales e intentan comparar el grado de sufrimiento en uno y otro acto. Esos eventos tampoco son tolerables y más temprano que tarde les llegará su turno también.

Otros consideran que con nuestra oposición estamos aniquilando la cultura… maltratar a un animal es cultura; verle agonizar es cultura; cortarle las orejas y el rabo como símbolo de magnificencia es cultura… Con menos cultos de este tipo en el mundo, los conflictos descenderían. Si sometemos a animales (indefensos) a las ingeniosas formas de divertirse de algunos, ¿qué no harán éstos a sus semejantes?

También están los del arte. El toreo es arte, la plaza un gran lienzo y la sangre del toro la pintura… Ya. Por más que me expliquen que el toro desde que nace sabe que su misión en la vida es defenderse de un desalmado que le tortura hasta la muerte y que en muchas ocasiones, por ser el animal muy bravo, se le droga antes de salir al ruedo, para que el torero (arrebatador de vida) tenga su tarde de gloria.

Los del gremio se reúnen para protestar, como si no ejercer de sicarios en una plaza fuera a arruinarles y montan en cólera por la prohibición, más que porque les incumba la decisión tomada en sí, para conservar la imagen de cañí.

Y están los amigos de las plumas, que no desaprovechan la ocasión para tildarnos a todos de nacionalistas e independentistas por mostrarnos en contra de los asesinatos. Defienden que haya libertad para que se celebren corridas, pero no otorgan la misma libertad a los que por los motivos que sean (aquí ya entra en juego la historia), se manifiestan a favor del nacionalismo y de la independencia de su tierra.

Estoy más agría que la leche cortada, pero las barbaridades que se sugirieron entorno al Mundial de fútbol y el revuelo que gustan algunos de propagar a consecuencia de las decisiones que se toman en Cataluña, me sobrepasan. Quizás hayan más idependentistas fuera de esas tierras mediterráneas que en ellas. Por fortuna, no todos somos iguales, independientemente de nuestros orígenes.

25 julio 2010

Amores poco probables


Asisto a una historia (cinematográfica) de amor difícil.
El tema central, no es el amor, pero es lo que prevalece por encima de lo que se está contando. El cine está lleno de historias improbables entre personajes imposibles y a veces poco prácticos (si yo fuera guionista…) que nos cautivan tocándonos algunas fibras sensibles (todos tenemos un pasado y un presente, el futuro afortunadamente no existe).

El listado que sigue, son películas que en algún momento me impactaron (en la medida y forma que fuere). La vida está llena de momentos... Momentos que pasan (dichosos de nosotros).

Romeo y Julieta: dos familias italianas (fervor conflictivo) enfrentadas, con hijos adolescentes en estado de enajenación mental permanente. Ro y Juli se enamoran (con la intensidad del primer amor, el que se cree que es para siempre y luego se descubre que “siempre” es demasiado tiempo para pasarlo al lado de la misma persona) y anteponen sus sentimientos a los desacuerdos inconciliables de la sangre que corre por sus venas, sacrificándose el uno por el otro (precipitadamente). La impaciencia es mala consejera.

Ghost: Pareja (empalagosamente) feliz (probablemente porque no llevan demasiado tiempo juntos), hasta que él es asesinado y ella empieza a hacer pucheros. Limboneando entre tierra y cielo, el fiambre se pone en contacto con una médium para que le ayude a encontrar a su asesino y de paso despedirse de la ceramista. Ella incrédula, duda de las palabras de la mediadora de espíritus, pero necesita tanto creer que él está en alguna parte cuidándola, que sus reservas desaparecen. Crónica de una despedida anunciada.

Titanic: (una de mis favoritas) señorita de buena posición toma el mismo crucero que dibujante pobretón que gana su pasaje en una apuesta. Una noche, estrellada como ninguna, se conocen, se gustan, se enamoran (todo espress), aprendiendo que las únicas barreras que traban el amor son las que nos imponemos y que en dos segundos se puede amar más que en toda una vida creyendo que se ha amado a alguien. Intenso, intenso, intenso.

