Mis noches no son tan solitarias como lo son mis días, porque en ellas me acompañan los sueños y la soledad no existe.
27 abril 2008
A ti
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Daniela Haydée
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domingo, abril 27, 2008
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20 abril 2008
Poema XV
Me hubiera gustado escribirlo a mí, pero me faltó una época, unas circunstancias, un sentimiento o varios de ellos… me faltó inspiración, “muso” capaz de extraer lo mejor y peor en unos versos.
y me oyes desde lejos, y mi voz no te toca.
Parece que los ojos se te hubieran volado
y parece que un beso te cerrara la boca.
Como todas las cosas están llenas de mi alma.
Emerges de la cosas, llena del alma mía.
Mariposa de sueño, te pareces a mi alma,
y te pareces a la palabra melancolía.
Me gustas cuando callas y estás como distante.
Y estás como quejándote, mariposa en arrullo.
Y me oyes desde lejos, y mi voz no te alcanza:
déjame que me calle con el silencio tuyo.
Déjame que te hable también con tu silencio .
Claro como una lámpara, simple como un anillo.
Eres como la noche, callada y constelada.
Tu silencio es de estrella, tan lejano y sencillo.
Me gustas cuando callas porque estás como ausente.
Distante y dolorosa como si hubieras muerto.
Una palabra entonces, una sonrisa basta.
Y estoy alegre, alegre de que no sea cierto.
Pablo Neruda “Veinte poemas de amor y una canción de amor desesperada.
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Daniela Haydée
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domingo, abril 20, 2008
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13 abril 2008
Libre albedrío
Razones (excusas) para no asistir a un evento social:
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Daniela Haydée
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domingo, abril 13, 2008
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Divagaciones
06 abril 2008
Toca para mí
Orfeo y Eurídice en la partitura de Christophe Willibald Gluck es interpretada cuando uno de los violinistas abre los ojos y me mira con la cabeza ligeramente ladeada sobre el hombre, justo cuando todos los músicos tocan al mismo tiempo la tan particular versión del director, y la música inunda los sentidos, provocando que los asistentes alcancemos el cénit con la serenidad de que es el principio del camino hacia el placer... Degustándolo despacio para que se dehaga lo más tarde posible su exquisitez.
Agrede mi vulnerabilidad con su mirada fija mientras las notas van saliendo para bailar en mis oídos, agarradas las unas a las otras para no alejarse demasiado.
Desliza el arco por la barra armónica con suavidad, descendiendo, cada vez que lo hace, sus dedos desde el homoplato hasta la palma de mi mano, con movimientos lentos que me estremecen y erizan mi piel. Me remuevo en la butaca culpable por un segundo, volviendo al teatro en el que me encuentro; sentada al lado del hombre con el que me caso en dos meses; traicionándole cómplice de su ignorancia; ajeno a lo que me ocurre con el violinista; excluido del lazo que nos envuelve a la vez que Orfeo busca a Eurídice en Hades para devolverla al mundo de los mortales y allí amarla.
En las relaciones no se puede contar todo.
Hay cosas que no debe saber; cosas que no quiero saber. Sólo en el desconocimiento se haya el equilibrio y alguna parcelas son de coto privado.
No deja de asediarme con los ojos, recorriéndome aún con el arco.No puedo apartar la vista de él. Cada colisión de las cuerdas casi duele, pero es un dolor gratificante.
Me incomoda la gente; el espacio que nos separa… Me violenta que hayan tantas personas en este trocito de intimidad nuestro, pero me dejo llevar, trasladándome a otro lugar, dónde él sólo toca para mí como hace ahora… En el mundo no existen más manos que las suyas y mis oídos.
Nos fugaremos. Sé que hay un tiempo para ambos que durará lo que sus sonidos tarden en desaparecer de mi mente. Instantes que nos pertenecen y que haremos nuestros.
Gran parte del público se levanta para aplaudir durante varios minutos seguidos, en los que comparto su atención con el resto de los allí presentes con recelo.
El hombre al que creía amar hasta entonces me susurra algo al oído:
-Voy al baño. Nos encontramos a la salida.
Orfeo nunca se habría separado de Eurídice. Le hubiera dado la mano después de pedirle que lo acompañse. El lugar es lo de menos, la intención lo importante... Pero prefiero que me devuelva esta libertad que necesito para marcharme, a tenerle que mentir y dejarle esperando.
Salgo por la puerta que hay en uno de los laterales cerca del escenario, con acceso al pasillo que conduce a los camerinos. Conozco bien el teatro. Aquí conocí al hombre al que renuncio, en un concierto muy distinto a éste. Nos tropezamos en las escaleras y nuestro amor por la música nos unió… El mismo que ahora nos desune.
En el pasillo hay mucha gente felicitando a los miembros de la orquesta. En una esquina le encuentro aguardando mi llegada, rodeado de personas que le sonríen y atosigan con palabras repetitivas. Me abro paso como puedo. Aún no me ha visto, por eso no acude a mi encuentro para irnos de allí juntos. Huir.
Mi prometido llega desde otro pasillo. Le estrecha la mano con decisión, mirándole con una complicidad que me pertenece. Me paro en picado entendiendo; espectadora de una escena cuyos protagonistas han variado. Aprieta ligeramente la mano sobre el hombro en el que minutos antes descansaba el violín, y en ese instante es cuando mi mundo de fantasía desaparece dejando una verdad cruel.
Le he perdido.
Que el violinista no tocara para mí, es más hiriente que descubrir que mi futuro marido no escuchaba sólo el sonido de mi voz.
Me doy la vuelta y me dirijo al vestíbulo para esperar que llegue mi realidad.
Otras músicas sonaran, y esta vez, lo harán sólo para mí.
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Daniela Haydée
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domingo, abril 06, 2008
7
Divagaciones
