02 mayo 2010

El elegido


Me casé a los veintitrés años después de terminar Bellas Artes, con un vestido largo y pomposo azul cielo (el blanco lo dejo para las de las apariencias), cumpliendo así mi mayor deseo desde niña, divorciarme de mi marido.

Tarde más tiempo en hacerlo del previsto, dos meses (le concedí esa pequeña ventaja a mi ex) y como no habían motivos para disolver nuestra unión, me los inventé, alegando incompatibilidad de caracteres; inmadurez en el momento de contraer matrimonio y desamor… El amor ni siquiera había llegado, por lo menos por mi parte, él parecía a veces enamorado, pero creo que en realidad estaba deslumbrado por mi persona (ocurre con frecuencia que la gente se ciegue cuando me ve), y confundió lo que sentía, de lo que me valí para prosperar en mis intenciones casamenteras.

No me acuerdo cuando conocí a mi ex (rescoldo que me quedó de mi sueño realizado), probablemente fue en una fiesta (no me perdía una, daban de comer y beber gratis y era fácil comprometer a un chico, porque muchos, la mayoría de las veces, al día siguiente no se acordaba de lo que había hecho la noche anterior), o en la enseñanza secundaria, en algún pasillo o en el patio.


Sea como fuere, empezamos a frecuentarnos al finalizar las clases, o a veces incluso cometíamos la insensatez de escaparnos el tiempo que duraban las asignaturas más aburridas y con menos repercusión para nuestro futuro, por más que los profesores coincidieran en que “todo conocimiento es fundamental, bien canalizado” (a saber…). Lo que sí recuerdo bien es que un día, se me pasó fugazmente por la mente la idea de que mi ex era el chico adecuado para casarme y luego divorciarme de él, mientras me comía una hamburguesa en un Burger.

Estaba tan ensimismado conmigo que estaría dispuesto a llevarme al altar (en nuestro caso fue ante la mesa del Teniente de alcalde ya que el alcalde estaba de pre-campaña electoral y en su agenda, entre mítines, almuerzos, comidas, meriendas y cenas, no había hueco para unir nuestras vidas burocráticamente), desbaratando la creencia de que a los chicos les asusta el compromiso y huyen de él como de una mofeta. Eso ocurre cuando no han encontrado la persona apropiada, como lo era yo.

El hecho es que me casé y me divorcié en sesenta días (el proceso duró mucho más, pero dejamos de vivir juntos en la casa que nos compramos, pues lo único que quedaba de nuestro enlace, eran viejas fotos y los momentos que pasamos juntos, los buenos, los malos, si los hubieron, mejor no recordarlos, que hacen daño y una no estar por la labor de auto herirse), sin que él acabe de entender con propiedad que ocurrió y me lo siga preguntando después de veintidós años, las veces que quedamos para comer (conviene llevarse bien con el ex, por el bien de los hijos, nosotros no los tuvimos dentro del matrimonio, pero en caso de que hubiéramos sido padres, nuestros hijos se merecerían que nuestra relación fuera buena para no traumarse y como consecuencia de ello, su vida caer en un caos terrible). La última vez que nos reunimos me sorprendió la observación que hizo:
-Nunca me quisiste.
Si me caracterizo por algo, es por no mentir, pese a quien pese.
-Pues mira, ahora que lo dices, no, no te quise, pero deberías sentirte feliz por haber sido “el elegido”. Había varios candidatos, pero solo tú podías ostentar el título de “ex”. Créeme, eso es más de lo que podré ofrecer jamás a nadie… Hijos a parte.

Desde mi experiencia sé que hay que perseguir los sueños hasta atraparlos, y que los daños colaterales ocasionados a terceros, no son responsabilidad nuestra, sino de quienes no saben ver más allá y no ponen límites a su vuelo.


Cintia Aurora Maria Van Heley de Haut.
Realizadora de sueños.

7 comentarios:

La Frufrú dijo...

Me cae bien tu amiga, eso si que es tener las cosas bien claras desde el principio y perseguir propósitos :)

Da un poco de miedo cuando esta chiquilla se pone a soñar ;)

Un beso.

Luna Azul dijo...

Claridad ante todo?
Saludos

sofiasaavedra dijo...

Me he quedado con ganas de saber un poco sobre como ésta mujer, especialista en sueños realizados, plantea las situaciones a sus victimas.

Es un poco pasota, ¿no? :)

Un beso.

Uno dijo...

Que pena que Cintia Aurora Maria no hubiese soñado nunca con tener un nombre más discreto o unos padres con otros apellidos.

Sólo es valido perseguir los sueños que corren menos que tú, porque verlos alejarse hasta convertirse en inalcanzables da mal rollito "pal body".

carlosideal dijo...

Danieluski, que mente tan maquiavélica la de esta arpía y además anticuada, lo del miedo al compromiso ya ha pasado a la historia, topicazo como la copa de un pino aunque a mi no me gusten las mofetas ;)

Un beso.

Pd: la cegadora ésta no será un bombilla, ¿verdad)

zimbagüe dijo...

Persguir lo que se quiere está muy bien, y soñar también pero Cintia Aurora Mari, me parece un poco despiadada consiguiendo sueños. Muy caprichosa. Pobres de los que caigan en sus manos :)

Un beso.

Daniela Haydée dijo...

LA FRUFRÚ: No somos amigas, a lo sumo conocidas, aunque ella piense lo contrario.

Lo tiene todo muy clarito y consigue casi todo lo que se propone, a veces la fortuna le falla.

Un beso.

LUNA AZUL: No sé si ante todo, pero claridad con cautela, por si acaso :P

Saludos.

SOFÍA SAAVEDRA: Seguro que no se conforma con escribir sobre su matrimonio y explica algunas cosas más para que entendamos porque es como es, sin que sea malo ser así :P

Un beso.

UNO: Lleva el nombre de sus tres abuelas (hasta para eso es atípica), en cuanto a los apellido de los padres, da para escribir un libro,doy fe.

La cuestión es perserguir algo y si va deprisa, correr más que lo perseguido :P

Saludos desde tu pueblo.

CARLOSIDEAL: Será como tu dices y el temor ha pasado a la historia, pero es que Cintia vive en la prehistoria (en ocasiones).

Es decidida, eso es admirable.

Un beso.

ZIMBAGÜE: Más bien son ricos (en muchos sentidos). Cintia no sabe muy bien lo que quiere y lo que quiere suele coincidir con lo que algunas veces nos gustaría a algunas. Caprichosa si es. Un defecto de nacimiento :P

Besos.