Lady Halcón: obispo hechiza a dos enamorados, porque ella no corresponde al beato con su amor (la sotana no le produce el mismo efecto que el rubio de sus sueños). Durante el día ella es un halcón y por la noche él se convierte en lobo, no pudiéndose así unir con alevosía y premeditación que es lo que les gustaría. Un ladroncillo, les ayudará a vengarse del religioso… Con la iglesia hemos retopado.

El curioso caso de Benjamin Button: anciano nace y va rejuveneciendo con el paso del tiempo. Coincide con chica de aspiraciones bailongas a la que se une (hay mucha más paja por el medio, pero la evitaré porque fue lo que menos me gustó de la historia). Ella sigue el proceso habitual de declive del ser humano, al tiempo que él sigue el proceso contrario, peligrando tanto su relación, que bien podrían haberla denunciado por abusos deshonestos a menores. Que les quiten lo bailado.

La boda de mi mejor amigo: (favorita) amigo se casa. Mejor amiga de amigo está invitada a la boda, pero sus intenciones son quedarse con el novio, porque llegadas a cierta edad, algunas quieren lo que se les está escapando de las manos por no haberlo querido tomar antes. Algunos amores son imposibles por la tozudez de sus protagonistas. Quien fue a Sevilla perdió su silla.

Cuando Harry encontró a Sally: (favorita segunda) hombre y mujer se conocen y a lo largo de los años van encontrándose, evolucionando su relación hacia una amistad… solo una amistad, aunque parezca inconcebible. Negar la evidencia es llegar más tarde a lo inevitable.

La película precursora de éste post es Avatar y la frase ante la que me rendí (sin explicar nada más) es: “Te veo”.
El amor, de la clase que sea, hace que veamos lo que no se aprecia, porque los ojos que miran son los del alma perpetrando en las entrañas.



18 julio 2010

Sugestión musical


Si no estás, es porque te has ido;
presente y ausente donde te querría.

Ajeno a mis voluntades,
voluntarioso de tus acciones.

Tan lejos como próximo te encuentro;
y te desencuentro en cada momento;
momento breve, a veces eterno.

Nada y todo, entre ambos un poco;
tan poco como demasiado distante;
distancia perenne, distancia caduca

Si no estás, es porque tu lugar es otro.
Mi sitio es éste.
-o-o-o-o-o
Escuchándo éste tema (no es la versión que más me gusta, pero estoy respetando el momento de inspiración poética) la letra me sugierió un poema sin pies ni cabezas, de esos que de tarde en tarde me invaden... Si acuden a mí los versos, deben ser conocidos en una composición aleatoria... Los libero de mi posesión y los entrego a quien tenga por bien leerlos (no entenderlos).


11 julio 2010

Emblemas


Una de mis joyas musicales (pase el tiempo que pase, haciendo conmigo lo que tenga que hacer este tema siempre será una de mis debilidades) y una de mis películas (series) emblemáticas repleta de sueños, esfuerzo, decepciones, sudores y precios canjeablas.
Lo mejor de los sueños (ilusiones) no es tenerlos, sino perseguirlos, y cuando se consiguen (si ocurre), buscar otros.

Sometimes I wonders
where I've been?
who I am?
do I fit in
make believing?
is hard alone
out here, on my own.

We're always proven
who we are
always reaching
for that rising star
to guide me far
and shine me home
out here, on my own

When I'm down
and feeling blue
I close my eyes
so I can be with you
Oh baby be strong for me
baby belong to me
help me through,
help me need you.

Until the morning,
sun appears
making light
of all my fears
I dry the tears
I've never shown
out here, on my own.


Sometimes I wonders
where I've been?
who I am?
do I fit in?
I may not win
but I can't be thrown
out here, on my own
Out here on my.
own on my.


-O-O-O-O-


A veces me pregunto
¿dónde he estado?
¿quién soy?
¿crees que me he adaptado?
es duro sola ahí fuera,
por mí misma.

Siempre estamos demostrando
quiénes somos
siempre intentando alcanzar
esa estrella
que nos guíe lejos
y haga brillar mi casa
ahí fuera, por mí misma.

Cuando estoy decaída
y me siento triste
cierro los ojos
y puedo estar contigo
Oh sé fuerte por mi
cariño créeme,
ayúdame,
ayúdame te necesito.

Antes de que amanezca,
de que aparezca el sol
dando luz a todos
mis miedos
secaré las lágrimas
que nunca debí echar
ahí fuera,
por mí misma.

A veces me pregunto
¿dónde he estado?
¿quién soy?
¿crees que me he adaptado?
Puede que no gane
pero no puedo desmoronarme
ahí fuera,
por mí misma.
ahí fuera,
por mí misma.

Por mí misma.



04 julio 2010

El mundial (sí, otra vez)


Paraguay(s) la selección española, que aunque vestiditos de azul al más genuino estilo pitufense y sin jugar demasiado al fútbol (insisto, no entiendo nada del juego del balón, pero el fútbol tiene que ser algo más que lo que estoy viendo en éste Mundial) en un segundo preciso (el resto de los segundos del partido está repleto de imprecisiones y poca eficacia, hay cosas que yo haría mejor en el campo, además de pegar puntillazos en los tobillos... Falta garra) nos dan un momento histórico, y mientras que los que hablaban (envidiaban nuestras expectativas mundialistas) se compadecen consolando a sus jugadores en los vestuarios (“Pelusa”).
Como no sé si podré volver a escribir algo parecido ni cuanto tiempo tardaré en hacerlo, improviso éste post (no depende de mí). Tampoco sé como acabará la historia, sólo que ya he vivido parte de ella.

27 junio 2010

Una más

Empieza el mundial (hace varias semanas) con muchas expectativas sobre la selección Española derivada del juego (dicen que bueno, como no entiendo de fútbol, no desconfiaré de las opiniones de los que sí saben), permanencia y logros en la Eurocopa de hace dos años, en la que “la roja” fue la mejor de Europa (para que luego no nos valoren ese “Algo chiquitito” que tenemos y nos releven a una decimoquinta posición, blasfemos todos).

Primer partido (lo oigo por la radio antes de irme a trabajar), lo inesperado esperado ocurre; la maldición de los de colorado pulula sobre nuestras cabezas y algunas voces se alzan, pero las que más escuecen son las italianas: “Si la favorita pierde no son tan buenos y cualquiera puede ganarles” (o con algo así se desmarcan los dados a actitudes chulescas, doy fe de ello (la experiencia me avala). Los “pretenciosos” de la bota han quedado fuera del mundial… Estos eran los “cualquiera” que podría ganar a España… Ya.)

Algo más absurdo leo, “la novia periodista del portero, responsable de la falta de concentración de su novio”. Europa es arcaica, y algunos de nosotros también por considerar que una mujer cuando hace su trabajo distrae. El problema lo tiene el que no se centra (en caso de que sea así, que uno es profesional y hay que considerárselo), no la que está centrada.

El mundial nos tiene tan entusiasmados que nos expresamos en Zulú, que es lo que se lleva ahora, tanto es así, que hasta los políticos se atreven y se oye decir al señor nevado del puño en alto, del de la niña “pa’rriba”, niña “pa’bajo”, que “se ha convertido en la vuvuzela de la crisis con un cansino y molesto no a todo”. El canguro oficial de las “gaviotas”, no es una vuvuzela (1), es un audífono con las pilas agotadas.

Por otra parte “Miss hippie” considera que “el gobierno es como el balón jabulani (2) no sabes por dónde te va a salir”. Obvio que las estrategias se mantengan en secreto y no se aireen para que los demás no las utilicen a su antojo, de eso trata el politiqueo, aunque "algunas ilustres muy leídas" no se enteren.

Segundo partido. Estoy en el trabajo atendiendo a unos señores que llegan justamente veinte segundos antes de cerrar la oficina (como de costumbre). Enfrente del trabajo, a medio metro, el bar con la tele a todo volumen. Se oyen voces y gritos, miro la tele rápidamente (que desde mi posición detrás de la mesa se ve muy bien) ha marcado España (de lo contrario los carmesí no se abrazarían tanto). La selección vuelve a ser peligrosa. Los favoritos renuevan credos y callan bocas.

Tercer partido. De nuevo en el trabajo. Cambio de horario. Ahora estoy secuestrada hasta las nueve de la noche. Ni un alma en pena osa aparecerse. El bar no ha abierto sus puertas por la tarde (ven el partido desde casa). No sé lo que pasa hasta que salgo a la calle desierta (hora del cierre) y un hombre con sus auriculares dice “0 – 1, España”. Las cosas van bien por el momento. Vuelvo a casa y veo el resto del partido… No soy futbolera, pero cuando juega la selección me vuelvo hincha y vivo el mundial como el primero que recuerdo en mi vida, el del “82”, con el archiconocido Naranjito y la "mirinda" como refresco.
Estoy convencida de que no importa cómo se empieza un mundial, sino como se termina y aún puede pasar de todo, aunque todo lo que queremos que pase es atravesar fronteras y volvernos mundiales.


(1) trompeta horripilante ensordecedora que los sudafricanos tocan sin descanso.
(2) en zulú, signifca "celebración" , el balón éste año es una fiesta.



20 junio 2010

Dama encantada


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Solo ocurre una noche al año, la que le sigue al día más largo.
Una hermosa dama, de piel pálida y mejillas sonrosadas, peina sus largos cabellos cobrizos con un peine de oro, frente a un arroyo donde ve reflejado su triste rostro y el de la luna más amarga.

Encantada por una hechicera al servicio de un malhechor al que prometida estaba, hasta que el amor descubrió en un simple pastor con el que se fugó, aparece su alma en pena la noche de las hogueras, en las que fuegos altos se procuran para darle vigor al sol, y así su luz no se vaya apagando día tras día, en el solsticio de verano.

La dama, ente errante se volvió, cuando abandonando la vida solo dejó al pastor, penoso de su desgracia, y esperanzada de que la rescaten de su maldición, la misma pregunta formula al ajeno que en el arroyo la descubre: ¿qué preferís a la dama o el peine?

Nadie la ha elegido todavía, pues más que su belleza puede la ambición de quienes no conocen su historia y el peine de oro quieren en posesión.

Si la veis en noche de fuegos en un arroyo, cerca de un castillo, o a la entrada de una cueva, liberadla de su prisión, para que reunirse con su amado en otro mundo pueda y les vaya mejor.

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13 junio 2010

Viejas amigas


Conocí a un hombre… No a un hombre cualquiera sino a uno interesante, cuatro meses después de separarme. Para no violentar a la verdad, le conocí el mismo día que firmamos la separación, pero como todo estaba muy reciente, no quería que nadie pensara que nuestra ruptura era fruto de una infidelidad por mi parte, por eso esperé un tiempo prudencial para coquetearle al juez.
Él era mayor que yo (me adelantaba en veintitrés años un Pierce Brosnan de ensueño, de esos que no se encuentran con frecuencia) lo que me atrajo desde el principio.

Le invité a cenar… a mi casa.
Para averiguar qué tipo de interés se ha despertado en un hombre, hay que llevarlo al terreno donde más segura nos sintamos. El tiempo que permanezca pisando tierras familiares le delatará.

En la pescadería pedí una langosta (la elección de la cena no tenía nada que ver con lo que esperaba que sucediera en ella… Y no miento). La pescadera cogió una hermosa pieza rosada-anaranjada y me la enseñó en el aire.

Miré la langosta absorta. El manjar de dioses (donde los haya) se movía bruscamente, agitando la pinzas a lo Eduardo Manotijeras y contorsionándose como un acordeón… ¿pero no estaba muerta?
-Fresca del día.-la pescadera sonrió alegremente.
Y muy zalamera.
Horrorizada presencié como después de pesarla en la báscula la metió en un cucurucho que hizo con el papel… ¡Viva!
-¡Espere, espere! –desesperación en la voz- ¿No puede hacer que deje de moverse para siempre antes de llevármela?
La pescadera me miró con desconcierto sin perder la sonrisa... Tan odiosa por otra parte.
-Para que la langosta quede sabrosa tienes que meterla viva en una olla llena de agua hirviendo.
-¿Recién matada no sirve?
-Pierde gusto…
-Y no podría darle un golpecito en la cabeza para atontarla y que no sufra.
Soltó una carcajada hiriente. Me di cuenta que la pescadera me caía mal y que esa sería la última vez que me viera.
-La primera vez da pena, pero ya te acostumbrarás –Ya, como si fuera a comprar langosta todos los días… Solo lo hacía por un hombre… Un hombre interesante, no por uno cualquiera.
Zanjó la conversación dándome el ticket de compra. Que tirria me dio.

Le llevé la langosta a mi madre, ella sabría qué hacer.
No estaba. La llamé… “Hija, pero ¿no te acuerdas que te dije que iba a pasar todo el día fuera de casa con la “Asociación de Marujas por el Medio Ambiente”?”. No, no me acordaba.
La mayor parte del tiempo no presto atención a lo que dice mi madre, ni entonces, ni mucho menos ahora que han pasado veintidós años.

Acudí con el animalito balanceándose al restaurante que solía frecuentar los jueves por la noche con mi ex marido. Quizás allí me la pudieran preparar. Estaban acostumbrados a acabar con la vida de pequeños seres inocentes para satisfacer la gula de comensales sin escrúpulos, y con estos argumentos traté de convencerles (además de por estar dispuesta a ofrecer una fuerte suma por su amabilidad), pero se negaron rotundamente, alegando que ellos se hacían responsables de la comida que se servía en su restaurante, no de la que salía preparada de él, añadiendo que la langosta llevaba varias horas a temperatura ambiente y corría el riesgo de empezar a oler muy mal.
Cada vez se movía menos. Con la bolsa de plástico en la mano volví a casa pasando por el parque apesadumbrada. Me senté delante del lago con la langosta al lado. La miré. Casi me daba pena. Era verdad que cada vez el olor era más fuerte. La destapé un poco para que respirara un poco de aire puro. Quizás estaba mareada… “Qué voy a hacer contigo”. ¿Y se moría? Yo sería la única responsable de tan agonizante final.
No sé que es peor, si morir hervida o asfixiada.
Habíamos pasado gran parte de la tarde juntas. No podía dejar que se fuera sin intentar que siguiera en esta vida un poco más.

Saqué el cucurucho de la bolsa. Su vigor había desaparecido. Quien la había visto y quién la veía… no era la misma. Me acerqué al lago y la dejé caer al agua. La vi hundirse. Desaparecer. Acaba de tirar la cena por la borda. La noche sería distinta, sería otra.

A veces hay que sacrificarse para procurar el bien ajeno sin esperar reconocimientos por ello. La mayor satisfacción es saber que se ha actuado correctamente, y yo lo hice esa tarde.


Cintia Aurora María Van Heley de Haut.
Chef.

06 junio 2010

30 mayo 2010

Legados


En mi familia existe la tradición de poner los nombres de los abuelos a los nietos, siguiendo un ritual ancestral: al día siguiente del nacimiento de un recién llegado, se introduce en una bolsita de terciopelo (no importa del color que sea, solo la textura) los nombres de los abuelos, y la mano inocente, a veces pecadora , de la enfermera de turno (en tiempos de la Inquisición, la mano pertenecía a la partera y más tarde a la matrona), extrae un papelito con el nombre escrito que ocupará el primer lugar y que identificará al bebito.

Llevo los nombres de mis tres abuelas, y dos de ellas están casadas entre sí.
Sin entrar en detalles ni identificar a las partes, pues la historia familiar es uno de esos trapos que se prefieren lavar en casa en lugar de airearlas al sol para que se sequen rápido, al abuelo le gustaba ponerse ropa de mujer cuando se quedaba solo, y en una ocasión, la abuela, que sospechaba que tenía una amante por el extraño comportamiento que tenía en determinados momentos, le tendió una trampa, volviendo a casa de misa antes de lo habitual.

La abuela encontró a una mujer en su casa, pero no la que esperaba y mucho menos contorneándose desnuda, sino al abuelo bailando como una descosida sin freno. Al verle con aquella indumentaria se disgustó sobremanera y todos hemos pensado alguna vez que le ofendió mucho ver a su marido con ropa femenina que no era suya, como si ella no tuviera gusto en el buen vestir.

El abuelo no negó la evidencia liberándose al instante del peso que le tenía medio jorobado. Empezó a vivir la noche cantando y bailando cuan vedette del Moulin rouge, utilizando como nombre artístico “Cinta la explosiva”.

No me hubieran puesto su nombre (jamás de los jamases) si el abuelo en su lecho de muerte, no les hubiera pedido a mis padres como última voluntad, entrar en el sorteo y marcharse al otro mundo sabiéndose perdonado por ser la primera mancha en una familia muy limpia.

Accedieron a su última voluntad esperanzados de que el azar le dejara en tercer lugar y el nombre quedase en desuso, pero para horror de todos, el destino quiso que fuera la segunda “explosiva” en la dinastía de los Van Heley de Haut Pérez (no utilizo mi segundo apellido nunca, pero esta vez era necesario para no identificar a las partes).

El abuelo no murió, se hizo actriz de prestigio y ha ganado importantes premios por el realismo que le da a sus interpretaciones. No solo me ha legado su nombre, también su creatividad y una manera muy particular de afrontar la vida.

Cuando algo no nos gusta, hay que cambiarlo y no perecer en ello. Hay formas de vidas paralelas a la que tenemos, encontrarlas está en nuestras manos. No somos lo que pensamos, somos más de lo que vemos.

Cintia Aurora María Van Heley de Haut.
Historiadora.

23 mayo 2010

Arte plástico


Soy atípica por convicción.
No me gusta hacer las cosas que los demás hacen aunque al final acabe haciéndolas, lo que me lleva a pensar, que todos nos parecemos más entre si (por más que pretendamos ser distintos por lo de la identidad propia y la autenticidad), de lo que quisiéramos, ya que en nuestra evolución pasamos por procesos similares.

Allí me vi, con las rodillas rozando la puerta del retrete sentada sobre el inodoro, leyendo lo que otras niñas del colegio habían escrito o rayado sobre el trozo de madera verde que cerraba aquel diminuto habitáculo por el que tantos traseros habían pasado antes del mío, para dar privacidad al momento de las despedidas.

Me estaba enamorando del modo que se enamoran los niños, con esa clase de amor que deja de parecerlo cuando crecemos y nos damos cuenta que es más que “eso”, pero yo sentía cosas que se reflejaban en mi cara sonrosada y en mi voz dubitativa, cuando mi compañero de pupitre me miraba o dirigía sus sabias palabras hacia mí (y eso ocurría todo el rato, teniéndole al lado era inevitable).

Aquel niño que desprecié (como al resto) en el pasado (unos meses antes) por saberle hombre en el mañana (algunos son detestables y éste proyectito me lo iba a parecer porque apuntaba maneras… se le veía venir), me atrapó sin tener que hacer nada; sin juegos de seducción en los que tanto he participado años posteriores y que luego él practicaría con asiduidad, cuando se hizo gigoló para costearse los viajes que hacía a lo ancho y largo del mundo, como cooperante de ONGS que ofrecían ayuda humanitaria a los peores tratados por la vida (vida de mandatarios sin escrúpulos)

Su “yo” me gustaba tanto que sembró en mi una semillita (esa no, otra, que solo éramos críos), que fui alimentando hasta que floreció y florida me encontraba cuando saqué del estuche de la mochila un compás y con la punta escribí dentro de un recuadro que tracé (los corazones me parecen cursis), esas letras que harían más amena la evacuación (del tipo que fuera) a futuras generaciones:

TU Y YO
AMOR ETERNO

Las pintadas en las puertas de los aseos son deplorables, pero cuando la necesidad aprieta, el mundo no puede dejar de saber lo que gritar nos delataría: que amamos a alguien.

Las cosas del corazón (ese órgano tan feo, húmedo y vibrante) nos cambia, haciendo que nos comportemos de formas semejantes y sintamos parecido los unos a los otros.

En el amor y el desamor soy tan típica (mis convicciones no me sirven de mucho) como los demás, porque nuestros cuerpos están diseñados para actuar de la misma manera cuando identifican incidencias en el funcionamiento habitual.

Cintia Aurora Maria Van Heley de Haut
Diseñadora gráfica.

16 mayo 2010

Indignación


No señalaré a nadie con el dedo porque está muy feo, pero a uno de los tiernos de la foto (ambos compañeros de trabajo, deportistas y sin preocupaciones por la jubilación) se le pregunta por la imagen tomada y en actitud defensiva, con un deje entre ofensivo y despectivo en su voz, se luce como las grandes estrellas del firmamento:


-Ven a mi casa y verás lo mari…ón que soy.


Algunos continúan creyendo que la “hombría” se demuestra practicando la equitación con una fémina y que “hombre” no es el que elige a las personas sin fijarse o importarle la combinación de sus cromosomas, si no el que discrimina a sus semejantes por tener más pellejo susceptible a la fuerza de la gravedad que ellas.


Estos mismos son los que se ofenden cuando los pensamientos de los demás van encaminados a apropiarle una pluralidad que no quieren (la escena es extraída de una secuencia con intención, mostrando la sensibilidad nada presumible, de los de las pelotas). Esa clase de pluralidades no gustan, porque en mentes arcaicas las comidas no se mezclan, o tomas carne, o te inclinas por el pescado, pero sin combinaciones “raras”, no vaya a ser que a uno le tomen por glotón.

09 mayo 2010

Señales


El primer año de facultad decidimos una amiga y la conocida de una conocida que conocía una conocida nuestra, alquilar un piso y vivir como los de “Sensación de Vivir”, en pecado perpetuo. De haberse tratado de extrañas, la idea de compartir piso (yo que soy tan independiente) a cinco kilómetros de casa, no me hubiera resultado tan seductora, pero como todo quedaba entre conocidas me entusiasmé en dos segundos y medio, el tiempo que tardé en oír la propuesta.

Dejé que ellas eligieran el piso sin mi participación para apurar mis vacaciones en La Toscana. Acostumbro a ir todos los veranos al mismo lugar, pero me produce más tedio la rutina diaria que no hacer nada frente a una piscina tumbada en una hamaca con un zumo con mucho hielo.

Encontraron un ático nuevo, con muebles sobrios y funcionales muy afines a mis preferencias decorativas, que con unas cuantas velas aromáticas de colores aquí y allá, lo convertirían en nuestro hogar hasta que nos cansáramos de él y tuviéramos que mudarnos a otro sitio.

Tuvieron muy buen gusto con la elección, pese a que me llevé un tremendo chasco con los baños, no tenían jacuzzi ¡ninguno de los tres!, ni siquiera una ducha de hidromasaje tan gratificante para la circulación. Por suerte, los fines de semana tenía pensado pasarlos en casa, disponiendo de dos días, a lo sumo tres si me saltaba las clases de los viernes (ya se sabe que los viernes en ninguna parte se hace nada), para resarcirme de las carencias de la “madurez”.

Nos sentamos en los sillones de estructura metálica negra con cojines blancos, para establecer las normas básicas de convivencia:

-Respetar la ropa, accesorios y en definitiva, lo enseres de las demás y no cogerlos prestados salvo expresa autorización de la propietaria.

-Fijamos horarios para el uso del baño grande, acordando no exceder las dos horas de baño con burbujas y sales minerales. Transcurrido ese tiempo, quien infligiera el tiempo permitido, no tendría derecho durante cuatro días a más de una hora.

-La elección de la programación de televisión quedó determinada en una vez por semana. El resto de los días ésta se sometería a votación, ganando la mayoría.

Hubo un punto en el que no estuve de acuerdo en absoluto, el reparto de las tareas domésticas y la preparación de las comidas. Daba por sentado que contrataríamos a una profesional de tales labores para que se encargara de ello, pero las muy insensatas, pretendían quedarse con parte del dinero que nuestros padres nos darían para pagar el alquiler y la manutención, en fiestas, salidas y regalitos para sus chicos… No iba a irme de casa, donde siempre alguien se había ocupado de esas vicisitudes para ponerme a faenar como si realmente fuera necesario. Para toreros, los apretados con coletilla. Yo la vaca que pasta ancha.

Comprendí casi al instante (no soy tan rápida, demasiado empleo de energía para acabar en el mismo sitio), que nuestras diferencias inconciliables respecto a dicho tema pulcro, era una “señal del destino” y que aún no había llegado el momento de compartir piso con otras personas, por muy amigas mías que fueran.

Desde entonces, cuando no estoy completamente segura de querer hacer algo, opto por no llevarlo a cabo. Hay quienes prefieren arriesgar y perder en un acto de valentía, yo no pierdo ni aún quedando la última en una carrera de obstáculos porque el camino lo habré hecho paseando.



Cintia Aurora María Van Heley de Haut.
Especialista en escala de valores.

02 mayo 2010

El elegido


Me casé a los veintitrés años después de terminar Bellas Artes, con un vestido largo y pomposo azul cielo (el blanco lo dejo para las de las apariencias), cumpliendo así mi mayor deseo desde niña, divorciarme de mi marido.

Tarde más tiempo en hacerlo del previsto, dos meses (le concedí esa pequeña ventaja a mi ex) y como no habían motivos para disolver nuestra unión, me los inventé, alegando incompatibilidad de caracteres; inmadurez en el momento de contraer matrimonio y desamor… El amor ni siquiera había llegado, por lo menos por mi parte, él parecía a veces enamorado, pero creo que en realidad estaba deslumbrado por mi persona (ocurre con frecuencia que la gente se ciegue cuando me ve), y confundió lo que sentía, de lo que me valí para prosperar en mis intenciones casamenteras.

No me acuerdo cuando conocí a mi ex (rescoldo que me quedó de mi sueño realizado), probablemente fue en una fiesta (no me perdía una, daban de comer y beber gratis y era fácil comprometer a un chico, porque muchos, la mayoría de las veces, al día siguiente no se acordaba de lo que había hecho la noche anterior), o en la enseñanza secundaria, en algún pasillo o en el patio.


Sea como fuere, empezamos a frecuentarnos al finalizar las clases, o a veces incluso cometíamos la insensatez de escaparnos el tiempo que duraban las asignaturas más aburridas y con menos repercusión para nuestro futuro, por más que los profesores coincidieran en que “todo conocimiento es fundamental, bien canalizado” (a saber…). Lo que sí recuerdo bien es que un día, se me pasó fugazmente por la mente la idea de que mi ex era el chico adecuado para casarme y luego divorciarme de él, mientras me comía una hamburguesa en un Burger.

Estaba tan ensimismado conmigo que estaría dispuesto a llevarme al altar (en nuestro caso fue ante la mesa del Teniente de alcalde ya que el alcalde estaba de pre-campaña electoral y en su agenda, entre mítines, almuerzos, comidas, meriendas y cenas, no había hueco para unir nuestras vidas burocráticamente), desbaratando la creencia de que a los chicos les asusta el compromiso y huyen de él como de una mofeta. Eso ocurre cuando no han encontrado la persona apropiada, como lo era yo.

El hecho es que me casé y me divorcié en sesenta días (el proceso duró mucho más, pero dejamos de vivir juntos en la casa que nos compramos, pues lo único que quedaba de nuestro enlace, eran viejas fotos y los momentos que pasamos juntos, los buenos, los malos, si los hubieron, mejor no recordarlos, que hacen daño y una no estar por la labor de auto herirse), sin que él acabe de entender con propiedad que ocurrió y me lo siga preguntando después de veintidós años, las veces que quedamos para comer (conviene llevarse bien con el ex, por el bien de los hijos, nosotros no los tuvimos dentro del matrimonio, pero en caso de que hubiéramos sido padres, nuestros hijos se merecerían que nuestra relación fuera buena para no traumarse y como consecuencia de ello, su vida caer en un caos terrible). La última vez que nos reunimos me sorprendió la observación que hizo:
-Nunca me quisiste.
Si me caracterizo por algo, es por no mentir, pese a quien pese.
-Pues mira, ahora que lo dices, no, no te quise, pero deberías sentirte feliz por haber sido “el elegido”. Había varios candidatos, pero solo tú podías ostentar el título de “ex”. Créeme, eso es más de lo que podré ofrecer jamás a nadie… Hijos a parte.

Desde mi experiencia sé que hay que perseguir los sueños hasta atraparlos, y que los daños colaterales ocasionados a terceros, no son responsabilidad nuestra, sino de quienes no saben ver más allá y no ponen límites a su vuelo.


Cintia Aurora Maria Van Heley de Haut.
Realizadora de sueños.